El robo de la historia – Por Beatriz W. De Rittgstein

A mediados de octubre del presente año, los países árabes e islámicos ejecutaron otro plan más en su lucha contra Israel, con objetivos claramente definidos: la deslegitimación del Estado judío.

Al no haber tenido éxito en las guerras cuyo propósito declarado fue echar a los judíos al mar, los países árabes e islámicos tratan de lograr esos anhelos en varios campos: la ONU y sus agencias, BDS, campaña internacional propagandística, etc.

De esa manera, entre el 13 y el 18 de octubre, la Unesco votó y ratificó una absurda resolución que afirma que el Monte del Templo, la explanada en la cual se erigieron los dos templos judíos, y el Muro Occidental o de losLamentos, son santuarios musulmanes, desconociendo los hechos históricos que prueban de modo fehaciente y multidisciplinario, los estrechos vínculos del pueblo judío y del Estado de Israel con Jerusalén.

De nuestra región, República Dominicana, Brasil y México, con poblaciones mayormente cristianas, favorecieron el desatino, sin comprender que al borrar la relación del judaísmo, también anulan el nexo del cristianismo. Negar la historia judía significa rechazar la base del cristianismo, cuya génesis transcurre en la tierra de Israel y los primeros cristianos fueron judíos. Si bien, infructuosamente, México y Brasil procuraron enmendar ese sinsentido, tienen que ser responsables y serios en su política exterior.

La votación de los países que se abstuvieron, entre ellos: Argentina, El Salvador, Paraguay, España, Francia e Italia, tal vez motivados por una falsa neutralidad, resulta igualmente injusta. Tal ilusoria imparcialidad, de forma análoga, benefició la arbitrariedad antihistórica.

Anteriormente, la Unesco ya ha escamoteado el patrimonio judío; en 2010, por presión árabe e islámica, aprobó el despojo de Hebrón, donde se halla la Cueva de los Patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob, enterrados junto a sus respectivas esposas. Meses después, dicho organismo declaró que la tumba de la matriarca Rajel es una mezquita.

Con estas iniquidades, la Unesco incumple su razón de ser y sin ninguna vergüenza, a través de la manipulación, impone una ficción que constituye un robo de la memoria. Cabe preguntarnos, ¿cómo se puede confiar en un ente que a la fuerza trastoca la historia y traiciona a la humanidad?

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