Las consecuencias de la retirada norteamericana del Medio Oriente – Por Efraim Inbar

La retirada norteamericana del Medio Oriente muestra señales de debilidad y ha fomentado una búsqueda iraní por conseguir hegemonía regional la cual fue reforzada por el acuerdo nuclear P5+1. La consecuencia más peligrosa de la política exterior estadounidense actual en la región es la probabilidad de una proliferación nuclear. Por otra parte, el enfoque estadounidense actual ha permitido la invasión de Rusia en la región, lo que aumenta el poder del eje radical liderado por Irán. También abre el camino para la ‘finlandización’ del Golfo y la cuenca del Caspio por parte de Irán. la debilidad de Estados Unidos en el Medio Oriente, inevitablemente, tendrá un efecto dominó en otras partes del mundo.

Los EE.UU., bajo el presidente Barack Obama, ha señalado su intención de reducir su presencia en Oriente Medio. Los EE.UU. han librado dos guerras sin éxito en la región – una lección frustrante de los límites de su poder. Al mismo tiempo, la dependencia de Estados Unidos en la energía del medio oriente se ha reducido gracias al progreso en la tecnología doméstica “fracking”. Por otra parte, Washington ha decidido “pivotar” a China, un retador mundial emergente, reducir también sus gastos de defensa, dejando menos recursos militares disponibles para proyectar su poder en el Medio Oriente. Durante un tiempo, durante el mandato del presidente Obama, los EE.UU. no tenían ningún portaaviones en el Mediterráneo oriental o en el Golfo, una situación sin precedentes. Además, la campaña estadounidense contra ISIS ha sido extremadamente limitada y aún así ha tenido poco éxito.

Desafortunadamente, este desacoplamiento indica tanto fatiga como debilidad.

Washington también ha desistido en la confrontación contra Irán y ha hecho un gran esfuerzo para cotejarla. La afirmación del presidente Obama es que al completar un acuerdo nuclear con Irán, resolvió uno de los problemas de seguridad pendientes en la región antes de dejar el cargo. Sin embargo el acuerdo legitima la gran infraestructura nuclear de Irán e ignora los cardinales intereses de seguridad nacional de, por lo menos, dos aliados de Estados Unidos: Israel y Arabia Saudita. La posterior eliminación de las sanciones económicas internacionales – sin el requisito de reciprocidad para obtener algún tipo de cambio en la política regional de Irán – posiciona a Irán para obtener grandes beneficios económicos sin costo alguno. La política hacia Irán del presidente Obama ha ocasionado un cambio dramático en el equilibrio de poder regional. Sin embargo, Washington parece no perturbada.

Considerando que la política de Estados Unidos sobre Irán se ha guiado, principalmente, por ilusiones, las aprehensiones de los actores regionales con respecto a las ambiciones hegemónicas de Irán se han multiplicado como respuesta al acuerdo nuclear. Mientras Washington afirma estar seguro que Irán jugará “un papel regional responsable”, los líderes en Ankara, El Cairo, Jerusalén y Riad ven a Irán como casi un estado no alterado, con el potencial que Irán produzca bombas nucleares en un corto periodo de tiempo.

La consecuencia más grave de la política estadounidense de desconexión de la región es una mayor probabilidad de proliferación nuclear. Poderes en pugna por el liderazgo regional, como Egipto, Turquía y Arabia Saudí no se quedarán de brazos cruzados en el ámbito nuclear, especialmente cuando los EE.UU. ya no son vistos como un proveedor de seguridad fiable. Estados Unidos trata de convencer fallidamente a las potencias regionales para desarrollar un paraguas nuclear conjunto que les provea Estados Unidos, para así prevenir la proliferación nuclear. La aparición de una región nuclear multipolar en el Oriente Medio, que es una consecuencia plausible del pacto nuclear de Estados Unidos con Irán, será una pesadilla estratégica para todo el mundo.

Un Irán envalentonado, que tradicionalmente actúa a través de sus proxys en lugar de intentar conquistas militares directas, podría intensificar una campaña para subvertir a Arabia Saudita, posiblemente jugando la carta chiíta en la zona de Arabia Saudíta con mayoría chiíta, la provincia oriental tan rica en petróleo. La pérdida de esa provincia debilitaría considerablemente al estado Saudíta e incluso podría provocar su desintegración.

Irán podría utilizar la subversión, ataques terroristas y la intimidación contra los estados del Golfo para desalojar la presencia estadounidense debilitando completamente a los países del Golfo. En ausencia de una determinación estadounidense en su capacidad para proyectar su poder, Irán podría “Finlandizar” a los países del Golfo. También podemos ver también la “finlandización” de la cuenca del Caspio, donde Irán ejecuta acciones contra productores de energía importantes como Azerbaiyán y Turkmenistán. La cuenca del Caspio y el Golfo Pérsico forman una “elipse energética” que contiene una gran parte de los recursos energéticos del mundo.

Azerbaiyán y Turkmenistán se muestran muy temerosos por la creciente influencia de Irán. Es posible que esos países, que adoptaron una orientación pro-occidental en su política exterior después de la disolución de la Unión Soviética, podrían decidir volver a la órbita de Rusia, porque Rusia aparece en la actualidad como un aliado más fiable que los EE.UU..

Rusia ve completamente real la posibilidad de una reafirmación de su papel en la región a consecuencia del retiro estadounidense. A tal fin, ha tomado el gran paso de intervenir militarmente en Siria para asegurar la supervivencia del régimen de Assad. El litoral sirio es una base fundamental para una mayor presencia naval rusa en el Mediterráneo oriental, y esta participación aérea rusa ha sido fundamental en la guerra civil de Siria. Además, Rusia quiere proteger las perspectivas energéticas que dependen de la supervivencia de Assad. Ya ha firmado contratos de exploración con el régimen de Assad en relación con los recientes descubrimientos de gas en la cuenca del Levante.

Siria ha sido un aliada de Irán desde 1979 – la alianza más larga en el Oriente Medio. La preservación del régimen de Assad es fundamental para los intereses iraníes debido a que Damasco es una pieza clave de su apoderado, el Hezbollah, en el Líbano. Los esfuerzos de Rusia a favor de Assad, por lo tanto, sirven directamente a los intereses del régimen iraní. Si tienen éxito, estos esfuerzos aumentarán aún más la influencia iraní en la región.

Fuera de Siria, podemos ver que Irán se une a Rusia en su apoyo a las ambiciones políticas kurdas con el fin de debilitar a Turquía, el rival de Irán por el liderazgo regional. Los kurdos son una espina en el costado de Turquía. Irán y Turquía están apoyando lados opuestos en la guerra civil en Siria mientras que los kurdos están labrando regiones autónomas. Dependiendo de cómo transcurra la guerra, los sueños nacionales kurdos podrían beneficiarse del vacío de poder creado por la alteración de la estructura estatal árabe y la salida estadounidense de la región.

En cuanto a Egipto, la reticencia estadounidense para apoyar el régimen de A-Sissi juega a favor de los rusos. Los rusos están vendiendo armas a Egipto, negocian de los derechos del puerto en Alejandría en Egipto y el suministro de reactores nucleares. También en Irak, vemos precursores de una presencia rusa en coordinación con Irán, mientras la influencia estadounidense en ese estado sigue disminuyendo.

El ascenso de un Irán más agresivo, que es una consecuencia directa de la retirada de Estados Unidos, puede dar lugar a una mayor cooperación tácita entre Egipto, Jordania, Arabia Saudita e Israel. La gran pregunta es si Turquía se unirá a dicha alineación anti-iraní.

La debilidad de Estados Unidos en la región, inevitablemente, tendrá un efecto dominó en otras partes del mundo. La credibilidad de Estados Unidos está ahora cuesitonada y sus aliados en otros lugares pueden determinar que sería prudente mejorar o cambiar sus apuestas. Siendo así, nuevos retos le esperan a los EE.UU. más allá del Medio Oriente.

 

Efraim Inbar, director del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos, es profesor de estudios políticos en la Universidad Bar-Ilan y un compañero en el Foro de Oriente Medio.

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