Patrones de actividades militares en la lucha contra el coronavirus: Lecciones de otras naciones para Israel – Por Stuart Cohen & Meir Elran (INSS)

Una encuesta realizada sobre la participación de los ejércitos de las naciones democráticas en la campaña contra el coronavirus identifica cinco niveles crecientes de acción: (A) Apoyo logístico y médico para las agencias que sirven a la población civil; (B) Transferencia de suministros y equipos militares a redes civiles; (C) Asistencia a las fuerzas policiales para el mantenimiento del orden; (D) El suponer responsabilidades operativas para gestionar redes civiles individuales; (E) Gestión directa de todo el sistema de gobierno.

Es esencial e imperante que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ayuden a la población civil del país de acuerdo a las directivas de los niveles de mando político A a la C, empleando sus muchas capacidades a medida que las circunstancias van evolucionando, junto al Homefront Command (Comando del Frente Interno israelí de las Fuerzas de Defensa de Israel) liderando dichos esfuerzos. Cualquier cambio entre niveles profundiza la fricción con la población civil y por ende, exige de una extrema precaución y sensibilidad. Un cambio al Nivel D, en circunstancias de una amenaza severa inmediata para la salud pública (por ejemplo, la situación en Bnei Brak) constituiría una escalada significativa, que exigiría una cuidadosa deliberación. Un cambio al Nivel E debería ser considerado solo en condiciones de un desastre a gran escala y que dependa de una decisión que provenga de un aparato integral que exija un alto nivel de legitimidad pública – un marco que no existe por ahora en las leyes ni en la experiencia israelí.

Ningún ejército en el mundo se preparó tanto para un escenario civil en escala a la pandemia del coronavirus. Aun así, la mayoría de los ejércitos del mundo, tanto en países autocráticos como democráticos, comenzaron a movilizarse en las últimas semanas para ayudar a combatir la propagación del virus. Con frecuencia lo han hecho a instancias del liderazgo político que, especialmente en los países democráticos, es comprensiblemente propenso a congregar una asistencia militar a la población civil en una situación de emergencia que muchos – entre ellos el Presidente estadounidense Trump – designan como “guerra”. A pesar de los recortes presupuestarios, los ejércitos en la mayoría de los países democráticos todavía tienen a su disposición muchos recursos que también pueden ser relevantes para su gestión en la lucha contra el coronavirus. Algunos de estos recursos son materiales; otros, más significativamente, son recursos humanos: una fuerza laboral disciplinada y organizada rica y fértil en experiencia y adaptabilidad.

Los siguientes párrafos resumen un esquema clasificatorio en cinco niveles de actividades militares, en orden ascendente al grado de contacto entre la población militar y la población civil. Los niveles van desde la asistencia hasta la gestión directa de servicios y el control sobre las áreas civiles.

Nivel A: Apoyo logístico y médico para agencias que prestan servicios a la población civil

Este nivel básico incluye las actividades militares que hasta ahora han sido más comunes durante la actual crisis: emplear instalaciones de transporte militar para fines civiles y asignar personal militar a industrias cruciales (por ejemplo en Taiwán). Una característica compartida de todos estos casos es la exposición limitada de los ejércitos a la población civil, los cuales son empleados únicamente para brindar respaldo a las redes de la ciudadanía.

Nivel B: Asignación de suministros y equipos militares a agencias de categoría civil

Este nivel de operaciones militares, iniciado bajo órdenes y con la supervisión de los niveles de mando civil, intensifica la interfaz con los sectores de la población civil:

En casos extremos de encierro (tales como en India), a los militares se les pide que distribuyan raciones de alimentos empacados en aldeas remotas.

La utilización de las infraestructuras médicas de los ejércitos para reforzar el sistema de salubridad civil, por ejemplo, mediante el despliegue de barcos hospitales militares en áreas de contagio (tal como en los Estados Unidos) y hospitales de campaña del ejercito (Gran Bretaña e India). En Suiza y México, se enviaron equipos médicos militares para reforzar los hospitales y en Sudáfrica, médicos y enfermeras fueron movilizados a partir de las fuerzas reservistas.

En Gran Bretaña y Canadá, al ejército se le llamó para que provean con equipos médicos cruciales almacenados en preparación para una guerra biológica.

Nivel C: Asistencia a las fuerzas policiales para el mantenimiento del orden

Las decisiones para limitar los movimientos de los ciudadanos, o para ordenar un bloqueo total (tal como sucede en India), aumenta necesariamente la carga sobre las fuerzas policiales, en especial por el peligro de que ocurra un colapso del orden público y proliferen los robos y saqueos. En tales condiciones, se le pide al ejercito que brinde su apoyo, principalmente a través de realizar misiones de corte policial. Tal fue el caso durante los desastres naturales ocurridos (por ejemplo, el huracán Katrina en los Estados Unidos o la reciente ola prolongada de incendios forestales en Australia). Con la propagación del coronavirus, la imagen de soldados armados en las áreas públicas se convirtió en rutina en Italia, España, Hungría, Malasia, México y Perú. En los Estados Unidos, donde los gobernadores de casi todos los estados han declarado el “estado de emergencia”, las unidades de la Guardia Nacional han sido movilizadas e informadas sobre la manera de cumplir tales misiones. Hasta la fecha, ningún soldado se ha visto en la necesidad de utilizar su arma de fuego. Incluso en India, donde la policía y el ejército son apenas capaces de imponer un bloqueo, el uso de la fuerza se ha limitado a aporrear con garrotes.

Nivel D: Asumir responsabilidad operativa por gestionar las redes civiles individuales

Actualmente, este es un escenario teórico en todos los países evaluados y solo se materializara con el colapso de uno o más de los mecanismos civiles (el sistema de salud, por ejemplo). En varios países (Gran Bretaña, India), el ejército ha elaborado planes de contingencia para tales casos donde, en cualquier caso, sería el gobierno el que convoque al ejército para que implemente sus políticas dentro de las áreas civiles.

Nivel E: Gestión directa de todo el sistema de gobierno

En este nivel, las fronteras convencionales entre la población militar y la población civil son eliminadas casi por completo. En los países democráticos, este escenario pudiera ocurrir en cualquiera de las siguientes circunstancias:

Fracaso del gobierno civil para funcionar ante desastres de gran magnitud

 

Capitulación del sistema político ante presiones ejercidas sobre el gobierno legítimo por segmentos de la población civil.

Infección generalizada entre el liderazgo nacional que conduce a su incapacidad para funcionar.

En tales casos, el gobierno pudiera recurrir al liderazgo militar para hacerse cargo de gestionar la campaña contra el coronavirus. Alternativamente, los jefes de las fuerzas armadas pudieran llegar a la conclusión de que deben asumir las riendas del gobierno. La revista Newsweek informó el (18 de marzo) que los preparativos – que comenzaron después de los ataques del 11-S – se han realizado en los Estados Unidos para tal posibilidad. En este momento, está en juego la posibilidad de que la propagación del contagio no permita una sucesión ordenada de la entrega del poder según lo establecido por la Constitución estadounidense. Según el informe de investigación, un alto oficial (jefe del Comando Norte del Ejército de los Estados Unidos) ya ha sido nombrado como responsable temporal de administrar y dirigir el país “en circunstancias extraordinarias”.

En los países democráticos, es muy probable que una serie de consideraciones afecten la decisión de utilizar al ejército en la lucha contra el coronavirus:

¿En qué medida se estima que las agencias civiles existentes sean capaces de hacerle frente a la escala de contagio y al daño resultante de este? ¿Cuánto desean los propios comandantes militares en profundizar su participación en las áreas civiles, incluso cuando el nivel de mando político se lo ordena? Algunos pueden expresar una clara incomodidad, especialmente dado el peligro de que una mayor exposición a la población civil pudiera aumentar el peligro de infección en las tropas. El jefe del Estado Mayor de India dijo explícitamente: “Como comandante de las fuerzas armadas, mi primera misión es salvaguardar la salud de mis fuerzas” y por lo tanto exigió que la participación de soldados “desprotegidos”, es decir, aquellos que carecen de los kits de protección médica apropiados estén solo limitados a las misiones de asistencia.

¿Están los militares equipados para participar en la lucha contra el coronavirus, especialmente en suplir los roles policiales? Pocos militares han establecido unidades dedicadas a tales misiones y propósitos.

Consideraciones directivas: En décadas recientes, el mundo occidental ha sido testigo de una creciente tendencia a emplear fuerzas militares dentro de las áreas domésticas, especialmente en Europa occidental, generalmente en un marco de “guerra contra el terrorismo” o con el propósito de prevenir las inmigraciones ilegales.

Por el contrario, la constitución alemana prohíbe el uso de fuerzas militares dentro del país; las leyes estadounidenses condicionan la utilización “interna” de las fuerzas militares federales (en oposición a la Guardia Nacional) a la explícita aprobación de ambas cámaras del Congreso luego que el presidente declare un “estado de emergencia”; en otros países democráticos (India, Canadá, Reino Unido), la ley requiere de la aprobación legislativa para que el gobierno declare un “estado de emergencia” antes de que el ejército pueda ser activado.

Lecciones del caso israelí

El compromiso de servir a la población israelí es piedra angular de la identidad e imagen de las FDI como “ejército del pueblo” que funciona por el bien de la nación. Desde su creación, las FDI han actuado dentro de los dominios civiles. Como tal, incluso bajo condiciones de una crisis que no recae en una categoría convencional de seguridad nacional, las FDI desplegarán sus considerables haberes y capacidades varias al frente de dicho esfuerzo. El foco de atención recaerá sobre el Homefront Command (Comando del Frente Interno israelí de las Fuerzas de Defensa de Israel) y se hará hincapié en sus capacidades logísticas y experiencia en las áreas de recopilación y análisis de datos.

Existen ciertas condiciones a este compromiso, que reflejan consideraciones adicionales del estado. Una de estas condiciones tiene relación con la misión particular de las FDI: proteger el país, garantizar su existencia y lograr la victoria en la guerra. Esta es la primera prioridad y la que las FDI deben cumplir en cualquier circunstancia. Para ese fin, se debe tener mucho cuidado de que conserve sus capacidades, entre otras cosas, protegiendo a sus soldados del contagio por el virus. La segunda advertencia refleja la necesidad de salvaguardar el carácter democrático del país, asegurando principalmente que las FDI no crucen la línea roja de subordinación absoluta hacia el nivel de mando político elegido. Incluso durante la actual crisis, ni el liderazgo político ni el militar deben perder de vista estas dos advertencias, que siguen siendo imperativos categóricos.

La pandemia del coronavirus es una crisis severa que puede agravarse aún más, pero no es una guerra, que posee otras características (enfrentamientos armados para lograr objetivos políticos). Por lo tanto, el actual juicio debería enmarcarse como un fenómeno natural desafiante que obliga a la nación a emprender una decidida lucha civil para acabar con el contagio.

En esta situación, las FDI deberían proveer tanta asistencia como sea posible a la población civil del país, de acuerdo y bajo supervisión del nivel de mando político. Dadas sus muchas capacidades, este debería hacerlo en los niveles A al C de la clasificación descrita anteriormente, de manera gradual y a medida que las circunstancias evolucionen, colocando al Homefront Command al frente de su esfuerzo. En caso de producirse un cambio en la asistencia logística y tecnológica al contacto directo con la población civil, se requerirá de mucha sensibilidad, supervisión y de una atención diligente para evitar fricciones. Un cambio hacia el Nivel D – (gestión operativa de la lucha, incluso dentro del ámbito local) constituiría una escalada significativa que solo debería ser autorizada cuando exista una amenaza inmediata grave para la salud pública, por ejemplo, el caso de Bnei Brak. Un cambio al Nivel E (responsabilidad militar directa del gobierno nacional) solo puede sucederse en las condiciones más extremas de desastres masivos en todo el país. Siendo ese el caso, se necesitaría, especialmente durante la actual y delicada turbulencia política del Estado de Israel, un aparato integral que posea un alto nivel de legitimidad pública, un marco que no existe hasta ahora ni en las leyes ni en la experiencia israelí.

 

El Profesor (emérito) Stuart Cohen de la Universidad Bar-Ilan es politólogo especializado en relaciones militares y sociales.

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