Los árabes israelíes en la actual ola de violencia –Por Dorón Matza, Meir Elran e Itamar Radai (INSS)

La escalada de violencia que invadió el sector árabe de Israel, a la luz del deterioro de la situación de seguridad en los territorios de Cisjordania y en Jerusalén “No es una novedad”. Ejemplos importantes de esta se registraron también durante la primera Intifada y la primera fase de la segunda intifada – los conocidos “disturbios de octubre 2000”. Para muchos de los árabes en Israel, detrás de estas relaciones conflictivas está la intención y la acción institucionalizada de Israel de excluirlos del espacio cultural y político del país, dominado por la mayoría, que es la que impulsa la idea de la democracia “de un estado judío”. La opinión popular sostiene que los gobiernos israelíes intentan que la población árabe de Israel, en especial desde la publicación de los “documentos para la visión árabe”, impulsan una política de integración económica de la minoría árabe, basada en consideraciones económicas y regidos por la necesidad de aumentar la productividad del trabajo de dicho sector. Ante la compleja situación que se ha creado, el gobierno israelí debería trabajar con la minoría árabe de dos maneras, como se describe en el presente artículo: a. En el corto plazo, el principal reto es mantener el orden en la región árabe y aislar los eventos que ocurran en el este de Jerusalén. Es vital para estos esfuerzos que exista el diálogo entre la policía y los funcionarios del gobierno con los líderes árabes, evitando su exclusión y evitando presentarlos como elementos extremistas. b. Tras el final de los disturbios, el gobierno deberá acelerar de forma decidida y más amplia las medidas para aplicar esos procesos ya iniciados, con el fin de mejorar la integración económica de la población árabe.

La presente ola de incidentes violentos que acontecieron en los barrios árabes de Jerusalén Este y la propaganción de los mismos hacia el interior del Estado de Israel no excluyó a la minoría árabe. En la Galilea, en el Rectángulo, y dentro de las comunidades que se consideran bastiones de convivencia, como Yafo, también allí hubo manifestaciones y se produjeron algunos incidentes violentos. Añádase a esto casos aislados de apuñalamiento cometidos por ciudadanos árabes. Todo esto ha contribuído al miedo y a la ira entre la población judía, que a veces se manifesto de forma violenta, lo que a su vez aumenta el temor entre el público árabe frente a posibles actos de venganza… aumentando evidentemente la tensión entre ellos y la comunidad judía.

Esto no es algo nuevo. Ejemplos anteriores y notables lo hemos visto durante la primera Intifada y la primera fase de la segunda intifada. Estos disturbios, que ocurrieron hace exactamente 15 años, provocaron 13 muertes y decenas de árabes heridos, producto de graves enfrentamientos con la policía. En este contexto, se ha creado una profunda brecha en las relaciones entre los judíos y los árabes. Fenómenos similares, aunque de bajo perfil, se han registrado durante las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza en los últimos años. El fenómeno de la penetración de lo que sucede en la arena israelí-palestino hacia el interior de Israel demuestra que no se ha logrado eliminar el sentimiento de identidad nacional común entre los residentes palestinos de Israel y sus pares del extranjero. Una y otra vez se comprueba que, junto con el desarrollo de una identidad local especial se mantienen fuertes lazos con los palestinos de Cisjordania y Gaza debido a su historia pasada, incautación de identidad y los lazos familiares palestinos, que en conjunto forman una solidaridad que se demuestra cada vez que se produce una situación que perjudica significativamente la vida de los palestinos o los símbolos nacionales y su religión, como la Mezquita de Al-Aqsa. Al-Aqsa es para los palestinos – incluyendo para los ciudadanos de Israel – un símbolo religioso y nacional primordial.

Cuando este público cree que la mezquita está siendo amenazada, como ha sucedido recientemente, tiende a unirse detrás del icono y actuar para “salvarla”. Sin embargo, es sólo una parte de la realidad. Otra parte importante se refiere a la relación que se ha desarrollado, en los últimos años, entre la minoría árabe y las instituciones de Israel y la comunidad judía en el país. Para muchos de los árabes en Israel, detrás de la problemática relación hay una intención institucional israelí de excluirles de los espacios culturales y políticos del país. La última manifestación importante de esto fue las propuestas de leyes anti-árabes de la Knesset, cuyo punto máximo se registró durante la preparación para las elecciones dela 20º Knesset, y no sólo dentro de los círculos de la derecha. Incluso la elección del nombre del Partido Laborista como “Campo Sionista” fue visto como parte de esta tendencia. La opinión popular árabe israelí sostiene que los gobiernos de Israel se esfuerzan para; sobre todo desde que se publicó los “documentos de la visión para los árabes”de finales de 2006 / principios de 2007; aplicar una política de integración económica de la minoría árabe, que se basa en consideraciones económicas, por la necesidad de aumentar la productividad del trabajo. La premisa es que la integración económica contribuirá a la estabilidad gracias al bienestar del individuo árabe.

Parece ser que las recientes protestas del público árabe, incluso si no se produce una escalada, indican no sólo la fuerza de esa identidad política nacional religiosa palestina musulmana, sino también la fragilidad del modelo de integración económica. También es desafiada por la falta de equilibrio entre la exclusión política y cultural, que se nota como una prioridad significativa, y la percepción ente los árabes de Israel que la integración económica puede que sea una prioridad pero se está aplicando lentamente y en pequeña escala. La importante participación de los jóvenes en las manifestaciones y la presencia de un movimiento juvenil virtual llamado “Al-Hirac Al-Shababi” sugieren que amplios sectores no se ven copmo parte de los que que disfrutan de esa política de integración y, por lo tanto, están motivados por sentimientos de frustración. Estos sentimientos sobresalen en los medios de comunicación social, que se alimentan a la vez de mensajes radicales palestinos, que potencian la identidad árabe y musulmana, al tiempo que reducen la influencia de los factores tradicionales de la calle árabe palestina en general y de los jóvenes en particular. Esto explica parcialmente el debilitamiento relativo de la rama norte del Movimiento Islámico (las redes sociales), que se manifestó recientemente en el mayor número de votantes para la Knesset (la rama norte se opuso a participar en las elecciones). Incluso en los recientes eventos y otros antes que ellos, durante las manifestaciones celebradas por el tema de la tierra para los beduinos en el Neguev, la rama norte jugó un papel relativamente marginal. A la luz de esta debilidad, el movimiento de Raed Salaj, conocido como el “jeque de Al-Aqsa”, promueve una agenda muy cargada alrededor de Jerusalén, con el fin de ampliar su control sobre este público.

Frente a ellos vemos el papel generalmente responsable jugado por el liderazgo político en los recientes acontecimientos – locales y nacionales – de la comunidad árabe israelí. Puede que dicha conducta haya sido afectada por una recomendación del Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, para los palestinos del interior, de evitar la violencia, frenando reacciones aireadas. Los miembros del Comité de Seguimiento (árabe israelí) se han comportado de forma relativamente moderada. Así pospuserion en varias ocasiones la visita planificada al Monte del Templo de los disputados de la Lista Unificada árabe, una visita que podría producir una onda explosiva de violencia. De todos modos, no dudaron en manifestar su solidaridad pública con sus hermanos en los territorios de Cisjordania. En este contexto, se declaró una huelga nacional (el octubre 13), que, al igual que la manifestación de solidaridad celebrado en Sajnin, se produjo en silencio. En estas circunstancias, sobresale el enfoque moderado del líder del partido árabe, Ayman Odeh, que hasta ahora ha logrado imponer su visión pragmática sometiendo a los elementos más radicales dentro del liderazgo político e intelectual, manteniendo la unidad del partido a pesar de los profundos desacuerdos.

Ante esta compleja situación, ¿qué debería hacer el gobierno de Israel ante la minoría árabe?

• A corto plazo, el principal reto es mantener el orden en la región árabe isralí aislando los eventos que ocurran en el este de Jerusalén. Es vital esforzarse por desarrollar un diálogo entre la policía y los funcionarios del gobierno con los líderes árabes. Sería deseable evitar excluir a la dirigencia árabe presentándoles como extremistas. Hay que fortalecer a los elementos moderados entre ellos, fortaleciendo su capacidad para calmar a la animada calle árabe israelí, especialmente los jóvenes, aunque no está claro que puedan hacerlo. El comportamiento de los policía tiene un impacto significativo sobre los eventos y la atmósfera. Hasta ahora, la policía aprendió las lecciones de los disturbios de octubre 2000. Aprendiendo que es importante contener los incidentes de seguridad con determinación pero de manera proporcionada, permitiendo que los árabes protesten sin que una manifestación se extienda hacia la violencia y el terror. Otro desafío serio que enfrenta la policía es prevenir acciones de violencia de judíos contra los árabes, lo que podría aumentar a la tensión en la zona.

• La mayor parte de los esfuerzos del gobierno se deben centrar inmediatamente tras la finalización de los disturbios. El gobierno debe volver a examinar su política global hacia la minoría árabe en Israel, y en especial en vistas de acelerar y ampliar los procesos para mejorar la integración económica de la población árabe. Estas cuestiones ya se han discutido en una reunión el 21 de mayo entre el primer ministro y el jefe de la lista conjunta siendo que hay un buen número de programas a la espera de su ejecución. Es hora de crear un diálogo con la dirección nacional de la minoría árabe, desarrollando los programas en empleo, educación e infraestructura. Es importante también reducir el discurso nacionalista y anti-árabe entre los políticos y no menos, dentro de la calle israelí.

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