No existe solución política para Gaza – Por Prof. Hillel Frisch (BESA)

La afirmación que un acuerdo entre la administración estadounidense, la Autoridad Palestina y los egipcios de permitirle a la Autoridad Palestina afincarse sobre los temas financieros de Hamás culminara en reafirmar el control de la Autoridad Palestina sobre la Franja de Gaza no podía estar más alejada de la realidad. En el Medio Oriente, solo la fuerza armada prevalece.

Imagen: Soldados de las FDI se preparan para ingresar a Gaza en una acción terrestre durante la segunda fase de la Operación Escudo Protector, julio, 2014, foto vía Flickr

Según Tzipi Livni, la parlamentaria miembro del Knesset del Campamento Sionistas y líder de la oposición, ‘no solo existe una solución política para Gaza, sino que esta solución pudo haberse alcanzado comenzando el año 2009’. Ella afirma, con fuerza, que en ese momento existían acuerdos generalizados entre el gobierno de Obama, la Autoridad Palestina y los egipcios para permitirle a la Autoridad Palestina afincarse sobre la parte financiera del nuevo gobierno de Hamás, que hubiese culminado en la capitulación de este último deponiendo sus armas cuando las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina tomaron la Franja que habían perdido dos años antes.

Tan grande fue el consenso entre estos actores, afirma Livni, que tal estrategia hubiese resultado en una resolución del Consejo de Seguridad. En su opinión, el único impedimento para implementar esta estrategia fue y sigue siendo Binyamín Netanyahu y su (supuesto) gobierno de extrema derecha.

Las preguntas obvias que llegan a la mente al escuchar a Livni son: 1.- ¿Desde cuándo importa el consenso entre las potencias externas (no respaldadas por hechos verídicos) en el Medio Oriente? y 2.- ¿desde cuándo una resolución del Consejo de Seguridad vale más que el documento en el que este fue escrito?

Un buen lugar para comenzar a responder estas preguntas sería la guerra civil en Siria, el peor estallido de violencia en el Medio Oriente en 3 décadas. Innumerables resoluciones en materia de seguridad y al menos 5 rondas de intensas negociaciones tuvieron lugar entre la oposición y las fuerzas externas. ¿Con qué utilidad? Ninguna.

¿Qué decidió el resultado? El poderío militar: La fuerza aérea rusa, combatientes de Hezbollah y las milicias apoyadas por Irán para Siria; y entre 2.000-3.000 fuerzas especiales estadounidenses operando junto a los kurdos, así como también la intervención militar turca que le permitió a los rebeldes permanecer en el enclave Idlib. Es por esto que el Presidente Assad está ganando pero solo saldrá parcialmente victorioso.

Echemos un vistazo al Líbano. Hubo innumerables resoluciones de seguridad que pedían que Hezbollah deponga las armas (no específicamente, pero en intención) y un gobierno elegido democráticamente liderado por Saad Hariri, quien exigió lo mismo. ¿Cuál fue el resultado? En mayo del 2008 los combatientes de Hezbollah se desplegaron por todo Beirut y rodearon al gobierno electo dentro de la Casa de Gobierno. El gobierno capituló ante las demandas de Hezbollah, la más importante de las cuales fue abstenerse de acciones que mantendría limitado al grupo terrorista islamista como la fuerza violenta más poderosa en el Líbano.

Livni también pudo haber aprendido esta lección de Egipto. ¿Cómo pudo haber sido removido un gobierno elegido democráticamente durante la “Primavera Árabe”? Principalmente por tanques egipcios, transportistas de personal y francotiradores y periféricamente por una minoría de ciudadanos que respaldaron al ejército. Obama criticó el contragolpe de estado, al igual que la Unión Europea, pero el General Abdel Fattah Sisi sigue firmemente en el poder. El presidente depuesto languidece en la cárcel, mayormente olvidado por todos.

Algunos dirían que el destino del anterior presidente Morsi es una situación mucho más benigna que la sucedida al periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudita en Estambul. Retóricamente y en el papel, existe un consenso internacional en contra de Riad, pero parece que las muchas palabras de condena difícilmente importarán y Muhammad bin Salman, el verdadero poder detrás del trono, saldrá de la crisis mucho más fortalecido que antes. ¿Por qué? Porque ha aprendido las lecciones del Medio Oriente que a Livni le resulta tan difícil de aceptar. Esta es una región donde prevalece el ejercicio del poder, generalmente en forma altamente brutal.

¿Podrían Hamás y la Autoridad Palestina ser diferentes de los sirios, iraníes, egipcios y sauditas? Bien, consideren la forma en que los combatientes de Hamás expulsaron a los agentes de Fatah de los tejados de los edificios de apartamentos como un signo de victoria luego de arrebatarles Gaza a la Autoridad Palestina, o el trato brutal que ambos gobiernos enfrentan contra su oposición, o el castigo psicológico que Hamás le inflige a las familias de los israelíes muertos o vivos en Gaza. Nada de esto demuestra una inclinación a poner la otra mejilla.

Livni replicaría que Hamás se vería obligado a deponer las armas y permitiría que las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina tomen el control de Gaza. La pregunta es, ¿quién los obligara y con qué? ¿Presión financiera? Aportaran Irán, Qatar y Turquía los fondos necesarios para mantener el violento control que ejerce Hamás sobre Gaza.

¿Podrán las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina (con permiso israelí para transitar a través de su territorio) conquistar Gaza? Si 70.000 individuos de las fuerzas israelíes pudieron solamente penetrar 3 kilómetros en Gaza en el 2014, ¿cuan realista es esperar que unos pocos miles de soldados de la Autoridad Palestina se apoderen de Gaza y luego la retengan? Después de todo, la Autoridad Palestina gobernó Gaza entre 1994-2007, solo para ser expulsada despiadadamente por Hamás, que desde entonces ha consolidado masivamente su poder. Tengan la seguridad de que Hamás ya ha excavado túneles bajo posibles bases militares de la Autoridad Palestina en Gaza, tal como lo hizo contra las fuerzas israelíes durante la guerra terrorista palestina de principios de la década del 2000 (considerada como la “Intifada Al-Aqsa”). El destino del ejército de la Autoridad Palestina en Gaza está sellado.

¿Qué se dice de los poderes externos? ¿Qué tan probable es que Estados Unidos envíe fuerzas a Gaza? ¿Qué probabilidades existen de que los europeos, que tienen que lidiar con Putin, Erdogan, las consecuencias de la crisis en Libia y mucho más, lo hagan?

Las respuestas a estas preguntas son obvias.

Y, finalmente, ¿puede esperarse que la población israelí desee que las FDI entren en la contienda en nombre del octogenario Abbas, que alterna entre burlarse del estado judío a cada momento que puede y financiar a las familias de los terroristas y cuyo comportamiento revela una actitud decidida y total de negación a la condición de pueblo judío y de la historia judía, en particular el Holocausto? Es muy poco probable que los israelíes vuelvan a admitir que son “víctimas de la paz” que se les pidió fueran durante el fallido proyecto de Oslo.

Con las elecciones israelíes a la vuelta de la esquina, a Livni debería instársele a presentar un pensamiento estratégico mucho más realista que coloque la disuasión militar en el centro del tapete. La población israelí no se dejará engañar de nuevo con discursos ilusorios.

 

Hillel Frisch es profesor de estudios políticos y estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan e investigador asociado en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat.

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