Qatar cambia de rumbo – Por Hussein Ibish (Times New York)

La vieja broma entre los expertos en política exterior comenzó de esta manera: Luego del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el mundo se sorprendió al descubrir que aún tenía dos superpotencias: Estados Unidos y… Kuwait. Y continuó, después que Kuwait fue castigado por la invasión de Irak y la guerra del Golfo Pérsico, a mediados de la década de 1990 el mundo se vio de nuevo con dos superpotencias: Estados Unidos y… Qatar.

Este chiste satiriza los intentos de los diminutos pero ultra-ricos estados del Golfo en involucrarse en actividades de mayor peso en las relaciones internacionales. Kuwait puede una vez haber marcado el ritmo, pero durante los últimos 20 años Qatar ha tratado de aprovechar su enorme riqueza energética para construir y proyectar su influencia a través de todo el Medio Oriente.

Ahora sin embargo, los gobernantes de Qatar parecen estar ajustando su anterior política exterior aventurera. En particular, el acercamiento entre Qatar y su vecino y ex rival Arabia Saudita, marca un cambio generacional en el pensamiento estratégico.

La asombrosa riqueza de Qatar suscribió las políticas bajo el emir anterior – que gobernó desde 1995 hasta su abdicación en el 2013 – de gastar pródigamente en hacer amigos e influir en la gente, Arabia Saudita exceptuado. Para la mayor parte de las últimas dos décadas, Qatar parecía impulsada por una determinación en desafiar y superar en tácticas a su hermano mayor a la par de Occidente.

Entre la más fundamental de las numerosas inversiones de Qatar se encuentran las instalaciones militares estadounidenses en la base aérea Al Udeid y la de Camp As Sayliyah. Según se informa, estas han sido fuertemente financiadas por Doha, incluyendo más de $1 billón en costos iniciales de construcción. Qatar ve estas bases como garantes vitales de su defensa nacional.

La estrategia regional de Qatar por su parte, se centró en promover los partidos de la Hermandad Musulmana a lo largo de todo el mundo árabe. Pero este enfoque provocó tensiones con Arabia Saudita y otro estado del Consejo de Cooperación del Golfo, los Emiratos Árabes Unidos. Ambos han declarado a la Hermandad como una organización terrorista.

Las políticas a favor de la Hermandad por parte de Qatar se reflejaron en las actividades de la influyente cadena de noticias de televisión estatal Al Jazeera, así como también en el apoyo financiero de Doha a los grupos de la Hermandad, incluyendo a Hamas en Gaza. Apoyos como estos hicieron tensas las relaciones con otros estados del Consejo de Cooperación del Golfo sobre los alzamientos en Egipto, Libia y otros países de la Primavera Árabe.

Las tensiones finalmente estallaron en una cumbre del consejo en marzo, 2014 lo que llevó a Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y a Bahréin a retirar sus embajadores de Doha. La crisis continuó hasta noviembre, cuando fue finalmente resuelta con la firma del “acuerdo complementario” de Riad.

El contenido íntegro del acuerdo no ha sido revelado, pero la suposición generalizada de que Qatar acordó reducir su apoyo a los movimientos de la Hermandad Musulmana ha sido confirmada por un cambio de facto de política. Qatar ha reducido notablemente su apoyo a Hamas y ha habido un éxodo de líderes de la Hermandad en Doha.

En un país tras otro, las fortunas de la Hermandad ya iban en caída libre. Doha concluyó claramente que estaba haciendo demasiados enemigos mientras apoyaba a un bando perdedor.

La adhesión de nuevos monarcas también ha cambiado la dinámica entre los anteriores estados rivales. En el 2013, el Jeque de Qatar Hamad abdicó a favor de su hijo el Jeque Tamim bin Hamad Al-Thani y en enero, el Rey Salman tomó el poder en Arabia Saudita. Salman se movió rápidamente para lograr una mayor unidad entre los estados del Golfo, en particular poniendo fin a la brecha con Qatar. Ese fue el preludio de una postura regional más firme, mejor ejemplificada por la intervención en Yemen.

Doha ha acogido con satisfacción la nueva dirección estratégica de Riad. Los ciudadanos de Qatar involucrados en el debate sobre política exterior en Doha ofrecen ahora una sólida defensa a las acciones del Consejo de Cooperación del Golfo que son duramente criticadas fuera del Golfo. La simpatía del público aquí por las políticas saudíes en Yemen, Irak y Siria – y el resentimiento del papel de Irán – reflejan un nivel de cooperación desconocido entre Riad y Doha durante dos décadas.

Junto a esto, existe una palpable sensación de alivio entre los ciudadanos de Qatar de que sus líderes ahora definen el interés nacional de una manera menos secreta. En estos días, casi todos en Qatar pueden explicar lo que su país está tratando de hacer y por qué. Eso no fue siempre así, por decirlo de una manera más suave.

Qatar es también por mucho trecho el país donante más generoso que invierte en la reconstrucción de Gaza. Por absurdo que parezca, esto ha contribuido a un deshielo en las relaciones con Israel, que cautelosamente da la bienvenida a las inversiones de Qatar en Gaza y sus esfuerzos para negociar un alto el fuego a largo plazo, en especial porque se enfrenta con una reducción del apoyo político a Hamas. En marzo, el representante de Qatar en Gaza Mohammed Al-Emadi, elogió a Israel por facilitar la reconstrucción de Gaza, el primer reconocimiento público de una nueva actitud israelí que acoge los esfuerzos de Doha en el empobrecido territorio.

Nada de esto quiere decir que los días de la rivalidad Qatar-Arabia Saudita se han ido para siempre. Un cierto nivel de competencia está obligado a continuar. Mientras más localizado está el problema, como una disputa fronteriza no resuelta, más probable que los dos países estén por reñir. Y a pesar de acercarse aun más, Qatar y Arabia Saudita todavía no comparten una visión común sobre varias cuestiones regionales claves.

Doha invierte menos en la Hermandad Musulmana de lo que solía hacer y Riad es menos hostil, pero sería una exageración decir que los dos liderazgos ven a los islamistas bajo el mismo foco. Pero existen buenas razones de que Qatar parece haber llegado a la conclusión de que la rivalidad con Arabia Saudita es en el mejor de los casos algo sin sentido y potencialmente catastrófico.

Uno, es el problema de seguridad más grave de la región: Irak, Siria, Libia y Yemen están colapsando y los grupos terroristas tales como el Estado Islámico van en aumento. Otra situación es que Teherán y Washington avanzan hacia un acuerdo en materia nuclear, si no un acercamiento más amplio, el interés de Qatar yace en estrechar lazos con los aliados del Consejo de Cooperación del Golfo, en lugar de ir por sí solo.

Esta política exterior mucho más prudente es una señal de que Qatar ha decidido que la coordinación con sus vecinos del Golfo debería dar mejores resultados que tratar de actuar como una superpotencia en miniatura.

 

Hussein Ibish es alto académico residente del Instituto de los Estados del Golfo Árabe en Washington y escritor contribuyente en artículos de opinión.

 

Comentarios

Recientes

spot_img

Artículos Relacionados

Donaciones

 

En “Hatzad Hasheni” seguimos produciendo contenidos verdaderos y confiables para que te sigas sintiendo orgulloso de lo que eres…

¡Ayúdanos ahora con tu donación!

¡Súmate al proyecto que modifica percepciones!

CLICK AQUI PARA DONAR

Gracias por donar en este importante proyecto de diplomacia publica.