¿Por qué toleran los cristianos el revisionismo histórico palestino? – Por Evelyn Gordon

Este año, la Navidad trajo consigo el habitual aluvión de revisionismo histórico palestino, incluida la ya rutinaria afirmación de que Jesús era palestino. Lo cual, como señaló Jonathan Tobin, nos dice muchísimo del modo de pensar de los palestinos y de sus perspectivas para la paz. Pero, para mí, lo más llamativo de este asunto es que las objeciones a semejante revisionismo histórico proceden casi exclusivamente de los judíos, mientras que muchas iglesias y organizaciones cristianas parecen no tener problema alguno con él. A fin de cuentas, con ello los palestinos no sólo borran la historia y la religión judías; también lo hacen con las cristianas.

Así, por ejemplo, ¿qué sucede con la famosa escena en la que Jesús expulsa a los cambistas del Templo si, como sostienen los representantes palestinos, el Templo nunca existió? (Se refieren a él estrictamente como “el supuesto Templo”; veáse, por ejemplo aquí y aquí). Y ¿qué pasa con el esposo de María, José, que era “de la casa y estirpe de David” (Lucas 2:4) si, como afirman los palestinos, jamás existió el reino de David?

Incluso si se quiere afirmar, desafiando toda evidencia, que el mismo Jesús no era judío, toda su historia, tal y como la narran los Evangelios, transcurre en un Estado judío, con una dirección política y religiosa judía dotada de considerable autonomía, aunque estuviera sujeta a cierto control por parte del Imperio Romano. Según los Evangelios, son los líderes judíos quienes arrestan y juzgan a Jesús, aunque sean los romanos quienes, finalmente, lo crucifican. Si nunca existió un Estado judío con poder para detener y juzgar (como, una vez más, sostienen habitualmente los palestinos; por ejemplo, aquí y aquí), ¿cómo pudo tener lugar la más fundamental de las historias cristianas?

De acuerdo: los cristianos que se muestran más receptivos a este revisionismo palestino representan, por lo general, a iglesias progresistas que no están vinculadas a una lectura literal de la Biblia. Sin embargo, la creencia en Jesús es, evidentemente, fundamental, incluso para los cristianos progresistas y, si eliminamos de los Evangelios el reino judío histórico entonces, literalmente, no hay Jesús.

Esto enlaza con una cuestión relacionada: muchos de esos mismos grupos cristianos progresistas también han cerrado los ojos ante las actuales matanzas de cristianos en Siria e Irak, ante el recrudecimiento de la persecución a los cristianos en Egipto y otras atrocidades anticristianas en todo el mundo, y prefieren centrar sus energías en vilipendiar al único país de Oriente Medio en el que, citando al padre Gabriel Nadaf, un sacerdote árabe-israelí, “nos sentimos seguros” como cristianos. Como he señalado anteriormente, este contraste entre la terrible situación de otros cristianos mesoorientales y la seguridad de la que gozan en Israel hace que los cristianos árabes del país reconsideren, cada vez más, su anterior identificación con los enemigos del Estado; una de las consecuencias de ello es que el número de cristianos árabes que se presentan voluntarios para servir en las Fuerzas de Defensa de Israel se disparara más de un 60% este año (aunque, dado el insignificante punto del que partían, las cifras totales siguen siendo bajas). Pero semejante reconsideración no se ha producido entre los cristianos antiisraelíes de Occidente.

En resumen, los dirigentes de grupos como la Iglesia de Escocia o la Iglesia Presbiteriana parecen dispuestos a sacrificar el cristianismo histórico y a cristianos de la vida real en aras de su obsesión monotemática por socavar el Estado judío. La pregunta del millón es cuánto tiempo aguantarán esta farsa sus fieles de base.

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