Otro tonto útil: Así me transformé en un antisemita sin quererlo – Mati Shmueloff (Berlín – Haaretz 1/8/2014)

La manifestación se volvió extraña y los estudiantes pro-palestinos de la escuela aledaña tomaron control del acto. Ve y explica ahora que se trataba de una manifestación a favor de las mujeres… que se transformó en algo totalmente diferente.

Mi novia alemana me informó que ella estaba organizando una manifestación contra la guerra en Gaza junto a su grupo de mujeres israelíes-iraníes. Ella me pidió ayuda. ¿Qué quieren que les diga?, mis ideas izquierdistas son conocidas pero una de las decisiones que adopté antes de venir a Berlín es que no volvería a hacer todas las actividades sociales que caracterizaron mi trabajo cultural en el pasado. No quería nuevamente dar vueltas por las calles de Berlín con un megáfono como lo hicimos en la “guerrilla cultural”, o en múltiples organizaciones, reuniones, rechazos a las guerras, con trabajadores en huelga, con beduinos en El-Arakiv y otros. Quería descansar y escribir. Dejar que todas las tareas importantes sean hechas por otros, para poder por fin dedicarme a mi creación. Hablé con mi novia quien me comprendió. Al final acordamos que ella me anotaría en un grupo de Facebook y yo aportaría de mi conocimiento, sin ser uno de los organizadores de la manifestación.

Llegamos a la demostración, felices, una gran comunidad de israelíes, palestinos, iraníes y muchas caras desconocidas. Parados en la Oranienburg, en la carretera. Descubro que cerraron el camino para nosotros. Miro que la policía alemana viste sus uniformes negros, como Robocop’s, incluso con protectores de hombros. Ellos vienen a protegernos pero algo en ellos nos provoca miedo. Su seriedad. La manifestación se vuelve contra nosotros, y los jóvenes estudiantes pro-palestinos comienzan a llegar desde una escuela cercana tomando el control de la manifestación organizada por las mujeres que eran las amigas de mi amiga. Una de las amigas no se rinde y grita desde su pequeño megáfono y los hombres a veces le responden. Pero la mayor parte del tiempo van todos por detrás del líder que grita: “Merkel es la que paga pero Israel la que bombardea”. Estoy aprendiendo alemán, incluso palabras sueltas, voy captando las cosas que van diciendo.

Vamos calle a calle, por el medio de clases repletas en Berlín y todo está bloqueado para nosotros. Un centenar de personas tienen que firmar para organizar una protesta y la policía cierra las calles para ellos. Veo a la amiga iraní de mi pareja desalentada. Me pregunto por qué. Ella me explica que no le gustan los gritos “islamistas”. La última vez que sucedió eso, Khomeini asesinó a parte de su familia. Fui hacia mi novia y le pedí no leer el poema planificado para el final de la manifestación. Le dije que tal beligerancia me asustaba, yo no quería enfrentar a esa gente. Ella me pide esperar.

Manifestantes israelíes van caminando a un lado de la ruidosa manifestación portando una bandera israelí. Jóvenes se acercan a ellos y los rodean. Pero nuestro amigo palestino los separa y les dice que se alejen ya que nosotros no queremos problemas. La policía bosteza, nos mira a una distancia y no hace nada. Finalmente llegamos a la zona del “Keshermarket” y nos detenemos allí. La multitud se calma y yo leo mi poema, “en el poblado incompleto y la expulsión de Yafo”, en tres idiomas. Los amigos se ponen un teléfono con música para dispersar la energía y la gente se va a comer y beber.

Por la mañana, abrí el periódico y me espanté. En el cuerpo del artículo aparecía que el miércoles yo organicé una manifestación en Berlín, mientras que el contenido hablaba sobre otra manifestación antisemita que se había organizado el jueves. Me transformé en un antisemita sin quererlo. Trata ahora de explicar que se trataba de una manifestación de mujeres que tomó una dirección completamente diferente a la planificada, pensé.

Al día siguiente recibí un mensaje sobre una organización de artistas que quieren manifestarse contra la guerra en Israel. Anteriormente, yo era el organizador. Hoy no estoy ni aquí ni allá. Suspendido entre los mundos. Acusado de cosas que no hice. Huyo profundamente hacia el interior de mi historia, hacia los brazos de mi novia y lloro por los muertos en ambos lados y pienso de cómo hemos pasado fácilmente de ser un “pueblo de quiere justicia social” a ser un “pueblo que quiere venganza”.

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