Linchamiento de terroristas – La sociedad israelí debe repudiar y aprender a respirar más profundo – Por Gabriel Ben-Tasgal

La sociedad israelí pagará un enorme precio a mediano plazo y en el futuro si le abrimos la puerta a conductas inmorales y que contradicen la esencia democrática de nuestra sociedad. Aún estamos a tiempo de contenernos… Lo primero que hay que hacer es repudiar, claramente, aquello que es un fenómeno evidente. Miremos qué sucede en la calle palestina: desde los medios de comunicación oficiales y en las escuelas públicas se transmiten valores que fomentan el odio antisemita (de perfil nazi) hacia los judíos y se glorifica la violencia terrorista. Cuando los palestinos, o los radicales islámicos en general, introducen el “suicidio” (o martirio  – Ishtahad) como medio para afrontar y solucionar disputas, se abren las puertas del infierno ya que dicho proceder se transforma en parte de la cultura social de sus individuos. Cuando terminen los conflictos con otros, con “los de afuera”, esa conducta ya se habrá asimilado como norma interna, por lo que continuarán matándose vía suicidio entre ellos y esta vez será por otras razones. La sociedad israelí no puede aceptar que el linchamiento público de terroristas sea una norma ni tampoco deberíamos asumir como correcto que abatir a un terrorista, cuando ya no representa una amenaza, sea una conducta válida. 

La presente situación en Israel es compleja. Se producen ataques terroristas al mejor estilo “lobo solitario”, por personas incitadas desde los medios de comunicación de la Autoridad Palestina o de Hamás y desde las redes sociales palestinas. De ser atrapado el terrorista sabe que se transformará en una persona loada y popular entre los suyos, calles y plazoletas llevarán su nombre y pasará sus días en prisión sabiendo que el Presidente Abbas y la Autoridad Palestina depositarán en su cuenta bancaria enormes sumas de dinero en dólares, de acuerdo a la cantidad de muertes y el efecto propagándistico que produjo su atentado terrorista. Además, el terrorista sabe que, tras unos años en prisión, puede llegar a ser liberado en un acuerdo “estilo Guilad Shalit”. Abatir a ese terrorista puede y ya ha logrado amedrentar futuros atentados. Si el terrorista es racional y entiende que existe un 100% de posibilidades de no salir vivo, puede que opte por no lanzarse a matar judíos. Si el terrorista cree que llegará al cielo, recibirá 72 virgenes y se sentará en la mesa junto a Mahoma, la conducta de los israelíes ante su acción será un factor irrelevante y de nula influencia.

Las fuerzas de seguridad y del ejército no pueden estar en todos los rincones del país. Siendo así, los civiles deben estar atentos a la hora de ayudar a reducir terroristas. El problema es que desde el momento en que líderes nacionales fomentan el uso de armas de fuego entre los civiles para neutralizar atentados (“todo el que posea arma que la lleve consigo”) se comienzan a abrir las puertas del infierno. Es imposible controlar que cada uno de los civiles respete las órdenes de apertura de fuego a las que se someten estrictamente policías y militares.

Cuando un soldado israelí siente un peligro real, los pasos a seguir para abrir fuego son los siguientes: a fin de identificar si un sospechoso es una amenaza, el soldado israelí debe gritar en hebreo o en árabe tres veces que se detenga o ¡Wakef, Wakef, Wakef! Luego, el soldado le vuelve a gritar que se detenga y se identifique, más tarde ordenará “deténgase o le disparo” (en árabe Wakef ve-lo-ana betujak). Si el sospechoso no responde, el soldado debe quitar el seguro y preparar el disparo de forma manifiesta para disuadir al agresor para luego realizar dos disparos al aire en un ángulo de 60°. Al disparar, el soldado debe apuntar preferentemente a los pies del sospechoso. Se permite el disparo al cuerpo si el agresor pone en peligro la vida del soldado o de un tercero.

En los últimos atentados en Israel, hemos presenciado el accionar de algunos israelíes que no respetan las órdenes de apertura de fuego. Disparos contra terroristas que podrían haberse neutralizado sin descargar contra su cuerpo 15 balazos como sucedió en uno de los incidentes en Jerusalén (ésta persona también terminó hiriendo a un civil israelí). Más aún, en el último atentado en Rishón Letzión fueron las fuerzas de seguridad de Israel las que evitaron que el terrorista fuese linchado por la masa de agolpados cuando ya había sido neutralizado. Ni hablar del linchamiento de un inocente ocurrido en Beer Sheva. Estamos viviendo días en donde parece que nos confundimos entre la necesidad de mantener a nuestros civiles a salvo y una politica de vendetta fusionada con un “gatillo fácil”.

El Instituto Israelí para la Democracia presentó una encuesta preocupante: 53% de la población judía en Israel (44% en contra) apoyaba que “hay que matar todo palestino que ha hecho un atentado en el lugar del hecho, tambien si ha sido atrapado y si no representa una amenaza para otros”. El Instituto concluía que eso significaba que los israelíes, en su mayoría, apoyaban el linchamiento de terroristas. Esto segundo, ya es una conclusión manipuladora de los altamente “ideologizados” de dicho Instituto. Una encuesta más seria, del Canal 2 de Israel, preguntaba: “¿Está usted de acuerdo en matar al terrorista atrapado en el lugar del atentado? 75% de los israelíes se mostraban a favor, 24% en contra y un 1% no sabía/no contestaba. Otra pregunta fue: ¿Está usted de acuerdo con atacar al terrorista tras haber sido neutralizado? 21% se mostró a favor, 78% en contra y 1% no sabía/no contesta. La última pregunta fue ¿Usted está de acuerdo con procesar ante la ley a civiles (israelíes) que atacaron a un terrorista tras haber sido neutralizado? 39% estaba a favor, 55% en contra y 6% no sabía/no contesta. Estas encuestas nos indican el alto nivel de sensibilidad a la que están sometidos los israelíes, la sensación de vacuum y la falta de seguridad personal y, también, un odio acumulado y una búsqueda de venganza ante ésta, y también las anteriores, olas de atentados palestinos contra civiles israelíes. Se podría llegar a comprender… Y sin embargo, debemos elevar una contundente condena.

Hacer justicia cada uno, por mano propia, es repudiable y tambien muy peligroso. Linchar a un terrorista va en contra de los valores de nuestra sociedad y los provocadores deben ser procesados por la Justicia israelí sin contemplaciones. Educar a nuestros hijos apoyando  una conducta así, es detestable ya que los condenamos a asimilar un patrón de conducta nefasto con el cual no deberíamos desear convivir. Por contrapartida, los gobiernos de Israel deben declarar que intercambios como el de Guilad Shalit no se volverán a producir.

Es la hora de escuchar de boca de nuestros líderes condenas claras y contundentes ante los que exigen venganza y pretenden imponer en Israel un Far West. Ya que, cuando termine el conflicto con los palestinos… deberemos seguir viviendo con nosotros mismos. Y mientras tanto, nos gustaría dormir con la conciencia tranquila al mantener nuestra superior moral.

 

El autor dirige la ONG Hatzad Hasheni y se especializa en política del medio oriente y terrorismo islámico.

 

  

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