La yihad de ISIS en la era del coronavirus – Por Galit Truman Zinman (BESA)

En un esfuerzo por recuperarse de sus derrotas militares infligidas durante los últimos años, el Estado Islámico (ISIS) se está aprovechando de la crisis del coronavirus para intensificar considerablemente sus actividades terroristas. Este presenta a la pandemia como un “castigo divino sobre los cruzados” y una oportunidad para perseverar en su guerra santa.

Imagen de portada: Combatientes del Estado Islámico en Afganistán tras su rendición a los talibanes, agosto del 2018, imagen vía Wikimedia Commons

En el año 2019, ISIS perpetró o inspiró decenas de ataques terroristas alrededor del mundo, particularmente desde el mes de abril a agosto (cuando el grupo perdió el control del valle del río Éufrates en Siria) y en diciembre, cuando llevó a cabo unos 60 “ataques en venganza” por el asesinato de su líder Abu Bakr Bagdadí y del portavoz Abu Hassan Muhajir. Estos ataques enviaron un mensaje claro: el grupo se estaba reorganizando tras la muerte del califa e incluso se les veía intensificando sus actividades.

El estallido de la crisis del coronavirus alteró completamente la trayectoria de la misión yihadista del Estado Islámico de dos maneras. Primero, recortó la inversión de los países occidentales a la lucha contra el terrorismo y redujo su presión militar sobre el grupo, lo que obviamente funcionó a su favor. La crisis también le dio al grupo un nuevo giro en su mensaje a posibles reclutas. En un esfuerzo por ampliar sus filas y renovar la yihad, este describió la pandemia global como un castigo divino sobre los pecadores occidentales “infieles”, “adoradores de ídolos” y “traidores al Islam”.

En meses recientes, de hecho, ha habido un aumento considerable de exhortaciones por parte de ISIS en su retorno al Islam y el alcance de sus actividades terroristas apunta hacia una renovación de sus tácticas y estrategias. Solo en mayo del 2020, el Estado Islámico perpetró 400 ataques terroristas en todo el mundo, la mayoría de estos ataques en una ola sincronizada a mediados de mes (las “redadas de desgaste”) que causaron cientos de víctimas. El grupo también ha estado muy ocupado en el tráfico de drogas: a finales de junio, fueron incautados en Italia 14 toneladas de anfetaminas (valoradas en aproximadamente 1 millón de euros) que se cree fueron producidas por el Estado Islámico en Siria con propósitos de financiar el terrorismo.

Mientras tanto, el grupo continúa desafiando a los países de la región y a sus aliados:

  • Irak: ISIS está aprovechando la disminución de las actividades militares de las fuerzas de seguridad locales y la retirada de las fuerzas estadounidenses y de la coalición a fin de intensificar sus ataques, particularmente en las provincias de Kirkuk, Diyala y Saladin. El grupo ha estado atacando bases e instalaciones del ejército, ha montado emboscadas y redadas, colocando artefactos explosivos, involucrándose en disparar armas ligeras y posar como francotiradores, lanzando cohetes y quemando campos agrícolas. El grupo afirma que en mayo llevó a cabo 226 ataques en todo Irak en los que 426 personas fueron asesinadas o heridas.
  • Siria: ISIS ha estado activo en el valle del río Éufrates (incluyendo las regiones de Raqqa, Deir ez-Zur y Mayadin). Al sur (la región de Hauran) ha atacado continuamente a representantes del régimen, capturando y ejecutando rehenes, haciendo estallar vehículos, preparando emboscadas e involucrándose en disparar armas ligeras y cometer asesinatos.
  • Afganistán: El grupo permanece activo en la región de Jorasán, incluyendo múltiples ataques mortales tales como un atentado suicida en marzo contra un templo sij en Kabul en la que hubo 25 muertos y heridos, un atentado suicida en mayo contra las fuerzas de seguridad afganas en la provincia de Nangarhar dejando 25 muertos y un ataque terrorista en mayo en un hospital de Kabul (24 muertos).
  • Egipto: El grupo continúa atacando al ejército egipcio, al que llama aliado de los judíos y cristianos, en varias regiones, especialmente en la península del Sinaí.
  • En las “provincias” del Estado Islámico alrededor del mundo, desde África Occidental hasta Filipinas: La dinámica de los ataques contra poblaciones y soldados locales “infieles” continúa. En Nigeria y Mozambique, por ejemplo, ISIS ha atacado bases militares y ha utilizado ampliamente el terrorismo en un esfuerzo por apoderarse de pueblos y ciudades y establecer un gobierno alterno.

Junto a sus numerosos ataques, el Estado Islámico continúa su vigorosa campaña de propaganda mientras aprovecha al máximo las plataformas en las redes sociales, publica boletines y produce videos. Sus objetivos son dobles: atraer a sus seguidores para que se unan a sus filas y sembrar temor entre sus enemigos. Por ejemplo, uno de los videos que el grupo publicó en la aplicación Telegram (“Córtenles las cabezas”) destaca sus métodos crueles, tales como las decapitaciones y torturas.

Contrariamente a la creencia popular, el poder ideológico del movimiento salafista yihadista de unificar a la comunidad musulmana bajo la bandera estandarte negra del califato islámico permanece sin alteraciones, a pesar de sus fracasos. Esto es muy cierto incluso después de su pérdida de territorio, el asesinato de un califa y la propagación de la pandemia. Puede que el Estado Islámico haya perdido su califato, pero este sigue siendo una importante organización terrorista yihadista. A su manera de ver, el coronavirus no es más que un “soldado al servicio de Alá” que fue enviado para ayudar a ISIS en su justa causa y lucha por acabar con los “infieles” y difundir el Islam a través de la espada.

Detener la renovada expansión del Estado Islámico en Irak y Siria requerirá de una participación militar profunda y comprometida por parte de la coalición internacional en cooperación con las fuerzas de seguridad locales, aunque tal participación no parece muy probable en un futuro cercano.

 

 

El Dr. Galit Truman Zinman da clases en la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad de Haifa.

 

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