Organismos europeos son los responsables de la financiación de las protestas de los infiltrados en Israel

Por Ben Dror-Yemini – Maariv 9 de enero 2014

Los trabajadores migrantes no están por detrás de las protestas, sino que son activistas que reciben el dinero de otros países y actúan de una manera que ya es conocida para Israel en el contexto palestino y en el beduino. ¿Qué es importante para estas organizaciones? Presentar a Israel como un monstruo. Por motives humanitarios por supuesto…

El sobresaliente orden de la manifestación de los últimos días no puede ocultar el hecho de que algo mucho más profundo se desarrolla por debajo de la superficie. Se trata de una lucha por la ética que define al Estado de Israel, y hay quienes quieren romper este ethos.

Hasta ahora no hubo violencia, al menos no abiertamente. Pero no hay necesidad de hacerse ilusiones. Detrás de las escenas hay algo más. Uno de los empleados que se presentó a trabajar ayer, y que rompió la huelga, recibió una paliza de grupo muy organizado de otros diez. Otros entendieron la indirecta. La violencia prevaleció.

Peor aún: los infiltrados no están detrás de las protestas. Se tratan de activistas que son financiados por Europa. Ellos ya han complicado a Israel en el sector beduino. Ahora están tratando de implicar a Israel por el tema de los infiltrados. No importa si en la mayoría de los países occidentales hay mil y una maneras de lidiar con el problema, y que allí incluyen el regreso de barcos cargados con ellos, como ocurrió hace dos días en Australia.

Lo que importa es, como siempre, que estos organismos harán todo lo posible para presentar a Israel como un monstruo. Por razones humanitarias, por supuesto. Los infiltrados en sí están lejos de la hostilidad hacia Israel y la sociedad israelí. En uno de sus centros de trabajo en Tel Aviv, el mercado Carmel, son tratados humanamente. Pero los activistas están metiendo su nariz. Ya se encargarán de modificar esa imagen.

Los infiltrados, en su mayoría, no son refugiados. Son trabajadores migrantes. Están recibiendo una protección grupal, porque no se les puede devolver en una forma organizada. Pero eso no significa que el estado no puede valerse de un medio de presión leve para presionarles que regresen voluntariamente a sus países de origen o a otros países. Esto ya comenzó a suceder en forma de un goteo que ya ha comenzando a notarse. Pero las organizaciones están metiendo su nariz. Ellos se encargan de cambiar la imagen.

Se debe encontrar un equilibrio adecuado.

Infiltrados merecen ser tratados humanamente. No debe haber ninguna discusión. El hecho de que se traten de trabajadores migrantes o que su entrada masiva a Israel haya sido un fracaso continuo, no debe ir en detrimento de sus derechos humanos. Por lo tanto, es necesario encontrar el equilibrio adecuado entre la dignidad humana y el estímulo para abandonar voluntariamente el país. Debido a que ya están trabajando, y debido a que en el centro de albergue, incluso si en el futuro se llena, quedarán de todos modos a más de 90 por ciento de ellos afuera, por lo que debería permitírseles mantenerse por sí mismos.

El mercado de trabajo puede absorberlos. Pero existe la necesidad de un pequeño agregado: entre un tercio y la mitad del sueldo se destinará a un fondo especial que se llevarán con ellos en el día de su partida de Israel. Todos los mecanismos que operan hoy en día podrían concentrarse en esa dirección. No hay necesidad de una mano de obra adicional.

La combinación de presiones internas y externas, con el temor de una posible violencia masiva es algo conocido en Israel en el contexto palestino y en el beduino. Esta fusión es acompañada por los llantos desconsolados de las organizaciones y de los medios de comunicación que se alían con ellos, que proporcionan las justificaciones para la violencia que podría explotar. Después de todo, todo lo que ha sido escrito en los contextos anteriores será escrito en el contexto de los extranjeros, con los ajustes necesarios. De nuevo, seremos presentamos como un estado racista. De nuevo, seremos un gobierno opresivo. Una vez más, estos judíos hacen a otros lo que una vez que les hicieron.

Así que ha llegado la hora de que el gobierno de Israel presente una medicina antes de la enfermedad. Hay una solución. Hay una manera de permitirles una existencia humana alentando una partida voluntaria. Una forma que incluya  humanidad y la preservación de los pobres de nuestras ciudades. No hay una solución de hoy para mañana. Pero hay una solución en el plazo de dos o tres años. Los infiltrados deben ser convertidos en trabajadores migrantes. El dinero se acumulará en un fondo que se reunirá para ellos. El importe acumulado los alentará. Ellos ya se ocuparán de encontrar un nuevo país, en Europa o en África.

Receta para el suicidio nacional

Para comprender la naturaleza del dilema debería aclararse un punto sensible: ¿Por qué empujarlos hacia afuera? Después de todo, se trata de un número pequeño, dicen los activistas, no amenazan el equilibrio demográfico. Aquí debemos  mencionar algo: estas organizaciones y estos activistas, y sus círculos, pertenecen exactamente a la misma parte de la población que se opuso a la Ley de Ciudadanía.

Incluso entonces ellos dijeron: Se trata sólo de una decenas de miles de palestinos, que hagan una reagrupación familiar, ¿por qué tanto pánico? Y siguen dando. Se trata de otra decena de miles y luego otra decenas de miles, que traerán a decenas de miles, que en conjunto harán cientos de miles de personas.

Israel es un Estado-nación. No es un estado de inmigración. Israel se parece más a la República Checa, a Eslovaquia, Croacia, Armenia, y muchos otros países. Israel no es Canadá y no es Estados Unidos, creada bajo una política de inmigración, a pesar de que también ellos limitan la inmigración. Debido a circunstancias geopolíticas relacionadas con la zona en la que vive Israel, la pérdida de una mayoría judía es una receta para el suicidio nacional. Ese desastre es el que nos quieren dar de comer en cucharaditas los activistas. A veces sin darse cuenta… veces maliciosamente.

Es un deber prevenir este desastre. Así que nuestro deseo de mantener una sólida mayoría judía no es consecuencia de ningún racismo. Es el resultado de la libre determinación de la mayoría judía. Es una consecuencia de su deseo de existir. La mayoría de esta mayoría quiere seguir siendo una mayoría. Y este derecho es fundamental, un derecho que ninguna minoría post o anti sionista tiene derecho a pisotear.

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