Preparaciones al tema económico en la era posterior al coronavirus – Por Dr. Manfred Gerstenfeld (BESA)

RESUMEN: Una vez que el peligro crítico a la salud pública que representa el brote del coronavirus haya subsanado habrá una multitud de temas que serán abordados con urgencia y la economía global tendrá que ser tomada en cuenta como la prioridad principal de ello. La planificación debería comenzar ahora, ya que serán necesarias enormes intervenciones por parte de los gobiernos. Donde existen en juego grandes cantidades de dinero se deben anticipar evaluaciones críticas y durante todo el proceso para evitar desgastes y se cometan abusos.

Imagen: Una bandera italiana colgada fuera de una ventana en Bolonia en donde se puede leer ‘Andrà tutto bene’ (Todo estará bien) durante la pandemia del coronavirus en el 2020, fotografía de Pietro Luca Cassarino vía Wikimedia Commons

La pandemia del coronavirus ha provocado enormes problemas sociales alrededor del mundo. En tal incomparable realidad, es importante que los gobiernos comiencen lo antes posible a planificar para el período inmediatamente posterior pasado el peligro mayor para la salubridad pública. Tal agenda debe ser planeada y edificada con anticipación, así esta se vea fragmentada y repleta de inconsistencias. Nuevos planes pueden ser agregados a medida que vayan surgiendo los diferentes desarrollos.

Entre la cantidad de problemas que los gobiernos enfrentarán luego del coronavirus, el golpe a las economías nacionales tendrá que ser la principal prioridad. Los bloqueos y otras decisiones gubernamentales han destruido partes significativas del PIB para muchos países a lo largo de lo que va de año y el desempleo se ha incrementado dramáticamente.

Será necesaria una intervención financiera aun mayor por parte de los estados para hacerle frente a estas sacudidas y varios países ya han dado los primeros pasos. La mejor manera de intervenir está lejos de ser clara y los diferentes gobiernos adoptarán enfoques diferentes. Debido a que existen grandes sumas de dinero en juego, deberán realizarse evaluaciones críticas de eficiencia de una manera continua. Un gran desperdicio y abuso en una situación tan fluida pudiera empeorar una situación ya de por si catastrófica.

La máxima prioridad tiene que ser el determinar qué tipos de intervenciones pueden ayudar a que un país retorne a una economía normal, aunque diferente. Las democracias gobernadas por gobiernos políticamente centristas o de centro-derecha querrán volver a un tipo de realidad no-socialista lo antes posible. Se requerirá inyectar grandes sumas de dinero en la sociedad, pero también se tendrán que evaluar continuamente y en todo momento. Los países que no lo hagan correrán el riesgo de caer en la trampa de convertirse en países socialistas de facto.

También existen otros riesgos. En vista de las intervenciones masivas que serán requeridas y la necesidad de lograr resultados lo antes posible, se podrá ver algún tipo de tentación en algunos sectores hacia el autoritarismo. Este paso conlleva dos peligros. Uno es que los que están en el poder pueden querer eludir a la oposición cívica, que puede ser costosa y puede retrasar la toma de decisiones, empleando medidas de emergencia que luego estos se nieguen a revocar. La otra es una posible tendencia en la que algunos ciudadanos ven los derechos civiles de otros como obstáculos para su propio avance económico. Eso pudiera llevarlos a votar por más partidos populistas y autoritarios. Este último desarrollo también pudiera ser resultado en la disminución de las expectativas entre los sectores de la población sobre el alcance de la ayuda que recibirán de los gobiernos.

Los controles y equilibrios tendrán un papel importante que desempeñar en las políticas de los gobiernos y no solo en lo referente a la economía. Queda por ver el cómo afectarán las intervenciones los compromisos pautados previos al coronavirus como por ejemplo el actuar contra el cambio climático causado por el hombre.

Se podrá observar la tentación de nacionalizar las industrias e instituciones financieras esenciales que se han hundido en graves problemas como resultado de la crisis. Hacerlo solo tiene sentido a largo plazo respecto a las privatizaciones de las industrias estatales donde aun así, la re-nacionalización hubiese sido algo inevitable. Me viene a la mente la fallida privatización y ruptura del sistema de ferrocarriles británico.

Para otras corporaciones que necesitan de la ayuda estatal en donde los gobiernos tienen que adquirir sus acciones, la nacionalización debería ser solo temporal. Los israelíes pueden recordar que su gobierno se convirtió en accionista de algunas de sus grandes instituciones bancarias cuando el sector bancario colapsó en el año de 1983. Cuando los bancos se recuperaron y los mercados lo permitieron, el gobierno puso en venta sus acciones.

Mientras tanto, otro tema surge en el horizonte. ¿Cómo puede compensarse el enorme costo económico en términos de pérdida del PIB y un aumento considerable del desempleo nacional contra la necesidad de tomar medidas extremas para combatir el impacto del virus en la salubridad? Esa discusión se hará mucho más fuerte en las próximas semanas a medida que aumente la presión para un retorno a la “normalidad”, suceda lo que suceda.

El valor de una vida humana no es un tema nuevo en el área de la economía, aunque a menudo se mantiene fuera del ojo público. Existen muchas evaluaciones sobre riesgos en las que se asigna una cifra específica a las acciones de salvar una vida humana. Los fondos de atención médica, por poner un ejemplo, deben determinar el costo de los medicamentos más caros que serán reembolsados ante el número de vidas que estos fondos puede salvar.

El repentino gran aumento en los niveles de desempleo debe ser abordado a través de medidas gubernamentales importantes. La tentación será grande para realizar pagos estatales a todos los ciudadanos o a grandes grupos de ellos. Esto solo puede hacerse a gran escala por poco tiempo. Las excepciones son países con poblaciones pequeñas e ingresos significativos derivados del petróleo u otros recursos naturales.

Para que esto funcione, se deberá establecer un servicio a nivel de gobiernos para de esta manera ayudar a quienes se encuentren fuera de la red de seguridad. Algunas empresas no tendrán más remedio que cerrar o declararse en bancarrota y sus empleados se quedarán sin trabajo. Muchos trabajadores independientes no podrán reanudar sus trabajos. Los países que se acostumbraron a los bajos niveles de desempleo tendrán que encontrar formas de ayudar a un número repentinamente mucho mayor de ciudadanos que se encuentran ahora desempleados.

Esto requiere de una planificación inmediata para lograr extensos programas de reciclaje. Los gobiernos deberían evaluar las vacantes y determinar qué trabajos pueden ser ocupados por aquellos que quedaron desempleados. Esto es aún más relevante en países europeos donde la tasa de natalidad es inferior, a veces muy inferior al nivel de reemplazo.

El debate sobre la necesidad de reducir el impacto de la globalización ya ha comenzado. Los gobiernos tendrán que repensar qué productos importados a bajo costo desde el extranjero deben ser fabricados en sus propios países. India, por ejemplo, luchó para proveer los medicamentos que necesitaba en su punto más álgido de la crisis porque las materias primas no podían ser entregadas desde una China que quedó bloqueada.

La pandemia ha tenido gran impacto en la Unión Europea, tan grande que suscita la pregunta de hasta dónde llega la solidaridad europea. Los gobiernos nacionales han tomado decisiones ante la crisis que sirvieron sus propios intereses a expensas de dicha solidaridad. Alemania, por ejemplo, se quedó con algunos equipos médicos y no los exportó a otros países europeos. También cerró sus fronteras a ciudadanos de varios países vecinos de la Unión Europea.

El Acuerdo Schengen de 1985 fue un gran paso adelante en términos de facilitar los viajes dentro de la Unión Europea. Un europeo podía pasar de un país participante a otro sin tener que pasar por el control de pasaportes, lo que creó un sentido de unidad y significado en el continente. El reciente cierre de fronteras por parte de algunos países de la Unión Europea ha tenido el efecto contrario: creó una mayor conciencia entre los ciudadanos de que viven en países totalmente diferentes.

Todo esto palidece ante el enorme problema financiero creado por el coronavirus. Inicialmente, la atención se centró en Italia, siendo este el país europeo más afectado por la pandemia. Su sufrimiento probablemente continuará incluso después de cumplirse la curva pico de la amenaza en salubridad, ya que el virus pudiera tener un impacto aún mayor en la economía de Italia que en la de otros miembros de la Unión Europea.

En los años previos a la introducción del euro en 1999, hubiese sido útil devaluar la moneda italiana. Esto ya no es posible. La crisis del coronavirus muestra una vez más el gran error que fue introducir una moneda conjunta, mientras que los países miembros continuaron empleando políticas fiscales y económicas divergentes. (Además, el Brexit parece mucho más sensato hoy día. El gobierno británico puede hacer planes para la recuperación económica del Reino Unido sin tener que navegar a través de Bruselas).

Ianis Varoufakis fue ministro de finanzas griego durante parte de la crisis económica de ese país. Este publicó recientemente un artículo en el que relata el dictado económico impuesto a Grecia por la Unión Europea. Este explica que, en la práctica, las restricciones económicas fueron dictadas por Alemania. Ninguna de las propuestas que hizo en nombre de su país fueron consideradas. Varoufakis advierte que esa política no puede repetirse en Italia, que es un país mucho más grande y más poderoso.

Incluso antes de la crisis del coronavirus, hubiese sido extremadamente difícil para muchos gobiernos europeos aprobar una legislación a través de sus parlamentos nacionales que le otorguen préstamos a Italia como los que se le hicieron a Grecia. Esto no solo se debe a las grandes sumas requeridas. El euro-escepticismo ha aumentado considerablemente en los últimos años en varios países de la Unión Europea, al igual que el número de parlamentarios que sostienen tales puntos de vista. Estos se hubiesen opuesto firmemente a una asistencia financiera masiva para Italia.

Hace solo unas pocas semanas, se creía que incluso si un financiamiento para Italia se hubiese concretado, las duras condiciones exigidas por la Unión Europea probablemente conducirían al colapso del gobierno italiano. Un nuevo gobierno euro-escéptico encabezado por Matteo Salvini, líder de la Liga del Norte, pudiera introducir una moneda alterna para ser utilizada en Italia además del euro. Esta podría ser una manera de sacar gradualmente a Italia de la moneda conjunta.

Otro problema más para la Unión Europea es que Italia ha sido un importante contribuyente neto anual de la Unión Europea. Eso puede que termine ahora.

Mientras tanto, la Unión Europea ha sido superada por un problema aun mayor. Diez miembros de la Unión Europea, incluyendo Italia, España, Francia y Bélgica, quieren que la Unión Europea emita eurobonos por un valor de cientos de billones de euros con el propósito de ayudarles con sus problemas financieros. Estos bonos solo pueden ser vendidos si existen garantías nacionales proporcionales. Alemania, Holanda y Austria han anunciado su total oposición a ello. Esto puede llegar a convertirse en el mayor conflicto sobre solidaridad mutua que la Unión Europea haya enfrentado jamás. Tensiones sobre este tema se han ido incrementando rápidamente.

Estos son solo algunos de los muchos problemas que afectan al sector económico que deberán ser abordados rápidamente mientras el mundo emerge de la pandemia del coronavirus.

 

 

 

El Dr. Manfred Gerstenfeld es investigador asociado sénior en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén. Gerstenfeld se especializa en las relaciones entre Israel y Europa occidental, los temas sobre antisemitismo y anti-sionismo y es autor del libro ‘La guerra de un millón de cortes’.

 

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