Una “preocupación sincera” por la democracia en Israel – Por Dror Ider (Israel Hayom)

Una editorial del Washington Post, “lamentó el peligro por la democracia israelí”. Me horroricé. Luego leí que el peligro al que se refiere la nota es la ley que promueve la Ministro de Justicia Ayelet Shaked para alentar la transparencia en la Knesset de las organizaciones no gubernamentales que reciben asistencia financiera de países extranjeros. No se quedaron satisfechos desde el diario ya que nos compararon con países como Rusia y China, estados que suprimen a las organizaciones disidentes. La ley “no es compatible con los valores fundamentales de Israel como un estado democrático”. Dejemos a un lado la actitud prepotente e infantil de la prensa liberal de los EE.UU. hacia Israel, como si se tratase de una tribu oscura en una selva remota… ¿es que acaso la democracia estadounidense no se defiende exponiendo a diversos grupos de presión? Hay una famosa enmienda norteamericana de 1938 en donde se establece que agentes extranjeros (FARA) se deben registrar, obligando a personas u organizaciones que tratan de influir en la política estadounidense – cuyas acciones son controladas, directa o indirectamente, y son financiadas total o parcialmente por entidades extranjeras (gobiernos extranjeros) – ellos deben registrarse en el Ministerio de Justicia de Estados Unidos y declarar el origen de su apoyo para tratar con funcionarios públicos y representantes del gobierno.

Hay una nueva regulación, que el Post “ignora adrede”, que exige que testigos que hablan en una audiencia en el Congreso revelen si están siendo financiados por gobiernos extranjeros. La regulación recibió mucha importancia tras una investigación del New York Times que “reveló que institutos de investigación utilizaban a grupos de presión a favor de intereses de países extranjeros tras haber recibido becas de investigación en los temas que impulsaban en el Congreso. Peligro a la democracia… ¿decías?

El Washington Post le dijo a sus lectores que, aunque la ley se presenta como tal para proporcionar más transparencia frente a los diputados, no es esa la razón que motiva su promulgación, sino el deseo de “crear deslegitimación entre las organizaciones de izquierda y de derechos humanos que se oponen a los asentamientos israelíes en Cisjordania”. El Post debería “aplicarse” los mismos criterios también sobre ellos: su oposición a la Ley no se deriva de una sincera preocupación por la democracia israelí, sino que lo hacen por su fuerte deseo de fortalecer a las organizaciones de izquierda siguiendo con una situación única en la que países extranjeros interfieren en el debate político israelí, lo que en realidad anula el proceso democrático.

¿Cuál es la democracia que preocupa al Post?, ¿Acaso las elecciones del público israelí en una elección no significan nada? ¿Qué tipo de democracia SHMATE le desean aIsrael, si los ciudadanos de Noruega y Suecia son los que deciden que política adoptar? NGO Monitor informa sobre € 50 millones que se envían a Israel, cada año, para influir en la política y para intervenir en el debate político siendo que ese dinero solamente llega para apoyar a un campo político (!): La izquierda en toda su diversidad. No son donantes privados, sino que son países extranjeros que gastan el dinero de su presupuesto para invertirlos en Israel. Un país no invierte dinero en el extranjero si no tiene ningún interés. La democracia al estilo Post y medios similares significan un perjuicio a la soberanía de Israel.

No en vano los argumentos del diario coinciden con los del New Israel Found sin presentarle a sus lectores todas las consideraciones que influyen en la ley. El fondo NIF es quien financia principalmente – junto al dinero de la Unión Europea – a decenas de organizaciones de izquierda. Durante años se presentaron como una organización apolítica que actúa por el interés público, hasta que durante la última década ha dejado al descubierto sus intenciones políticas. En el caso de EE.UU., la regulación obliga declarar incluso si la financiación es parcial, mientras que la ley israelí de transparencia sólo se debe hacer en el caso que la organización reciba más de la mitad de su presupuesto de países extranjeros. Lo opuesto al argumento del Post: “precisamente la falta de transparencia de estos cuerpos es el verdadero peligro para la democracia”.

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