La petición palestina ante el Consejo de Seguridad – La importancia interna e internacional para Israel – Por Shimon Stein y Shlomo Brum (INSS)

La decisión del Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, de dirigirse al Consejo de Seguridad de la ONU para que éste apruebe una resolución a favor de establecer un calendario para la retirada israelí de los territorios para finales del 2017, reconociendo un estado palestino dentro de las fronteras del 67′, con Jerusalén oriental como su capital, ha obligado a los países de Oriente Medio y de la arena internacional a plantearse de nuevo la cuestión del conflicto israelí-palestino. Inevitablemente, este asunto también se plantea como primordial en la agenda pública de Israel, abordando nuevamente la cuestión del proceso de paz con los palestinos y la relación entre Israel y los Estados Unidos. Como resultado de todo esto, los temas políticos van a ser centrales en los animados discursos de la campaña electoral en Israel.

La decisión de la OLP de recurrir al Consejo de Seguridad debe ser vista como resultado de una mezcla del continuo punto muerto en el proceso político, el fracaso de la última ronda de negociaciones entre Israel y los palestinos; liderada por el secretario de Estado John Kerry; y por el sentimiento que no se percibe a la vista un avance concreto en las negociaciones (algo aceptado en amplios sectores palestinos incluso antes de la decisión de adelantar las elecciones en Israel) y por la sensación de que el gobierno israelí no es un socio para llegar a un acuerdo. Al mismo tiempo, es un intento de Abbas de explotar la escalada de la tensión y violencia entre Israel y los palestinos (con la esperanza de que los acontecimientos no se salgan de control y sea la chispa que encienda una conflagración mayor) promoviendo la estrategia de alcanzar un reconocimiento internacional de un estado palestino imponiendo una solución contra Israel, incluso sin una negociación directa con ella. Al ambiente de tensión entre Israel y los palestinos contribuyen también los incidentes relacionados con el Monte del Templo. La falta de respuesta por parte del gobierno israelí frente a las actividades de los políticos derechistas en el Monte del Templo es interpretado como una expresión de la intención de Israel de cambiar el status quo impuesto durante años. Más aún, el foco en Jerusalén ha empujado a Jordania, que se ve a sí misma como la guardiana del sitio, a tomar una serie de medidas incluyendo el regreso del embajador israelí llamado a consultas, la convocatoria de una cumbre de emergencia en Ammán para discutir el tema, y en virtud de su participación en el Consejo de Seguridad, pasar a respaldar también la ofensiva diplomática palestina en la ONU.

El gobierno israelí respondió al accionar palestino en el Consejo de Seguridad con un esfuerzo diplomático diseñado para anular la propuesta, centrándose en persuadir a la administración estadounidense de vetar la resolución palestina en todas las posibles formulaciones que puedan ser consolidadas por los miembros del Consejo de Seguridad. En este contexto el primer ministro Binyamin Netanyahu viajo a Roma para una reunión especial de emergencia con el secretario de Estado Kerry. Los resultados de dicha reunión aún no se conocen, ya que no se realizó ningún anuncio público tras la misma. En el transfondo de la reunión debemos recordar que, a excepción del deseo de lograr un reconocimiento y un apoyo internacional, la iniciativa palestina en el Consejo de Seguridad ha sido diseñada para desafiar a los Estados Unidos y, en particular, para examinar si la administración Obama tiene intención de continuar con la tradicional política de vetar las resoluciones sobre el conflicto palestino-israelí.

Con el fin de salvar a los Estados Unidos de este dilema, Francia, Gran Bretaña y Alemania están trabajando en un proyecto de resolución que permita que los Estados Unidos se abstengan de imponer su veto. Esta propuesta se centraría en los principios y en el espiritu propuesto por el secretario Kerry en la última ronda de diálogo entre Israel y los palestinos, estableciendo un calendario de dos años para completar un acuerdo y un estatus permanente. También puede observarse que la iniciativa europea es coherente con el reciente ambiente europeo que se manifiesta en la ola de decisiones de reconocer un Estado palestino, aprobada por los gobiernos y los distintos parlamentos europeos.

Los significados de estos sucesos no son insignificantes, incluso si en esta etapa no queda claro cómo va a terminar todo y cuáles son las consecuencias prácticas del proceso diplomático palestino.

La decisión de Netanyahu de disolver el gobierno y la celebración de elecciones anticipadas coloca a la administración estadounidense en un dilema con respecto a una decisión al respecto y las posibles implicaciones para las próximas elecciones israelíes. Escuchando los medios de comunicación podemos aprender el debate en curso dentro de la administración (Obama)  sobre el tema. Están los defensores de seguir con la política de veto, para no ayudar a que Netanyahu y los grupos de la derecha israelí levanten la bandera de “todo el mundo está contra nosotros” para así atraer votos de la derecha. Otros no temen las consecuencias de no imponer un veto en las tendencias de voto en Israel, siempre y cuando  la propuesta que se someta a votación en el Consejo de Seguridad sea tal que los Estados Unidos puedan vivir con ella. En su opinión, se debería negociar con los tres principales países europeos sobre la redacción de la propuesta. El Secretario de Estado Kerry, por su parte, dijo que Estados Unidos “no va a tener un problema con propuestas moderadas”.

La cuestión de la intervención estadounidense en las elecciones israelíes no es algo nuevo. Esta vez, además se suma el “toque personal” derivado de la precaria relación entre el presidente Barack Obama y el primer ministro Netanyahu (podemos suponer que el equipo del Presidente y de la Casa Blanca recuerdan la intervención de Netanyahu en la campaña electoral en donde Obama ganó un segundo mandato como presidente, apoyando a su oponente). Sean las consideraciones que sean, podemos suponer que la abstención de Estados Unidos de imponer un veto a un proyecto de resolución, cuyo texto sean producto de un diálogo entre los países de Europa y los Estados Unidos, puede llegar a tener un impacto positivo sobre las elecciones en Israel. Esto, debido a que los partidos van a verse obligados, al igual que el público israelí, a hacer frente a las implicaciones de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU y a determinar los parámetros para un acuerdo permanente con los palestinos. Al contrario de las elecciones anteriores, que se centraron en cuestiones sociales y económicas, y en donde los partidos políticos y el público en general terminaron evitando el tema principal que es la relación entre Israel y los palestinos.

En el contexto del debate público que tendrá lugar durante las elecciones en Israel, también es de gran importancia analizar y medir las relaciones entre Israel y los Estados Unidos siendo que el público deberá decidir, en principio, entre dos puntos de vista contradictorios. Uno ve la relación entre los dos países como un componente clave de la fuerza y la capacidad estratégica de disuasión de Israel. De ahí la idea de que aquel líder que dañe las relaciones debe ser “castigado” (como le sucedió al primer ministro Yitzhak Shamir, que fue derrotado por Rabin en las elecciones celebradas en 1992). El segundo enfoque considera que el estado de Israel “habita solo” y sostiene que la fricción con los otros países reflejan la naturaleza antisemita genérica en muchos de estos. Los defensores de este punto de vista apoyarán a un líder político que defenderá a Israel de la presión internacional y que se resistirá a la intención, por parte de otras naciones, a forzar políticas y medidas que son vistas como problemáticas para Israel.

Si tras las elecciones se forma una coalición de gobierno interesada en negociaciones concretas con los palestinos, ella podrá ayudarse de una resolución del Consejo de Seguridad y comenzar a discutir cuestiones fundamentales del conflicto, sobre la base de los avances alcanzados en las anteriores rondas de conversaciones. Esto, contrastando con el formado aceptado hasta el momento, según el cual los gobiernos israelíes comenzaron la negociación desde cero. Como resultado de esto, los gobiernos israelíes decidieron las cuestiones de fondo solamente a final de su cadencia, lo que planteaba serias dudas sobre su capacidad para aplicar los acuerdos y cumplir con sus obligaciones.

 

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