Relaciones Estados Unidos-Israel: Más allá de los $38 billones – Por Prof. Jonathan Rynhold

RESUMEN: El memorando de entendimiento firmado la semana pasada que le otorga a Israel $38 billones de dólares en ayuda militar durante un período de diez años demuestra lo robusto de la relación especial entre Estados Unidos e Israel. Sin embargo, en términos estrictamente financieros, la ayuda es mucho menos significativa de la que fue en el pasado. Si bien el acuerdo fue diseñado para aislar a Israel de la política interna estadounidense, este pudiera tener un efecto contrario. La ayuda es valiosa, pero es menor que la de otros aspectos de la relación estratégica entre Estados Unidos e Israel. Tampoco el acuerdo aborda el reto estratégico más importante: la amenaza de un Irán con armamento nuclear. La primera orden del día con la nueva administración debería ser la búsqueda en coordinar un enfoque conjunto a ese tema.

Más que cualquier otra cosa, el Memorando de Entendimiento firmado el pasado miércoles concediéndole a Israel $38 billones de dólares en ayuda militar estadounidense durante un período de diez años demuestra la naturaleza duradera y sólida de esta relación especial. Ningún otro país recibe nada igual a esa cantidad de ayuda estadounidense. Por otra parte, el hecho que el acuerdo fue firmado a pesar de la turbulenta relación entre el Primer Ministro Netanyahu y el Presidente Obama y la profunda división entre ellos sobre temas políticos fundamentales, subraya para ambos los aliados de Israel y sus enemigos la profundidad y fuerza del compromiso de Estados Unidos con Israel.

Desde la perspectiva estadounidense, el acuerdo refleja el hecho que Israel sigue siendo un aliado importante, poderoso y fiable, con excelentes capacidades de inteligencia. En un muy inestable Medio Oriente y con unos Estados Unidos menos inclinados a desempeñar un papel intervencionista afirmativo en la región, el valor de Israel como ente activo estratégico es claro. 38 billones de dólares es mucho dinero, pero es mucho menos de lo que se requeriría en desplegar tropas terrestres estadounidenses directamente, lo cual es lo que Estados Unidos hace a fin de proteger sus intereses y aliados en gran parte del mundo.

La ayuda de hecho, constituye una subvención indirecta a los productores de armas estadounidenses, ya que Israel – en un cambio significativo respecto a acuerdos anteriores – tendrá que gastar todo en el propio Estados Unidos. Algunos incluso han especulado que sin compras israelíes previas, algunos sistemas importantes de armamento estadounidense puede que no se hayan producido.

En términos de política interna estadounidense, el acuerdo de ayuda y posterior encuentro entre Netanyahu y Obama fue diseñado para ayudar a los demócratas a retener sus credenciales pro-Israel antes de las próximas elecciones. Estas credenciales fueron cuestionadas por un número significativo de seguidores demócratas de Israel ante el acuerdo con Irán.

Desde el punto de vista israelí, el acuerdo tenía como propósito fijar el máximo importe de la ayuda militar a medio plazo, sin exponer abiertamente a Israel a las vicisitudes de una presidencia impredecible de Trump o las relaciones del Congreso con la administración. El firmar con Obama también reforzó la imagen de apoyo bipartidista por Israel.

Tras las elecciones presidenciales del 2012 y el discurso de Netanyahu ante el Congreso en marzo, 2015 la impresión dejó huella entre muchos demócratas que el primer ministro favorece a los republicanos. Se espera que la firma de este acuerdo con Obama corrija esta percepción en cierta medida.

En términos monetarios simples, el acuerdo representa un aumento en la cantidad de ayuda – pero esta se verá compensada por la inflación del dólar, el aumento del costo de las armas y la eliminación gradual del derecho de Israel a gastar alrededor de una cuarta parte de la ayuda dentro del propio Israel.

El acuerdo ha sido criticado sobre las premisas que Israel pudo haber recibido más ayuda si la relación entre los líderes hubiese sido mejor, o si Netanyahu hubiese dado marcha atrás en oponerse al acuerdo iraní antes de su aprobación por el Congreso en septiembre, 2015. Es posible que haya algo de verdad en todo esto, pero pierde noción sobre dos puntos importantes.

Primero, el conceder sobre el acuerdo iraní por el bien de obtener más dinero hubiese enviado un mensaje erróneo a ambos amigos regionales de Israel e Irán sobre la seriedad con que Israel lidia con la amenaza de un Irán con capacidad nuclear. Ese mensaje hubiese probablemente afectado la determinación de otros estados en hacerle frente a Irán y pudiera haber afectado negativamente la legitimidad de cualquier futuro ataque militar israelí. Segundo, el dinero adicional no hubiese hecho una diferencia estratégica en sí mismo; sólo hubiese aliviado la presión presupuestaria general en Israel. La ayuda estadounidense a Israel es altamente útil, pero ahora constituye aproximadamente el 1% del PIB de Israel, comparado al 6,5% en la década de los 80.

Además, la política del acuerdo de ayuda pudiera ser problemática. Se informó que la administración le ofrece inicialmente a Israel dos opciones: una cifra inferior con una opción para solicitarle al Congreso fondos adicionales (tal como fue el caso previamente), o una cifra mucho más alta sin la opción de ir al Congreso por una financiación adicional, excepto en una emergencia tal como la sucedida durante un conflicto militar verdadero. Israel optó por la segunda opción. Por lo tanto, el acuerdo de ayuda incluye fondos para la defensa antimisiles que fue financiada anteriormente por separado del presupuesto de ayuda general. Israel incluso acordó devolver cualquier dinero extra otorgado por el Congreso a Israel fuera del marco de este acuerdo de ayuda.

Esto ha molestado al Congreso, especialmente a los republicanos congresistas, incluyendo a algunos de los mejores amigos de Israel, especialmente el senador Lindsey Graham (R-SC). En lugar de aislar a Israel de un enfrentamiento entre las dos ramas del gobierno, bien pudiera colocar a Israel en medio de estas tensiones. Esto se debe a que varias figuras en el Congreso han afirmado que el acuerdo trasgrede el espíritu de la Constitución, que le otorga el ‘poder monetario’ al Congreso.

Por otra parte, a pesar de las mejores intenciones, el acuerdo pudiera servir para debilitar el bipartidismo en Israel. Cada vez más, demócratas y republicanos, incluyendo a partidarios de Israel, no se ponen de acuerdo sobre los temas políticos claves, tales como el acuerdo en materia nuclear iraní y los temas importantes relacionados al proceso de paz. Sin embargo, la ayuda militar estadounidense a Israel tiene un apoyo de gran alcance. Por lo tanto el incrementar la ayuda a Israel es una excelente manera del Congreso de demostrar el apoyo bipartidista hacia Israel. Limitando su capacidad de hacer esto, el acuerdo puede servir para incrementar el énfasis sobre las divisiones partidistas a los temas políticos, lo que iría en perjuicio de Israel.

Finalmente, mientras que la ayuda militar estadounidense a Israel es valiosa, especialmente mientras demuestra el compromiso de Estados Unidos hacia Israel; esta es menos importante que otros aspectos de la relación estratégica. Estos aspectos incluyen el compromiso estadounidense de mantener una ventaja cualitativa de Israel, cooperación en los servicios de inteligencia y el apoyo diplomático estadounidense para Israel en la ONU, así como también un significado más amplio del papel de Estados Unidos como la única superpotencia en el Medio Oriente y más allá.

Para mejor o peor, ninguno de estos elementos se verá directamente afectado por este acuerdo. Tampoco se verán afectados las diferencias políticas en torno a Irán y el proceso de paz que aborda el acuerdo o que fue resuelto durante la reunión entre los líderes.

En referencia al proceso de paz, al gobierno israelí le preocupa que la administración estadounidense pueda apoyar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU especificando las características de un asentamiento permanente. Esto es posible, especialmente si Trump gana la presidencia. Sin embargo, tal resolución con toda probabilidad no alcanzaría la meta palestina, la cual es una resolución que le atribuye la responsabilidad a Israel de retirarse de los territorios dentro de un período de tiempo establecido o enfrentar sanciones. Aún así, una resolución palestina enfocada contra los asentamientos israelíes pudiera presentar un desafío para la diplomacia israelí.

La amenaza de un Irán con capacidad nuclear es la mayor preocupación estratégica. Este tema no fue abordado en el acuerdo o en los comentarios públicos realizados luego de la reunión de los líderes – un signo de una persistente discrepancia profunda. Sin embargo, Obama ha reconocido personalmente que dentro de 10-15 años, el tiempo de inicio por parte de Irán se verá efectivamente reducido a nada. El Secretario de Estado para la Defensa Ashton Carter ha hablado del compromiso de Estados Unidos en mantener una ‘póliza  aseguradora’ contra tal eventualidad manteniendo una opción militar.

La primera orden con la nueva administración estadounidense debe ser la búsqueda en coordinar un enfoque común sobre este tema a través de un diálogo estratégico institucional de alto nivel. Esto debería incluir discusiones sobre el cómo responder a las violaciones del acuerdo iraní y la coordinación a las condiciones sobre las cuales uno o ambos de los aliados pudiera activar esa ‘póliza aseguradora’.

El Profesor Jonathan Rynhold es compañero investigador asociado en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat, director del Centro Argov para el Estudio de Israel y el Pueblo Judío y vicepresidente del departamento de estudios políticos en la Universidad Bar-Ilan.

US-Israel Relations: Beyond the $38 Billion

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