Opinión: Carta abierta al Papa Francisco – Por Dror Ider (Israel Hayom 17/5/2015)

Sr. Papa, usted están a punto de firmar el reconocimiento de un Estado árabe-palestino. Nosotros no somos ingenuos en pensar que usted cree que así va a promover la paz. Es más probable que ustedes esten pensando en rescatar, de esta forma, a los cristianos de la espada del Islam, la misma que está asesinando a los restos de las antiguas comunidades cristianas de nuestra región.

Como judíos, tenemos una cuenta de larga historia con la iglesia. Lo que hoy hace el Islam al cristianismo, hizo el cristianismo contra el pueblo judío durante siglos. De hecho, se trata de una cruel ironía de la historia. Una divina providencia. Generación tras generación, nos han acusado de la muerte y crucifixión de su mesías, y nos obligaron a probar su tormento. ¿Qué fue el antisemitismo sino un regreso obligado al momento de la crucifixión? Un judío fue crucificado en Jerusalén en los albores del primer milenio, y tras eso todo un pueblo fue crucificado en todo el mundo durante 2.000 años. Sr. Papa, el establecimiento de un Estado palestino en las montañas de Samaria, el corazón de la tierra histórica de Israel, es parte del intento continuo por crucificar al pueblo judío.

Mire a nuestro alrededor, el Medio Oriente se derrumba. Las estructuras políticas que el Occidente cristiano le impuso a los habitantes de la región por el colonialismo europeo, se derrumba, y el nacionalismo árabe artificial es reemplazado por el trivalismo étnico, por las estructuras sociales primitivas que básicamente han caracterizado a la región desde tiempos inmemoriales. Añadiremos la actual ola islamista que asesina y barre a millones, y que trata de hacer volver al mundo a la época de conquistas de Mahoma, y recibiremos entonces una  receta para el caos a largo plazo. Un estado palestino reforzará esta tendencia y no la va a moderar.

Los palestinos gozan de una relativa paz. Ellos dirigen una vida independiente de autonomía en sus localidades porque Israel gestiona la seguridad de la región. Una vez que nos retiremos de la parte superior de las montañas, las fuerzas islámicas radicales tomarán el contol y establecerán un califato islámico a una distancia cero del Estado de Israel. Un proceso similar ocurrió con Gaza después de que Israel se retiró de allí. La guerra que ocurrirá entonces será más cruel que cualquier otra cosa que hayamos conocido, porque ella pondrá en tela de juicio nuestro derecho a existir. Los que sufrirán eso serán también vuestros creyentes que viven Israel, que ahora son los únicos cristianos en Oriente Medio que disfrutan de prosperidad. El Estado judío es la única garantía para asegurar la libertad de todas las religiones aquí. Otra ironía histórica.

La seguridad es la voz de la razón; debemos hacer oir la voz de la fe y los derechos judíos sobre sus tierras. Si volviesemos atrás en el tiempo hace 2.000 años en los tiempos del dominio romano, y le preguntasemos a Jesús, quién es el dueño de esta tierra – nos habría dirigido a los versículos de la promesa de la tierra de la Biblia. Por ejemplo, la promesa del Señor a Abraham nuestro padre, el más grande de los creyentes: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Desde entonces fuimos exiliados y perdimos nuestra independencia, la tierra se transformó en estéril y no recibió ninguna otra entidad política. Este país estaba esperando una reconstrucción real, y nuestro regreso a la tierra de Israel cumplió con las profecías de la Biblia.

El representante del Vaticano dijo que la seguridad de Israel vendría “sin el aislamiento de sus vecinos, pero convirtiéndose en parte de ellos”. Un terrible error. No queremos formar parte del destino que aquejan a nuestros vecinos. La larga historia de nuestro pueblo nos ha enseñado que cuando se trata de nuestro destino, no debemos depender de otros. Sr. Papa, ustedes son rehenes del Islam, y al igual que muchos otros en Occidente, creen que si sólo sacrificasen a los judíos, los dejarán en paz. Pero en el fondo de su corazón, ustedes saben que la paz no será promovida a raíz de esta lamentable decisión, y los cristianos seguirán siendo asesinados, violados y seguirán viéndose obligados a convertirse al Islam. Vuestra decisión le brinda legitimidad a dicha vergüenza.

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