Turquía e Israel: ¿Puede el pragmatismo derrotar la “animosidad”? – Por Burak Bekdil (BESA)

RESUMEN: El almirante turco que ideó el acuerdo marítimo de Turquía con Libia cree que el mismo acuerdo debería firmarse también con Israel. Muchos pudieran verse tentados a pensar que existe demasiada “animosidad” metafórica entre Turquía e Israel para permitir algún grado de acercamiento. Pero señales sutiles sugieren que esto puede no ser el panorama completo de la situación.

Por primera vez en varios años, la palabra “Israel” en Turquía no va acompañada automáticamente de peyorativos audaces tales como “asesino de bebés” o “estado terrorista”. La razón pareciera ser una intención que surge en Ankara de ver si el pragmatismo puede superar la “animosidad” que surgió entre los dos estados, habiendo sido estos socios estratégicos en la década de los años 90’.

Turquía y un gobierno libio se unen en oposición a Grecia, Chipre, Israel, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y al otro gobierno libio. La reciente intimación militar por parte de Ankara en el Mediterráneo oriental se asemeja mucho al comportamiento de algún peleón del vecindario que desea estropearles el juego a los otros chicos porque no fue invitado a participar de este.

Motivado principalmente por el deseo de elevar su postura regional, Turquía realizo recientemente dos acciones importantes: firmó un acuerdo con el gobierno libio en Trípoli creando un enlace marítimo por el cual la zona económica exclusiva (ZEE) de cada país se extiende más allá de los 200km de sus aguas territoriales y su parlamento ratificó una resolución para enviar tropas a Libia con el objetivo de defender al gobierno de Trípoli.

Sinan Ülgen, jefe del grupo think tank EDAM en Estambul lo explica: “En años recientes, la nefasta política regional de Ankara junto a su incondicional apoyo a la Hermandad Musulmana ha llevado a Turquía a alejarse de países tales como Egipto e Israel. Como resultado, Turquía se enfrenta a un consorcio de naciones en la región ansiosos por aprovechar los recursos naturales del Mediterráneo oriental, en perjuicio de los intereses de Turquía”.

Para el Presidente Recep Tayyip Erdoğan, el acuerdo con Libia es una fórmula de romper el aislamiento de Turquía y obtener apoyo para su apuesta a lo que este considera una distribución más justa de los recursos en alta mar en el Mediterráneo oriental.

La inteligente acción de la cañonera en el Mediterráneo oriental fue tan inesperada que muchos observadores sintieron curiosidad por la persona que pudo haber aconsejado a Erdogan para que aumentara el riesgo de tal manera. El autor intelectual fue el contralmirante Cihat Yaycı, jefe de gabinete de la Armada turca. “Sin el realismo y coraje del presidente esto hubiese seguido siendo un escrito académico engavetado [dentro de la biblioteca]”, dijo Yaycı. La admiración es mutua. En un discurso en la inauguración del gasoducto turco-ruso TurkStream, Erdogan alabó a Yaycı nombrándolo.

Ahora que el acuerdo con Libia se concretó, Yaycı dice que hay algo más que Turquía debería hacer: “Existe un paso muy importante que debemos dar ahora. Deberíamos firmar lo antes posible con Israel, el mismo acuerdo [ZEE] que firmamos con Libia. Este paso definitivamente debe ser tomado”.

Uno pudiera sentirse tentado a pensar que existe demasiada “animosidad” metafórica entre el gobierno del Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu y la institucionalidad islamista en Turquía. Estos pudieran señalar que Turquía e Israel no han intercambiado embajadores desde el mes de mayo, 2017 por lo que cualquier diálogo estaría limitado a verse diplomáticamente.

Sin embargo, existen signos sutiles de que este puede que no sea el panorama completo de la situación. En un reciente discurso, Erdogan amenazó con que “ningún proyecto [en el Mediterráneo] sin Turquía podrá sobrevivir económica, legal o diplomáticamente”. Pero también dijo que Turquía está dispuesta a negociar con cualquier estado actor excepto Chipre [con el que Turquía no tiene relaciones diplomáticas]. La frase “cualquier estado actor excepto Chipre” subraya que Israel es un estado aceptable dentro del grupo de países.

Pudiera ser legal y técnicamente problemático si Turquía e Israel deciden delinear sus fronteras marítimas, lo que resultaría en la creación de una zona marítima frente al sur de Chipre que Turquía reclama como propia. Tal acuerdo no es imposible, ya que ni Turquía ni Israel son firmantes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derechos del Mar (1982). Tampoco lo son los Estados Unidos.

Luego está el aspecto financiero. El ambicioso oleoducto de 1.900 km que llevará el gas natural del Mediterráneo oriental a Europa es uno de los “Proyectos de interés común” de la Unión Europea que se extenderá desde aguas israelíes a Grecia a través de Chipre. En el continente griego occidental, el gasoducto se conectará con el ya planificado gasoducto Poseidón, cofinanciado por la Unión Europea y se extenderá desde la frontera griego-turca hasta Italia.

Esta no es la ruta más económica para transportar gas a Europa. Tal como lo señala un alto diplomático turco: “Esta es una solución impuesta sobre Israel. Los israelíes saben muy bien que pueden realizar un acuerdo [de transporte de gas natural] más realista con Turquía. Y sin necesidad de esperar un cambio en el liderazgo político en ninguno de los dos países”.

A pesar de la ausencia de embajadores en Ankara y Tel Aviv, la existente red de vínculos diplomáticos pudiera ser mejorada para que, en palabras del mismo diplomático turco, “un acuerdo mucho más objetivo, más independiente, honesto y mutuamente rentable que respete plenamente los derechos soberanos de ambos países sea realidad”.

Esto podría ser demasiado optimista, dada la “animosidad” que ha surgido entre Turquía e Israel desde el año 2010 (excepto por un breve período de normalización entre finales del 2016 y mediados del 2017). Pero recuerden: Turquía y Rusia, con sus intereses profundamente divergentes en Siria y Libia, sin mencionar sus diferencias ideológicas, trabajan como socios estratégicos en aprovechar futuras oportunidades en el área de defensa. La interminable historia de amor de Erdogan con Hamas (y la Hermandad Musulmana) se interpone en el camino de una normalización de relaciones totales – pero puede estar inclinada a minimizar este parentesco ideológico ya que las elecciones turcas más cercanas se celebraran dentro de tres años.

 

 

Burak Bekdil es columnista en Ankara. Este escribe regularmente para el Gatestone Institute and Defense News y es miembro del Foro del Medio Oriente. También es fundador del grupo think tank Sigma, en Ankara.

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