Hezbollah tiene dificultades para conseguir el dinero que pidió a Irán; según Danny Citrinowicz, esto significa una dependencia creciente del contrabando, los cárteles, el lavado de dinero y canales alternativos de financiación.
La creciente presión sobre las fuentes tradicionales de financiación de Hezbollah, encabezadas por la ayuda de Irán, podría empujar a la organización a ampliar sus actividades en redes criminales y transferencias ilegales de dinero en todo el mundo, según estima Danny Citrinowicz, investigador principal del Programa Irán del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) y exoficial de inteligencia.
Según él, se espera que Hezbollah dependa cada vez más de fuentes alternativas de ingresos, a medida que su acceso a la financiación iraní se vuelve más complejo. Estas declaraciones se producen en el contexto de un informe según el cual la organización solicitó ayuda financiera en efectivo a Irán, pero hasta ahora no ha logrado recibir de Teherán los fondos que pidió.
Citrinowicz estima que esto podría significar una expansión de las actividades de contrabando y tráfico de drogas en Medio Oriente, una profundización de los vínculos con cárteles de drogas y redes de lavado de dinero en América Latina, un uso más amplio de bienes que pueden ser transferidos y convertidos en dinero fuera del sistema bancario —entre ellos, el oro—, así como un aumento de la presión sobre comunidades chiitas simpatizantes y sobre redes empresariales identificadas con la organización en el extranjero.
A esto añade también un uso creciente de criptomonedas y de canales alternativos de financiación, destinados a permitir que la organización transfiera fondos eludiendo restricciones, controles y sanciones. Según él, esta actividad ya no es solamente una fuente complementaria de ingresos, sino que se está convirtiendo en una parte más central de la capacidad de Hezbollah para financiarse, reconstruir infraestructuras que fueron dañadas y mantener su actividad a lo largo del tiempo.



