Ya hemos estado aquí: La discusión alrededor de la Ley Básica de la Nacionalidad huele a Deja Vú – Por Caroline Glick (Maariv)

El 30 de julio de 1980, la Knesset promulgó la Ley Básica: Jerusalén, la capital de Israel. Y de la misma forma que los opositores de la ley han estado atacando el carácter judío del estado, la Ley de Jerusalén ha dañado la soberanía israelí en su capital.

La conversación sobre la ley nacional es confusa. Por un lado, después de la aprobación de la ley el primer ministro Binyamín Netanyahu subió al podio de la Knesset y declaró: “Este es un momento fundamental en la historia del sionismo y de la historia de Israel 122 años después que Hertzl publicase su visión, hemos establecido en una ley el principio básico de nuestra existencia”. Por otro lado, los diputados árabes denunciaron la ley en un lenguaje particularmente extremo. El presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas dijo que el sionismo es racismo, el presidente turco Erdogan nos llamó nazis, los izquierdistas repitieron los argumentos con acento israelí y los judíos estadounidenses declararon la desaparición de la democracia israelí.

A la luz de la enorme brecha entre las posiciones de los lados, no hay escapatoria sino el leer propiamente la ley. Solo en el curso de la asombrosa lectura la sorpresa aumenta de una sección a otra porque no hay nada nuevo en la ley de nacionalidad. Israel era un estado judío antes que se aprobara la ley y siguió siendo la patria judía. La redacción de la ley sobre el asentamiento judío, que aparentemente convierte a Israel en un estado apartheid, se reescribió en una versión más débil que la que existía en el Mandato británico de 1920 para Palestina, donde se hablaba de alentar un “asentamiento judío denso” en la Tierra de Israel. En la ley nacional actual está escrito que el “asentamiento judío” es un “valor nacional”.

¿Y qué? Nada. No hay ningún golpe de efecto. Es una ley completamente vaga. Entonces, ¿qué es lo que provoca la tormenta, y qué dice la ley sobre el estado de Israel como estado cuna nacional del pueblo judío? Bueno, lo que vemos aquí no es un debate, sino marketing. Cada lado explota una ley que no tiene nada nuevo para promover su narrativa. Es posible que las personas entre los partidos nacionalistas no entendiesen lo que estaban haciendo. Ellos estaban convencidos que la mera promulgación de una ley que estableciese lo obvio preservaría justamente lo obvio. En otras palabras, creían que la ley nacional preservaría el estado de Israel como un estado del pueblo judío y preservaría la verdad histórica que solo los judíos tenían derechos soberanos sobre la Tierra de Israel. Su narrativa era verdadera. Con acierto, afirman los diputados del Likud y del partido “Hogar Judío”, que el carácter judío del Estado de Israel está siendo atacado y que es necesario defenderse, mientras que las narrativas de los oponentes a la ley son falsas.

Los diputados árabes, así como Abu Mazen y su gente, están explotando la ley para promover la narrativa que niega el derecho de Israel a existir. Erdogan usa la hostilidad hacia Israel y niega su derecho a existir para avanzar en su aspiración de liderar el mundo sunita. No debemos dejarnos influir por sus ataques. Después de todo, solo demuestran que no hay nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, la promulgación de la ley de nacionalidad les dio otra oportunidad de atacarnos, y como muestra la respuesta de los drusos, tuvieron éxito.

En cuanto a la izquierda israelí, la verdad es que es difícil encontrar diferencias sustanciales entre la respuesta de Ahmed Tibi y del diario Haaretz. La única diferencia, si la hay, es su público objetivo. Haaretz apela a la izquierda israelí, a los judíos estadounidenses y a sus lectores en inglés, Europa y las izquierdas estadounidenses y canadienses. Los árabes atraen a sus votantes y minorías que buscan integrarse en la sociedad israelí.

Si bien no hay nada nuevo en la reacción de los árabes y Turquía, las reacciones histéricas de los izquierdistas ante la ley de nacionalidad indican un cambio profundo en este sector. Para oponerse a la afirmación obvia que el hebreo es el idioma oficial de Israel o que el “Hatikvah” es el himno nacional, también debemos oponernos al sionismo. La profundidad del cambio se puede ver entre los miembros del Campamento Sionista (Majané Ha-Tzióní – Partido Laborista). Shelly Yejimovich, que con anterioridad le escribió al diputado Avi Dichter, quien redacto la ley, que no hay nada problemático con la ley, ahora la califica como una ley “racista”. Al igual que los miembros de su facción, incluyendo a su presidente de bancada, Tzipi Livni, también ella apoyó la ley antes.

Es difícil ver cómo las condenas hacia esta ley tan “Parve”, como lo es la ley de nacionalidad, son consistentes incluso con el mínimo común denominador para definir al sionismo. Si es racista decir que el asentamiento judío es un “valor nacional”, entonces, ¿qué derecho tiene el estado judío? ¿Y cómo puede una mujer que cree en esto es capaz de sentarse en un partido que se hace llamar el Campamento Sionista?

Aparte de los árabes y de la izquierda en Israel, otro grupo de opositores a la ley es la comunidad judía estadounidense, particularmente el liderazgo institucional. Puede ser que dicha oposición provenga de la ignorancia alimentada por la lectura del diario “Haaretz” en inglés. Pero, sin embargo, se trata de un desarrollo significativo. En los primeros 60 años de Israel, la Knesset y los gobiernos israelíes iniciaron y llevaron a cabo acciones que los judíos de los Estados Unidos no entendieron. Su respuesta siempre había sido apoyar y solo luego hacer preguntas. Aquí sucedió lo contrario: Primero la condenaron y solo entonces, si así lo desean, harán preguntas.

Con un retraso de 38 años

Todo este discurso entre sordos en torno a la ley de la nacionalidad está envuelto en un sentimiento de “deja vu”. Ya estuvimos aquí antes. El 30 de julio de 1980, la Knesset promulgó la Ley Básica: Jerusalén, la capital de Israel. La ley, impulsada por Gueúla Cohen, no cambió nada y no cambió nada en Jerusalén. Las fronteras de la ciudad se establecieron poco después de la Guerra de los Seis Días por decisión del gobierno. Al igual que la ley de la nación de hoy, la Ley de Jerusalén solo anclaba en la ley lo que ya se había determinado, sobre la base que esto de alguna manera consolidará el estatus de Jerusalén.

Y al igual de la forma en la que los opositores de la ley han estado atacando el carácter judío del estado, la Ley de Jerusalén ha dañado la soberanía israelí en su ciudad capital. El presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter luego utilizó la ley para aprobar la Resolución 478 en el Consejo de Seguridad de la ONU. La decisión determinó que la ley carecía de valor legal y exigió que los países que tenían embajadas las quitaran de la ciudad. En la víspera de la aprobación de la Ley Básica: Jerusalén, había 16 embajadas en la ciudad, 14 fueron cerradas después de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Las otros dos fueron cerradas en el 2006.

Cuando Carter actuó contra Israel, los judíos estadounidenses nos apoyaron contra él, castigándolo por su hostilidad hacia Israel en las elecciones de noviembre de 1980, cuando recibió el 50 por ciento del voto judío, el apoyo más bajo de la comunidad judía para un candidato demócrata.

En cuanto a la izquierda israelí, hace 38 años, la oposición a la Ley Básica: Jerusalén surgió de su carácter declaratorio. El Partido Laborista no objetó la naturaleza de la ley, pero creyó que no era necesaria. Gueúla Cohen propuso la Ley de Jerusalén en respuesta al tratado de paz con Egipto. El entonces primer ministro, Menajem Beguin, lo apoyó para fortalecer su posición entre sus votantes, que estaban enojados con él después de aceptar destruir los asentamientos en el Sinaí. En otras palabras, Beguin no actuó para promover a Israel y al estatus de Jerusalén, sino para promoverse él. Hubiera sido mucho mejor si en lugar de promulgar una ley vacía hubiera construido vecindarios y caminos en Jerusalén.

Al igual que entonces, la derecha tiene razón en su afirmación que el carácter judío de Israel está siendo atacado por una variedad de factores internos y externos. Pero la forma de enfrentar estas amenazas no es declarar que el emblema del Estado es una Menorá de siete brazos. Se debe tratar el problema a través de una reforma integral del sistema judicial, la cancelación de beneficios fiscales y otros derechos actualmente otorgados a organizaciones sin fines de lucro financiadas por gobiernos extranjeros, y la aplicación de la ley israelí sobre el Área C en Judea y Samaria.

En lugar de llevar a cabo estas acciones esenciales, el gobierno se conforma con una ley declarativa. Al hacerlo, dio un viento de cola para la guerra que los enemigos en el mundo árabe impulsan contra Israel. Invita a la izquierda a radicalizar sus posiciones antisionistas, y le permite a factores interesados ​​entre los judíos estadounidenses a presentar a Israel como un estado oscuro y antidemocrático.

La ley ya ha sido promulgada y no tiene sentido corregirla. Por el contrario, su corrección solo duplicará el daño causado por una legislación innecesaria. Pero todo el campamento nacional debe aprender la lección, 38 años tarde. En sus esfuerzos por defender al Estado de Israel, su carácter judío, su derecho a la autodefensa y su soberanía, las acciones son inconmensurablemente más importantes que las palabras.

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