La relación que no les cuentan sobre los nazis y los palestinos – Por Yosi Dagan

Durante el Holocausto, el líder de los árabes de Israel se transformó en un amigo cercano de Hitler, y fue quien le enseñó al dictador “como tratar con los judíos”. Texto publicado en el diario Maariv el 23/4/2014 – http://www.nrg.co.il/online/1/ART2/574/941.html

Tras el arribo de Hitler al poder en 1933, el Jerusalén Mufti Haj Amin al-Husseini, el fundador y líder del “movimiento nacional palestino”, visitó al nuevo cónsul alemán en Jerusalén en el marco de una “visita de cortesía”. Husseini fue el primero en ir a felicitarlo. El Mufti le dijo que los musulmanes de dentro y fuera de Palestina felicitaban al régimen nazi en Alemania, con la esperanza de que el método de administración fascista y anti-democrático de los alemanes se propagase hacia otros países.

El Mufti y su comitiva expresaron su admiración por la Alemania nazi debido a su política anti-judía y porque pensaban que Hitler trataría de deshacerse de los judiós de su país, insistiendo en que se debía evitar cualquier posibilidad de emigración de los alemanes judíos a Palestina. Esta reunión fue el comienzo de una hermosa amistad.

Pero comenzamos desde la mitad. En 1933, los nazis eran principiantes en el tema de cómo resolver la “cuestión judía”, en contraposición con el Mufti que ya había logrado acumular cierta antigüedad en este terreno. Él fue quien organizó el pogrom en 1920 que se cobró la vida de cinco judíos, mejoró sus capacidades con los desmanes de 1929, con 133 judíos asesinados. Como una continuación directa de todo esto, fue Al-Husseini quien impulsó la Gran Revuelta Árabe de 1936-1939 (6.000 muertos, 400 judíos, 200 británicos y otros tantos árabes), parte de la financiación de éste levantamiento provino de Alemania quienes fundaron en 1936 el movimiento juvenil de los “Scouts nazis”.

El Mufti fue el hombre que fundó y dirigió el movimiento nacional palestino desde el primer día, un movimiento que demostró su saña para derramar sangre judía. En 1937, Adolf Eichmann visitó Israel y no llegó a encontrarse con Husseini ya que el líder palestino fue deportado un día después. De allí, Eichmann se trasladó a Egipto, donde se reunió con los representantes del Mufti. Tras el asesinato del gobernador británico de la Galilea, Husseini huyó del país y finalmente aterrizó en Alemania. En el camino paso por Irak y se dedicó a lo que era su especialidad, organizó una rebelión contra los británicos e impulsó la masacre de  judíos, incluyendo el famoso pogrom de Farhud.

Entre 1941-1944 Husseini vivió en Berlín, al lado de Hitler y Eichmann. El Oficial SS Dieter Wisliceny, el asesino de los niños del pueblo checo de Lidice y el asistente personal de Adolf Eichmann declaró: “El Mufti desempeñó un papel en la decisión del gobierno alemán para exterminar a los judíos de Europa. En todos sus encuentros con Hitler y Himmler, él insistía y ofrecía el exterminio de los judíos”. Hay una importancia en éste testimonio ya que podría significar que los nazis no pensaron en destruir a los judíos en un principio, querían deshacerse de ellos a través de la deportación. Husseini los incitó, sin descanso, hacia la decisíon del holocausto, decisión aprobada finalmente en la Conferencia de Wannsee en 1942.

El acuerdo con Eichmann decía que cuando los alemanes conquistasen la tierra de Israel, se construirá un campo de exterminio de judíos de Israel y de los países islámicos en el Valle de Dotan, a cambio del apoyo de los árabes locales a favor de los nazis. Entretanto, Husseini no perdió su tiempo, incitando continuamente desde la emisora de radio ​​árabe en Berlín (radio Zessen), y organizando la unidad “Einsatzgruppen” musulmana que trataría con los judíos y que conquistarían Israel y los territorios aledaños. La unidad se estableció en Atenas y fue citada para acompañar a Rommel desde Tobruk en camino hacia Israel. Paralelamente fue reclutada una división musulmana de Bosnia conocida como “la 13 ª División de las SS” , y otra unidad llamada  “Legión Árabe libre” que ayudó a la Wehrmacht, e inició la “Operación Atlas” que lanzó en paracaídas a un equipo de nazis y árabes a Jericó, con el fin de envenenar las fuentes de agua de Rosh Haayn para asesinar a los habitantes judíos de Tel Aviv. Los paracaidistas fueron descubiertos y la operación se frustró. Entre los árabes que estaban dentro del equipo estaba “Abu Ali” Hassan Salameh, uno de los líderes entre los atacantes, cuyo hijo, Ali Hassan Salameh, fue jefe del “Septiembre Negro”, una organización que fue establecida por el hijo del activista nazi-palestino y que llevó a cabo la masacre de las Olimpiadas de Munich, quienes fueron también los que secuestraron aviones y que fundaron la “Fuerza 17” de Fatah, que en la actualidad son considerados por algunos como “socios para la paz”. Salameh Jr. fue asesinado por el Mossad en 1979.

Rommel, a pesar del enorme disgusto palestino, fracasó, y los alemanes fueron rechazados. Husseini se consoló brindando su asistencia para la destrucción de los judíos de Europa. En reconocimiento a su contribución, recibió el rango de general de las SS, condecoración que le dió Himmler. Un informe reciente de investigadores norteamericanos revelaron hace unos 4 años que Husseini, que en retrospectiva dijo que su estancia en Alemania se debió solamente por su miedo a los británicos, recibió de manos de los nazis una enorme suma de 50.000 marcos al mes (el doble de los que recibía un Mariscal de Campo), cuando el sueldo de los funcionarios de la zona alemana llegaba a cerca de 25.000 marcos al año. Además, se le prometió que iba a ser el líder de Palestina después de la conquista de Israel por los nazis y tras la destrucción de sus residentes judíos.

El movimiento nacional palestino se silenció con la creación de Israel, renovando sus actividades en 1964, con el establecimiento de “la OLP”. En 1969 el movimiento pasó a ser liderado por Yasser Arafat, pariente del Mufti, quien adoptó las tácticas asesinas de Husseini y siguiendo una estrategia, a largo plazo, para destruir Israel. Arafat adoptó el apodo de guerra de  Abu Ammar, que era el cariñoso apodo árabe de Hitler. Tras Arafat, el linaje nazi fue continuado por Abu Mazein, que no es otro que el doctor Mahmud Abbas, cuya tésis doctoral para la Universidad de Lumumba (Moscú) , se centra en la negación del Holocausto, reduciendo al mínimo sus dimensiones y culpando al movimiento sionista de haber colaborado con los nazis para quedarse con las propiedades judías y así asumir el control del país.

Este infinito descaro suele ser respondido con pasividad por los gobiernos israelíes, cuyos líderes no ponen el dedo acusador centrando la atención internacional en un tema tan central para la Hasbará frente a la negación del Holocausto que impulsa la Autoridad Palestina, mientras se negocia para entregar parte de las tierras de Israel a ésta misma gente.

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