No existe solución mágica al desafío de Hamás – Por Prof. Efraim Inbar

La reciente declaración por un alto funcionario del Ministerio de Defensa israelí que “la próxima ronda de conversaciones debe ser la última para el gobierno de Hamás”, revela un profundo malentendido en la confrontación Hamás-Israel. La utilización de una fuerza masiva en una operación militar “definitiva” no puede purgar a Hamás de Gaza ya que posee raíces profundas dentro de la sociedad palestina. Incluso si la máquina militar de Hamás fuese demolida, la infraestructura civil de la organización continuara existiendo. La única opción sensata por parte de Israel es continuar empleando una estrategia militarmente modesta y políticamente calibrada de “podar el césped”, la cual está diseñada para ocasionalmente hacer retroceder las capacidades militares de Hamás y reforzar su efecto disuasorio por un período ciertamente limitado.

Una fuente de las altas esferas del Ministerio de Defensa en Israel dijo recientemente que una confrontación con Hamás es inevitable y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) deben estar preparadas para ello. La fuente agregó, de manera significativa, que “la próxima ronda de combates debe ser la última para el gobierno de Hamás”.

Tal declaración revela un profundo malentendido tanto como del oponente de Israel y las dificultades de Israel. Hamás es de hecho un enemigo implacable de Israel. Su compromiso ideológico con la destrucción del estado judío está consagrado en su pacto y es propagado en todos los órganos educativos patrocinados por este. Hamás ha actuado por su odio organizando numerosos atentados suicidas, cavando túneles para facilitar la penetración de ataques terroristas y lanzando miles de cohetes hacia pueblos y ciudades de Israel. Este merece ser el objetivo de las acciones militares israelíes.

Sin embargo, es un error creer que es posible erradicar a Hamás de Gaza y destruir sus capacidades de una buena vez. No existe una solución definitiva al desafío terrorista militar de Hamás.

A pesar de las afirmaciones a lo contrario por la derecha israelí, el final del mandato de Hamás no es un objetivo militar fácilmente alcanzable. Las raíces de Hamás están profundamente arraigadas en la sociedad palestina, particularmente en Gaza. Las encuestas muestran consistentemente que el 35% de los palestinos ve favorablemente a Hamás; y en Gaza, el nivel de apoyo es siempre mayor. Una encuesta reciente indica que si se celebraran nuevas elecciones hoy en Cisjordania y Gaza, el candidato de Hamás Ismail Haniyeh, obtendría un mejor resultado que Mahmoud Abbas.

Hamás no puede ser simplemente erradicado por individuos ajenos que conquisten Gaza y luego re-ingeniar políticamente a la sociedad palestina. Uno no puede importar un liderazgo elegido a dedo. Incluso si el gobierno de Hamás pudiese ser eliminado, su infraestructura civil continuara existiendo.

Las llamadas desde la izquierda israelí a una “solución política” son igualmente poco realistas. Hamás, el Yihad Islámico y los grupos salafistas ven a Israel como una aberración teológica. Estos pudieran aceptar treguas temporales a regañadientes, pero continúan rechazando categóricamente cualquier curso de acción diplomático destinado a resolver totalmente el conflicto palestino-israelí. El compromiso fanático de estas milicias a una ideología radical y a una estrategia paciente de resistencia violenta (muqawama) significa que el conflicto continuará durante un tiempo.

Israel debe ser realista sobre lo que puede lograrse por medios militares. El poderío debería aplicarse no para alcanzar objetivos políticos imposibles, sino para el servicio de una estrategia de desgaste a largo plazo diseñada a debilitar las capacidades del enemigo y exigir valores con el objeto de intensificar una disuasión temporal.

El embate desde el aire y un avance terrestre israelí por ejemplo, puede demoler parte de la infraestructura militar de Hamás y matar a combatientes de Hamás. Una ofensiva terrestre puede crear malestar dentro de la organización de Hamás, haciendo que su liderazgo militar cometa errores que pudieran dar lugar a mejores acciones de inteligencia y ataques aéreos dirigidos mucho más exitosos. La destrucción de los túneles terroristas – siendo estos mismos una amenaza exagerada – es también un objetivo militar alcanzable. Por otra parte, las operaciones ocasionales a gran escala tienen un efecto disuasorio temporal que crea períodos de calma a lo largo de las fronteras de Israel.

A medida que las rondas de violencia con Hamás continúan y las perspectivas de una solución pacífica se hacen cada vez más remotas, una frustración comprensible surge por la falta de un final claro militarmente hablando. Pero la fuerza militar puede ser útil en las guerras limitadas, incluso sin el objetivo de un conflicto interminable. Hamás debe ser castigada por su agresión y se le debe recordar el costo que debe pagar para continuar sus acciones de violencia contra Israel. Y a nivel práctico, un período de calma puede lograrse destruyendo las capacidades que son ambas difíciles y costosas de reconstruir. Comprar tiempo es un objetivo militar legítimo.

El mayor objetivo es la creación de una realidad en la que los residentes israelíes pueden seguir viviendo su vida sin la continua amenaza del terrorismo indiscriminado y en el que se le haya propinado un golpe significativo a la infraestructura terrorista de Hamás. Hasta el momento, el gobierno israelí ha adoptado sabiamente estos objetivos políticos y militares limitados, una estrategia denominada “podar el césped”.

Esta estrategia tiene un efecto positivo tanto dentro como fuera de las fronteras del conflicto. Otros actores en el Medio Oriente están observando y ellos también necesitan de un vívido recordatorio de que la agresión contra Israel puede ser costosa. En este vecindario difícil, la falta de acción se percibe como debilidad, perjudicando la disuasión e invitando a la agresión.

En la última ronda del conflicto con Hamás, Israel le demostró a sus vecinos que su sistema de defensa antimisiles puede detener las amenazas de cohetes lanzados mientras mantiene una normalidad relativa en el frente interno. Israel también señaló su determinación de responder a los ataques a través de su disposición de participar en operaciones terrestres a pesar de la posibilidad de presentar bajas en sus tropas.

La pregunta de “¿Cuándo terminará esto?” es inherentemente errada. No existe, por desgracia, un final a la vista. Mientras las motivaciones básicas de Hamás sigan siendo las mismas, la lucha violenta continuara. Pero esto no significa que períodos significativos de calma no puedan alcanzarse a través de las acciones militares.

El pensamiento estratégico israelí es sustancialmente diferente del pensamiento estratégico occidental actual sobre el tema de cómo enfrentar los desafíos militares no estatales. Los occidentales son más orientados a las soluciones, lo que explica en parte el por qué tantos de ellos no entienden el enfoque de Israel.

Contra un enemigo implacable, bien atrincherado sin un estado como Hamás, Israel tiene que “podar el césped” de vez en cuando para degradar las capacidades del enemigo. Israel probablemente se verá comprometido en una guerra de desgaste contra Hamás durante un largo tiempo. Mantener el enemigo desbalanceado y reducir sus capacidades requerirá de la preparación militar israelí y la disposición a usar el poderío de forma intermitente, mientras se mantiene un frente interno israelí sano y resistente a pesar de lo prolongado que pueda ser el conflicto.

 

Efraim Inbar, es director del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat, profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Bar-Ilan y compañero Shillman/Ginsburg en el Foro Medio Oriente.

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