Opinión – La triste verdad es que el destino de los judíos estadounidenses no depende de la conducta de Israel – Por Shmuel Rozner (Maariv 26/10/2018)

Un artículo que puede servir de referencia también en la relación entre Israel y las comunidades judías de Latinoamérica.

Hay algo tentador en el pensar que podemos salvar a los judíos de los Estados Unidos gracias a algún proyecto rebuscado o gracias a una repentina inversión financiera, o si solo cambiamos la política exterior de Israel, si tan solo fuésemos tan poderosos e influyentes.

Un grupo numeroso de líderes comunitarios de judíos estadounidenses llegaron a Israel esta semana para celebrar la convención conocida como GA. Estos líderes tienen un problema: Su lema para el evento fue “Hablemos”, pero es difícil hablar con los israelíes en inglés. Ellos prefieren el hebreo. Y existe otro problema: No está claro sobre qué hablaremos. Conocí a uno de los sabios invitados a mediados de esta semana y él nos envió una advertencia: Israel debe absorber a los trabajadores extranjeros y no expulsarlos. ¿Cuál es tu problema?, le pregunté, ¡si quieren absorbedlos ustedes mismos!, le provoque. Él cree que la política de Israel es inmoral. Tiene derecho a pensar así. Si es sobre eso que quiere hablar, aquí no va a encontrar mucha atención.

El liderazgo estadounidense llegó a Israel en un contexto de lo que se siente es una crisis en las relaciones israelí-estadounidenses. Ellos vinieron aquí sintiendo que en la crisis la responsabilidad es de Israel. Ellos vinieron aquí para recibir un refuerzo positivo de muchos israelíes que piensan lo mismo. La mayoría de ellos son israelíes a quienes simplemente no les gusta el gobierno israelí y, por lo tanto, están dispuestos a aceptar cualquier reclamo de culpabilidad en cualquier asunto.

En cualquier caso, esta crisis no es más que una cortina de humo, detrás de la cual existe una crisis mucho más seria. La crisis actual es una distracción, en lugar de hablar de lo que es realmente importante, hablan de pequeñas políticas… de cosas pequeñas. La judería americana está en una crisis de identidad profunda, básica, tremenda. Sus jóvenes se desconectan de las instituciones judías, se distancian de la tribu judía, renuncian a la observancia de la tradición judía. En el camino hacia esa retirada, también están luchando contra Israel. Esta es una forma conveniente de limpiar la conciencia, no por nosotros y nuestras acciones, sino por ellos. Debido a Israel, “ya no nos sentimos como judíos”. Los israelíes son indiferentes a estas afirmaciones, porque no están en una crisis similar. Su identidad es estable. Su judaísmo está anclado en la vida cotidiana.

Se puede hablar desde hoy hasta el día después sobre todo lo que los líderes de la comunidad judía estadounidense desean “hablar”. Es posible organizar la mitad de la explanada del Muro Occidental, es posible mejorar el formato del proceso de conversión, se les puede “ofrecer más dulces”. Es imposible aceptar el consejo estadounidense sobre los grandes temas, no en cuestiones de seguridad, ni en asuntos de ocupación, ni en asuntos de inmigración. De cualquier manera, la conversación no resolverá ningún problema para Israel. La conversación no resolverá ningún problema para los judíos de la diáspora. Se trata, como he dicho, de una distracción. Nos estamos ocupando no de lo principal.

¿Qué es lo principal? El presidente entrante de la Agencia Judía, Itzjak Herzog, insinuó un gran proyecto que tenía como objetivo: Enseñar hebreo a las masas de judíos en la diáspora. Es una idea hermosa, con posibilidades limitadas de éxito. Tan pronto como se publicó la propuesta, los intelectuales judíos estadounidenses comenzaron a gemir. No están seguros de lo que se necesita, incluido qué el hebreo sea el bíblico o el moderno, y si aprender hebreo no es un paso político problemático, y si aprender hebreo fortalecerá la identidad judía. En pocas palabras: no había entusiasmo. ¿Se preguntarán por qué? Sobre todo porque es difícil. La mayoría de los jefes de las organizaciones judías que vinieron esta semana no saben hablar hebreo. Ellos tampoco lo sabrán. Aprender un idioma es un asunto exigente, y los judíos en norte américa tienen un problema con los compromisos exigentes. Es difícil para ellos incluso con ideas mucho más fáciles que el aprender un idioma.

Hay algo tentador en el pensamiento que Israel puede salvar a los judíos estadounidenses mediante algún proyecto ingenioso o una repentina inversión financiera, o si cambia su política exterior. Desearía que fuéramos tan poderosos e influyentes. Ojalá el destino de los judíos estadounidenses dependiera de nuestra conducta. Pero la triste verdad es que no lo es. No si hablamos y no si permanecemos en silencio, no si estudiamos hebreo, y si hasta fuésemos inclusivos en el Muro Occidental, no si contratamos trabajadores extranjeros, y no si desmantelamos al Rabinato Principal. Esto, por supuesto, no significa que no se tenga que hacer todo esto o alguno de estos temas. Y eso no significa que no podamos ayudar. Pero debemos calmar vuestras expectativas. Podemos hablar, pero el trabajo principal no está en nuestras manos.

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