Sobre el humor y el antisemitismo – Por Ricardo Ruiz de la Serna

La polémica sobre el tuit antisemita del concejal Zapata me brinda la ocasión de escribir, de nuevo, sobre España y el odio a los judíos. A veces, me preguntan si creo que España en un país antisemita. Desde luego, es un país donde hay antisemitas y algunos de ellos gozan de excelente reputación siempre que su odio se dirija contra Israel o contra los israelíes. Esa simpatía se deja ver cuando se publican viñetas que banalizan el Holocausto o cuando se compara a Israel con la Alemania nazi y casi todos callan y muchos asienten con la cabeza musitando “oh, sí, el Holocausto fue terrible pero mira lo que hacen con los palestinos…”. Hay un antisemitismo de extrema derecha y uno de extrema izquierda. Ambos están nutriendo el discurso del odio a los judíos que inflama a jóvenes musulmanes por toda Europa. “Los Protocolos de los Sabios de Sión” reaparece en los tópicos que algunos repiten convencidos de que así contribuyen a resolver el conflicto. Quizás deberíamos hablar más de cómo la incitación al odio, la demonización, la deslegitimación y el doble rasero contra Israel y los israelíes han torpedeado la paz en Oriente Medio en lugar de contribuir a construirla.

Por eso me sorprendió la reacción contundente y decidida de muchos que condenaron en los términos más duros el tuit de 2011 del concejal Zapata. Confieso que me alegra pensar que un mensaje antisemita genere este debate en torno a la responsabilidad de quien ocupa un cargo público y los límites del humor entre otras cosas. Ojalá este mismo debate lo hubiesen abierto tantos documentales sesgados, tantas crónicas directamente falsas, tantas mentiras y tantas miserias contra los judíos, los israelíes e Israel. Por supuesto que el pueblo judío es diferente del Estado de Israel y de sus ciudadanos pero, a menudo, el odio a éstos esconde el odio a aquellos y lo que aquellos representan.

Cada vez entro menos en polémicas con los antisemitas. Sobre todo, si son por Twitter. 140 caracteres dan para poco y prefiero pasar tiempo con las personas a las que amo que enzarzarme en discusiones estériles con trolls y otros habitantes de las redes sociales. Suelen abominar a Israel y a los israelíes, salvo que estos últimos odien, a su vez, a Israel. Quizás por esta resistencia a dialogar con quien no quiere diálogo alguno, esta ola de condenas y reacciones de indignación contra Zapata y su chiste infame me dejó desconcertado. Acostumbrado a que seamos pocos los que protestamos, esta vez la protesta era un griterío que nos dejaba felices y confusos. ¿Dónde estaba toda esta gente cuando se comparaba a Israel con la Alemania de Hitler? ¿Dónde cuando se compara el conflicto palestino-israelí con el Holocausto? Las viñetas más insultantes, más humillantes y más amenazadoras, los reportajes más sesgados y falsos, las peores mentiras caían casi siempre en un silencio y un olvido que ahora parecían romperse. Un tuit miserable del año 2011 estaba produciendo un terremoto. Este fin de semana se ha vuelto a hablar de ello en un programa de televisión. Creo que aún no termino de creérmelo.

Me sorprendieron menos los intentos de defender a Zapata, que seguramente no calculó las consecuencias de su mensaje ni la viralización que tendría -y esto ya nos dice mucho de alguien que quiere ejercer una responsabilidad pública- y, probablemente, lamenta de verdad lo que dijo. A fin de cuentas, le ha costado el puesto de concejal de Cultura. Hubo quien proclamó que el tuit estaba descontextualizado como lo estaba el que se burlaba de las niñas de Alcasser y otros del mismo jaez. Se trataba de una defensa de Nacho Vigalondo, que, a su vez, también había enviado otro mensaje antisemita por aquellas fechas. Pretendían abrir un debate público sobre el humor. De nuevo, alguien debería pararse a pensar en la responsabilidad de decir disparates cuando tiene miles de seguidores.

Alguien debería detenerse a pensar también sobre el humor.

La cultura judía tiene en altísima estima el humor. Una historia de milagros, exilios, persecuciones, expulsiones, inquisiciones, huidas y una esperanza inagotable en la redención del mundo solo puede sobrellevarse ahogando la tristeza en risas. Ahora bien, si uno hurga un poco debajo del chiste, aflora a menudo el llanto. A muchos chistes judíos les sucede como aquello que contaba Tía Anica la Piriñaca: “cuando canto, me sabe la boca a sangre”. En algunos de ellos, uno puede ver el dolor de la humanidad palpitando. El humor judío hunde sus raíces en la Biblia, la Torah y el Midrash y se ha enriquecido con las tradiciones de los pueblos por donde los judíos pasaron y donde se establecieron. Como el ladino y el yiddish, el humor de los judíos abraza todo lo que encuentra. La burla de uno mismo, cierto sentido igualitarista y la opción por los que sufren –los pobres, los débiles, los olvidados- terminaron creando personajes que han alimentado el cine de los Hermanos Marx y los monólogos de Seinfeld. Me gusta pensar que Jesús, judío de Nazareth, nacido en un pueblo que ya había sufrido exilios y destrucciones, hubiese entendido algunos chistes que me enseñó mi abuelo. Cuando leo el Evangelio, a veces me parece entrever cierto sentido del humor en las palabras de Aquel joven que terminaron crucificando. Quién sabe si esas palabras que Él escribió con el dedo en el suelo cuando le llevaron a la mujer acusada de adulterio (Jn, 8, 1-17) no eran los pecados de aquellos que pretendían juzgarla. Supongo que el hogar de María y José, un hogar judío, es inconcebible sin la memoria de risas y llantos, de exilios y esperanzas, que se ha transmitido como “yerushe”, es decir, como legado, de generación en generación. Sospecho que aquel hogar –y el de tantos amigos míos- no es diferente de aquel en el que yo crecí. Tal vez por eso sigo repitiendo los chistes y los cuentos que aprendí de mi abuelo. Los sigo contando para no olvidarlos porque espero contárselos a mis hijos algún día. En ellos, brilla la inteligencia humana y hay una chispa de la divina. Solo puedo creer en un Dios que sonrió al ver que todo lo que había creado era bueno.

También los nazis usaron el humor. Uno de los condenados en Nüremberg fue el siniestro Streicher, director y editor de Der Stürmer, una revista antisemita cuya sombra sigue alzándose sobre algunas viñetas, chistes y bromas que leo y escucho hoy. El humor se basa en la inteligencia pero puede emplearse para el mal y, por desgracia, de esto vemos mucho en España de un tiempo a esta parte. Quizás Zapata pensó que su chiste –ese que repetía a miles de seguidores y con el que pretendía alimentar un debate- tenía gracia y servía para algo. En realidad, esto es muy preocupante. Zapata pensó que eso tenía gracia y que era un ejemplo de “humor negro”, cuando en realidad no tenía ninguna gracia, que es lo primero que debería exigírsele a un chiste.

Esa pretendida justificación en el humor es la que esgrimen quienes hoy siguen incitando al odio contra los judíos y contra tantos otros. No se engañen, el que odia a los judíos terminará odiando a otros y tarde o temprano irá por usted. También hay burlas sobre gitanos, africanos, sudamericanos, homosexuales… Joseph Telushkin advierte de cómo el humor puede utilizarse para construir y perpetuar estereotipos, deshumanizar al otro, etc. Habría que hablar de la responsabilidad de los humoristas en estas cosas pero, claro, eso implicaría darle al humor el estatuto y la importancia que merece y asumir que existen límites.

Porque existen límites. El humor no puede convertirse en un pretexto ni un instrumento para mancillar la dignidad humana –eso es lo que hacía, entre otras cosas, ese tuit miserable de Zapata- y, tal vez, deberíamos aprender que el dolor y la maldad humanas –de los que Auschwitz es una metáfora inabarcable- imponen ante nosotros cierta responsabilidad y ciertas obligaciones. El humor judío alumbró chistes para hacer frente al horror infinito y trató de resistir como pudo el mal que se cernía sobre Europa. La risa puede ser una forma de resistencia y de defensa de la dignidad humana, que se resiste a ser arrebatada.

En esta ocasión, un tuit antisemita ha generado una ola de indignación que ha roto el silencio que se ha alzado durante tanto tiempo sobre el humor y los mensajes que incitan al odio contra los judíos, bien directamente bien so pretexto del odio contra Israel y los israelíes. Ojalá esa misma ola se alce de nuevo cuando vuelvan aquellas viñetas, aquellos artículos, aquellos mensajes que fueron recibidos en silencio o entre aplausos. Ojalá esta misma ola rompa el silencio que existe sobre ese humor que, so pretexto de la risa, solo pretende la muerte y la tristeza. Ojalá nadie padezca nunca un humor como el antisemita ni ese silencio que seha roto.

Ricardo Ruiz de la Serna es Analista político – http://www.elimparcial.es/noticia.asp?ref=152738

Comentarios

Recientes

spot_img

Artículos Relacionados

Donaciones

 

En “Hatzad Hasheni” seguimos produciendo contenidos verdaderos y confiables para que te sigas sintiendo orgulloso de lo que eres…

¡Ayúdanos ahora con tu donación!

¡Súmate al proyecto que modifica percepciones!

CLICK AQUI PARA DONAR

Gracias por donar en este importante proyecto de diplomacia publica.