China e Irán alcanzan nueva etapa en su asociación estratégica – Por Dr. Mordechai Chaziza (BESA)

RESUMEN: La visita realizada por el Presidente de China Xi Jinping a Teherán en enero del 2016 sentó las bases para el acuerdo de asociación estratégica integral Irán-China. Se comenta ahora que los dos países se encuentran en las etapas finales de negociar una asociación económica y de seguridad que posee implicaciones militares. Este acuerdo creará circunstancias nuevas y potencialmente peligrosas en el equilibrio de poder del Medio Oriente y contribuirá al ya continuo deterioro de las relaciones China-Estados Unidos.

Imagen: El destructor de misiles guiados USS Porter perteneciente a la Quinta Flota surca a través del Estrecho de Ormuz, imagen del especialista en comunicación de masas de la Marina estadounidense Alex R. Forster vía Wikipedia

En años recientes, la República Popular de China y la República Islámica del Irán han expresado un deseo común de formalizar su asociación estratégica integral (la cual todavía no ha entrado en vigor) mediante la cooperación en áreas tales como el comercio, energía y capacidades de producción. Su voluntad de trabajar juntos surge de lazos históricos que se remontan a la antigua Ruta de la Seda, así como también a intereses económicos y políticos complementarios. Una asociación estratégica entre Teherán y Pekín constituye una victoria para ambos bandos representantes de sus intereses nacionales.

En enero del 2016, poco después de que el Plan Integral de Acción Conjunto (PIDAC) entrara en vigencia, el Presidente chino Xi Jinping realizó una visita a Irán durante la cual los dos estados acordaron establecer tal asociación. El acuerdo fue esencialmente una declaración de intenciones: aunque una declaración conjunta fue emitida el 23 de septiembre del 2016 sobre el tema de la asociación estratégica integral de las dos naciones, todavía no existe ningún acuerdo oficial al respecto.

La asociación abarca cinco dominios principales: política; cooperación ejecutiva; inquietudes humanas y culturales; poder judicial, seguridad y defensa; e inquietudes regionales e internacionales. Las partes acordaron desarrollar una hoja de ruta para con la asociación durante los próximos 25 años e incrementar el comercio a $600 billones en los próximos 10 años. Ninguno de los programas discutidos en los documentos se encuentra aun totalmente operativo.

En mayo de 2018 el Presidente Trump anunció que Estados Unidos se retiraba del acuerdo PIDAC. Esto puso en marcha la reimposición de sanciones secundarias a Irán que se reanudaron en su totalidad en noviembre de ese año. Si bien las medidas de Washington complicaron un poco la asociación estratégica integral entre China e Irán, Pekín dijo que mantendría intercambios económicos y comerciales normales con Teherán a pesar de las acciones impuestas por Trump.

En febrero, 2019 el Presidente Xi fue anfitrión de una delegación iraní que incluyó al canciller Javad Zarif de Teherán, al ministro de hidrocarburos y al vocero del Parlamento, Ali Larijani. Xi habló con Larijani sobre la perdurable amistad entre los dos países y dijo que la determinación de Pekín en desarrollar su asociación estratégica integral permaneció sin alteraciones a pesar de los cambios ocurridos en los ámbitos global y regional. En mayo del 2019, durante una reunión con Zarif en Pekín, el consejero de Estado chino y el canciller Wang Yi dijeron que China “apoya la parte iraní de salvaguardar sus derechos e intereses legítimos”.

En agosto de 2019 Zarif presentó una hoja de ruta a su homólogo chino que actualizara la asociación estratégica integral China-Irán a través de un acuerdo de 25 años que involucra una inversión china de $400 billones en Irán. La mayoría de los detalles más importantes de este acuerdo no se dieron a conocer a la población, a pesar de que representan un cambio potencialmente importante en el equilibrio global del sector petrolero y de gas.

Según la revista Petroleum Economist, el pilar central del nuevo plan es que China invertirá $280 billones en los sectores petroleros, petroquímicos y gasíferos de Irán. Esta cantidad puede ser asignada al primer período de cinco años del acuerdo con el entendimiento de que se pondrán a disposición cantidades adicionales en cada período posterior a cinco años, sujeto al acuerdo de ambas partes. Luego vendrá otra inversión china de $120 billones en mejoras a la infraestructura de transporte y manufacturas de Irán, que nuevamente pudiera distribuirse desigualmente y luego agregarse a cada período posterior de cinco años.

Más importante aún, el acuerdo profundizará la cooperación militar china-iraní a través de entrenamientos y ejercicios conjuntos, investigación conjunta y el desarrollo de armamento además del intercambio en el área de inteligencia para combatir el terrorismo, el tráfico de drogas, la trata de humanos y el crimen transfronterizo. Además, China podrá comprar cualquier producto manufacturado a base de petróleo, gas y productos petroquímicos con un descuento mínimo garantizado del 12% durante los próximos seis meses, más otro 6-8% bajo las mismas condiciones con ajustes compensatorios.

El portavoz del primer ministro chino Geng Shuang no ha confirmado ni ofrecido detalles sobre el acuerdo. De hecho, afirma que “no conoce los pormenores” y “[no] sabe de dónde usted obtuvo esa información”. Lo que sí está dispuesto a compartir es que “China e Irán disfrutan de relaciones amistosas y nuestros dos países cooperan amistosamente beneficiándose mutuamente en varias áreas dentro del marco de leyes del derecho internacional”. Por su parte, el canciller iraní Zarif dijo este mes a los legisladores iraníes que “No hay nada que ocultar sobre el acuerdo. Cada etapa ha sido transparente y una vez finalizado este, los detalles se harán públicos”.

Según Teherán, el borrador de la hoja de ruta, que estuvo en proceso durante cuatro años, fue aprobado por el régimen iraní en junio del 2020. Sin embargo, el contenido específico permanece abierto a acalorados debates y especulaciones. Si el borrador de la hoja de ruta es aprobado por el parlamento iraní, este representará un grave insulto a la política de la administración Trump por aislar económicamente a Irán.

Irán tradicionalmente ha mirado en dirección a Occidente, en su mayor parte Europa en busca de socios comerciales e inversión. ¿Por qué ahora se enfoca en ver hacia el este? Existen varias razones.

Primero, cada vez más los frustrados países europeos que se opusieron a la política de la administración Trump hacia Irán se han retirado silenciosamente del tipo de acuerdos que el acuerdo PIDAC una vez prometió. Para el liderazgo de Irán, una asociación estratégica con China protegería los intereses de Teherán internacionalmente.

En segundo lugar, la reimposición de sanciones a Irán, incluyendo la amenaza de cortarle el acceso al sistema bancario internacional a cualquier empresa que negocie con Teherán, está asfixiando la economía local al ahuyentar el comercio exterior y la inversión que este tanto necesita. El acuerdo con China es particularmente importante para el sector energético de Irán, que necesita atraer una inversión de $134 billones en el sector de exploración y producción petrolera y $52 billones adicionales en la industria petroquímica. Según China Global Investment Tracker, la inversión y construcción de Pekín en la débil industria energética de Irán superó los $11.1 billones en el período 2005-2019.

Tercero, la nueva etapa en la asociación estratégica integral entre China e Irán pudiera señalar el cambio al cálculo estratégico de las naciones en la era posterior al acuerdo PIDAC. Lento pero seguro, China e Irán, junto a Pakistán y posiblemente Irak, Siria y el Líbano, se encuentran formando un eje que podría alterar el equilibrio regional de poder y de extender enormemente la influencia de China en el Medio Oriente.

Según el borrador del acuerdo, China tendrá acceso a las instalaciones portuarias en Irán, incluyendo dos puertos a lo largo de la costa del Mar de Omán. El de Jask – que yace a las afueras del Estrecho de Ormuz, la entrada al Golfo Pérsico – le daría a los chinos un punto estratégico en las aguas a través de las cuales se mueve gran parte del petróleo del mundo. Esta vía marítima es de importancia estratégica crítica para Washington, cuya Quinta Flota tiene su sede en la cercana Bahréin.

Cuarto, en la era del coronavirus, en la que Estados Unidos se recupera de su situación de recesión y del COVID-19 y cada vez más aislados internacionalmente, China siente la debilidad estadounidense. El borrador del acuerdo con Irán muestra que Pekín se considera a sí mismo de estar en una posición geopolítica en la que puede desafiar a los Estados Unidos. Siente que es lo suficientemente poderoso como para soportar sanciones unilaterales, tal como lo hizo durante la guerra comercial. La inversión china en Irán pudiera generar nuevas sanciones punitivas en contra de las empresas chinas, que ya han sido sometidas a estas por la administración estadounidense. Tal como escribió el portavoz del Departamento de Estado estadounidense en respuesta a preguntas sobre el borrador del acuerdo, “Estados Unidos continuará imponiéndole costos a las compañías chinas que ayudan a Irán, el mayor estado patrocinador del terrorismo en el mundo”.

Además de todos estos factores, los proyectos contenidos en el borrador del acuerdo tales como (la banca, aeropuertos, telecomunicaciones la nueva tecnología 5G, puertos, ferrocarriles y decenas más) son compatibles con el ambicioso objetivo de China de extender su influencia económica y estratégica sobre Eurasia a través de la Iniciativa Belt & Road. La República Islámica ocupa una posición geoestratégica vital que abarca el espacio entre dos regiones ricas en petróleo, el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, que la hace indispensable para la Iniciativa Belt & Road.

En la era posterior al acuerdo PIDAC, la relación Estados Unidos-China enfrenta su desafío más severo en cuatro décadas. Los dos poderes necesitan reconciliarse y dejar de enfrentarse entre sí. El borrador del acuerdo entre Pekín y Teherán aún no ha sido presentado al parlamento iraní para su aprobación y no se ha hecho público y los funcionarios en Pekín no han revelado sus términos. Todavía no está del todo claro si China lo ha firmado. A pesar de todas estas incertidumbres, una cosa si es segura: si el acuerdo es puesto en vigencia, la asociación resultante creara nuevos y potencialmente peligrosos puntos de coyuntura en la ya deteriorada relación entre China y los Estados Unidos.

 

El Dr. Mordechai Chaziza es profesor titular en el Departamento de Política y Gobierno del Instituto Académico Universitario Ashkelon en Israel donde se especializa en el área de las relaciones exteriores y estratégicas chinas.

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