Washington está financiando el antiamericanismo de Turquía – Por Middle East Forum

Nueva evaluación de amenazas se publica días antes de que Erdoğan reciba la cumbre de la OTAN y mientras Estados Unidos se prepara para enviar a Turquía los motores que impulsarán su caza “autóctono” y antioccidental.

Washington está financiando su propio cerco en un plan de pagos y llama al anticipo una alianza. Esa es la advertencia central de “Ending the Subsidy” (Poner fin al subsidio), una evaluación de amenazas publicada hoy por Gregg Roman, director ejecutivo del Middle East Forum, mientras la Casa Blanca avanza —pese a las objeciones bipartidistas de importantes legisladores— con el envío a Turquía de aproximadamente 80 motores General Electric F110, valorados en más de 700 millones de dólares, que impulsarán al caza “autóctono” turco KAAN. La administración notificó al Congreso sobre la venta el 24 de junio. Dos semanas después, el 7 y 8 de julio, el presidente Recep Tayyip Erdoğan recibirá en Ankara a los líderes de la OTAN, mientras que el vicepresidente JD Vance confirmó que Washington está revisando la posibilidad de que Turquía vuelva a incorporarse al programa del F-35.

El argumento central del informe sostiene que la aparente contradicción en el corazón de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía —un gobierno que presenta a Estados Unidos como una amenaza imperial mientras busca comprar sus aviones— no es una confusión, sino una doctrina. Según Roman, la venta de motores convierte esa tesis en una realidad tangible.

“Washington está a punto de entregar a Ankara los motores para un avión de combate cuyo propósito político es precisamente terminar con la dependencia turca de Washington. Esa no es una contradicción que Ankara deba explicar. Es la estrategia que seguimos financiando y seguimos confundiendo la factura con una alianza”, afirmó Gregg Roman, director ejecutivo del Middle East Forum.

Basándose en una investigación del Middle East Forum sobre 21 centros de estudios, fundaciones y una empresa estatal de defensa turca, “Ending the Subsidy” documenta cómo el antiamericanismo en Turquía ha sido diseñado deliberadamente, producido dentro de instituciones alineadas con el Estado, convertido en doctrina oficial y trasladado directamente a la presidencia, al Ministerio de Relaciones Exteriores y al servicio de inteligencia por las mismas personas que desarrollaron esas ideas. El ejemplo más claro es İbrahim Kalın, fundador del principal centro de estudios progubernamental de Turquía, SETA, quien actualmente dirige el servicio nacional de inteligencia turco (MIT).

Roman añadió:

“El antiamericanismo en Turquía no es un estado de ánimo que aparece durante las cumbres y luego desaparece. Es una industria, investigada en centros de estudios alineados con el Estado, convertida en doctrina y trasladada a la presidencia y al servicio de inteligencia por sus propios autores. El hombre que fundó el principal think tank de Erdoğan hoy dirige su agencia de inteligencia. Eso no es un aliado que se está alejando. Es un adversario que lleva una credencial de la OTAN.”

Entre las principales conclusiones del informe:

Una doctrina de “hostilidad compartimentada”. Ankara separa el futuro que desea —un orden internacional posestadounidense en el que Turquía lidere el mundo islámico y el mundo túrquico— del presente con el que debe convivir: una fuerza aérea que perdería su ventaja estratégica en el mar Egeo hacia 2030 sin tecnología estadounidense. Los motores estadounidenses constituyen una “escalera alquilada” para atravesar esa brecha.

Una estructura de personal que conecta los seminarios con las salas de decisión. Ex integrantes de SETA dirigen actualmente la inteligencia turca y han ocupado la Dirección de Comunicaciones de la Presidencia. El grupo radical ASSAM, fundado por el exasesor militar principal de Erdoğan, redactó incluso un proyecto de Constitución para una confederación islámica destinada explícitamente a reemplazar a la OTAN.

Un sistema ideológico duradero. Una combinación del llamado “Síndrome de Sèvres 2.0”, la Síntesis Turco-Islámica y el eurasianismo convierte el antiamericanismo en Turquía en una política transversal que probablemente sobrevivirá incluso a Erdoğan. Oponerse a Erdoğan no significa necesariamente ser amigo de Estados Unidos.

Costos concretos en defensa, inteligencia y diplomacia. Entre ellos figuran la presencia del sistema ruso S-400 dentro de la OTAN, el mantenimiento de bombas nucleares estadounidenses B61 en la base aérea de Incirlik, la cooperación de inteligencia con un servicio dirigido por un ideólogo antiestadounidense y el uso de la pertenencia a la OTAN para construir un bloque posestadounidense junto con Rusia, China y los Estados túrquicos.

La notificación de la venta de motores ya generó resistencia bipartidista en el Capitolio. El 28 de junio, un grupo de miembros de la Cámara de Representantes escribió al secretario de Estado Marco Rubio y al secretario de Defensa Pete Hegseth, instándolos a detener cualquier transferencia de F-35. Advirtieron que la permanencia de los S-400 permitiría a la inteligencia rusa estudiar tecnología sensible estadounidense y que la decisión alarmaría a Grecia, Chipre e Israel. El propio Rubio declaró el 3 de junio que la legislación estadounidense impide el regreso de Turquía al programa F-35 mientras conserve los sistemas S-400. Consultado el 24 de junio sobre los aviones, el presidente Donald Trump respondió únicamente: “Probablemente haga algo que lo hará muy feliz.”

Roman concluyó:

“Nadie serio propone romper relaciones con un país que controla los estrechos turcos y alberga nuestras armas nucleares. Lo que proponemos es reciprocidad. Turquía insiste en que el equipamiento militar y la política son asuntos separados; muy bien. Entonces cada motor, cada avión y cada certificación del F-35 deben depender del comportamiento, no de una fotografía oficial en Ankara. Si venden el F-35 a un gobierno cuyo servicio de inteligencia está dirigido por el autor de la teoría de que ‘Estados Unidos organizó el golpe de Estado’, no estarán reparando una alianza. Estarán financiando su propio cerco.”

En lugar de promover una ruptura, el informe propone poner fin a esta relación unilateral condicionando toda transferencia de tecnología avanzada al comportamiento verificable de Turquía (por ejemplo, no entregar F-35 mientras permanezcan los S-400), trasladar las bombas nucleares B61 fuera de Incirlik, aplicar la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA) a la estructura de influencia turca en Washington, disputar la capacidad de Ankara para liderar el mundo túrquico y África y, sobre todo, apoyar a las instituciones turcas que aún defienden la relación transatlántica.

El paquete completo de investigación incluye:

“Ending the Subsidy”, título abreviado del informe principal: Ending the American Subsidy to Turkish Grand Strategy.

The Anatomy of Turkish Anti-Americanism, serie de estudios del Middle East Forum.

The Intellectual Architecture of Turkey’s Foreign Policy, que analiza los 21 centros de estudios y fundaciones que generan las narrativas antiestadounidenses que impulsan el alejamiento de Ankara de Occidente.

The Architecture of Turkey’s Anti-Americanism – Organization Dossiers, con 21 informes individuales sobre cada institución.

The Architecture of Turkey’s Anti-Americanism – Matrix, un mapa interactivo de la red de think tanks que alimenta la ruptura entre Ankara y Washington.

Comentarios relacionados ya publicados: The Architecture of Turkey’s Anti-Americanism (Middle East Forum Observer) y US No Longer Needs Turkey to Shape the Caucasus’ Future (Ynetnews).

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