¿Por qué nadie se ha atrevido a atacar las instalaciones nucleares iraníes? – Por Dr. Albert Wolf (BESA)

RESUMEN: El reciente asesinato perpetrado contra Mohsen Fakrizadeh, el “padre del programa nuclear de Irán”, es otro de una larga serie de intentos por interrumpir el tenaz impulso que realiza Teherán por lograr obtener armamento nuclear. Estos ataques, que se han prolongado durante décadas, han incluido asesinatos contra científicos iraníes que trabajan en el área nuclear, ciber-ataques al programa nuclear iraní y misteriosas explosiones ocurridas en las instalaciones nucleares del régimen. Sin embargo nadie, incluyendo a los Estados Unidos, han atacado convencionalmente estas instalaciones nucleares en Irán a pesar del claro y presente peligro que un Irán con capacidad nuclear representa para los intereses nacionales estadounidenses y para la seguridad internacional en general. ¿Por qué esto no se ha hecho hasta ahora?

Imágen de portada – Funeral de Mohsen Fakhrizadeh en el cuartel general del Ministerio de Defensa iraní, Teherán fotografía vía Wikimedia Commons

Irán ha logrado disuadir con mucho éxito a los Estados Unidos y a casi todos los demás amenazados por sus programas en lograr obtener armamento nuclear castigándolos a través de sus redes terroristas. Este ha podido confiar en su amplia red terrorista para, de esta manera, reforzar sus capacidades de disuasión en caso de que algún ente enemigo intente atacar sus instalaciones nucleares.

En un estudio publicado en el departamento de Security Studies en el año 2018, Jan Ludvik sostiene que solo los estados convencionalmente mejor equipados con armamento pueden lograr disuadir los ataques a sus programas nucleares. Esto no es necesariamente cierto. Los estados convencionalmente débiles pueden lograr disuadir ser atacados en sus programas nucleares a través de sus lazos con los agentes-estados terroristas.

En el caso de Irán, sus agentes-estados terroristas (desde Hezbollah, las milicias chiitas en Irak y Siria junto a Hamás y el grupo Yihad Islámico Palestino y concluyendo más recientemente con los talibanes) ayudan al régimen a imponer su disuasión a través de castigos (en oposición a disuadir mediante la negación). Al mantener estos vínculos, Irán ha ganado tiempo para sí mismo y se ha asegurado contra los ataques de estados que se ven amenazados por el logro de adquirir un arma nuclear.

Los estudiosos suelen centrarse en la disuasión a través de la negación y se olvidan por completo del disuadir utilizando el castigo. La disuasión vía negación consiste en evitar que otro estado obtenga sus objetivos sobre el campo de batalla. Sin embargo, estados relativamente débiles como Irán confían en el castigo para así incrementar los costos de la victoria en esperanza de convencer a algún oponente de que se rinda.

Si Israel ataca una o más de las instalaciones nucleares conocidas de Irán, es muy probable que Teherán tome represalias a través de sus grupos proxy tales como Hezbollah y Hamás. Varios juegos de guerra han hecho ver que Estados Unidos se vería involucrado en tal conflicto. Si Estados Unidos ataca las instalaciones de Irán, Israel y muy posiblemente los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico también se verían arrastrados y atraídos a la querella.

Los Estados Unidos tienen tres opciones. Primero, estos pudieran muy bien prepararse para vivir con un Irán como estado con capacidad nuclear. Mientras tanto, pudiesen retrasar lo inevitable saboteando los esfuerzos de Teherán combinando armamento nuclear con misiles balísticos a través de medios tales como los ciber-ataques.

Segundo, Estados Unidos pudiese decidir adoptar una postura mucho más dura ante Irán. Este pudiera reforzar sus capacidades respecto a su capacidad para disuadir posibles acciones terroristas y decidir que vale la pena sufrir los costos en esta oportunidad de atacar a Irán en comparación con los costos a largo plazo de vivir con un Irán como estado con capacidad nuclear (como la caída de las piezas del dominó nuclear en el Medio Oriente o un posible accidente nuclear provocado por algún error burocrático cometido).

Tercero, los Estados Unidos pudiesen bien centrarse en sus grandes competidores, comenzando por China, e intentar abrir brechas entre ellos e Irán similar a lo que la administración Nixon colocó entre el Egipto de Sadat y la Unión Soviética a comienzos de la década de los años 1970. Bajo este arreglo, Irán concedería poner fin a sus acuerdos con China y distanciarse de Pekín a cambio de tener acceso a la economía internacional, liderada por los Estados Unidos. Irán renunciaría a los componentes militares de su programa nuclear a cambio de inspecciones y garantías de seguridad mucho más discretas, mientras que Estados Unidos limitaría la influencia china en el Medio Oriente.

 

El Dr. Albert B. Wolf es miembro asociado de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Johns Hopkins y profesor asistente en ciencias políticas en la Universidad Americana de Asia Central.

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