¿Por qué persisten los delirios palestinos? – Por Daniel Pipes

En 1974, el segundo teniente del Ejército Imperial Japonés, Hiroo Onoda, todavía luchaba por su emperador, escondiéndose en una jungla filipina. Había rechazado muchos intentos de informarle sobre la rendición de Japón… 29 años antes. Durante esos largos años, asesinó sin sentido a un filipino e hirió a otros tres cada año. Solo un esfuerzo concertado de su antiguo comandante finalmente convenció a Onoda que el emperador había aceptado la derrota en 1945 y que, por lo tanto, también él debía deponer las armas.

Los palestinos de Cisjordania y Gaza son Onoda pero en tamaño grande. Reconocieron formalmente la derrota contra Israel hace 24 años, cuando Yasser Arafat se paró en el césped de la Casa Blanca y reconoció “el derecho del Estado de Israel a existir en paz y seguridad”. El problema fue que el propio Arafat no ofreció sinceramente este acto de rendición y la mayoría de los palestinos lo rechazaron.

En consecuencia, la guerra continúa, con los palestinos emulando a ese soldado japonés malhumorado y vicioso: ellos también luchan por una causa fallida, asesinan sin sentido e ignoran las repetidas llamadas a rendirse. Así como Onoda insistió en creer en un emperador divino, los palestinos habitan un mundo de fantasía en el que, por ejemplo, Jesús era palestino, Jerusalén siempre fue exclusivamente islámica e Israel es el nuevo estado cruzado al borde del colapso. En este espíritu, el dictador iraní Ali Khamene’i ha proporcionado la fecha precisa del 9 de septiembre de 2040, como el día en el que Israel se vaporizará, y sus acólitos construyeron un gran reloj del juicio final para contar los días. Algunos imaginan que Israel ya se ha ido, publicando mapas árabes con “Palestina” reemplazando al estado judío.

Reloj

Reloj del fin del mundo iraní que cuenta para la destrucción de Israel

¿Cómo hacen los palestinos para ignorar la realidad persistiendo en estas ilusiones? Debido a tres factores principales: la doctrina islámica, la ayuda internacional y la cautela de los servicios de seguridad israelíes. La izquierda israelí alguna vez fue un factor importante, pero hoy apenas cuenta.

Primero, el Islam conlleva la expectativa que una tierra que una vez estuvo bajo el control musulmán (Dar al-Islam), con una dotación (waqf), inevitablemente debe volver al dominio musulmán. Bernard Lewis señala que los musulmanes históricamente respondieron a la pérdida de territorios en Europa con la expectativa que se trataban de “tierras islámicas, injustamente sacadas del Islam y destinadas en última instancia a ser restauradas”. Esta suposición de rectitud e inevitabilidad tiene poder permanente como lo demuestran las agresiones de Turquía en Chipre o la de Siria en el Líbano.

Jerusalén despierta, especialmente, intensos sentimientos islámicos. Primero explotados en una conferencia panislámica en 1931 organizada por el mufti de Jerusalén, Amin al-Husseini, y por muchos otros desde entonces, incluidos Yasser Arafat, el ayatolá Jomeini y Recep Tayyip Erdoğan, han recogido este grito de guerra. La escalada de violencia en julio por los detectores de metal en el Monte del Templo reveló el poder atávico de la ciudad, provocando a poderes tan variados como el teórico de la Hermandad Musulmana Yusuf al-Qaradawi, el monarca de Jordania, la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica en voz alta para apoyar la posición palestina, sin preguntas. Como si todavía fuera la década de 1950 con su grito de retórica irreflexiva.

En segundo lugar, una variedad de gobiernos, izquierdistas, benefactores y otros internacionales alientan a los palestinos a mantener la ensoñación de la victoria mediante una combinación de antisionismo obsesivo y la pretensión que existe una “Palestina”. Los atletas han representado el falso estado de “Palestina” en los Juegos Olímpicos desde 1996. Israel mantiene misiones diplomáticas en solo 78 países, en comparación con 95 para la Autoridad Palestina. Con una única excepción en 2013, cada resolución que crítica específicamente a un país, en los últimos años, se ha centrado en Israel. Este apoyo internacional alienta el engaño palestino.

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La resplandeciente embajada del “Estado de Palestina” en Islamabad, Pakistán

En tercer lugar, a pesar de las recientes encuestas que muestran cómo una gran mayoría de los israelíes quieren presionar a los palestinos para que reconozcan que el conflicto ha terminado e Israel triunfo, ningún gobierno israelí desde 1993 ha tomado tales medidas. ¿Por qué esta discrepancia persistente? Debido a que los servicios de seguridad de Israel, que generalmente tienen la última palabra sobre la política a seguir, se resisten a cualquier paso que pueda provocar la violencia palestina. “Las cosas ahora son lo más buenas posible”, insinúan, “así que por favor manténganse alejados de cualquier idea descabellada sobre que nos volvamos más duros”.

Esta reticencia explica por qué Jerusalén tolera una construcción ilegal masiva, libera a los asesinos de la prisión, proporciona agua y electricidad a los palestinos en términos ventajosos e insta a los donantes internacionales no solo a subsidiar a la Autoridad Palestina sino a financiar megaproyectos de diseño israelí (como una isla de Gaza). Por el contrario, la seguridad debilitada de Israel elimina cualquier iniciativa que prive a los palestinos de fondos, los castigue con mayor severidad o infrinja sus prerrogativas existentes (como el control del Monte del Templo).

La ilusión palestina resulta, entonces, de una mezcla tóxica de doctrina islámica, ayuda internacional y timidez israelí.

 

 

Mr. Pipes (DanielPipes.org, @DanielPipes) is president of the Middle East Forum. © 2017 by Daniel Pipes. All rights reserved.

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