Mientras los yihadistas hacen los titulares, la Irán fundamentalista está obteniendo grandes logros – Por Prof. Hillel Frisch

La política de los Estados Unidos en respuesta a ambos Irán y al Estado Islámico es confusa y contradictoria. Mientras los Estados Unidos apaciguan a Irán, este impulsa a otros estados de la región a aliarse con los mismos yihadistas que los Estados Unidos atacan. Washington debe reexaminar la amenaza iraní confrontándola, en lugar de apaciguar a sus líderes.

Las decapitaciones del Estado Islámico no sólo hacen horripilantes los titulares, sino que también influyen emocionalmente sobre los líderes de los estados importantes donde la razón en lugar de la emoción debería prevalecer. Para contrarrestar a los yihadistas por sus decapitaciones, los Estados Unidos y sus aliados, mientras libran una campaña de bombardeos aéreos contra el Estado Islámico (anteriormente ISIS), están igualmente ocupados apaciguando a Irán, que creen erróneamente está de su lado contrario a los movimientos de los yihadistas sunitas.

Esto es lamentable ya que mientras los yihadistas han sido efectivamente contenidos, tal como la retirada del Estado Islámico de Kobani, la ciudad kurda siria en la frontera turco-siria, demuestra que después de casi cinco meses de tratar de invadir la ciudad, Irán se ha estado anotando grandes logros regionales. Lo hace a través de sus apoderados, la chiita Ansar Al-Islam, más conocido como los houthis, en Yemen y a través de Hezbolá en el Líbano. Ambos movimientos no son menos fanáticos y brutales que sus rivales yihadistas. El lema oficial de los houthis es “Muerte a los Estados Unidos, Muerte a los Judíos”.

En Yemen, los houthis luego de hacerse cargo de San’á, la capital y la mayor parte del país, impuso un asedio de tres semanas contra el palacio presidencial que forzó la abdicación del presidente electo. Ahora le han dado a los partidos políticos una moratoria de tres días para satisfacer sus demandas sin hacer concesiones propias. Un baño de sangre yace en el horizonte luego que el alcance de Irán incluirá no sólo el estrecho de Ormuz, sino Bal Al-Mandeb, los angostos estrechos entre Yemen y el este de África a través del cual fluye el 14% de la energía del mundo y una de las principales arterias internacionales del comercio hacia el canal de Suez.

En el Líbano, Hezbolá está extendiendo su alcance profundo dentro del ejército libanés mientras este último se ve envuelto cada vez más en la lucha contra los grupos yihadistas, principalmente Jabhat Al-Nusra, una filial de Al-Qaeda. La creciente alianza entre la milicia y el ejército bajo el manto de Irán, que ha incluido visitas de alto rango y de alto perfil de principales políticos iraníes, diplomáticos y asesores militares al Líbano y su ejército en los últimos meses, ha envalentonado al Hezbolá a explorar las posibilidades de abrir un segundo frente chiita contra Israel desde los controlados Altos del Golán sirios. Su líder Nasrallah amenaza con atacar a Israel, incluyendo un intento por arrebatarles el territorio de la Galilea al norte de Israel.

Nasrallah apenas ha contenido sus amenazas al frente israelí. En otro discurso, amenazó al pequeño golfo del Reino de Bahréin de que escuadrones letales podrían infiltrarse en el país y crear mayores estragos si su supresión a la mayoría chiita y el arresto de los líderes políticos chiíes continúa. El Reino sunita de Bahréin se ha enfrentado a una fuerte y a menudo violenta oposición chiita desde el estallido de la primavera árabe hace cuatro años, que esta ha suprimido con la ayuda de Arabia Saudita y otros estados del Golfo, todos los cuales son sunitas. Nasrallah, siguiendo los pasos de varios líderes iraníes, también ha acusado al asediado Reino de naturalizar a los paquistaníes y afganos sunitas, muchos de los cuales son miembros de sus fuerzas de seguridad, en un intento por transformar a la minoría sunita que gobierna el país en una mayoría.

Estos logros, la toma de control en Yemen, que desde el punto de vista de Arabia Saudita y la de la mayoría de los estados del Golfo, es el segundo estado árabe después de Irak en caer bajo el control de Irán, y su creciente dominio sobre el Líbano no habría sido posible si Irán no se hubiese envalentonado a sí mismo por la sensación de que su expansión tanto en el programa nuclear militar así como también su alcance regional cada vez mayor está siendo confrontado por un Occidente que apacigua a Irán en lugar de confrontarlo.

En lugar de presionar a Irán, el Presidente Obama se ha opuesto a gritos a los intentos en el Congreso de incrementar las sanciones en anticipación de la fecha límite de junio para llegar a un acuerdo sobre el tema nuclear y el Secretario del Departamento de Estado Cary ha tenido varias reuniones de alto nivel con el ministro de Asuntos Exteriores iraní Mohammad Zarif caracterizadas como fructíferas y cordiales.

¿Qué otra cosa podrían entonces pensar los líderes iraníes después de interminables negociaciones con Irán durante el cual Irán desarrolla sus capacidades nucleares militares? Como no podrían pensar en otra cosa mientras los Estados Unidos continúa sus ataques con aviones no tripulados en contra de Al Qaeda y creando alianzas de tribus sunitas en Yemen?

La política estadounidense de apaciguar a Irán y sus aliados no tiene sentido. En Irak y Siria puede estar atacando al Estado Islámico, pero en apaciguar a Irán, está llevando a los estados y tribus sunitas moderados en Irak y Yemen a aliarse con los mismos yihadistas a los cuales estos están atacando.

Esta política de apaciguamiento hacia Irán está aparentemente justificada por una doctrina más amplia de la que los Estados Unidos tienen que replegarse extendiendo en demasía los enfrentamientos militares que caracterizaron la década anterior por el equilibrio “en alta mar” entre Irán, Turquía, Egipto, Arabia Saudita e Israel, los principales actores regionales en la zona, independientemente del grado de amistad que estos actores muestran hacia los Estados Unidos. Los promotores de esta doctrina argumentan que estos actores se limitan entre sí a producir un mínimo de estabilidad con poco o ningún costo en sangre estadounidense o en tesoro.

La doctrina pudiera tener atractivo teórico, pero es poco realista, principalmente porque dos de los actores, Irán y Turquía tienen ambiciones imperiales sobre la base de un pasado imperial y una perspectiva teocrática radical. Esto es especialmente cierto de Irán.

El eventual avance nuclear de Irán y su alcance regional crece a través de sus apoderados viciosos sólo puede desestabilizar la región a través de la proliferación nuclear. La propensión a los estados petroleros existentes en ir dentro del mismo vagón que Irán, puede permitirle a Irán controlar la mayor parte de los recursos mundiales de petróleo – en detrimento de los intereses vitales de Estados Unidos y de los europeos. Por otra parte, existe el peligro de que un estado como Arabia Saudita se convierta en nuclear pueda caer bajo las manos de los yihadistas.

La política de Estados Unidos debería cambiar de rumbo en dos maneras significativas. Primero, darle primacía en cumplir la amenaza iraní confrontándolo en lugar de apaciguar a sus líderes. Segundo, dejen que Irán confronte el problema jihadista en lugar de hacerlo dentro del mismo vagón a costa de los Estados Unidos. A pesar de las decapitaciones, los intereses occidentales estarían mejor servidos si los yihadistas en Irak y Siria se convirtieran en el Vietnam de Irán, cuyos costos obligarían a los iraníes a abandonar su programa nuclear militar y pondrían fin a su intento de hegemonía regional que sólo esparciría el caos en la región.

 

 

El Prof. Hillel Frisch es investigador asociado senior en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat, es profesor de ciencias políticas y estudios del Medio Oriente en la Universidad de Bar-Ilan.

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