Un Seminario de historia muy necesario – Por Jonathan S. Tobin

El mes pasado, la UNESCO, la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura aprobó una resolución de condena a Israel que afirmaba falsamente que estaba negando a los musulmanes el acceso a sus lugares sagrados en el Monte del Templo de Jerusalén.

El sesgo de la medida se debió en parte a la falta de conexión absoluta entre sus cargos y la verdad ya que la única vez en la historia en que todas las religiones han tenido acceso a sus lugares sagrados de Jerusalén han sido los últimos 49 años cuando se sometieron bajo control israelí.

Sin embargo, el sesgo también fue evidente desde el lenguaje que utilizó. Sólo se hizo referencia al Monte del Templo – el sitio que alberga los templos sagrados bíblicos de Jerusalén – por el nombre usado por los musulmanes: la mezquita de al-Aksa / al-Haram al Sharif. Del mismo modo, la ofensiva referencia al Muro Occidental (conocido también como Muro de los lamentos) por su nombre árabe, la plaza al-Buraq.

En otras palabras, las Naciones Unidas se pusieron de parte de los palestinos – que promovieron la resolución – no sólo en sus ataques a Israel, sino en el intento de borrar la historia judía.

Los palestinos siempre han afirmado que los judíos son extranjeros en su antigua tierra y han hecho todo lo posible para promover mitos que nieguen que el Monte del Templo es el sitio que albergó los Templos históricos. Por supuesto, esto no tiene sentido. Pueden llamar al Muro Occidental del modo que les guste, pero ¿qué creen que esas piedras antiguas y toda la evidencia arqueológica de la zona significa (o al menos toda la evidencia que no ha sido destruida por el vandalismo llevado a cabo por el Waqf Musulmán, al que Israel permite administrar en el Monte del Templo)?

La ironía es que el único grupo religioso que todavía sufre algún tipo de discriminación en Jerusalén son los judíos, que se ven afectados por la regulación de la oración en el Monte del Templo – el sitio más sagrado del judaísmo – con el fin de evitar ofender a los musulmanes que consideran su presencia cerca de sus mezquitas como un insulto al Islam.

En respuesta, el primer ministro Biniamín Netanyahu ha anunciado que iba a ser el anfitrión de un seminario de la historia de Jerusalén en su oficina de personal de la ONU en Israel. También está invitando a los diplomáticos residentes en el país, incluidos los de los países que votaron en favor de la resolución ofensiva, una lista que incluye a las naciones supuestamente civilizadas como Francia, España y Suecia, así como Rusia y una serie de naciones del Tercer Mundo y naciones musulmanas (sólo Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Lituania, Estonia y los Países Bajos votaron en contra).

Por supuesto, es sólo un truco de relaciones públicas. Pero no estaría mal que los candidatos electorales estadounidenses Hillary Clinton y Donald Trump tomen un curso de este tipo.

Según Max Boot, un artículo del asesor adjunto de Seguridad Nacional Ben Rhodes publicado en la revista New York Times detalla la arrogancia y la falta de voluntad para aprender de los errores que ha caracterizado la política exterior de la administración Obama. El ejemplo más notable de estas cualidades se refiere a su acercamiento a Irak, Siria y el terrorismo en el que su desprecio por sus predecesores les ha llevado a centrarse sólo en los errores estadounidenses anteriores. También han hecho caso omiso de los que han venido advirtiendo la situación que condujo a la aparición de ISIS y el colapso de Siria e Irak, así como el impulso de Irán.

Pero la administración actual también es culpable por negarse a prestar atención a la naturaleza intratable del odio palestino por Israel y los judíos que se refleja en sus esfuerzos por borrar la historia judía. En su esencia, este revisionismo histórico sobre Jerusalén no se trata tanto de política o de un esfuerzo por simpatizar con los palestinos, sino de liso y llano antisemitismo. Como he señalado, estas resoluciones de la ONU y los diversos esfuerzos palestinos para evitar que los judíos oren no sólo en el Monte del Templo, sino en otros santuarios como la Tumba de José en Nablus, es parte de un esfuerzo por negar los derechos de los judíos, no sólo de orar, sino de vivir en cualquier parte del país.

La administración Obama llegó al poder en 2009 decidida a poner paños fríos en la relación entre los EE.UU. e Israel porque tontamente cree que hacerlo podría alentar a los palestinos a hacer la paz. En los más de siete años desde entonces, no han dejado de cometer el mismo error y han, como resultado, estimulado tanto a la Autoridad Palestina y Hamás, así como la intromisión de actores externos como Irán, que está financiando a Hamás y la Jihad Islámica con algunas de las ganancias que están haciendo desde el acuerdo nuclear que firmó con los EE.UU., y se han vuelto más intransigentes, no menos. Aunque la administración hizo lo correcto en esta resolución de la UNESCO, su voluntad de tratar a Jerusalén como un “asentamiento” judío en lugar de como capital de Israel ha exacerbado los problemas allí.

Todos en la Casa Blanca y el Departamento de Estado se consideran ser muy inteligentes y, sin duda, lo mismo será cierto para cualquier persona contratada por Clinton y Trump (aunque este último es el candidato más dolorosamente ignorante de los hechos y la historia de Oriente Medio y otros temas importantes que se tenga memoria). Probablemente todos ellos tomen un curso de actualización sobre la historia de Oriente Medio. Más importante aún, tendrán que comprender que mientras que EE.UU. continúe validando focos nocivos de antisemitismo como la UNESCO y mantenga la permanencia en la organización, es parte del problema, no de la solución.

Todos los piadosos lugares comunes pronunciados por los Estados Unidos y otras potencias occidentales sobre la memoria del Holocausto y contra el antisemitismo no tienen sentido si, además, no están dispuestos a luchar contra las expresiones de odio antijudío que tratan de ignorar la verdad sobre el pasado de Jerusalén y su presente. Si la próxima administración, quien quiera que sea que la gestione, comete el mismo error, se repetirán los resultados sangrientos de los últimos años.

* Fuente: Commentary

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