“Pinkwashing”: Un fallido intento de demonizar al Estado judío – Por Shai DeLuca-Tamasi (The Times of Israel)

Se trata de una descripción indignante para nuestra igualdad de derechos en el único refugio seguro para las personas LGBTQ+ en el Medio Oriente. El término “Pinkwashing” (lavado de color rosa) no es más que un intento fallido de quienes afirman defender los derechos LGBTQ+ para silenciar u ocultar los éxitos monumentales que la comunidad ha tenido en Israel. Es una agenda politizada contra Israel, cuyo único propósito es demonizar al estado judío, mientras dicen defender los derechos de los palestinos.

Como israelí y hombre gay, me parece que propagar esa falacia es ofensivo y perverso. Después de todo, celebrar los derechos LGBTQ+ debe ser algo universal y celebrarse por derecho propio. Entonces, ¿por qué esas mismas personas que afirman apoyar los derechos LGBTQ+, organizaciones como INN, JVP o el liderazgo de la Marcha de la Mujer le niegan a Israel los elogios sobre su progreso para las personas LGBTQ+, justamente en una región en donde se ven a esas mismas comunidades asesinadas?

Hace tres años, me invitaron a hablar en un panel en Toronto, Canadá, sobre mi experiencia como sargento abiertamente gay en las Fuerzas de Defensa de Israel. Aprovecharía la oportunidad para mostrar cómo, una vez más, incluso en una parte del mundo anti LGBTQ+, Israel demostraba ser una luz para las naciones.

Cuando recibí la invitación al evento, para revisarla y aprobarla, me sorprendió el título “Lavado Rosado e Interseccionalidad”. Me sorprendió porque nunca antes había escuchado el término “Lavado Rosado”.

“En el contexto de los derechos LGBT, se utiliza para describir una variedad de estrategias de mercadeo y políticas dirigidas a promover productos, países, personas o entidades a través de un llamado a la amistad gay, para ser percibidos como progresistas, modernos y tolerantes” (sacado de Wikipedia).

Yo estaba horrorizado. ¿A quién se le ocurriría una definición tan distorsionada para describir el resultado del sudor y las lágrimas que mi generación había derramado para crear el único verdadero refugio seguro para las personas LGBTQ+ en el Medio Oriente, incluidos para los palestinos que encontraron en Israel un lugar seguro antes de ser heridos o asesinados a manos de sus familias o gobiernos?

Los años 90 en Israel crearon el telón de fondo perfecto para mi historia adulta. Un joven LGBTQ+, que llega a la mayoría de edad en Israel, significa alistarse en las FDI. Como cualquier nuevo alistado, no importa en qué parte del mundo, mi mente se preocupó por cómo serían los próximos tres años de mi vida. Pero, a diferencia de muchos de mis hermanos de armas, tenía una preocupación adicional que me pesaba mucho. Yo era gay y “No preguntes, no digas” todavía estaba a la orden del día.

Mi preocupación radicaba en el hecho que yo, como muchos israelíes patriotas, no solo quería servir, sino que también prestaba servicio en una brigada de combate, dando lo mejor de mí a mi país, lo mejor que podía. Como hombre gay, ¿Qué me sucedería? ¿Qué pasaría si me expulsaban? ¿Sería despedido o rechazado por mi unidad o por las FDI en general? Un error o algo que me acercase a la muerte, a manos del terror palestino, me pondría en un camino expedito para revelar quién era realmente.

En 1996, mientras me dirigía a mi base, llegue unos segundos tarde para subir a un autobús en Jerusalén. Corría por la calle para alcanzar la línea cuando las puertas se cerraron, dejándome atrás. El único recuerdo que tengo de ese día es ver explotar el mismo autobús, después que un terrorista suicida llevase a cabo su planeado ataque.

Mi vida se había salvado y la idea que nadie supiera quién era yo, si hubiera estado en ese autobús, me entristeció. Era hora de dejar de esconderse. Era hora que el mundo supiera quién era yo y era necesario que empezara con mi unidad. Estaba listo para dejar que las fichas cayeran donde pudieran. La semana siguiente, cuando volví a la base, entré en el cuartel temblando. Era hora.

Como hacíamos cada domingo al regresar de la licencia, comenzamos a contar historias de nuestro fin de semana. La mayoría de las historias incluían las salidas que los miembros de mi brigada tenían con sus respectivas novias o parejas. Y, como se había convertido en una rutina, cuando me preguntaron qué hice durante el fin de semana, mis respuestas siempre habían sido evasivas.

No esta vez.

“Chicos, tengo algo que decirles”, declaré mientras todos desempacábamos nuestros uniformes recién lavados de casa. El silencio cayó sobre la habitación mientras mi voz temblaba. Estaba por venir a exponer mi sexualidad a una sala llena de testosterona de jóvenes soldados de combate.

“Soy homosexual”.

Esa tranquilidad duró 3 segundos antes que un compañero me mirase y me dijera: “¿Por qué no nos dijiste antes? ¡Tengo el chico perfecto para presentarte!”.

Eso fue todo.

El miedo y la incertidumbre al presentarme honestamente en un momento de Israel, cuando los derechos LGBTQ+ no eran comunes, se inventó completamente en mi propia mente al haber crecido en un hogar tradicionalista sefaradí.

Fui aceptado como quien era por aquellos en quienes confiaba mi vida y quienes me confiaban la suya.

Eso fue entonces. Entonces, ¿Cómo están actualmente los derechos y el estilo de vida de los LGBTQ+ en Israel hoy?

Israel es el único país verdaderamente seguro y libre en el Medio Oriente para las personas LGBTQ+, incluidas las personas LGBTQ+ palestinas, muchos de los cuales encontraron seguridad y consuelo en Israel ante la posibilidad de ser heridos, mutilados o asesinados por sus familias por el delito de ser homosexuales o transgéneros.

Los dos desafíos principales que todavía enfrentamos son la incapacidad de realizar un matrimonio entre personas del mismo sexo legalmente reconocido en territorio israelí y el acceso igualitario a la subrogación. Sin embargo, lo que sorprende a muchas personas es que la falta de acceso a matrimonios entre personas del mismo sexo en Israel no es un ataque a la comunidad LGBTQ+ específicamente.

La institución del matrimonio dentro de las fronteras del estado es religiosa y no civil, ya sea judía, cristiana, musulmana, etc., como ocurre en la mayor parte del Medio Oriente. Estos cuerpos religiosos tienen el monopolio de ceremonias matrimoniales reconocidas y, tal como están hoy, ninguno apoya las uniones civiles.

Dicho esto, los matrimonios entre personas del mismo sexo realizados fuera de Israel son, de hecho, reconocidos dentro del Estado y registrados como tales en el Ministerio del Interior, que otorga a las parejas casadas del mismo sexo los mismos derechos que las parejas heterosexuales, incluidos los beneficios y los derechos de sobrevivientes.

La segunda limitación es el acceso a la subrogación, en suelo israelí, para parejas del mismo sexo. Nuevamente, se permite el uso de servicios de subrogación fuera de Israel, y los niños traídos a Israel, como resultado de la subrogación, reciben la ciudadanía israelí y son reconocidos como hijos legales de sus padres.

¿Ideal? Duramente. ¿Debemos trabajar para cambiar estas leyes? Absolutamente. Pero, con los desafíos que aún enfrentamos y debemos trabajar para cambiar, Israel y los israelíes tienen mucho que celebrar y estar orgullosos cuando se trata de los derechos LGBTQ+.

Mientras los países o entidades circundantes continúan criminalizando la homosexualidad basada en la estricta ley religiosa, al ver a hombres y mujeres jóvenes, ahorcados, apedreados, fusilados, mutilados y asesinados, Israel continúa allanando el camino para una sociedad más inclusiva e igualitaria.

Nuestros logros como país y como comunidad deben celebrarse como éxitos por derecho propio. Inferir que los logros que mi comunidad y los aliados LGBTQ+ han tenido éxito es, de alguna manera, un complot infame para negar la lucha de los palestinos es ridículo y ofensivo. Intenta borrar lo que hemos hecho en nombre del progreso y la igualdad como una cortina de humo política.

¿Tenemos mucho de qué estar orgullosos? Sí. ¿Todavía tenemos que trabajar para lograr una solución pacífica y sostenible entre israelíes y palestinos? También sí. Uno no niega al otro ni uno cancela el otro.

Estoy orgulloso de lo lejos que hemos llegado en un corto período de 71 años desde el restablecimiento del moderno Estado de Israel y me opongo a quienes intentan silenciar y ocultar ese orgullo. Hoy en Israel, la comunidad LGBTQ+ es completamente igual a ojos de la ley. Es ilegal discriminar a nuestra comunidad.

Queridos lectores, mientras el país se prepara para albergar a cientos de miles de personas LGBTQ+ y nuestros aliados de todo el mundo para celebrar el amor y la igualdad, debemos recordar que la comunidad LGBTQ+ en Israel ha recorrido un largo camino, aunque todavía tenemos algunos desafíos por delante.

Pero también debemos enfrentarnos a aquellos que intentan politizar, minimizar y armar los éxitos LGBTQ+ en Israel como algo más que simplemente celebrar el orgullo. El lavado rosado (“Pinkwashing”), como se refieren a Israel, no es más que un intento fallido de demonizar al estado judío, mientras tratan de enmascararse como defensores de la justicia social.

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