¿Puede el Estado Islámico atacar en Sudamérica? – Por Bryan Acuña Obando (Costa Rica)

Hace poco más de un año, el autodenominado Estado Islámico (DAESH), hizo su aparición con sus campañas mediáticas que todavía hoy se encarga de diseminar por medio de las redes sociales el mundo.

En ese momento menospreciaban a este grupo, se señalaba que sería la “flor de un día”, por lo que en la actualidad esos mismos analistas han tenido que hacer una introspección y devorar sus palabras, porque el proyecto de esta agrupación islamista es el principal dolor de cabeza para lograr bajar la efervescencia de la violencia en el Levante principalmente, así como los efectos que está comenzando a hacer en países fuera del Medio Oriente, esto por el crecimiento de las células con posiciones similares a DAESH que se hacen eco en países no musulmanes, principalmente en Europa.

Los islamistas de DAESH se enfocan en la creación de un califato basado en la Unidad de Dios y los principios del profeta, por medio del establecimiento de la Sharía (ley islámica), regida por el Corán y la Sunna (los dichos del profeta, la transmisión oral), es decir procuran llevar conceptos más apegados a los principios religiosos del salafismo (Islam primitivo).

Este grupo realiza ataques a objetivos específicos, con mucha violencia, emprendiendo su “guerra santa” contra lo que consideran impuro e infiel, de un modo similar que lo realizan grupos de la misma tendencia, de entre los que se desprende Al Qaeda.

La diferencia sustancial quizás es el orden estructural que tiene para conformar algo estable, institucional y no solamente planear ataques y cambiar de sedes constantemente, el proyecto del Califato Islámico es más ambicioso y enfocado que el de otras tendencias islamistas.

El último punto desarrollado por DAESH tiene que ver con planear atentados en países occidentales. Se atribuyeron los ataques terroristas de París en noviembre 2015, también se han atribuido ataques contra objetivos rusos en el Sinaí egipcio y han amenazado con realizar otras acciones en grandes ciudades de Occidente, incluyendo dentro de los Estados Unidos.

El enemigo no es demasiado tangible pero tampoco intangible.

Para poder luchar contra un fenómeno como el de estos grupos se debe comprender que la guerra no es contra el DAESH, Al Qaeda, Boko Haram, Jabat Al Nusra, etc. aunque estos son los grupos tangibles que ejecutan los ataques, ellos no son los objetivos finales a combatir.

Tampoco se puede ir al otro extremo que es pensar que la lucha es contra algo intangible como lo es el “terrorismo”, ya que mantener esa idea es querer mantener una batalla contra una mano invisible que nunca será palpable ni real.

Analistas en terrorismo como David Rapoport y Alex Schmidt, dividieron las acciones terroristas por época e inspiración (así como modo de operar). Y desde su visión los movimientos islamistas ingresarían en una 4ta ola de calificación que son los grupos inspirados en dogmas religiosos. Ola que comenzó con la Revolución Islámica de 1979.

En una lucha por principios religiosos, cualquier guerra que busque debilitar solamente grupos no logrará su objetivo. En el caso del islamismo, se está delante de una guerra que comienza con un adoctrinamiento, promovido por los líderes religiosos de ese pensamiento y que se expande, tanto entre los musulmanes nacidos, como principalmente entre los conversos, por lo que los imanes que enseñan doctrinas salafistas son la principal arma de reclutamiento que tienen hoy los movimientos islamistas, tanto para luchar en el Medio Oriente como para perpetrar atentados en “países infieles al Islam”.

Entonces, existen riesgos de ataques en territorios del continente sudamericano. La respuesta es sí, ya los hubo en 1992 y 1994 por parte del Hezbollah en la Rep. Argentina. Ya lo sufrieron los estadounidenses en el 2001 por medio de un ex aliado contra los soviéticos, el grupo Al Qaeda dirigido por el CIA Osama Bin Laden. Y se puede repetir la tendencia si no se hace la lucha desde el flanco doctrinal de las mezquitas salafistas y la expansión de los discursos de odio islamista por redes, las alarmas están activadas y si se menosprecia la capacidad que ha demostrado este tipo de agrupaciones, pronto las consecuencias volverán a ser nefastas.

Publicado originalmente en http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Titular/68635/

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