La “Primavera Árabe” vista una década después – Por el Teniente Coronel (ret.) Dr. Mordejai Keidar (BESA)

RESUMEN: Los 10 años de la así llamada “Primavera Árabe”, siendo el último año, el año de la pandemia del COVID-19, han llevado a muchos países árabes al borde del abismo. Lo peor puede que esté por venir si el presidente electo Joe Biden toma las medidas previstas que a la larga beneficiarían a la República Islámica de Irán.

El 17 de diciembre, 2010 en una pequeña ciudad de la provincia tunecina, un joven llamado Muhammad Bouazizi se auto-inmoló prendiéndose fuego en protesta por una bofetada que recibió de una mujer policía por dirigir un puesto de verduras no-autorizado en un esfuerzo por ganarse la vida. Sus amigos lanzaron manifestaciones y protestas contra el gobierno corrupto del Presidente Zine Abidine Ben Ali y dichas protestas se extendieron rápidamente hacia Túnez, la capital. Al-Jazeera transmitió de forma continua las manifestaciones en sus medios de comunicación, lo que llevó a más y más tunecinos a unirse a ellos en una marea creciente de gente. Luego de aproximadamente un mes de protestas masivas, el presidente se exiló con su esposa e hijos solicitando el asilo político en Arabia Saudita.

Comenzando en enero del año 2011, las manifestaciones se extendieron hacia Egipto, Yemen, Libia, Siria, Bahréin, Argelia, Jordania, Marruecos, Irak, Sudán, Kuwait, el Líbano, Mauritania e incluso a Arabia Saudita y Omán. En la mayoría de estos estados las protestas disminuyeron, o fueron reprimidas, a través de una intervención extranjera como la de Arabia Saudita en Bahréin. En Siria, Libia y Yemen sin embargo, la sangrienta lucha interna ha continuado hasta el día de hoy mientras arrastra consigo una intervención extranjera armada.

Egipto ha ido experimentado importantes cambios de régimen, incluyendo un año de gobierno de la Hermandad Musulmana – y estos cambios afectaron aún más a su ya debilitada economía. Túnez ha vacilado entre fuerzas cívicas opositoras, de un Islam político hasta un liberalismo europeo.

Al comienzo, el principal objetivo de los manifestantes era acabar con la opresión y corrupción de los regímenes reinantes para ese momento, acabar con el desempleo, la pobreza, ignorancia, marginación social y el desprecio general que las autoridades de gobierno mostraban a sus conciudadanos. La amarga realidad en la mayoría de los estados árabes contrasta fuertemente con la situación en las monarquías del Golfo, de Europa y los Estados Unidos, a la que las masas ahora estaban expuestas gracias a los medios de comunicación, los canales por satélite y las redes sociales, en especial el portal Facebook.

Al-Jazeera, que fue lanzada a finales de 1996, se convirtió en un medio de comunicación yihadista que representaba a la Hermandad Musulmana y difundía el fervor de las manifestaciones y revueltas contra las autoridades de un país a otro. El mundo árabe a finales del año 2010 era como un polvorín con el destello eléctrico repentino de Al-Jazeera a su alrededor. Bouazizi fue la chispa que encendió a las masas.

Países que estuvieron a la vanguardia del panarabismo durante muchos años — Siria, Libia e Irak (donde comenzaron los disturbios en el año 2003) — descendieron hacia una guerra civil y sus heterogéneas poblaciones todavía luchan por sobrevivir hasta el día de hoy. La Liga Árabe, la organización que solía representar a la “nación árabe” ante el mundo mientras desempeñaba un papel conciliador y mediador dentro del dominio árabe, ha caído en una parálisis total.

Cuando los regímenes dejan de ser efectivos y la anarquía es lo que prevalece, quien consiga huir lo hace lo antes y más rápido posible. Millones de árabes han emigrado a cualquier país del mundo que los reciba. Individuos con educación universitaria, académicos, ingenieros, médicos y aquellos profesionales liberales se marcharon al extranjero en busca de entornos tranquilos y seguros para ellos y sus familias. Millones de emigrantes se fueron a Turquía, Europa y a muchos otros países, dejando a sus países de origen sin la capacidad de reconstruirse por sí mismos.

Al mismo tiempo, los actores más peligrosos, aquellos que habían sido subyugados pero solo esperaban una oportunidad para salir a flote, ahora emergieron a todo dar: es decir, las organizaciones islámicas radicales engendradas por las madrazas de la Hermandad Musulmana, en particular Al-Qaeda y sus diferentes ramificaciones. Estos ganaron legitimidad para sí mismos combatiendo sin piedad — es decir, librando el yihad contra — los regímenes crueles y corruptos.

En el año 2014, estos lograron un objetivo importante al establecer el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS). Este grupo sembró terror en todo el mundo con múltiples y horribles formas de asesinatos y dio lugar a un consenso internacional sobre la necesidad de una intervención extranjera, en especial Rusia y los Estados Unidos. Sin embargo, la demolición de ISIS no erradicó la ideología radical en la cual esta ese encontraba cimentada; en cambio, esa ideología simplemente buscó nuevos pastos. Hoy día está misma ideología está viva y sigue asesinando en el Sinaí, Argelia, África, Europa y en todos los lugares hacia donde huyeron los terroristas de ISIS. De vez en cuando estos realizan ataques terroristas. Tan solo recientemente, vimos en acción las dagas de ISIS en Francia.

Los grandes perdedores de la “Primavera Árabe” son las desafortunadas masas de gente que tomaron las calles con demandas totalmente justificadas pero que se toparon con la fuerza brutal y el imponente sordo silencio de la apatía internacional hacia un desenfrenado derramamiento de sangre. La hipocresía del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas quedó al descubierto cuando precisamente le otorgó escaños a los estados acusados ​​de masivas violaciones a los derechos humanos.

Las tragedias de la “Primavera Árabe” convirtieron el tema palestino en un tema marginal. Muchos políticos árabes entienden que este problema no avanza hacia una solución, principalmente porque Israel no se está sometiendo a la narrativa inventada por los grupos terroristas – desde Fatah y las organizaciones “frontales” hasta Hamas y el Yihad Islámico. En Arabia Saudita incluso se ha afirmado que la Mezquita Al-Aqsa mencionada en el Corán se encontraba en la Península Arábiga en lugar de estar en Jerusalén, lo que anula los reclamos religiosos de propiedad palestinos del tercer santuario más sagrado del Islam y por consecuencia, de Jerusalén y Palestina.

Los grandes ganadores de la “Primavera Árabe” son los estados de la Península Arábiga (aparte de Yemen) que escaparon a su impacto. Los países que hasta hace una década se encontraban al margen del mundo árabe, muy alejados de la atención política regional e internacional, son ahora los actores clave en la política internacional del Medio Oriente.

Los disturbios en el Medio Oriente han permitido a las fuerzas no-árabes, tanto urbanas como extranjeras – penetrar en la región a voluntad. Rusia rescató al régimen de Assad en Siria a cambio de apoderarse de la parte occidental del país y de los enormes depósitos de gas natural en el lecho marino del Mediterráneo que pertenecen a Siria. Irán, a través de sus agentes-estados y fuerzas expedicionarias, ha obtenido el control de Irak, Siria central y oriental junto al Líbano, Yemen y Gaza. La Turquía de Erdogan asume el control de partes de Siria y de Libia. Mientras tanto, Israel, que en el pasado fue descrito como una “daga en el corazón de la nación árabe”, sigue alargando la lista de estados árabes que han aceptado su razón de existir, lo han reconocido y han hecho las paces con este.

Etiopía se percibe a si mismo lo suficientemente fuerte en relación a Egipto que ha construido una represa en el Nilo que pudiera causar una devastadora escasez de agua a los 100 millones de habitantes de Egipto. Sudán se ha dividido en dos países, Sudán del Sur además de Sudán y ese proceso puede que continúe más allá de las fronteras de Sudán en otros estados árabes.

Los 10 años de la “Primavera Árabe”, siendo el último el año de la pandemia del COVID-19 – han llevado a muchos países árabes al borde del abismo. La escasez de alimentos, las interminables guerras en Libia, Siria, Irak y en Yemen, la expansión iraní y la apatía global lo que han hecho es empeorar las angustias y penurias del Medio Oriente.

Lo peor de todo se ve venir en un futuro cercano: la nueva administración estadounidense, que tiene como objetivo retornar al acuerdo nuclear del año 2015 y levantar las sanciones a Irán. Tales pasos mejorarán la capacidad de Teherán para interferir internamente en los países árabes y sembrar muerte y destrucción. Un resultado pudiera ser un incremento adicional a la emigración (o, para decirlo más exactamente, una huida) de millones de habitantes del Medio Oriente hacia nuevos países donde pueden reconstruir las vidas que fueron destruidas por la “Primavera Árabe”.

Para resumir, tan inmensas como son las esperanzas que acompañaron a la “Primavera Árabe” en sus comienzos es la desilusión que esta ha dejado a su paso.

 

El Teniente Coronel (ret.) Dr. Mordechai Kedar es investigador asociado sénior en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Este se desempeñó durante 25 años en el servicio de inteligencia militar de las FDI especializándose en el tema Siria, el discurso político árabe, los medios de comunicación árabes, los grupos islámicos y árabes israelíes y además es experto en grupos tales como la Hermandad Musulmana y otros grupos islamistas.

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