¿Una nueva guerra civil en el Líbano? – Por Dmitri Shufutinsky (BESA)

RESUMEN: A pesar de sus deseos por desalojar el sectarismo del gobierno corrupto en su país, es bastante probable que la sociedad civil libanesa observe un incremento en las tensiones a lo largo de los lineamientos religiosos. Irán seguirá apoyando a Hezbollah a pesar de este verse debilitado regionalmente, mientras que Turquía y Qatar contrarrestarán la situación aumentando su influencia sobre la comunidad sunita.

Imagen: Puerto de Beirut luego de ocurrir la explosión, 4 de agosto, 2020, imagen vía Wikipedia

Tras ocurrir la explosión en el puerto de Beirut en verano del 2020, el Líbano parecía prepararse para una revolución. La economía del país ya se encontraba en una situación terrible por causas de una corrupción masiva, crisis económica global, la pandemia del COVID-19, las sanciones sobre Irán (que controla a la milicia chiita gobernante Hezbollah) y el que cada vez más países reconozcan a Hezbollah como un grupo terrorista (por el que le sometieron, en cambio, a un incremento en las sanciones).

Las ya generalizadas protestas contra el gobierno además del sectarismo se han intensificado desde que ocurrió la explosión, incluso han escalado contra Hezbollah y la influencia iraní en Beirut. Las secuelas de la explosión, particularmente en lo que respecta a los equipos de limpieza y las interacciones entre hospitales, muy probablemente aumentarán en gran escala la propagación del coronavirus, debilitando aún más a la economía. Tal ha sido el daño a la imagen del país que aquellos donantes internacionales se niegan a brindarle ayuda al Líbano hasta que este promulgue reformas políticas – de que Hezbollah sea esencialmente incapaz en cualquier momento, de llevar a cabo un ataque contra Israel.

La debilidad de Irán y de Hezbollah en este momento muy particular, junto a la retirada del Líbano por parte de los Estados del Golfo, presentó una oportunidad única para que Turquía entrara a escena. Arabia Saudita y sus aliados sunitas en el Golfo han renunciado en gran medida el intentar influir sobre la comunidad sunita libanesa, a pesar de su postura común en contra de Hezbollah. Turquía y Qatar dieron un paso al frente llenando el vacío, supuestamente proveyéndole armamento a las comunidades sunitas del norte, así como también ayuda tras ocurrir la explosión en Beirut. La ayuda tiene como destino principalmente a la pequeña comunidad turca del Líbano.

Los medios de comunicación a favor del Golfo en la región han expresado su alarma por estos desarrollos, pero también lo han hecho los medios de comunicación pro-iraníes y pro-Hezbollah, incluso dentro del Líbano. Todo esto es muy curioso, ya que algunos analistas creen que Irán se ha unido a Qatar y Turquía para oponerse a Occidente y a sus aliados en la región.

La realidad es que Turquía y Qatar no operan en perfecta coordinación con Irán, aunque a veces cooperan en áreas de interés mutuo. Turquía busca, con el financiamiento de Qatar, expandir su visión neo-otomana para la región basándose en la Hermandad Musulmana sunita, un proyecto fundamentalmente incompatible con la exportación revolucionaria chiita iraní.

El Imperio Otomano gobernó Gaza, Israel, Cisjordania, Egipto, Libia, Yemen, Siria, Irak y el Líbano alguna vez. Estos son considerados por el régimen turco como las “repúblicas independientes,”. Al igual que Irán, los turcos y qataríes desean que el Golfo y los países en Occidente se marchen de estas naciones. Sin embargo, los regímenes poseen metas diametralmente opuestas en la región en general y en estos países en particular.

Dado que la culpa por el coronavirus en el Líbano junto a las crisis económicas, así como también la explosión de Beirut recae sobre Hezbollah y Teherán, esta es una oportunidad de oro para que Ankara los desafíe y tal vez los elimine del escenario político del Líbano. Si bien Turquía también ha enfrentado dificultades económicas (en parte debido a la pandemia) y sanciones impuestas por Occidente en los últimos años, este permanece siendo más opulento y poderoso que Irán y gran parte de Occidente todavía considera a Turquía como un aliado importante contra la influencia rusa e iraní en toda la región. Como tal, este se encuentra mejor preparado para triunfar en el Líbano, Irak y en Siria que la República Islámica.

A comienzos de este año en Siria, el ejército turco aplastó la unidad élite Radwan de Hezbollah (y a otros combatientes) entre otros grupos paramilitares chiitas alineados al régimen de Assad en Idlib. Un Hezbollah debilitado, empantanado por luchas internas con sunitas dentro de su dominio territorial, no logrará desafiar a los turcos y sus aliados en Siria. La ubicación del Líbano dentro de las esferas de influencia de Turquía le daría a Ankara un mayor acceso al Mediterráneo oriental y a sus recursos gasíferos, una perspectiva particularmente deseable dado que el Líbano posee campos de gas propios. Tales acciones le otorgarían a Turquía también un acceso a una frontera con Israel desde la cual este pudiera amenazar al estado judío y “defender la causa palestina”.

Si Turquía elige acelerar su empuje de influencia en el Líbano, el resultado probable sería el estallido de una nueva guerra civil. Un país empobrecido y sectario con enormes alijos de armas ilegales y múltiples potencias extranjeras ejerciendo sus influencias dentro de sus fronteras es un escenario muy siniestro. Para contrarrestar un impulso expansionista turco, Irán probablemente tratará de incrementar la ayuda que este le provee a Hezbollah. Este considerará la expansión de Turquía en el Líbano como un paso hacia la consolidación de Ankara a su presencia dentro de la vecina Siria también.

Turquía pudiera, teóricamente, enviar a sus seguidores sunitas en el Líbano a Idlib para que combatan contra las fuerzas respaldadas por Irán en su nombre. Es bastante probable que Qatar financie tales empresas. Turquía pudiese entonces utilizar agentes-estado libaneses sunitas en sus otras campañas en Libia y contra los armenios (que se encuentran, casualmente, en la frontera norte de Irán).

Cualquier fuerza libanesa respaldada por Turquía muy probablemente se vería envuelta en un serio conflicto con los cristianos en el país, dado que un gran número de cristianos libaneses son de ascendencia armenia. Tal situación aumenta aún más la probabilidad de que ocurra algún conflicto civil. También lo harían los intereses de Israel y de sus socios árabes, a quienes les gustaría ver desaparecer a Hezbollah y bloquear las ambiciones imperiales de Qatar, de Irán y Turquía en la región. Es muy probable que los países árabes más estables y los Estados Unidos le provean financiamiento a las milicias cristianas en el país, mientras que Israel (una vez más) será el que provea las armas y entrenamiento. Grecia, Chipre y Armenia también pudieran acudir en ayuda de los cristianos libaneses debido a su interés compartido de querer obstruir a Turquía y sus vínculos étnico-religiosos.

Para Israel, una guerra civil en el Líbano pudiera muy bien proveer la ventaja en el que un ya debilitado Hezbollah se vea envuelto en un conflicto local y quizás incluso sea derrotado por otros enemigos, con poco o ningún daño en lo absoluto al estado judío. Al mismo tiempo, una mayor inestabilidad en otra de las fronteras al norte de Israel pudiese conducir a una crisis de refugiados y a una reactivación del tema palestino, dada la gran cantidad de refugiados palestinos que viven en el Líbano.

Los agentes-estados turcos y qataríes que se encuentran en la frontera norte de Israel también son entes indeseables, en especial dado su compromiso con el tema palestino. La falta de fiabilidad a la presencia estadounidense en la región, así como también la posibilidad de que los países árabes más opulentos cambien de bando para así apoyar a los sunitas radicales, es otra de las razones por la que el estado judío no estará dispuesto a ver una segunda guerra civil en el Líbano. Existe poco entusiasmo en Jerusalén en este momento para el envío de tropas al Líbano con el propósito de combatir a Hezbollah, a pesar de la campaña en su contra en Siria y la probabilidad de que los temas que quedaron pendientes en el año 2006 finalmente se reanuden.

El ejército israelí está incrementando su arsenal y ha mejorado sus entrenamientos con el fin de prepararse para tal guerra a futuro. Israel se ve involucrado en una crisis económica debido a la pandemia y tiene problemas con su estabilidad a nivel de gobierno. Ahora mismo, para decirlo de la manera más simplista, no es el momento adecuado para que las FDI retornen al Líbano.

Para lograr evitar una reanudación de las hostilidades, la Unión Europea y los Estados Unidos junto a las Naciones Unidas y países árabes influyentes, deben continuar reconociendo a Hezbollah como organización terrorista y prohibir sus actividades o sancionarlo. Pero la prohibición debe incluir los envíos de armamento a fuerzas distintas del ejército – es decir, agentes-estados turco-qataríes así como también Hezbollah. En lugar de esperar a que ocurran tragedias en el Medio Oriente y de hecho, en el mundo en general, Occidente y otros bloques influyentes deben actuar en prevenir el estallido de guerras civiles y del terrorismo sectario antes de que sea demasiado tarde.

 

Dmitri Shufutinsky es graduado del programa en maestría Paz Internacional y Resolución de Conflictos en la Universidad de Arcadia. Actualmente vive como Soldado Solitario (personal de las FDI sin familiares en Israel que le apoyen) en el Kibutz Erez, Israel, sirviendo en la Brigada Givati ​​bajo el programa Garin Tzabar.

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