Las dificultades de Arabia Saudita: El coronavirus, la economía y la geopolítica – Por Dr. James M. Dorsey (BESA)

RESUMEN: Combatir la pandemia del coronavirus y hacerle frente a las consecuencias económicas que generará puede ser el desafío más inmediato que enfrentará el Príncipe Heredero a la Corona de Arabia Saudita Muhammad bin Salman. Igualmente urgente es reparar las ya tensas relaciones con los Estados Unidos y garantizar la competitividad del reino junto a Irán mientras los dos rivales compiten por el apoyo y la aprobación de China.

El Príncipe Heredero a la Corona de Arabia Saudita Muhammad bin Salman puede sentir que la pandemia mundial del coronavirus y sus consecuencias económicas son sus problemas más inmediatos a medida que el reino levanta gradualmente las restricciones establecidas para obstaculizar su propagación.

Sin embargo, se vislumbra en el horizonte una potencial fisura con Estados Unidos como resultado de la guerra de precios del petróleo que tiene el reino con Rusia, lo cual contribuyó al colapso de los mercados petroleros y a una crisis existencial que afectó la industria de extracción petrolera de la roca sedimentaria en los Estados Unidos.

Se cree que el Presidente Donald Trump contempla prohibir la importación de petróleo saudita en un intento por obligar al reino a redirigir hacia los Estados Unidos los tanqueros petroleros que transportan unos 40 millones de barriles de crudo.

Fundamentalmente, el Príncipe Heredero a la Corona Muhammad ha puesto en riesgo la relación del reino con los Estados Unidos sin tener en sus manos otras alternativas reales. En este momento, un acuerdo entre los productores de petróleo para reducir la producción mundial equivale, en el mejor de los casos, a un tiempo de espera en una guerra de precios que tiene mucho que ver con las cuotas de mercado.

La guerra de precios ha puesto una mayor tensión a los lazos de Arabia Saudita con el Congreso estadounidense que ya se preocupaba por la guerra en Yemen, el historial de abuso a los derechos humanos por parte del Reino y por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi dentro del consulado saudita en Estambul en el 2018.

Las recientes reformas judiciales por parte de Arabia Saudita, incluyendo abolir la flagelación como castigo legal y las penas de muerte para menores de edad que cometen delitos, fueron esfuerzos para responder a las críticas, pero con muy pocas posibilidades de que cambien el rumbo.

Hablando en nombre de los congresistas que representan a los estados que extraen petróleo de la roca sedimentaria en los Estados Unidos, el senador de Dakota del Norte Kevin Cramer advirtió que “los próximos pasos que tomará Arabia Saudita determinarán si nuestra asociación estratégica es salvable”.

Rescatar las relaciones entre Arabia Saudita y los Estados Unidos puede ser la única opción que le queda al Príncipe Heredero Muhammad.

Es poco probable que el Presidente ruso Vladimir Putin se haya tomado amablemente un informe en el que a gritos por teléfono hablo con el príncipe heredero a comienzos de la guerra de precios.

Señalando que los recortes de producción son similares a un alto el fuego en lugar de un fin a la guerra, Arabia Saudita y Rusia continuaron la contienda en los mercados petroleros en el que el reino socavó a Rusia con descuentos y ofertas especiales, según una investigación realizada por Reuters.

Las tensas relaciones no impidieron que los dos países avanzaran en un acuerdo sobre las ventas de trigo ruso al reino. Un primer envío ruso de 60.000 toneladas zarpó hacia Arabia Saudita el mes pasado.

Independientemente de la condición en las relaciones entre Arabia Saudita y Rusia, el llamado hecho por Rusia a reemplazar el paraguas de defensa estadounidense en el Golfo con un acuerdo de seguridad multilateral que involucraría a los Estados Unidos, así como también China, Europa e India es como armar un esqueleto sin piel.

Rusia no posee ni los medios ni la voluntad de asumir responsabilidades por la seguridad del Golfo. Tampoco lo tienen los otros estados visualizados por Rusia como participantes en un mejorado acuerdo de seguridad en el Golfo.

Además, la propuesta renace siempre y cuando Arabia Saudita se niegue a comprometerse con Irán sin ningunas condiciones previas. Durante la pandemia de coronavirus, el reino ha endurecido sus diferencias de opinión con la República Islámica en lugar de aprovechar las oportunidades para construir puentes creando gestos de buena voluntad.

China no anhela jugar un papel militar importante en el Medio Oriente a pesar de haber establecido su primera base militar extranjera en Djibouti y contribuir a las operaciones anti-piratería frente a las costas de Somalia.

Igualmente preocupante para el Príncipe Heredero Muhammad es el hecho de que este no puede asegurarse que China mantendrá su neutralidad si las tensiones entre Estados Unidos e Irán llegasen a estallar en una guerra total. Cuando la situación es muy grave, Teherán puede llegar a ser de mayor importancia estratégica para Pekín que Riad.

La geografía, demografía y la altamente educada población de Irán le otorgan una ventaja sobre Arabia Saudita en favor a China. Lo mismo ocurre con el hecho de que China e Irán se ven a sí mismos como los pilares base de Asia y que comparten una historia de civilizaciones que se remonta a miles de años en el pasado.

Irán también desempeña un papel fundamental en los esfuerzos relacionados a la iniciativa Belt & Road de China de conectarse a Europa por una línea ferroviaria que atravesaría toda Asia Central y la República Islámica. Esta ruta pondría fin al costoso y lento proceso de tener que transferir mercancías hacia barcos en un extremo del Mar Caspio y luego cargarlos de nuevo a los trenes en la costa opuesta del mar Caspio.

Las maniobras del Príncipe Heredero Muhammad para lograr un equilibrio y asegurarle un lugar a Arabia Saudita en un mundo de relaciones polémicas de grandes poderes se reflejan en la cobertura que realizan los estrictamente controlados medios de comunicación por el reino a los esfuerzos chinos y estadounidenses en combatir la pandemia.

Andrew Leber, estudiante del tema político saudita señaló que “el récord mixto de China en impulsar su imagen en Riad es un recordatorio de que la competencia dentro del campo de utilización del poder blando no es una situación en que la ganancia de uno es pérdida del otro, por lo que el resultado sería cero. A pesar de que los medios de comunicación sauditas han estado más dispuestos a expresar críticas hacia China, algunos se han burlado de los esfuerzos del Presidente Donald Trump y su administración por culpar a Pekín de la pandemia del COVID-19”.

El análisis realizado por Leber a la cobertura de los medios de comunicación sauditas sugiere que el Príncipe Heredero Muhammad está tratando de mantener todas las puertas abiertas. Aún así, tomará mucho más que la ambivalente y vacilante cobertura de los medios de comunicación y las reformas al código penal del reino para pulir la ya empañada imagen de Arabia Saudita en los Estados Unidos e igualar las condiciones y reglas con Irán cuando se trate de China.

 

El Dr. James M. Dorsey, miembro asociado sénior no-residente en el Centro BESA, es miembro principal de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de la Universidad Tecnológica Nanyang en Singapur y codirector del Instituto de Cultura Fan en la Universidad de Würzburg.

 

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