Las Escrituras Islámicas no son el problema y la financiación de reformadores del Islam no es la Solución – Por William McCants

Ayaan Hirsi Ali está en lo cierto en cuanto a que los pasajes más oscuros de las Escrituras del Islam apoyan la violencia y prescriben castigos fuertes por cometer infracciones morales o teológicas.  También está en lo cierto en cuanto a que en muchos países musulmanes, hay demasiados ciudadanos que aún piensan que es buena idea matar gente por ser apóstatas, lapidarlos por cometer adulterio y golpear a las mujeres por desobedecer, solamente porque así lo dicen las Escrituras. Pero Hirsi Ali está profundamente equivocada cuando sostiene que las Escrituras Islámicas son la causa del terrorismo musulmán y que, por ello, el gobierno de Estados Unidos debería financiar a los disidentes musulmanes para reformar el Islam.

Las escrituras del Islam son constantes. Tienen más de 1000 años de antigüedad y están compuestas por el Koran y el Hadith, con palabras y acciones atribuidas al profeta Mahoma y a sus seguidores.  Los musulmanes que quieren justificar la violencia pueden hallar una multiplicidad de pasajes para citar – hay colecciones de Hadith que llegan a los cientos de volúmenes.  Aún así, el comportamiento político de los musulmanes ha variado enormemente a lo largo de la historia.  Algunos musulmanes han citado las Escrituras para justificar la violencia y otros lo han hecho para justificar la paz.  Si las escrituras son una constante pero el comportamiento de sus seguidores no lo es, entonces uno debe buscar en otros lugares la explicación de por qué algunos musulmanes se involucran en prácticas terroristas. Y si las Escrituras Islámicas no conducen automáticamente al terrorismo, uno no debe esperar que la reforma del Islam dé por terminado el terrorismo. De hecho, hasta los seguidores ultra-textualistas del autoproclamado Estado Islámico ignoran las Escrituras que son inconvenientes para su marca brutalde insurgencia.

Contemplemos los Evangelios, Escritos que propenden por mucho menos violencia que el Corán o que la Biblia Hebrea. Jesús enseñó a sus seguidores a dar la otra mejilla. Aún así los cruzados asesinaron miles en su embestida por Oriente Medio y el presidente de los Estados Unidos George W. Bush, un cristiano devoto, invadió Irak en ausencia de alguna provocación militar.  Los lectores podrían objetar estos ejemplos, arguyendo que hubo otros factores en juego – pero ese es precisamente el punto: las Escrituras Cristianas no siempre determinan el comportamiento de sus seguidores, y lo mismo ocurre con las Escrituras del Islam.

Reforma, vean la realidad

La peor falla del ensayo  de Hirsi Ali es la errónea secuencia de causa a efecto.  No obstante, hay otros.  Incluso si se supone que la reforma liberal del Islam contribuiría a reducir el terrorismo – y es cierto que pocos extraños se quejarían si la mayoría de los musulmanes decidieran que algunos de los pasajes más cruentos de las Escrituras no son relevantes para la vida moderna – el cuadro que pinta Hirsi Ali de disidentes solitarios del Islam que intentan dar por iniciada una reforma, no es preciso.  La reforma liberal del islam ha estado desenvolviéndose ya por dos siglos.  El problema es que ha enfrentado una competencia muy fuerte.

Al igual que la reforma protestante, hoy hay un movimiento conservador de reforma al Islam que compite con los reformadores liberales. Dentro de los conservadores se destacan los Salafistas ultraconservadores – los Puritanos del Islam. Ellos propenden por eliminar todas las adiciones foráneas, tales como la filosofía Griega, que se han adherido al Islam a lo largo de siglos y retornar a una supuesta versión pura de la fe. Una razón de gran peso por la que los reformadores conservadores han ganado hasta el día de hoy, es que algunos gobiernos ricos del Golfo Pérsico han apoyado a estos ultraconservadores. En vista de que los gobiernos musulmanes ricos han puesto su carga en el lado conservador de la balanza, Hirsi Ali quiere que los Estados Unidos y otros países de Occidente hagan lo mismo del lado liberal.

Hay muchísimos problemas con este enfoque.  Por una parte, Estados Unidos tiene leyes que van en contra de favorecer unas creencias religiosas sobre otras. Antes del 9/11, el gobierno de Estados Unidos se negó a financiar programas que preferían una secta sobre una versión más tolerante, a pesar de que había espacio de maniobra para apoyar programas seculares, como la educación científica supervisada por instituciones religiosas. Mejor aún, los oficiales apoyaron la promoción de los derechos humanos y las libertades sin las trampas de la religión. Pero después de los ataques el gobierno de Estados Unidos comenzó a hacer pocas excepciones a su larga tradición, mediante la financiación de algunas instituciones musulmanas en el extranjero para promover versiones pluralistas del Islam. Por ejemplo, la misión de USAID en Indonesia apoyó a un grupo que ponía mensajes pluralistas en los sermones religiosos pronunciados por mujeres, y financió un programa radial sobre religión y tolerancia. Eso no es precisamente lo que Hirsi Ali quiere – los programas no repudiaban partes de las Escrituras del Islam ni buscaban reformar la religión como un todo – pero está cerca.

Este tipo de programas son raros y normalmente son descabezados por los abogados del gobierno.  Cuando fui servidor del Departamento de Estado como asesor de alto nivel para contrarrestar el extremismo violento, intenté financiar una propuesta planteada por una pequeña organización no gubernamental musulmana extranjera para compilar las Escrituras Islámicas que promueven la tolerancia. El plan de esta ONG era emplear tal compilación para enseñar a los locales sobre los pluralismos en el vernáculo de su propia religión. La tolerancia religiosa es un valor americano, después de todo, así que ¿por qué no financiar a otros que ven ese mismo valor reflejado en su propia fe?

Los abogados del Departamento de Estado no aceptaron nada de esto a pesar de que el departamento mismo ya había financiado un programa similar en otra parte. Compilar un documento así, sostenían, aún sería promover una interpretación de una religión sobre otra.  Cuando pregunté por el programa afín que ya había sido financiado en otro lugar, respondieron que probablemente no debió haberse financiado tampoco y dijeron que tendrían que revisar ese programa también. Sobra decir que la ONG tuvo que ir a otra parte a buscar el apoyo.  En virtud de las barreras institucionales y legales existentes contra la financiación de grupos religiosos que promueven los valores americanos, resulta imposible imaginar al gobierno de Estados Unidos otorgando apoyo financiero para reformar a toda una religión.

El tiro por la culata

El apoyo del Gobierno (de los Estados Unidos) hacia los reformadores liberales del Islam encontraría, además, otros problemas prácticos. Tan solo por darle caso al argumento, supongamos que el gobierno, al encontrar que el argumento a favor de la seguridad nacional es tan convincente, se las arregla para darle la vuelta a sus propias leyes y a su cultura política y opta por financiar programas orientados a la reforma del Islam. En ese punto, todavía tendría que seleccionar a quién financiar. Hay una gran cantidad de liberales musulmanes inteligentes y con buenas intenciones entre los cuales se puede escoger, ciertamente.  Pero como lo sabe cualquiera que haya seguido al movimiento de reforma liberal del Islam recientemente, muchos de sus defensores más recios, que buscan atención y dinero, no son tan tolerantes. No quieren ver sociedades musulmanas en las que los liberales y los conservadores compitan por una parte en el mercado de las ideas;  ellos quieren ver a los conservadores encerrados o restringidos legalmente para impedir la difusión de sus ideas.  Al igual que Hirsi Ali, que con beneplácito cita al presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi, están dispuestos a cerrar el ojo a los excesos sangrientos de los dictadores, siempre y cuando puedan promover la reforma islámica y suprimir a los activistas musulmanes conservadores y sus partidos políticos. Eso no es liberalismo. Esto es intolerancia disfrazada de liberalismo. Los verdaderos liberales denunciarían el autoritarismo cualquiera que sea su tonalidad religiosa.

Aun así, imaginemos que el gobierno de Estados Unidos se las arregla para atravesar por todo el cúmulo  de leyes y encuentra a su Martín Lutero Musulmán. Esta causa va a sufrir gravemente en el mundo de la opinión pública musulmana si se pone en evidencia que un terriblemente impopular Estados Unidos lo está financiando – sería un secreto que no sobreviviría demasiado tiempo en esta era de WikiLeaks. Hay una historia de varios  siglos de críticos musulmanes conservadores que impugnan los motivos y la agenda de los reformadores liberales por haber sido  financiados o apoyados políticamente por gobiernos Occidentales, sean o no ciertas las acusaciones. Estos reformadores, plantea el argumento conservador, son parte de un proyecto colonial para desentrañar a los musulmanes, por medio de la introducción de una forma débil de Islam que simula al Occidente y sirve a sus intereses.

Los occidentales con frecuencia no entienden por qué la intromisión del gobierno  en la religión de otros es fallida y por qué no funciona, así que puede ser útil realizar el siguiente experimento intelectual.  Supongamos que Arabia Saudita se siente amenazada por el cristianismo evangélico por sus tonalidades anti-islámicas, su influencia sobre los políticos republicanos y por su sesgo pro-israelí.  Al contrario de promover  imágenes más positivas del Islam, congraciarse son los políticos republicanos y competir con el AIPAC, los Sauditas deciden financiar a los evangélicos que se esfuerzan por reformar el cristianismo en formas que satifagan la agenda saudita. Dado que la agenda va contra la sustancia de la cultura evangélica contemporánea, los Sauditas probablemente no van a encontrar un reformador que sea aceptado entre los evangélicos.  Debido a que la mayor parte de los sauditas no saben una iota acerca de la cultura evangélica americana, se verán en dificultades para descifrar quién puede hacer la tarea.  Aun así, Arabia Saudita tiene mucho dinero, así que pueden llegar a pensar que es tan solo cuestión de gastar suficiente en libros, eventos, programas de televisión y así sucesivamente.  ¿Tendrán algún éxito?

Por supuesto que no. Apliquemos el mismo razonamiento a lo que propone Hirsi Ali y se pondrán inmediatamente en evidencia los errores de su política, incluso para aquellos que no saben nada acerca de los países musulmanes o de las leyes y la burocracia de los Estados Unidos.  No hay nada mal con la agenda reformista de liberales musulmanes, aun cuando muchos de sus defensores deban ser enfrentados con gran escepticismo. Muchas personas de todas las persuasiones religiosas quieren ver pulidos los bordes menos limpios de todas las religiones antiguas. Pero cuando personas provenientes de fuera de esas religiones – en especial si se trata de gobiernos occidentales – comienzan a entrometerse, ello obstaculiza la agenda reformista.  Generalmente acabarán por apoyar a las personas equivocadas y aun cuando encuentren a la gente correcta, financiarlos puede deteriorar severamente la legitimidad de aquellos que emplean ese dinero para reformar su religión.

Son tan graves los problemas con el tipo de financiación gubernamental que propone Hirsi Ali que los lectores tienen derecho a preguntarse ¿Por qué los ciudadanos del corriente no financian a los reformadores? Hay una multiplicidad de personas y grupos privados, musulmanes y no-musulmanes, que están dispuestos a apoyar la causa de Hirsi Ali. Aunque los no musulmanes probablemente verían que quedan mejor servidos si gastan su dinero en otra cosa, al menos se representan a sí mismos y no al gobierno de una nación entera.

También hay formas de promover la reforma social y legal sin que ello se traduzca en una reforma religiosa.  Si un esfuerzo conduce al mismo lugar –más libertades universales y mayor respeto por los derechos humanos—no debería importar si se trata o no de una parte del movimiento de reforma religiosa.  Los países musulmanes acabaron con la esclavitud sin reformar su religión y pueden lograr lo mismo con muchos otros comportamientos que se encuentran fuera de tono con las normas y valores de la modernidad, aunque estén respaldados por las escrituras.

El encargo de un idiota

En todo su ensayo, Hirsi Ali recurre a una analogía histórica: así como los Estados Unidos financiaron a los intelectuales para desacreditar el comunismo durante la Guerra Fría, debería también financiar a los intelectuales para señalar las grietas del Islam de hoy. La evocación de Hirsi Ali sobre la Guerra Fría podría ser atractiva para los occidentales y en especial para los americanos.  Después de todo, si los Estados Unidos ganaron esa guerra en parte porque lograron sobreponerse a la propaganda soviética, hace sentido que recurran a esa experiencia para combatir el nuevo desafío del yihadismo.

Pero la analogía se cae con un examen más detallado. Los Estados Unidos no buscaban reformar el comunismo sino destruirlo: el gobierno de los Estados Unidos financió a intelectuales de la izquierda no-comunista para desacreditar completamente el programa comunista. Si ese fuera el modelo a seguir ahora, entonces los musulmanes de todo el mundo no reaccionarían bien cuando se enteren de que hay un programa de los Estados Unidos para financiar a los liberales que desacreditan a su propia religión.  Esto solamente alentaría los temores de que los Estados Unidos son una nación cristiana inclinada a destruir a su rival religioso.

La analogía de la guerra fría no funciona por otra razón: la propaganda occidental no jugó un papel importante en el descrédito del comunismo. Como escribió el antiguo oficial de la CIA, Thomas Troy Jr., en su revisión de un libro sobre los programas de propaganda de la CIA durante la Guerra Fría:  “sospecho que las torpes tácticas de la Unión Soviética y sus aliados,tuvieron un impacto más profundo sobre los populachos del Oeste Europeo que cualquier programa de propaganda occidental”. Si los formuladores de la política de los Estados Unidos realmente siguieran la analogía de la Guerra Fría hoy en día, harían públicas las tácticas torpes de los yihadistas. Incluso si lo hicieran, no tendrían gran cosa para hacer puesto que los yihadistas ya han desacreditado su causa ante los ojos de muchos musulmanes.  Al Qaeda no ha tenido mucho éxito en las encuestas desde que comenzó a asesinar a sus correligionarios – en Jordania, después de que el cabecilla de la rama de al Qaeda en Iraq ordenó poner bombas en los hoteles de Amman, el apoyo por el grupo disminuyó de 56% en 2003 a 11 % en 2011 – y el Estado Islámico es aún menos popular. Los yihadistas todavía se las arreglan para que algunos musulmanes se unan a su causa, pero la mayoría de los musulmanes están horrorizados con el asesinato sin ton ni son de musulmanes y no musulmanes. Los Estados Unidos y sus aliados deberían continuar dañando la simpatía por la causa de los yihadistas a través de la exposición a sus atrocidades y sus hipocresías, pero para comenzarlos niveles de simpatía no son muy altos.

En lugar de recurrir a encuestas de los números de apoyo por el terrorismo, cosa que socavaría su planteamiento, Hirsi Ali iguala el apoyo musulmán por el Islam conservador con el apoyo musulmán por el yihadismo, aseverando que “hay  proporciones sustantivas en muchas poblaciones musulmanas que apoyan al menos parte de las metas de los yihadistas, como son la imposición de la sharia y la pena de muerte para los apóstatas y a aquellos que insultan el Islam”.  Su mano cargada no solo opaca la ausencia de popularidad del yihadismo en el mundo musulmán, sino que además omite la diferencia entre sostener ideas no liberales y usar métodos violentos para avanzarlas. Incluso en vista de que Hirsi Ali mantendría que esta es una distinción sin diferencia, ello hace toda la diferencia del mundo en los Estados Unidos. Los americanos quieren frenar a grupos que les imponen sus visiones no liberalesa otros por la violencia, pero los Estados Unidos fueron creados sobre la idea de que tales grupos tienen derecho a promulgar sus visiones de manera pacífica.  Cuando los ciudadanos quieren promover un proyecto religioso estúpido, en privado – tal como reformar la fe de otro—el gobierno de Estados Unidos se mantiene fuera del asunto en la medida en que no asesinen a nadie.  Esto no debería ser la excepción en el caso del Islam.

 

Traducido por David Gleiser (david.gleiser.d@gmail.com) a partir de Islamic Scripture Is Not the Problem And Funding Muslim Reformers Is Not the Solution

WILLIAM MCCANTS is a Fellow at the Center for Middle East Policy at the Brookings Institution and the author of the forthcoming book The ISIS Apocalypse: The History, Strategy, and Doomsday Vision of the Islamic State

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