Netanyahu: Más un Jabotinsky que un Beguin o Ben-Gurion – Por Dr. Gil Samsonov

Al favorecer el enfoque político sobre el militar, Binyamin Netanyahu es el sucesor directo de Ze’ev Jabotinsky, quien abogó por el sionismo político de forjar una alianza con una potencia mundial. La perspectiva de Netanyahu es evidente en su estrategia de gestionar conflictos con respecto a la OLP, Hamás y Hezbollah, mientras se enfoca en combatir contra el principal enemigo de Israel, Irán. Incluso allí, Netanyahu ha preferido el camino de la lucha política, en cooperación con los Estados Unidos y el uso de sanciones en lugar de una guerra.

Imagen: El Presidente Donald Trump y el Primer Ministro Binyamin Netanyahu en el Museo de Israel, Jerusalén, 23 de mayo, 2017 fotografía de la Embajada de los Estados Unidos en Tel Aviv vía Wikipedia

Ahora que Binyamin Netanyahu ha superado a David Ben-Gurion en la longitud de su servicio en el cargo de primer ministro, los medios de comunicación israelíes han comenzado a compararlos – luego de años de comparar desfavorablemente a Netanyahu con Menajem Beguin (a quien atacaron regularmente durante su propio cargo como extremista belicista).

El propio Netanyahu, sin embargo, nunca se ha considerado a sí mismo el sucesor de Beguin. De hecho fue más bien al contrario. Beguin no fue una figura admirada en el hogar de Jerusalén donde creció Netanyahu.

El padre de Binyamin Netanyahu, Ben Tzión, siendo este mayor que Beguin, fue discípulo y seguidor de Ze’ev Jabotinsky. Antes que Beguin llegara a la Palestina Mandatoria, Ben Tzión Netanyahu era secretario personal de Jabotinsky y miembro de la alianza activista de Abba Ahimeir, Uri Zvi Greenberg y Yehoshua Yevin. Al igual que su mentor, Ben Tzión Netanyahu defendió el sionismo político de forjar una alianza con una potencia mundial, a diferencia de Avraham Stern (“Yair”), David Raziel y después de ellos Beguin y Yitzhak Shamir, quienes eligieron la rebelión militar contra Gran Bretaña como la ruta principal y primordial hacia la independencia.

Jabotinsky, al igual que Netanyahu padre, creía en el enfoque político y lo consideraba superior a la opción militar. Por lo tanto, este creyó y trabajó por una alianza con Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial. Junto a Joseph Trumpeldor, este creó la Legión Judía en esperanzas de que fuese la base de un ejército judío y de un estado judío, una vez establecido como el tributo de Gran Bretaña a la contribución de los judíos.

A finales de la década de los años 1930, Jabotinsky se desesperanzó de la Gran Bretaña, pero en lugar de elegir tácticas militares, viró sus esfuerzos de establecer un estado judío en los Estados Unidos, el cual había surgido como una potencia mundial en ascenso. Jabotinsky murió antes del Holocausto y es difícil saber qué camino hubiese elegido: el de su discípulo y sucesor Beguin, que optó por rebelarse contra la Gran Bretaña, que prohibió a los judíos ingresar a la Palestina Mandatoria, ya que tenía la obligación de hacerlo bajo el mandato de la Liga de Naciones y que obstruyó el surgimiento de un estado judío, o el camino político al cual este se enrumbó antes de su muerte.

Tal como describí en mi libro “Los Príncipes”, Binyamin Netanyahu es el hijo ideológico de Ben Tzión Netanyahu y nieto ideológico de Jabotinsky y de Nathan Milikowsky (su abuelo biológico y un Jabotinskyano por excelencia).

En su manera de opinar, sus discursos y acciones, Binyamin Netanyahu no ha seguido el camino de rebelión de Beguin ni ha exaltado su mandato como primer ministro, que incluyó las concesiones de Camp David y la Primera Guerra del Líbano. Durante sus 13 años en el cargo, Netanyahu no se ha esforzado por lograr una paz utópica al estilo Oslo y se ha opuesto a los retiros unilaterales de Gaza y el Líbano. Ha optado más bien por ser precavido y responsable, por gestionar los conflictos en lugar de esperanzas e ilusiones de paz de sus predecesores.

Netanyahu ha creído y ha trabajado para la formación de relaciones tranquilas y profundas con los estados árabes basadas en un interés mutuo, a la manera de Jabotinsky. Este no ha tratado de hacer concesiones a cambio de paz o de comerciar con territorios a cambio de acuerdos firmados como la mayoría de sus predecesores inmediatos (con la única excepción de Shamir).

Al favorecer siempre un enfoque político sobre el militar, Netanyahu es el sucesor directo de Jabotinsky; por lo tanto, este opta por gestionar los conflictos con la OLP, Hamás y Hezbollah mientras concentra sus esfuerzos en contener al actual principal enemigo de Israel, Irán. Allí también, Netanyahu ha preferido el camino de la lucha política, en cooperación con los Estados Unidos y junto al uso de severas sanciones en lugar de la guerra. Es cierto que este se preparó y amenazó con un ataque contra el reactor nuclear iraní; pero siempre supo y le hizo saber a Washington, que este era un plan B. Aún así, utilizó con éxito la amenaza militar para incitar ante la administración Obama, en contra de su inclinación, de imponerle sanciones a Irán.

Toda su vida, Netanyahu, al igual que Jabotinsky, ha mantenido el principio de una alianza con alguna gran nación del gran poder. Al mismo tiempo, cuando se encontró frente a una administración estadounidense hostil y orientada al apaciguamiento, no rehuyó luchar con el Presidente Obama por un cambio de dirección mientras reclutaba la opinión pública estadounidense y del Congreso hacia su causa. Este luego logró establecer excelentes relaciones con el subsecuente ocupante de la Casa Blanca en un nivel de cercanía que ningún otro líder en el mundo disfrutó. Por lo tanto, Netanyahu ha logrado obtener el respaldo estadounidense ante Siria, Irán y la Autoridad Palestina, así como también el reconocimiento estadounidense de Jerusalén y el Golán.

Netanyahu también ha formado estrechos lazos personales y sin precedentes con los líderes de India, Rusia y (en menor medida) China, incluyendo muchas reuniones personales con los líderes de estos poderes, que en el pasado no solo evitaban reunirse con los líderes israelíes, sino que eran abiertamente hostiles al estado judío.

En el dominio legal no existe ninguna diferencia verdadera entre Jabotinsky, Beguin y Netanyahu. Los tres respetaron las cortes y el sistema legal. Los tres eran hombres de leyes. Contrariamente a los alegatos de sus adversarios, Netanyahu ni ha perjudicado a los tribunales ni ha injuriado a los jueces de Israel.

Sin embargo, en los últimos 20 años, la derecha israelí ha sentido que el sistema legal ha cambiado sustancialmente. La Corte Suprema nunca ha sido la misma desde la revolución activista del Presidente del Tribunal Supremo Aharon Barak. La derecha política ha tenido la fuerte impresión de que la Corte Suprema se opone a la existencia y, mucho menos a la expansión, de las comunidades en Cisjordania y que el partido izquierdista Meretz y luego las ONG izquierdistas hicieron de la Corte su morada. A la derecha política le parece que la Corte Suprema y el Ministerio de Justicia se han convertido en una fuerza opuesta al gobierno, una que busca imponer el mandato de la institución legal sobre los poderes legislativo y ejecutivo en un momento en que la oposición parlamentaria se le ve muy débil e incapaz de alcanzar el poder.

El propio Netanyahu fue atraído hacia este campo de acciones contra su voluntad cuando se convirtió, tal él como lo ve, en blanco de persecución, difamación y de filtración de información falsa. Sin embargo, ha practicado la moderación y lo continúa haciendo.

Lo que es común a Netanyahu, Beguin y a Jabotinsky es que los tres fueron líderes admirados que lideraron sus movimientos durante décadas. Los tres fueron objeto de críticas muy mordaces por parte de las instituciones académicas, la izquierda y por los medios de comunicación. Los tres fueron representados como fascistas extremistas, peligrosos, belicistas, incitadores y populistas. Ben-Gurion y los diarios del campo de trabajo ridiculizaron a Beguin (“el hombre sentado junto diputado Bader” en la despectiva frase de Ben-Gurion) y ante él Jabotinsky (“Vladimir Hitler”, tal como lo injuriaba Ben-Gurion). El punto más bajo llegó cuando Ben-Gurion le ordenó a su comandante Itzjak Rabin bombardear con el “cañón sagrado” al Altalena, un barco con sobrevivientes del Holocausto, con pleno conocimiento de que no representaba una amenaza y que el líder de la oposición Beguin se encontraba en el.

Los tres líderes derechistas fueron vilipendiados por la élite y el establishment y cuanto más vilipendiados fueron, más les apreciaban sus propios bandos. Sus partidarios fueron representados como plebe, similares a una masa sin sentido alguno arrastrada por líderes populistas.

Pero cuando se trata de comparar a Netanyahu con Ben-Gurion y Beguin, uno debe atenerse a los hechos – no torcer la realidad y la historia con el propósito de adaptarse a perspectivas políticas egoístas o a la oposición ejercida sobre un líder actual.

 

El Dr. Gil Samsonov es publicista y autor del libro The Princes (Kinneret Zmora-Bitan, 2015) (en hebreo).

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