Un estado democrático combatiendo al terror – ¿Qué se puede hacer y que no se puede hacer desde el punto de vista legal? – Por Instituto Israel para la Democracia

Hace doce años, en medio de una ola de ataques suicidas, el Israel Democracy Institute inició el programa para la Seguridad Nacional y la Democracia. Un diálogo productivo con los líderes del ejército que generó un programa que busca ayudar a los líderes a fin de desarrollar políticas eficaces contra el terrorismo. Una política que equilibre las necesidades de la seguridad nacional, las libertades individuales y el Estado de Derecho.

Publicado por Profesor Amijai Cohen, Profesor Mordejai Kramitzer, Yojanan Plesner y Eli Bajar – http://www.idi.org.il/democracy_and_terrorism/

La última ola de ataques con cohetes del Hamás contra centros de la población israelí, y el uso que hace el Hamás de su población, la infraestructura, las instalaciones civiles y religiosas, es un recordatorio de la guerra asimétrica a la que se debe enfrentar el Estado de Israel. Se trata de un reto fundamental para la naturaleza democrática de Israel, que trata de derrotar a organizaciones terroristas, pero que intenta hacerlo respetando el derecho internacional y las normas aceptadas por los países ilustrados en el marco de un conflicto armado.

El documento que les presentamos, escrito por expertos de nuestra institución en derecho internacional y en leyes de la guerra, es un breve resumen de las normas permitidas y prohibidas para un combate entre un estado contra una organización terrorista, además de destacar las características únicas de éste conflicto y los dilemas que enfrentan los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Introducción

El objetivo es dar a conocer brevemente los principios y las reglas relevantes del derecho bélico pertinente a lo que está permitido y lo que está prohibido, y lo que se debe considerar en el proceso de la toma de decisiones. El propósito de brindar ésta opinión no es discutir la justificación o no de la operación “Margen Protector”. La corta distancia y la falta de información íntima no nos permiten opinar sobre esta cuestión. El propósito tampoco es evaluar la legalidad de las distintas acciones de las Fuerzas de Defensa de Israel. Tampoco esto se puede hacer sin contar con información completa y fiable sobre estas operaciones.

En los últimos días se han intensificado las acciones de violencia. En este trabajo revisaremos las normas relativas al uso de la fuerza en Israel en el marco de esta campaña, centrada en tres áreas: la selección de los objetivos, la proporcionalidad y el deber de la advertencia.

Primero queremos dejar claro más allá de toda duda: las acciones de Hamas durante los combates en los últimos días constituyen crímenes de guerra. Los ataques con cohetes contra civiles israelíes no protegidos y que no constituyen una amenaza militar concreta es una violación del derecho internacional, e impone la responsabilidad penal individual de los autores de los disparos. También, ocultarse deliberadamente entre la población civil y la explotación de las población civil, entre ellos mujeres y niños como escudos humanos, es también un crimen de guerra.

Como parte de esta revisión, consideramos las restricciones impuestas por el Estado de Israel como un estado democrático en el marco de una situación compleja, y eso sin relación con el tema de los crímenes de guerra cometidos por el Hamás.

Elección de blancos

El principio básico de las leyes de la guerra es el principio de distinción. De acuerdo con este principio, es obligatorio que el atacante distinga entre objetivos civiles y militares. Mientras que los objetivos militares son un blanco legítimo de ataque, está estrictamente prohibido un ataque directo hacia objetivos civiles.

Objetos (blancos estacionados)

Se puede atacar cualquier blanco que tiene un uso militar (incluso si éste se usa militar y civilmente de forma mixta), con sujeción al principio de proporcionalidad tal como se expone a continuación. Por lo tanto, si una mezquita es utilizada como almacén de armas pasa a ser un objetivo legítimo durante el combate, a condición, por supuesto, que se puede demostrar que se utiliza para uso militar directamente y que es útil para el Hamás.

No se deben destruir objetivos para intimidar a la población civil. No se debe abrir fuego sobre hogares en donde no se hace ninguna operación militar y, ciertamente, no se deben atacar los hogares donde viven los familiares de los terroristas (cuando no están presentes en ese momento) sólo para asustarles.

En relación a las infraestructuras, no se deben atacar instalaciones esenciales para la supervivencia de la población civil (como la infraestructura de agua, tiendas de alimentos, etc.), a menos que el enemigo los usa para la acción militar o para contar con un apoyo militar. Incluso, no se debe destruir estas instalaciones si el resultado resultante es la inanición (hambre) de la población civil.

Blancos humanos

Como se ha dicho, la regla es que los objetivos legítimos durante la guerra son los combatientes mientras que los civiles están protegidos de cualquier ataque. Los miembros del Hamás NO son “combatientes” como se define en el derecho internacional. Son “civiles que participan directamente en hostilidades”. En otras palabras, cuando los combatientes del Hamás forman parte de operaciones militares concretas (incluyendo disparos, planificación, mando, etc.) SON objetivos legítimos. La mayoría de los juristas (incluido el Comité Internacional de la Cruz Roja) afirman que no hay necesidad de probar que participa activamente en actividades terroristas durante el momento específico y concreto en el que se lo ataca. Son suficientes pruebas que a lo largo de su vida lo hace para demostrar que él se dedica a esta actividad de forma regular y continua para convertirlo en un objetivo legítimo en todo momento.

Un civil que participa directamente en las hostilidades constituye un blanco legítimo para atacar sólo cuando hay evidencia sostenible que se lo relaciona con actividades militares, aportando una contribución concreta. Las Fuerzas de Asistencia Civil (Fuerzas de la medicina, por ejemplo), la policía de tráfico, el sistema de financiación y suministro de alimentos, las instituciones de asistencia social del Hamás… todos estos son objetivos legítimos, siempre y cuando hayan pruebas concretas que los mismos toman parte directa en las acciones contra Israel. Por supuesto, el mero hecho de que una persona se involucre en actividades públicas o religiosas no significa que él no participa en parte de su tiempo y de forma directa en operaciones militares. Cada caso debe ser decidido de acuerdo a la evidencia disponible.

Proporcionalidad

Incluso cuando existe una posibilidad de que ciudadanos vayan a salir perjudicados por una acción militar, no existe una prohibición absoluta para realizar una operación, siempre y cuando el objetivo atacado sea un objetivo militar legítimo. La prohibición se aplica sólo cuando es probable que los daños colaterales sean excesivos en relación con la ventaja militar anticipada concreta y directa a alcanzar gracias al ataque de ese objetivo.

Los ejércitos occidentales, incluido el ejército israelí, han progresado mucho en los últimos años en relación al respeto por el principio de la proporcionalidad. El armamento moderno permite una precisión considerable para golpear objetivos concretos. La inteligencia visual y los medios de visión avanzada permiten la identificación y verificación de la cantidad de personas que se encuentran cerca a los objetivos del ataque. Los procedimientos y normas que fueron incorporadas a las fuerzas armadas aseguran un grado sin precedentes para los comandantes sobre la importancia de evitar daños colaterales, y muchas veces renuncian a soportar dichos daños. De hecho, el propio ejército israelí publicó una serie de videos que muestran que se interrumpen operaciones y bombardeos si los individuos identificados son vistos junto a ciudadanos en sus proximidades. En la práctica, las Fuerzas de Defensa de Israel no consideran a los civiles (palestinos), ya sea si ellos se ofrecieron como escudos humanos y si fueron obligados a serlo, como combatientes Los trata como parte del principio de proporcionalidad. Ese principio, en donde el ejército israelí es más estricto por decisión propia, deriva tanto por las consideraciones legales como por un evidente temor a la reacción internacional.

Los comandantes israelíes deben tener en cuenta, en todo momento, el grado de daño que podrían sufrir civiles, y preguntarse si se debe realizar una operación militar para que haya un daño colateral reducido, y si el daño anticipado para los civiles está justificado. Poner en peligro la vida de civiles, incluso los del otro lado, debe ser una consideración importante en las decisiones de los comandantes. Una definición con respecto a una cuestión de la “proporcionalidad del ataque” sólo puede ser decidida cuando se hace sobre la base de datos concretos y, a menudo, debe ser realizada después sucedido el hecho y usando las gafas sobre la razonabilidad de la decisión en el momento en que se adoptó la misma. De todos modos, la pregunta crítica al tomar la decisión es la información a disposición del comandante. Hay mucha información que se puede lograr por medio de la tecnología moderna por lo que se impone un deber para el ejército de obtener esta información y utilizarla para reducir las bajas civiles.

Advertencias antes del ataque

Es deber el advertir antes de un ataque que puede causar daño a la población civil, salvo que las circunstancias no lo permitan.

La alerta o la advertencia se pueden hacer usando cualquier método probado y que sea eficaz.

Es importante recordar que el propósito de la advertencia no es para permitir el disparo libre contra un área en particular, sin saber o determinar que no hay por allí civiles. El objetivo es minimizar el daño para los civiles y permitirles escapar de los combates. El hecho de que Hamás no permita que los civiles abandonen la zona, no libera a Israel de sus responsabilidades de hacer lo posible para protegerlos de cualquier daño, tampoco queda claro que los pobladores de Gaza, especialmente cuando se trata de un gran número de residentes, tengan un lugar hacia donde puedan ser evacuados. Por lo tanto es necesario examinar cada caso de acuerdo a las realidades sobre el terreno, ver lo que sucede después de dar la alarma y tener métodos que reduzcan el daño para la población civil.

Resumen

Las acciones de Israel durante la Operación Margen Protector están sujetas a las normas del derecho internacional relativo a las leyes de la guerra. Es mejor que así sea, tanto para que Israel mantenga la ventaja jurídica y moral contra las organizaciones terroristas y para asegurar que la legitimidad internacional hacia las acciones de Israel, sea esencial. El hecho que pueda utilizarse, y de hecho se hace, abuso de la ley internacional, no nos invita a ignorar las misma y a sus reglas.

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