Mi solidaridad con el pueblo palestino – Por Ilan Hurvitz

Si buscáramos el significado de palestino en el diccionario encontraremos como definición «Relativo a Palestina o a sus habitantes».

Fue el emperador romano Adriano durante el siglo II d. C. quien creo Palestina. Para poner fin a las reivindicaciones de los judíos sobre Judea y su adorada Jerusalén, cambió el nombre de Judea o Israel por Palestina, al mismo tiempo que fundaba Aelia Capitolina sobre la antigua Jerusalén. La Legio X Fretensis fue la encargada de protegerla durante el resto del período romano y evitar que los judíos volviesen a la ciudad.

Desde entonces el territorio estuvo bajo el dominio de diferentes reinos e imperios y recibió otros nombres.

Cuando termino la Primera Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña se repartieron los antiguos territorios otomanos en el Medio Oriente. Francia se quedó con la Siria Septentrional, la cual dividió posteriormente en el Líbano y Siria actual, y Gran Bretaña con la mayoría de la Mesopotamia, en la cual crearon Irak, y la Siria Meridional, entonces rebautizada Palestina, un territorio habitado por palestinos árabes y judíos, que debería «asegurar el establecimiento de un hogar nacional judío» según el mandato otorgado por la Liga de Naciones al Reino Unido.

Sin embargo, en 1922 Gran Bretaña seccionó dos tercios de su territorio, todo lo que quedaba al este del río Jordán, para crear el Emirato de Transjordania, a cuyo cargo colocaron al príncipe Abdalá I, hijo del Jerife de La Meca, en compensación por su ayuda en la lucha contra los otomanos. De esta manera gran parte de los palestinos árabes de Palestina pasaron a ser súbditos del príncipe hachemita. Palestinos árabes y no judíos porque allí no había permiso para la radicación judía. Nadie protestó ante esta decisión.

Pero, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se tuvo noticias de la dimensión del holocausto, predominó la decisión de impulsar la creación de un estado judío. Las Naciones Unidas, sucesora de la Liga de Naciones, votaron el fin del mandato británico y la partición de Palestina, lo remanente al oeste del rio Jordán, en dos estados, uno judío y otro árabe. No establecía que alguno se llamase Palestina, ambos eran parte de Palestina. Los judíos celebraron la resolución, pero el liderazgo árabe de Palestina y los países árabes en su conjunto se negaron a aceptar la partición por lo que iniciaron una guerra.

Uno de los dirigentes árabes de Palestina más destacado de la época fue el «Gran Muftí de Jerusalén», Haj Amin al Husseini, un líder religioso fanático responsable de numerosos ataques a los judíos durante el Mandato Británico de Palestina y principal aliado islámico del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial, ya que básicamente tenían los mismos enemigos en común, los británicos y los judíos.

Consecuencia de esta guerra desigual, a la que los judíos de Palestina llamaron «Guerra de Independencia» y a la que los árabes de Palestina llamaron la Nakba, la «catástrofe», nacía el Estado de Israel y aparecían los refugiados.

A diferencia de los ignorados 850 mil refugiados judíos que fueron expulsados de casi todos los países árabes e Irán en venganza por tan humillante derrota, y que, pese a las dificultades del recién creado Estado, fueron recibidos e integrados en la sociedad; los refugiados árabes palestinos fueron encerrados por sus hermanos en campamentos de refugiados, donde se les aisló —con excepción de Jordania— y se les privo de la posibilidad de integración. Trato muy diferente al que recibieron, por ejemplo, en países tan distantes como Chile, que tiene más población palestina que Egipto, Líbano o Siria, donde viven totalmente integrados en la sociedad. Ningún líder palestino denunció ante los medios de comunicación y/u organizaciones de defensa de derechos humanos las atrocidades perpetradas por los árabes contra sus hermanos palestinos.

Al mismo tiempo que nacía el Estado judío de Israel y David Ben-Gurión se transformaba en su primer Primer Ministro, algunos países árabes se anexionaban el territorio asignado por la ONU al Estado árabe de Palestina. Transjordania se anexó Cisjordania y Jerusalén Este, lo que motivó su cambio de nombre; a partir de 1949 paso a llamarse Jordania, ambos lados del río Jordán, y Egipto ocupó la Franja de Gaza, convirtiéndola en pista de lanzamiento de ataques de combatientes palestinos, los llamados fedayines, a poblaciones de Israel. La ocupación jordana y egipcia de esos territorios duró 19 años y durante todo ese tiempo, ningún líder árabe local o extranjero insistió nunca en que Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza fueran convertidas en un estado palestino.

Cuando en 1967 se produjo la Guerra de los Seis Días, Israel venció nuevamente a los beligerantes ejércitos de Egipto, Siria y Jordania. Fue entonces cuando capturó la Franja de Gaza y la península del Sinaí a Egipto, Cisjordania y Jerusalén Este a Jordania y los Altos del Golán a Siria. La guerra no fue contra los árabes palestinos, sino contra estos países beligerantes.

No obstante, su victoria, la devenida «potencia ocupante» propuso grandes devoluciones territoriales a cambio de paz. El entonces Primer Ministro Levi Eshkol pensaba que «el éxito militar abría nuevas posibilidades diplomáticas que podían cambiar el statu quo entre Israel y sus vecinos árabes».

La Liga Árabe se reunió en Jartum, la capital de Sudán, donde emitieron la tristemente célebre «Resolución de Jartum», también llamada la de los «tres no»: no al reconocimiento de Israel, no a la paz con Israel y no a las negociaciones con Israel.

De esta manera, los árabes palestinos pasaron de la ocupación jordana y egipcia a la inesperada ocupación israelí. La relación con los palestinos fue buena y gracias al turismo y el intercambio comercial con el resto de Israel empezó a mejorar su calidad de vida. Las ciudades y aldeas árabes estaban a cargo de intendentes árabes democráticamente electos y todas las mezquitas y los lugares sagrados del islam eran administrados por autoridades musulmanas. Su territorio era recorrido sin problemas. No había muros de separación ni puestos de control.

Sin embargo, los judíos no eran sus hermanos. Es a partir de este momento que comienza a forjarse la identidad del pueblo palestino, definidos a la contra, es decir, basado en el odio. Pueblo palestino se refería a partir de ahora sólo a los árabes de Palestina.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), se transformó en su portavoz y comenzó a reivindicar una «patria palestina» y la destrucción del Estado de Israel. En lugar de proponer negociaciones la OLP eligió profundizar la vía terrorista. Los fedayines palestinos no sólo cruzaban la frontera para cometer atentados en territorio israelí, sino que también lo hacían en el plano internacional, se dedicaron a secuestrar aviones, atacar aeropuertos, asaltar a embajadas o asesinar deportistas.

Diversas facciones de la OLP usaban el territorio jordano cercano a la frontera con Israel para construir bases guerrilleras y entrenar a sus soldados.

Bajo el liderazgo de Yassir Arafat, sobrino del antiguo «Gran Muftí de Jerusalén», Al Fatah se convirtió en la facción dominante de la OLP. Se trataba de un movimiento nacionalista secular fundada en 1958 en Kuwait.

El segundo grupo en tamaño en aquella época, por detrás de Al Fatah, era el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), una organización nacionalista secular y de izquierda marxista-leninista, fundada en 1967 por el doctor George Habash.

Debido a los constantes enfrentamientos entre los guerrilleros palestinos y las fuerzas armadas reales de Jordania y al convencimiento del monarca que los palestinos consideraban a la actual Jordania como parte de la anhelada Palestina, el 16 de septiembre de 1970, Hussein declaró la ley marcial y comenzó una campaña en todo el país contra todos los grupos palestinos que actuaban en su territorio. El incidente, conocido como «Septiembre Negro», causo la muerte de unos veinte mil palestinos, y el rechazo de la corona jordana a seguir acogiéndolos como súbditos.

Ante la negativa Siria de acogerlos en su territorio, casi todos los grupos armados establecidos en Jordania huyeron al sur del Líbano, reconstruyendo en dicho país lo que ocurría anteriormente en Jordania, destrozando claro está, la armonía entre las comunidades libanesas y generando la guerra civil en abril de 1975. De la cual la OLP participó activamente en una alianza con la izquierda libanesa y los sunitas árabes contra los cristianos, al mismo tiempo, que lanzaba ataques contra Israel.

Tras la invasión de Israel al Líbano en 1982 con el objetivo de destruir la infraestructura de la OLP en dicho país, sus dirigentes tuvieron que huir a Túnez. Pero la tropa y muchos refugiados no tuvieron esa suerte y fueron sacrificados por milicias cristianas en venganza después de siete años de conflicto y por los crímenes que la OLP cometió en suelo libanés.

Antes de la Guerra del Golfo, 400.000 palestinos vivían en Kuwait sobre un total de 2 millones de habitantes en total. Cuando en 1990, Irak se apoderó de aquel territorio, el líder de la OLP fue uno de los primeros en brindar su apoyo a Sadam Hussein. Cuando el emirato fue liberado, unos 200.000 palestinos fueron expulsados del emirato, mientras que a otros 200.000 que huyeron durante la ocupación iraquí se les negó el retorno. Poco importó que esta población, la mayoría de la cual había residido en Kuwait durante décadas, no apoyara la imprudente decisión de la OLP.

En 1993, el gobierno israelí decidió convocar a la desacreditada OLP para iniciar un proceso de negociaciones tendientes a alcanzar una solución al conflicto palestino-israelí. Se firmaron los Acuerdos de Oslo, que les valió a Simón Peres, Isaac Rabin y Yassir Arafat el premio Nobel de la Paz.

La OLP se vio forzada a renunciar oficialmente a la práctica terrorista y a reconocer el derecho de Israel a existir; mientras que Israel legitimó a la OLP como el órgano representativo del pueblo palestino y facilitó su retorno triunfal a Palestina desde su exilio en Túnez. En cinco años, se debería firmar un acuerdo definitivo solucionando los asuntos más complejos: colonias, refugiados palestinos, fronteras definitivas y Jerusalén.

En 1994, conforme a dichos acuerdos, fue establecida la Autoridad Nacional Palestina (ANP), responsable de gestionar un autogobierno interino palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza. Algo probablemente insuficiente pero inédito hasta este momento.

En octubre de ese mismo año, el Reino de Jordania se convirtia en el segundo país, después de Egipto, en normalizar relaciones con Israel al firmar el tratado de paz entre ambos países.

En enero de 1996, se realizaron por primera vez las elecciones generales palestinas para elegir a los líderes de la Autoridad Nacional Palestina que administraría los territorios palestinos y negociaría con Israel la creación de un Estado Palestino. En las elecciones participaron muy pocos partidos, por lo que Al Fatah tuvo poca oposición, en especial porque su principal rival, Hamás, llamó a boicotear las elecciones, por lo que Arafat, el presidente provisional, y su partido, Al Fatah, ganaron por amplia mayoría.

En julio del 2000, Bill Clinton, Yassir Arafat y Ehud Barak se reunieron en Camp David, Estados Unidos, con el propósito de negociar un acuerdo definitivo en el conflicto palestino-israelí. Nunca como entonces pareció estar la paz tan cerca. Pero fracasó. Aunque el interlocutor del lado palestino se mantenía inalterable con el paso de los años, los interlocutores del lado israelí cambiaban fruto de los vaivenes políticos en dicho país.

Los palestinos habían logrado la pronta creación de un estado árabe-palestino independiente sobre casi todos los «territorios ocupados» y la soberanía compartida de Jerusalén. Pero Arafat rechazó la propuesta sin presentar una contrapropuesta, regresó haciendo la uve de la victoria y, dos meses más tarde, estalló la segunda intifada.

Jóvenes líderes de Al-Fatah, la llamada nueva guardia, junto a grupos fundamentalistas islámicos, asumieron rápidamente el control de la situación y desataron una ola de violencia, incluidos decenas de atentados suicidas contra civiles israelíes en centros comerciales, restaurantes, supermercados y autobuses públicos justificados por el martirio de la cruel ocupación.

Con la Intifada consiguieron que hasta los israelíes que apoyaban a los palestinos empiecen a callar y en 2001 Ariel Sharon, líder de la oposición, fue elegido primer ministro.

Con el objetivo de proteger a sus ciudadanos de ataques palestinos el gobierno israelí inicio la construcción de la llamada «Valla de seguridad» alrededor de gran parte de Cisjordania. Lo que provocaría restricciones al movimiento de la población, viviendas demolidas, tierras de cultivo confiscadas, pero que indiscutiblemente disminuiría el número de atentados.

La segunda intifada duró cinco años, provoco miles de muertos y aumento de la desconfianza por ambas partes.

El gobierno de Arafat fue criticado por su falta de democracia, corrupción generalizada y nepotismo.

Consecuencia de la fuerte presión internacional, en el 2002 Arafat aprobó finalmente la Ley Básica de la ANP, que el Consejo Legislativo Palestino había aprobado ya en 1995. La Ley Básica se consideró como una constitución provisional, que definía los derechos y libertades de los ciudadanos palestinos, así como, el papel y los poderes de la ANP, los cuales debían basarse en la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), y sus mecanismos de control.

Arafat se había negado a firmarla por considerar que una constitución sin tener un Estado era algo superfluo. El Consejo Nacional Legislativo, que es el brazo legislativo de la ANP y tenía que convertirse en la estructura decisional más importante de la ANP, era anulado por Arafat, que ejercía un poder absoluto en solitario. Él presidía el gabinete de ministros, hasta un total de 34, y controlaba las fuerzas de seguridad. A diferencia del primer gobierno de Israel que tomó en sus manos el monopolio de la fuerza, disolviendo a los diferentes grupos judíos armados que hasta entonces habían luchado por la misma causa, la ANP permitió que cada grupo palestino mantenga su propia milicia armada. La violencia en lugar de cesar se multiplicó.

Arafat se comprometía a una cosa y hacia otra.

A consecuencia de la negativa de la comunidad internacional de negociar directamente con Arafat, tras reiteradas promesas de reformas que no siempre se materializaron, y considerando que favorecía el terrorismo, en 2003 fue creado el cargo de primer ministro. Designado por el presidente y representante del partido o coalición con mas representantes en el Consejo Legislativo Palestino (CLP), sería el responsable de elegir un gabinete de ministros y de dirigir el gobierno, además, de las fuerzas de seguridad.

El primero en ocuparlo fue Mahmoud Abbas -el actual presidente-, quien renunció cuatro meses después por fuertes diferencias con Arafat, quien se negó a ceder el control de las fuerzas de seguridad.

De igual manera que el poder legislativo veía limitado su poder, el poder judicial veía cercenada su independencia. Además de los tribunales civiles y religiosos, la ANP creó un sistema judicial militar que carecía de casi todas las garantías del debido proceso, incluido el derecho a apelar las sentencias, y puede imponer la pena de muerte. Más personas morían, bajo tortura y malos tratos, en las cárceles palestinas que en las israelíes.

La Ley Básica de la ANP establecía que el Islam es la religión oficial de Palestina y la Sharia la principal fuente de legislación. Aunque aclaraba que «se mantendrá el respeto de todas las demás religiones celestiales (judaísmo y cristianismo)».

Pero lejos de promover los lazos entre las culturas y religiones, la ANP promovía el odio y la violencia contra los judíos e Israel. Lo hacían sus funcionarios en discursos públicos, en las transmisiones de radio y televisión, y a través de la educación de sus niños, a quienes se les enseñaba que Israel es el enemigo y que la muerte es una cosa buena.

En los territorios administrados por la ANP la población cristiana descendía y la judía era inexistente. Recordemos que los árabes israelíes conforman el 20 por ciento de los habitantes y la población cristiana en el país se mantiene estable.

La discriminación de las mujeres, la violencia de género y sexual, incluidos los «asesinatos por honor», son algo frecuente.

Estados Unidos y Europa se transformaron en el principal donante de la ANP. Cada palestino recibió, per cápita, el doble que los europeos por el Plan Marshall y aun así hay pobreza. No se dedicaron a construir fábricas, universidades, hospitales o escuelas sino para comprar armas, recompensar a los partidarios, ganarse a los indecisos y comprar oponentes si eso era posible. Mientras se enriquecían familiares y amigos, se empobrecía aún más la sociedad en su conjunto.

En octubre de 2004, Arafat enfermó y fue llevado a Francia, donde murió el 11 de noviembre de ese mismo año.

Mahmoud Abbas, el otro fundador de Al Fatah, que antes había renunciado por sus diferencias con el líder histórico, fue confirmado como sucesor de Arafat y se convirtió en el máximo dirigente de Al Fatah y presidente de la ANP tras las elecciones del 2005.

Con Abbas la situación no mejoró sino por el contrario empeoró.

La mayor preocupación de Abbas no es mejorar las condiciones de vida de los palestinos y avanzar en la consecución de un estado palestino independiente sino eliminar toda crítica u oposición, entre los cuales se incluyen periodistas, blogueros, defensores de los derechos humanos, disidentes en su propio partido o rivales políticos como Hamás o la Yihad Islámica.

Muchos gobiernos extranjeros se han mostrado reacios a continuar aportando dinero ya que la ANP continúa pagando una recompensa monetaria a los perpetradores de ataques contra los israelíes y sus familiares. Las cantidades pagadas se correlacionan con el número de personas que los terroristas logran convertir en víctimas. Es un sistema que no sólo fomenta la violencia, sino que hace del terrorismo una posible salida laboral para los jóvenes palestinos.

El nuevo currículo escolar de la ANP es significativamente más radical que los anteriores.

El objetivo de la ANP es deslegitimar y aislar a Israel en el plano internacional, donde nadie le reprocha su creciente autoritarismo, con la ayuda de diversos grupos internacionales como el movimiento antiisraelí de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Paradójicamente, los únicos empleos buenos en Cisjordania están en empresas israelíes, y el movimiento BDS está haciendo todo lo posible por eliminarlos.

Ehud Olmert, sucesor de Ariel Sharon, ofreció un acuerdo de paz aún más abarcativo que el de su antecesor Ehud Barak pero la respuesta palestina fue su rechazo. Poco después, Olmert abandono la vida política acusado de corrupción y se convirtió en el primer ex jefe de Gobierno encarcelado en la historia del Estado de Israel. Algo impensado en la realidad palestina y en el mundo árabe en general.

En las elecciones generales palestinas de enero de 2006. a diferencia de las anteriores de 1996, Hamás decidió presentarse, obteniendo un triunfo contundente que le permitió formar gobierno.

Sin embargo, la clasificación de Hamás como una organización terrorista y la negativa del nuevo gobierno a aceptar los acuerdos ya firmados que involucraban renunciar a la violencia y el reconocimiento del Estado de Israel, provocó sanciones económicas y presiones diplomáticas por parte de Israel y la comunidad internacional.

Hamás es la segunda fuerza política en los territorios palestinos y, quizás, la más popular. Su nombre significa «Movimiento de Resistencia Islámica». A diferencia de Al-Fatah, es un movimiento nacionalista religioso, una rama de los Hermanos Musulmanes de Egipto, la organización madre de numerosas agrupaciones islámicas yihadistas. Su objetivo es el de establecer un estado islámico no solo en la Franja de Gaza y Cisjordania, sino también en el actual territorio del Estado de Israel.

A pesar de ser sunní, mantienen una estrecha relación con Irán, el grupo libanés Hezbollah y países del golfo Pérsico como Qatar, de quienes obtienen armamento y financiación.

Las discrepancias políticas con Al-Fatah se dirimieron un año después en el terreno militar. En junio de 2007, ambos grupos se enfrentaron en cruentos combates en Gaza que terminarían con Hamás a cargo de aquel territorio y Al-Fatah limitada a Cisjordania. Los dirigentes de Al-Fatah que no consiguieron salir a tiempo de Gaza fueron torturados y varios asesinados (a algunos se les arrojó desde edificios).

El rasgo distintivo del gobierno de facto de Hamás es la eliminación de toda critica u oposición, imposición lenta pero consistente del Islam sobre toda la población y su afán por la destrucción del Estado de Israel. Invierten en túneles y cohetes, organizan «campamentos de verano» donde niños y jóvenes reciben adiestramiento militar en el marco «de la preparación para la liberación de Jerusalén» y realizan ejecuciones públicas de presuntos culpables de colaborar con Israel. Nada hacen por mejorar la calidad de vida de los 2 millones de personas que viven bajo su dominio en Gaza.

Toda la infraestructura, como caminos y cloacas, fueron obra y son mantenidas por asistencia internacional y no con los impuestos que el gobierno de Hamás cobra a sus ciudadanos. Curiosamente, a quien esta organización se proponía destruir, se le exigía asegurar el bienestar de su población por su condición de «potencia ocupante».

En agosto del 2005, Israel retiró unilateralmente al ejército y a unos ocho mil colonos de veintiún asentamientos judíos de la Franja de Gaza, cediendo su control interno a la ANP. Pero, lejos de considerar este hecho histórico como una señal que Israel no desea mantener la ocupación de los territorios habitados por mayoría palestina y de avanzar en el proceso de paz, transformaron este territorio en una base de ataques hacia Israel.

Consecuencia de las permanentes hostilidades, Israel impuso un bloqueo en el área, restringiendo el movimiento de bienes, servicios y personas, y realizó diversos ataques, incluidas diferentes guerras, que provocaron un elevado coste en términos humanos y de infraestructura. Paradójicamente, mientras Hamás utilizaba la infraestructura civil con fines militares y alentaba a los habitantes a actuar como escudos humanos en un deliberado intento de aumentar el número de bajas, Israel se esfuerza en reducir al mínimo las víctimas civiles. Resulta que su arma más poderosa es la muerte de civiles.

Egipto, por su parte, hizo lo propio con la frontera sur cerrando el paso de Rafah, principal vía de comunicación de Gaza con el mundo árabe, agudizando los problemas endémicos de la franja de Gaza. Algo que muchos desconocen o dejan de lado cuando critican el bloqueo israelí a Gaza.

La miseria de su gente ayuda a victimizarse y ganar la simpatía universal. Además, el extremismo se alimenta de la desesperación. El desempleo supera el 40% y 8 de cada 10 gafetíes dependen de la asistencia internacional para poder sobrevivir.

Aunque parezca extraño, gran parte de los árabes palestinos en Gaza y Cisjordania viven aún en campamentos de refugiados, al igual que muchos de sus compatriotas en el Líbano, Siria o Jordania, aunque la gran mayoría de ellos hayan nacido y vivido siempre en esos territorios. Resulta que los refugiados árabes de Palestina son los únicos refugiados del mundo a los que se les niega el derecho fundamental al reasentamiento y para los que la condición de tales es hereditaria y puede transmitirse a los descendientes a perpetuidad, generación tras generación. Consiguiendo de esta manera que se convirtieran en el único caso de refugiados del mundo sin solución. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), originalmente concebida en diciembre de 1949 como una organización temporal para atender específicamente a los refugiados palestinos cuando sólo eran unos 700.000, actualmente atiende a unos 5,3 millones de personas a quienes considera refugiados. Convirtiéndose en parte del problema y no de la solución.

Según la definición empleada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que se encarga de todos los refugiados del mundo, excepto de los palestinos, sólo a unos 30.000 ancianos, que fueron desplazados personalmente en 1948, se les consideraría refugiados hoy en día, y no a los 1,2 millones que actualmente figuran en las listas de la UNRWA en Gaza, 750.000 en Cisjordania, dos millones en Jordania, 420.000 en Siria y 300.000 en el Líbano.

Además, mientras que ACNUR reubica a decenas de miles de refugiados cada año, la UNRWA no ha reasentado a un solo refugiado en sus 65 años de existencia. Incluso durante la guerra civil en Siria los refugiados sirios fueron reasentados pero los palestinos no.

En 2016, por ejemplo, su presupuesto por refugiado fue cuatro veces superior al de la ACNUR: 246 dólares frente a 58.

Los diferentes intentos de reconciliación entre ambas facciones palestinas fracasaron. Básicamente Hamás pretendía transferir a la ANP el control de la administración pública y servicios básicos como salud y educación, que dependen de su financiamiento para su funcionamiento, mientras ellos mantenían el control de las armas y las fuerzas armadas.

Con el fin de presionar a Hamás a que ceda el control completo del poder, la ANP impuso recortes de salarios a miles de empleados públicos (lo que ha llevado a muchos a la jubilación anticipada), suspendió el pago de servicios médicos y la compra de combustible, necesario para la generación de electricidad, lo que ha agravado la crisis humanitaria que vive el territorio. Situación de la que se valen otros grupos terroristas como la Yihad Islámica, las Brigadas de Resistencia Nacional, las Brigadas Abu Ali Mustafa o las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa para poder crecer. A quienes, paradójicamente, Hamás debe perseguirlas –no para salvar el proceso de paz- sino para evitar perder poder.

Esta guerra fratricida, llamada Wakseh o «humillación» entre los palestinos por el daño auto infringido, provocó que desde el año 2006, no se volvieran a realizar elecciones para renovar las autoridades de la ANP. Desde entonces, el Parlamento palestino no ha funcionado con normalidad, y sin un Parlamento funcional, Abbas no hace sino aprobar leyes por «decreto presidencial».

En marzo del 2015, consecuencia de la demanda de seguridad por parte de la población y la prosperidad económica que vive el país, transformado en la octava potencia mundial a 70 años de su fundación, Benjamín Netanyahu, critico de los Acuerdos de Oslo, se convirtió en el único primer ministro de Israel electo tres veces consecutivas (2009, 2013 y 2015).

En noviembre de 2016, en el VII Congreso de Fatah, celebrado en Ramallah, Abbas fue reelegido presidente del partido en una votación a mano alzada en la que fue el único candidato propuesto y sin la presencia de miembros de las facciones rivales, oficialmente «a causa de la limitada capacidad del auditorio».

Los congresos de Fatah deberían celebrarse cada cuatro años, aunque el último fue en 2009 y el anterior en 1996. De esta manera Abbas, con más de ochenta años haciendo alarde de vitalidad, ostenta la presidencia de Al Fatah, la OLP y la ANP.

Mientras los misiles lanzados desde Gaza alcanzaban Tel Aviv, Israel lanzaba su primera nave espacial a la Luna.

Nadie conoce el final de esta historia, si es que tiene algún final. Lo que está claro es que, de haber existido una dirigencia palestina tolerante, ni siquiera pluralista y demócrata, al servicio de su gente y no su gente al servicio de ellos, la historia hubiera sido otra. Esta no hubiera sido una historia de terror, sino quizás una historia de amor, donde tres estados, Jordania, Israel y Palestina, conviven pacíficamente y colaboran entre si, conformando una unión política y económica llamada Unión de Estados de Palestina, o simplemente un drama, donde diferentes países, conviven con recelo y desconfianza, consecuencia de sus diferencias sociales y culturales.

 

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