Normalización de relaciones árabes y radicalización palestina: El juego del tira y afloja sobre el proceso de paz en el Medio Oriente – Por Dan Diker y Khaled Abu Toameh (Institute for Contemporary Affairs)

El liderazgo palestino ha denunciado los Acuerdos Abraham firmados por sus antiguos aliados árabes y a quienes les financian; estos ahora viran su mirada hacia los regímenes radicales que patrocinan el terrorismo, Irán y Turquía. Los palestinos en Jerusalén Oriental quemaron banderas de los Emiratos Árabes Unidos y fotografías del Príncipe Heredero a la Corona Mohammed Bin Zayed.

El Muftí de Jerusalén en la Autoridad Palestina incluso emitió un fatua prohibiendo a los ciudadanos de Sudán, de los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o de cualquier país árabe que pueda normalizar sus relaciones con Israel, orar en la Mezquita Al-Aqsa en el futuro.

El hecho de que el Presidente turco Erdogan fuese anfitrión de Fatah, Hamás y de otras facciones palestinas ha incrementado las tensiones de larga data con Egipto, Jordania y con los estados del Golfo. Estambul también ha servido de sede para que los líderes de Hamás movilicen sus células terroristas desde Cisjordania y lleven a cabo operaciones de guerra cibernética y de contra-inteligencia ante Israel.

Las potencias árabes ya se han cansado de tanta intransigencia, corrupción y de rechazo por parte de los palestinos. Arabia Saudita ha criticado el rechazo palestino a los ofrecimientos de paz israelíes y el boicot palestino a cualquier cooperación que implique un trato con Israel.

El liderazgo palestino debería honrar el llamado que realizan los Acuerdos Abraham al reconocimiento mutuo incondicional y a la normalización de relaciones con Israel como los puntos clave para aperturar un acuerdo político y diplomático viable que pueda brindar enormes beneficios al pueblo palestino a futuro.

Un realineamiento palestino con estados árabes pacíficos le permitirá a la Autoridad Palestina sentarse en la mesa de negociaciones con su vecino israelí sin ningún tipo de condiciones previas, aceptando el principio de normalización de relaciones, de aceptación mutua y la buena voluntad de los Acuerdos Abraham para maximizar las perspectivas de compromiso para el logro de una negociación exitosa.

La firma de los Acuerdos Abraham realizada en septiembre, 2020 entre los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin e Israel, seguida por la declaración de normalización de relaciones por parte de Sudán, refleja cambios tectónicos en la geopolítica del Medio Oriente. Estos inéditos acontecimientos colapsado la antigua ortodoxia dentro de los círculos diplomáticos en Occidente en el que la paz en el Medio Oriente requiere primero de una resolución al conflicto palestino-israelí.

Durante gran parte de estas dos últimas décadas, ningún país o líder árabe quiso estar asociado al contaminado término tatbi’a (normalización de relaciones) con Israel debido a su ya connotación negativa, incluso traidora. Sin embargo, los líderes árabes indicaron discretamente su disposición al cambio. En agosto del 2020, ocurrió el punto coyuntural. Los árabes ya no son públicamente reservados en respaldar normalizar sus relaciones con el Estado de Israel, e incluso hacen alarde de ello.

Tres acuerdos árabes de paz y de normalización de relaciones con Israel anunciados en un período de ocho semanas y una proyección de cinco a diez acuerdos más a corto plazo con otros estados árabes sugieren que las potencias en Occidente subestimaron la rapidez de los cambios en las prioridades de los estados árabes, especialmente en lo que respecta al extremismo e intenciones hegemónicas de los regímenes islamistas de Irán y Turquía. La inequívoca advertencia del ex-secretario de estado estadounidense John Kerry en el 2016 de que “no habrá paz por separado con los países árabes” es un buen ejemplo de esta errónea interpretación del mapa político del Medio Oriente.

Quizás igualmente inesperada ha sido la ya generalizada denuncia a los Acuerdos Abraham por boca de los líderes palestinos, el inéditamente desacreditar a sus antiguos aliados árabes y a quienes les financian y su ahora giro hacia los regímenes radicales que patrocinan el terrorismo, Irán y Turquía. La actual crisis en las relaciones palestino-árabes apunta a peligros regionales para la seguridad, estabilidad y paz del Medio Oriente. La instigación y amenazas provenientes de los regímenes iraní y turco contra los líderes árabes, israelíes y de Occidente, incluyendo sus ataques contra el Presidente francés Emmanuel Macron y su justificativo oficial a los recientes ataques terroristas islamistas perpetrados en Niza y Viena, acentúan el problema.

Este informe revisa la forma en que la radicalización palestina sabotea la normalización de relaciones árabe además de socavar la estabilidad del Medio Oriente. Este analiza cuales son los pasos que el liderazgo palestino debe tomar para reconsiderar sus alianzas radicales y en su lugar, redirigir sus intereses con los estados árabes e Israel a fin de alcanzar un acuerdo de compromiso y ayudar a asegurar un Medio Oriente amenazado por el terrorismo y el extremismo de Turquía e Irán.

La normalización de relaciones árabe sabotea la ideología, estrategias y tácticas de la OLP

El anuncio de un acuerdo de paz y normalización de relaciones entre Sudán e Israel dado a conocer por Estados Unidos el 22 de octubre, 2020 envió una tercera onda expansiva en solo ocho semanas a la relación de décadas entre la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y aquellos responsables de sus políticas, la Liga Árabe. La renuncia pública de Sudán a sus 70 años de patrocinio al terrorismo internacional que incluyo albergar al fundador de Al Qaeda Osama bin Laden, servir como base para las operaciones terroristas de la OLP y proveer el Puerto de Sudan como centro de tránsito para el paso de armamento iraní dirigido a Hamás en Gaza, no fue sorpresa para el liderazgo palestino. El presidente de la OLP y de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, ya había absorbido el “impacto” producido por el acuerdo pautado entre los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin para normalizar sus relaciones con Israel en agosto del 2020. No obstante, la OLP describió el haber perdido a Sudán de “desastre”.

El uso dado por los líderes palestinos al término “karetha” (desastre) para caracterizar los bandos cambiantes de Sudán refleja el terremoto ocurrido en las relaciones árabes-OLP. Hace 53 años, en Jartum, la capital de Sudán, tras la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, la Liga Árabe emitió sus rotundos “Tres No” a Israel – “No a la paz, no al reconocimiento, no a las negociaciones”. Los infames Tres No de agosto, 1967 se han transformado en los “cuatro sí” de Sudán, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos en el 2020; sí a la paz, sí al reconocimiento, sí a las negociaciones y sí a la normalización de relaciones.

Es la inédita disposición árabe de normalizar relaciones con Israel lo que ha socavado la ideología del liderazgo palestino, más débil y menos efectiva sus estrategias e impedir lograr sus tácticas de negociación.

La OLP y su servidor político y diplomático, la Autoridad Palestina, reconocieron y negociaron nominalmente con Israel cuando su fundador y Presidente de la OLP Yasser Arafat, firmaron los acuerdos Oslo I y II liderados por Estados Unidos los cuales fueron garantizados internacionalmente en los años de 1993 y 1995 respectivamente. Sin embargo, Arafat y su sucesor Mahmoud Abbas, ejecutaron con mucho éxito una estrategia de “cumplimiento selectivo” a los acuerdos de Oslo. Arafat financió ataques terroristas, mientras él y Abbas emplearon una guerra política, incitaron al “yihad”, emitieron pagos a los “mártires, adoptaron medidas unilaterales de condición de estado en las Naciones Unidas, solicitaron repetida y urgentemente intervención de la Corte Penal Internacional, sancionaron una campaña internacional de boicot, desinversión y sanciones (BDS) con el fin de deslegitimar y aislar a Israel a nivel internacional, mientras potenciaba la postura negociadora de la OLP con la comunidad internacional.

Esta estrategia internacional ideada por la OLP fue socavada y desmantelada ahora por algunos de sus antiguos y principales patrocinadores árabes. Además, el anclaje ideológico de la OLP fue desarraigado. La normalización de relaciones dictadas por el acuerdo Abraham con Israel efectivamente canceló el boicot formal de la Liga Árabe y su sanción que data ya de medio siglo a la Carta Magna de 1968 de la OLP que pedía la “Liberación de Palestina” desde el río al mar, refiriéndose a Israel como un implante “racista”, “colonialista” e “ilegítimo” en el Medio Oriente. La Carta Magna de la OLP ha permanecido intacta silenciosamente en su totalidad luego de los acuerdos de Oslo. Sin embargo, ahora la Carta Magna de la OLP que ancló sus campañas de guerra política a nivel nacional en contra del “enemigo sionista”, dawlat al-ihtilal – literalmente, “el estado de ocupación” – ha perdido su legitimidad regional árabe. Por primera vez, los países árabes reconocieron incondicionalmente a Israel. Sus intercambios ahora incluyen las áreas de cultura, canje de diplomáticos, política, artes, música, alta tecnología, sociedad civil, turismo y deportes.

Los acuerdos de normalización de relaciones Abraham han refutado el discurso anti-normalización vociferado por el liderazgo palestino que este ha avanzado en árabe desde el mes de mayo, 1994 (ocho meses después del Acuerdo de Oslo I en la Casa Blanca) cuando Arafat pidió librar el “yihad” desde una mezquita en Johannesburgo y en inglés desde la Conferencia Mundial contra el Racismo del 2001 en Durban, Sudáfrica, la cual lanzó la campaña global del BDS contra Israel. La cruzada al-tatbi (anti-normalización de relaciones) propuesta por la Autoridad Palestina alcanzó un “auge” en el año 2014 cuando Jibril Rajoub, Ministro de Deportes de la Autoridad Palestina y director de su Comité Olímpico, lanzó una campaña internacional para expulsar a Israel de la Federación Internacional de Fútbol. En ese momento, publicó un famoso escrito en su página Facebook: “Cualquier actividad de normalización de relaciones en las actividades deportivas con el enemigo sionista es un crimen contra la humanidad”.

Además de socavar las plataformas ideológicas y estratégicas de la OLP, los acuerdos de normalización de relaciones árabes han socavado aún más las tácticas de negociación de Abbas en Oslo realizadas entre los años 2000 al 2016 y el colapso del plan de paz de Kerry. Abbas, utilizando la Iniciativa de Paz Árabe Saudita del año 2002 como pretexto en donde se exigía a priori una retirada israelí a las líneas anteriores al año 1967 en Cisjordania, el retorno de los refugiados palestinos a Israel, la división de Jerusalén y el control del Monte del Templo en Jerusalén, rechazó seis consecutivos ofrecimientos israelíes de tierra por paz desde el año 2000. Sin embargo, los acuerdos de normalización de relaciones árabes han socavado la influencia internacional de Abbas y han neutralizado su poder de veto tradicionalmente respaldado por los árabes.

La condena a los estados árabes y el giro hacia Turquía e Irán tomado por la OLP

El cambio radical árabe de décadas en exigir territorio por paz “Palestina primero” ha desencadenado un ataque retórico palestino sin precedentes contra los aliados árabes. Abbas etiquetó a los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin e incluso a Arabia Saudita de infieles y calificó sus acciones de “puñalada por la espalda” y “traición a la Mezquita Al-Aqsa, a Jerusalén y al tema palestino”. La ira de Abbas hizo que convocara una reunión de emergencia de líderes de grupos terroristas rivales tales como Hamás, el grupo Yihad Islámico y representantes locales del Comando General del Frente Popular para la Liberación de Palestina en Siria el día 26 de octubre, 2020 en Ramala. Su invitación al CG-FPLP ilustra el alcance de Abbas incluso ante sus rivales más extremistas de la OLP. Tal como ha señalado Khaled Abu Toameh, este grupo terrorista radical de la OLP encabezado por Ahmed Jibril, fue responsable de asesinar a refugiados palestinos en Siria y el Líbano, incluyendo las masacres de palestinos perpetradas por el ejército sirio.

La instigación anti-árabe por parte de la OLP y Hamás provocó protestas en Cisjordania y Gaza. Los palestinos en Jerusalén oriental incineraron banderas de los Emiratos Árabes Unidos junto a fotografías del Príncipe Heredero a la Corona Mohammed bin Zayed. El muftí de la Autoridad Palestina en Jerusalén Jeque Muhammad Hussein emitió incluso un fatua, (decreto religioso islámico), prohibiendo a los ciudadanos de Sudán, de los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o de cualquier país árabe que en el futuro normalice sus relaciones con Israel, de orar en la Mezquita Al‑Aqsa. El mensaje de Hussein a los palestinos, árabes y al mundo musulmán dejó pocas dudas: este declaró lo siguiente: “Los estados árabes que normalizan sus relaciones con Israel son enemigos del Islam y traidores al Profeta Mahoma”.

El secretario del Comité Central de Fatah y Ministro de Deportes Jibril Rajoub, fue más allá del tema, demonizando a los líderes árabes e israelíes. Este comparó al Primer Ministro Binyamin Netanyahu con el líder fascista italiano de la Segunda Guerra Mundial Benito Mussolini y a los cancilleres de Bahréin y de los Emiratos con “gusanos que se secan al sol”.

La condena de los dirigentes palestinos a los Acuerdos Abraham no fue necesariamente algo obvio. Abbas pudo fácilmente haber aprovechado el éxito de los Emiratos Árabes Unidos para obligar al Primer Ministro israelí Binyamin Netanyahu a posponer su plan de aplicar soberanía israelí sobre los asentamientos judíos en Cisjordania y el Valle del Jordán. Abbas pudo haber utilizado también las concesiones dadas por los israelíes y anunciar un retorno a las negociaciones con el férreo apoyo árabe bajo la propuesta de paz de la administración estadounidense a un estado palestino en aproximadamente el 70% del territorio, incluyendo los intercambios de tierras propuestos en el Negev y Galilea y $50 billones del presupuesto de desarrollo del estado.

Abbas rechazó este enfoque. En cambio, siguió boicoteando toda cooperación con Israel, con los Estados Unidos, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y otros estados árabes que se comprometieron o consideraron los esfuerzos regionales de paz y de seguridad. En contraste, Abbas y el archirrival de su facción gobernante Fatah, Hamás y otros grupos de la OLP mantuvieron conversaciones de reconciliación en Estambul, Turquía, bajo la aprobación del Presidente Recep Tayyip Erdogan.

La acción de Abbas fue una retórica e ideológica declaración de guerra contra los estados árabes. Erdogan, el líder de Turquía, el principal poder detrás del movimiento mundial de la Hermandad Musulmana islamista ha sido señalado como persona ‘non grata’ entre la mayoría de los estados del Medio Oriente por su papel como líder del bloque islamista sunita regional, incluyendo el gobierno de la Hermandad Musulmana en Qatar y la organización terrorista Hamás que gobierna la Franja de Gaza. Los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Arabia Saudita y Bahréin han vetado a la Hermandad Musulmana. Jordania se unió a este grupo recientemente en una acción de gran envergadura. En julio del 2020, el tribunal superior jordano dictaminó disolver a la Hermandad Musulmana, habiendo siendo este un grupo de oposición política tolerado durante décadas.

La razón por la que Erdogan es anfitrión de las facciones palestinas ha aumentado las tensiones de larga data con Egipto, Jordania y con los estados del Golfo liderados por Arabia Saudita. Erdogan le proporcionó a Abbas con una plataforma regional. Como miembro de la OTAN, el líder turco también preparó un escenario global para que Abbas agraviara a los líderes árabes, a Israel y a los Estados Unidos. Erdogan emitió condenas similares ante la normalización de relaciones árabes israelíes a pesar de que Turquía mantiene sus propias relaciones con Israel. Este condenó a sus “hermanos” árabes a través de los ya muy controlados medios de comunicación, incluyendo a Yeni Akit, un diario militante incondicionalmente pro Erdogan e islamista, que declaró: “Los sauditas competían con los Emiratos Árabes Unidos en traición a la ‘causa palestina'”.

El acercamiento de Abbas a Erdogan legitima el apoyo del líder turco por Hamás, el principal rival de Abbas. El ex-presidente de Hamás y actual líder del Politburó Ismail Haniyeh, es un frecuente invitado importante. Estambul también ha servido como sede palestina desde donde los líderes de Hamás han movilizado sus células terroristas en Cisjordania. Recientemente, el día 22 de octubre, 2020 el diario British Times reveló que “Hamás ha establecido un cuartel general secreto en el lugar a fin de llevar a cabo operaciones de contrainteligencia y de guerra cibernética”.

Los lazos del grupo terrorista Hamás con Turquía a través de la Hermandad Musulmana afiliada a Erdogan estaban muy bien documentados. Sin embargo, Abbas y el acercamiento de la ya internacionalmente aceptada Autoridad Palestina a Erdogan deberían servir de advertencia a los líderes en Occidentes interesados ​​en la paz y seguridad del Medio Oriente. No es ningún secreto que el giro de Abbas en dirección a Erdogan amenaza la seguridad y la estabilidad de Jerusalén. Desde el año 2018 Turquía, bajo la tutela de Erdogan, ha apuntado a los santuarios sagrados musulmanes de Jerusalén como focos de provocación islamista y objetivo del último renacimiento y control neo-otomano. Banderas turcas se han visto en el lugar desde el año 2018. La manifestación turca en la Plaza del Monte del Templo representa una amenaza directa a la custodia jordana ejercida sobre el complejo de la Mezquita Aqsa.

Erdogan también envió a activistas de la Hermandad Musulmana a Jerusalén. El 1 de octubre, 2020 este hizo declaraciones a los legisladores turcos, “Jerusalén es nuestra ciudad”, como parte de su visión islamista general para restablecer la soberanía del Imperio Otomano sobre todo el Medio Oriente. Los vínculos de Hamás y de Abbas a la agenda islamista de Erdogan socavan la agenda islamista de Jerusalén. El delicado estatus quo que, si se ve amenazado por el extremismo, puede hacer estallar la violencia musulmana en todo el Medio Oriente. Arafat y la filial norte del Movimiento Islámico en Israel desencadenaron la mortal guerra terrorista Al-Aqsa contra la población civil israelí en el año 2000.

Oposición de Irán a los Acuerdos Abraham

El régimen iraní también se ha aprovechado de la ira palestina por los Acuerdos Abraham. Este se unió al coro de condena de Ramala al acuerdo de los Emiratos Árabes Unidos, denominándolo como “cuchillada en la espalda a todos los musulmanes”. Este hecho es una clara expresión de la alarma del régimen iraní por las amenazas a sus ambiciones hegemónicas en el Medio Oriente. Irán ha tratado de aprovecharse de la reanudación nominal de la OLP y de Hamás sobre los recientes acuerdos de normalización de relaciones y se ofreció a acoger a las facciones palestinas en Teherán. El régimen iraní ha apoyado durante mucho tiempo a Hamás y a la organización Yihad Islámica en Gaza y ha apoyado a la Brigada de Mártires Al-Aqsa siendo esta una filial de la OLP en Cisjordania.

El respaldo financiero y operativo y la penetración ideológica iraní en Gaza se incrementaron desde la violenta toma del poder perpetrada por Hamás en el año 2007. Irán y los líderes palestinos también coordinaron la transferencia de armas desde los barcos iraníes, que fueron interceptados por Israel entre los años 2001 y 2014. La condena de Irán a los acuerdos de normalización de relaciones israelíes, que este calificó de “falsos” y “vergonzosos”, su apoyo nominal a Abbas y el continuo apoyo activo de Hamás en Gaza, reformuló a Abbas y a la Autoridad Palestina en la imagen de la Organización para la Liberación de Palestina pre-Oslo que apoyó el terrorismo bajo la tutela de Arafat cuando este fue reconocido en Occidente como el terrorista más notorio de la comunidad internacional.

Implicaciones al proceso de paz en el Medio Oriente

El que Mahmoud Abbas haya deslegitimado y denunciado los Acuerdos de Paz Abraham, el colapso de sus relaciones con los estados del Golfo liderados por Arabia Saudita y su acercamiento a los regímenes iraní y turco presagian problemas para una posible reactivación del proceso de paz en el Medio Oriente. Algunos de los estados líderes entre las potencias árabes lideradas por Arabia Saudita han demolido el tabú de siete décadas y se han acercado públicamente a Israel como socio para de esta manera prevenir que Irán obtenga capacidades en el área nuclear y contrarrestar la subversión que realizan los iraníes a países en todo el Medio Oriente. La amabilidad y cooperación árabe con Israel para contrarrestar a Irán no deberían ser sorpresa. Tal como se ha señalado en este informe, la cooperación silenciosa comenzó hace ya más de una década. El Rey Abdullah de Jordania ya había advertido sobre la “media luna chiita radical” de Irán en el año 2004.

La cooperación y coordinación en el área de seguridad árabe-israelí se han vuelto más públicas desde el año 2010. La cooperación comercial y energética y los vínculos comerciales han comenzado a florecer. Solo era cuestión de tiempo antes de que los estados árabes reconocieran públicamente que Israel no era un problema para la región, sino parte crucial de su solución.

Sin embargo, los palestinos continuaron ubicándose en el centro de los temas del Medio Oriente, ignorando virtualmente la mayor amenaza para el sistema de estados árabes por actores radicales sunitas y chiitas liderados por Irán y más recientemente, Turquía. Las potencias árabes ya se han cansado de tanta intransigencia, corrupción y rechazo palestino. Arabia Saudita ha criticado el rechazo palestino a los ofrecimientos de paz israelíes, el boicot palestino a la cooperación con Israel y su correspondiente política contra la administración Trump.

Si la Autoridad Palestina busca lograr su independencia soberana para el pueblo palestino, se le recomendaría seguir el ejemplo de los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y de Sudán respaldados por Arabia Saudita. Los dirigentes palestinos deben respetar de manera similar el llamado de los Acuerdos Abraham al reconocimiento mutuo incondicional y la normalización de relaciones con Israel como puntos claves para abrir un acuerdo político y diplomático viable que pueda proveerle enormes beneficios al pueblo palestino. La normalización de relaciones primero, o tatbiya en árabe, es el principio tras la construcción de una paz “desde lo más bajo al tope” que los líderes israelíes de todo el espectro político han estado defendiendo como correctivo a las consecutivas fallidas negociaciones de paz “del tope hacia abajo” desde comienzos del año 2000.

Hoy día, el liderazgo palestino se enfrenta a pruebas muy críticas. Una paz duradera con Israel junto a un amplio respaldo árabe es muy posible. Pero, solo es factible si la Autoridad Palestina y su organización matriz, la Organización para la Liberación de Palestina, cortan sus vínculos con el régimen iraní, con la Turquía islamista y sus representantes terroristas radicales y grupos aliados. Hasan Al-Mujaini, un alto ejecutivo petrolero emiratí, escribió el 24 de agosto, 2020: “Aunque también nosotros sentimos empatía por el pueblo palestino, es lamentable que en lugar de aprovechar esta oportunidad para avanzar en su propia situación, su liderazgo haya rechazado una vez más que le hayan extendido una mano para lograr un cambio real y significativo”.

Este es un hecho imperativo diplomático para la próxima administración estadounidense y las potencias europeas que han invertido extensamente en los esfuerzos de paz palestino-israelíes. Hoy, el liderazgo palestino debe mantenerse al mismo nivel que se le exige a las democracias emergentes que buscan la independencia y la prosperidad económica. Estos deben ser presionados para que abandonen los lazos con el bando islamista radical y se reincorporen al bando moderado. Este realineamiento con los estados árabes pacíficos permitirá a la Autoridad Palestina sentarse en la mesa de negociaciones con su vecino israelí sin ningún tipo de condiciones previas, habiendo aceptado el principio de normalización de relaciones y aceptación mutua y buena voluntad de los Acuerdos Abraham. Esto maximizará las perspectivas de un compromiso negociado con todo el éxito posible.

 

 

Dan Diker es investigador sénior en el Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén. Es Director del Proyecto para Contrarrestar el BDS y Guerras Políticas. Su reciente libro Israelophobia and the West – Israel-o-fobia y occidente puede ser descargado del portal JCPA.org y bajo pedido a Amazon.com.

 

Khaled Abu Toameh es un galardonado periodista veterano que ha cubierto los temas palestinos durante casi tres décadas. Toameh estudió en la Universidad Hebrea y comenzó su carrera como reportero trabajando para un diario afiliado a la OLP en Jerusalén. Abu Toameh trabaja actualmente para los medios de comunicación internacionales atento a desarrollos para los periodistas extranjeros en Cisjordania y de la Franja de Gaza.

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