Universidad Queen Mary: El radicalismo es más probable entre los más educados – Por Ryan Mauro

Nuevos estudios afirman que la ideología islamista y el terroismo islámico es causado no por la pobreza u por otros agravios.

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El predicador islamista Anjem Judeiry, nacido en el Reino Unido, exigiendo que las tiendas del el este de Londres dejen de vender alcohol ya que está prohibido por la ley shaarya (islámica).

Un nuevo estudio de la Universidad Queen Mary de Londres, llega a la conclusión de que no existe un fuerte vínculo entre el terrorismo y la pobreza, la falta de educación o la inestabilidad mental. De hecho, los terroristas tienen más probabilidades de provenir de sectores altamente educados y financieramente seguros. El estudio se basa en una montaña de casos de radicales violentos, especialmente islamistas, quienes están motivados por una ideología que no nace de la desigualdad.

El estudio ataca el corazón del debate sobre el terrorismo islamista.

Un sector entiende las raíces del terrorismo como una mezcla creada por la desigualdad, la desesperación y la ira hacia una política exterior occidental. Este campamento, en general, legitima las causas de ciertos islamistas aunque condena sus métodos. Ambos presidentes, Obama y Bush, han sido influenciados por este campamento. Ciertamente, el presidente Bush dijo que los extremistas islámicos se oponían a las libertades occidentales pero también dijo en 2002 que: “Luchamos contra pobreza porque la esperanza es una respuesta al terrorismo”. En 2005, Bush dijo que el alivio de la pobreza “asesta un golpe a los terroristas que se alimentan de la ira y el resentimiento”. Al igual que su sucesor, Bush no solía utilizar términos como “islamista” para identificar la ideología.

Del mismo modo, el presidente Obama dijo en su discurso sobre el Estado de la Unión que los despliegues militares estadounidenses “pueden, en última instancia, alimentar al extremismo”. En 2008 , él dijo como candidato a la Presidencia de los EE.UU. que existía una necesidad de convencer al Hamás y al Hezbollah que la violencia “debilitaba sus legítimas reclamaciones”. En enero, el secretario de Estado John Kerry dijo “el tema de la pobreza es en muchos casos es la causa fundamental del terrorismo…”.

Un excelente ejemplo de esta mentalidad, que influye sobre la política de la Administración Obama, la vemos en la tardía y prologanda decisión de etiquetar a Boko Haram, una filial nigeriana de Al-Qaeda, como una organización terrorista extranjera. Obama, incorrectamente, declaró que este grupo era un ejemplo de lo que ocurre cuando “los países no se están entregando a su gente y donde hay fuentes de conflicto que han subrayado frustraciones que no han sido tratadas adecuadamente”.

El estudio de la Universidad Queen Mary refuerza la posición del segundo campamento. Éste culpa a la ideología islamista bajo el argumento de que es su visión del mundo la que cultiva esos agravios políticos. Después de todo, la respuesta natural frente a las tropas estadounidenses en Afganistán (donde protegen a los musulmanes) no sería el instituir el gobierno de la Shaarya, impulsar la yihad violenta y cometer abusos contra los derechos humanos. Esos son los síntomas del islamismo, no cualquier otra cosa que occidente haga.

Los investigadores realizaron entrevistas detalladas con más de 600 musulmanes de origen pakistaní y de Bangladesh que viven en el Reino Unido, pidiendo sus opiniones sobre 16 diferentes tácticas terroristas. Este enfoque muy inteligente nos señalaba a quien, por ejemplo, se oponía a los ataques suicidas pero se mostraba de acuerdo con otros actos violentos los cuales consideraba moderados. La conclusión es que sólo el 2,4% justificaba directamente los actos de terrorismo y violencia. Otro 6% eran neutrales, negándose a apoyar o a condenar las tácticas. El estudio no encontró ninguna relación entre los sentimientos pro-terroristas y la ansiedad, la depresión, el bajo nivel socioeconómico, la falta de educación o incluso el hecho de ser extranjero. De hecho, el estudio encontró mayores niveles de extremismo entre los estudiantes y entre los grupos de ingresos superiores a los $125.000. También encontró que los inmigrantes y los que hablan un idioma extranjero en casa son menos propensos a apoyar el extremismo. La implicación es alarmante: el extremismo tiene un tirón más fuerte entre los nacidos dentro del Reino Unido que entre los los que se emigración hacia ese país.

Otros dos estudios apoyan la conclusión de la Universidad Queen Mary.

Estudios realizados entre musulmanes estadounidenses tuvieron resultados similares. Una encuesta de Pew 2007 también encontró que los inmigrantes musulmanes son menos propensos a apoyar al islam político que los nacidos aquí. Llegaron a la conclusión que: “Musulmanes nacidos en el país muestran un apoyo abrumador a la idea de que las mezquitas deben expresar sus puntos de vista sobre asuntos sociales y políticos. Por el contrario, la gran mayoría de los musulmanes de origen extranjero – muchos de los cuales son de países donde la religión y la política están estrechamente entrelazados – dicen que las mezquitas deben mantenerse fuera de los asuntos políticos”.

En 2004, el ex oficial de la CIA y psiquiatra forense Marc Sageman estudió las biografías de más de 400 terroristas de Al-Qaeda. Sus conclusiones fueron que la mayoría de ellos no eran muy activos politicamente hablando o, incluso, no eran muy religiosos antes de radicalizarse, mientras que la mitad creció en un ambiente religioso. La mayoría de los títulos universitarios de los terroristas no eran en teología o en ciencias políticas, sino que eran en ciencias técnicas como en ingeniería. La adopción del islamismo como un sistema de creencia precede o coincide con la adopción de sus puntos de vista religiosos y políticos. Sageman encontró, en su estudio, que los reclutas de Al Qaeda estaban motivados por la visión salafista del islamismo que buscaba “la creación de un estado islámico puro, lo que crearía las condiciones para el restablecimiento de esa comunidad, donde la justicia y la equidad reinarían…”.

Él, al igual que las conclusiones ofrecidas por la Universidad Queen Mary, no encontró conexión entre el terrorismo y los trastornos mentales, la pobreza, la falta de educación y el desempleo.

Más del 60% poseían algún tipo de educación universitaria, colocándoles en el nivel más alto en sus sociedades. Tampoco encontró ninguna relación entre el extremismo y la abstinencia sexual, el 73 % era casado y la mayoría de ellos tenían hijos.

Sageman encontró que el denominador más común entre ellos era la falta de asimilación. Alrededor del 80% de los miembros de Al-Qaeda fueron aislados de la sociedad y el 70% se hizo yihadista después de mudarse lejos de su país de nacimiento. Aproximadamente el 20% tenía conexiones familiares con otros yihadistas.

Un factor muy común era el haber sido atraído hacia el terrorismo por sus círculos sociales. Casi el 70% eran amigos de radicales antes de adoptar sus propios puntos de vista. Así, “un encuentro casual con un miembro formal de la Yihad Salafista Global puede ser un elemento crítico que conduce a la adopción en la Yihad”, afirmó Sageman.

Otra fuente que concuerda con estos estudios son… Los propios islamistas. Una y otra vez, el Proyecto Clarion ha señalado las ambiciones a largo plazo expresadas por los islamistas, quienes desean crear un Estado (y, eventualmente, un planeta) basado en la ley y el gobierno de la Shaarya. Las políticas occidentales no son las motivadoras en sí; de hecho son estas políticas las se interponen en el camino de estos objetivos a largo plazo.

El lector de Al-Qaeda, Raymond Ibrahim cita a Bin Laden: “De hecho, los musulmanes están obligados a atacar la tierra de los infieles, a ocupar y a intercambiar sus sistemas de gobierno hacia un sistema islámico, impidiendo que cualquier práctica que contradiga a la shaarya sea expresada públicamente hacia el pueblo, como sucedía durante los albores del Islam”. Y nuevamente: “Nuestras conversaciones con el infiel occidental y nuestro conflicto con ellos, en última instancia, giran en torno a un tema, un tema que exige nuestro total apoyo, con poder y determinación, con una sola voz y que es: Hacer el Islam , o no hacerlo, forzar a la gente por la fuerza de la espada a sumirse a la autoridad corporalmente y hasta espiritualmente”.

Bin Laden sigue: “Sí. Sólo hay tres opciones en el Islam: sumisión (conversión); el pago de la jizya (impuesto que debe pagar el no musulmán), física aunque no espiritual, la sumisión a la autoridad del Islam; o la espada – ya que no es correcto dejarle vivir. Para que una persona viva el tema se resume en: o bien sumisión, o vivir bajo la soberanía del Islam o morir”.

El estudio de la Universidad Queen Mary concluye, con razón, que los esfuerzos para luchar contra la radicalización tienen que centrarse en la etapa de “pre-radicalización” cuando las simpatías iniciales se desarrollan hacia las causas terroristas. No basta con centrarse sólo en la última etapa en la que se está construyendo la bomba. Para entonces, casi se ha agotado el tiempo disponible en el reloj para frustrar el complot y la atención se centra en la táctica y no en la causa ideológica subyacente.

La conclusión es que las narraciones islámicas tienen que ser contrarrestadas provocando un fracaso a la hora de conseguir ganar adeptos en las primeras etapas. De lo contrario, vamos a estar atrapados en una carrera sin fin por detener el aumento del número de complots terroristas islamistas.

Ryan Mauro es analista de Seguridad Nacional en el Proyecto Clarion y es entrevistado con frecuencia para las estaciones de televisión como un experto mundial en lucha antiterrorista y extremismo islámico. http://m.clarionproject.org/analysis/queen-mary-univ-radicalization-not-caused-inequality

Traducción y adaptación de la crónica: Gabriel Ben-Tasgal

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