Las propuestas políticas pautadas por Biden para el Medio Oriente acabarían con cualquier perspectiva de normalización de relaciones Arabia Saudita-Israel – Por Dr. Raphael Ben Levi (BESA)

RESUMEN: Es el fuerte apoyo que le otorga Washington a las necesidades en el área de seguridad de Arabia Saudita, la clara postura contra la búsqueda de una hegemonía regional por parte de Irán, el apoyo a las acciones sauditas en Yemen y la voluntad de dejar de lado sus críticas a las políticas internas de Riad lo que ha permitido incluso la posibilidad de lograr un cambio formal en la postura del reino sobre el tema Israel. Pero Joe Biden ha dejado muy en claro que si este es electo presidente, tiene intenciones de revertir todas esas políticas. Tales cambios, junto a su preventivo rechazo a que Israel extienda su soberanía hacia nuevos territorios, socavarían cualquier perspectiva que exista de normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita.

Los Acuerdos Abraham fueron producto de un cambio estructural desarrollado muy lentamente en la geopolítica del Medio Oriente que condujo a alinear intereses entre los estados del Golfo e Israel. El más central de estos intereses fue oponerse a la amenaza planteada por Irán y sus agentes-estado en toda la región. La actual administración estadounidense identificó con mucho éxito este cambio estructural y jugó un papel positivo como catalizador que llevó a dichos actores hacia un formal reconocimiento de ambos.

Una dinámica similar yace sobre la base de ambos acuerdos de paz anteriores exitosos firmados entre Israel y los Estados árabes, con Egipto en 1979 y luego Jordania en 1994. En cada caso, hubo primero un alineamiento fundamental de intereses y en consecuencia a ese alineamiento, cada estado reconoció los beneficios que estos pudieran obtener a través de un formal acuerdo de paz. Solo entonces Estados Unidos desempeño un papel positivo en ayudar a incentivar a las partes a dar el siguiente paso. Los Estados Unidos no pueden tomar la iniciativa de hacer las paces entre actores regionales que no están preparados para ello, pero si es vital incentivar y alentar progresos una vez que se hayan reconocido intereses mutuos fundamentales.

La administración Trump desempeñó este papel con habilidad excepcional en el 2020. Esta de hecho lo hizo tan bien que se ha especulado sobre el potencial de una normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita.

De hecho, es el fuerte apoyo de Washington a las necesidades de seguridad de Riad, la clara postura contra la búsqueda por Irán de lograr una hegemonía regional, el apoyo a las acciones sauditas en Yemen y la voluntad de dejar de lado las críticas a las políticas internas de Riad lo que incluso ha permitido la posibilidad de un cambio formal en la postura del reino sobre el tema Israel.

Pero las políticas previstas por el candidato presidencial demócrata Joe Biden para el Medio Oriente socavarían en su totalidad cualquier potencial existente de progreso hacia la normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita. Este se vería detenido de repente. Tal situación se debe a que Biden y sus asesores han declarado sin ambigüedades que tienen la intención de revertir todos los aspectos anteriores de la política actual estadounidense en el Medio Oriente; en otras palabras, todas las políticas que permitieron concretar los Acuerdos Abraham.

El asesor en política exterior de Biden Jake Sullivan, ha argumentado que Estados Unidos “debería eliminar absolutamente todas las formas de apoyo hacia las continuas hostilidades que se suceden en Yemen”, así como también adoptar una mayor disposición para presionar a Riad por sus deficiencias internas en el área de los derechos humanos. El propio Biden escribió recientemente un artículo de opinión en el que describía su plan para renovar alivios a las hostilidades con Teherán. El principal asesor en política exterior de Biden Tony Blinken, ha sostenido lo mismo en varias ocasiones: de que Washington debe abandonar su actual política de máxima presión sobre Irán y llevar a cabo negociaciones directas en concordancia al acuerdo PIDAC del año 2015.

Las anteriores propuestas constituirán cambios drásticos a las actuales políticas. En conjunto, el programa de Biden consiste esencialmente en que la administración estadounidense le debería decir a Muhammad bin Salman: “Vea usted, nosotros no le vamos a vender más misiles para sus operaciones en contra de los agentes-estado de Irán en Yemen. Nosotros nos vemos en la obligación de abandonar nuestras políticas de máxima presión contra Irán y en su lugar iremos tras la búsqueda de una relación mucho más conciliadora con su mayor rival y su más seria amenaza geopolítica. Tampoco estamos muy contentos con aspectos de su cultura política y su historial de derechos humanos y esperamos ver cambios si desea que mantengamos nuestro apoyo. Pero en fin, ¿le importaría dar el paso histórico y dramático de normalizar relaciones con Israel?

Las propuestas políticas del equipo de Biden que a la larga socavarían cualquier perspectiva de normalización de relaciones no terminan ahí. El cambio estructural que unió a Israel y a los estados del Golfo permitió crear una apertura diplomática, pero esto de por si no fue suficiente para que los Emiratos Árabes Unidos dieran el paso final hacia este reconocimiento formal. De hecho, ya en el año 2002 Arabia Saudita y luego la Liga Árabe, expresaron su voluntad (en teoría) de reconocer a Israel con el anuncio de la Iniciativa de Paz Árabe. El problema era que las demandas formuladas a Israel por la iniciativa no eran del todo productivas ni efectivas, como por ejemplo, una retirada israelí a las líneas anteriores a 1967 y la implementación del “derecho al retorno” palestino, el eufemismo árabe común para desestabilizar demográficamente a Israel. Ningún gobierno israelí aceptará tales términos, por lo que cualquier potencial existente a una normalización de relaciones ha sido ineficaz sin ser implementado durante casi dos décadas.

Fue solo el reciente cambio en la política estadounidense hacia el tema palestino-israelí lo que alteró dicha dinámica. En lugar de realizar demandas irrazonables y mal fundamentadas sobre Israel por el tema de las concesiones territoriales, la administración Trump demostró su voluntad de aceptar los planes israelíes para luego afirmar soberanía sobre partes del Valle del Jordán. Esto colocó una postura de intensión totalmente nueva sobre la mesa. Fue la muy creíble amenaza de una anexión lo que permitió abrirle la puerta a la normalización de relaciones. Los Estados del Golfo estaban muy interesados ​​en normalizar relaciones por sus propios intereses, pero necesitaban de otro incentivo para dar el siguiente paso. Una vez que el tema de la anexión estuvo sobre la mesa, había una concesión que Israel podía razonablemente hacer, ya que posponer el afirmar soberanía por un período indefinido es algo con lo que incluso la derecha israelí puede vivir. Los Emiratos Árabes Unidos podían demostrar entonces que se logró algo concreto dando este paso final.

Pero Biden y sus asesores también tienen intención de revertir tal situación. Tal como lo han dejado muy en claro durante meses él y su equipo, Biden rechaza rotundamente cualquier perspectiva de extender la soberanía israelí hacia territorios adicionales.

Es un principio básico dentro del arte de una negociación el que un estancamiento puede ser roto agregándole más dimensiones a la mezcla que luego puede ser negociada. Pero el rechazar preventivamente incluso la noción de que Israel pudiese avanzar extendiendo su soberanía sobre territorios vitales a este en el futuro, Biden estaría haciendo exactamente lo contrario: este eliminara dimensiones para negociar y profundizara la condición de estancamiento.

En noviembre, los estadounidenses decidirán a quién elegir como su próximo presidente, e Israel trabajará y cooperará con quien sea que el pueblo estadounidense elija para ocupar el cargo en la Casa Blanca. Uno esperaría que quien tome las decisiones en Washington esté abierto a aprender las lecciones sucedidas tras los Acuerdos Abraham respecto a lo que funciona en el actual Medio Oriente y aquello que no funciona y adaptar sus acciones de acuerdo a estas decisiones. Si Biden desea avanzar en este histórico proceso que comenzó con Trump, es muy posible que desee considerar mantener algo más de continuidad con las actuales políticas estadounidenses en la región. Esto sería por el bien de Estados Unidos, por Israel y por sus socios árabes.

 

 

 

El Dr. Raphael BenLevi es miembro post-doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Haifa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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