La historia de la tierra es judía y no palestina – Por Dr. Yechiel Shabiy

RESUMEN: La afirmación que claman los representantes electos de la población árabe israelí de que son los dueños autóctonos de la tierra, mientras que los ciudadanos judíos en Israel (e implicando, al propio Estado de Israel) son “invasores colonialistas” es una inversión total de la realidad histórica. La declaración del Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo acerca de la legalidad de las comunidades judías de Cisjordania, junto al plan de paz del Presidente Trump basado en dicho principio, ofrece una oportunidad única para corregir tal errónea noción aplicando la soberanía a todas las comunidades israelíes en Cisjordania.

Imagen de la portada: Antigua sinagoga en Gamla en los Altos del Golán, construida durante el período del Segundo Templo en el siglo I d.C., fotografía vía Wikimedia Commons

Los representantes electos de la comunidad árabe de Israel afirman que los palestinos son los dueños autóctonos de la tierra, una minoría indígena desheredada por los invasores extranjeros. Según esta noción, cuyo objetivo es socavar la narrativa sionista sobre el retorno del pueblo judío a su patria histórica, los árabes de la tierra de Israel, al igual que los indios en Estados Unidos, los aborígenes en Australia y las tribus zulú en Sudáfrica, son víctimas del imperialismo/colonialismo europeo, que los convirtió en una minoría marginada y oprimida en su propia tierra. Desde este punto de vista, el sionismo es una cruda perversión del judaísmo porque los judíos no constituyen un pueblo sino solo una comunidad religiosa sin atributos o aspiraciones nacionales ni mucho menos algún derecho a un estado propio, incluso en una pequeña parte del patrimonio árabe-palestino islámico.

Esa tesis no solo es infundada sino que es una inversión total de la verdad histórica.

Fueron los invasores árabes/musulmanes quienes llegaron a la Tierra de Israel como fuerza imperialista ascendente en la década posterior a la muerte del Profeta Mahoma y sentaron las bases para una colonización de esta tierra por una larga cadena de imperios musulmanes hasta la caída del Imperio otomano al final de la Primera Guerra Mundial. Durante esta larga era, los residentes no-judíos y no-cristianos de la tierra se identificaron como musulmanes y no como árabes y muy ciertamente no como palestinos – hasta la Primera Guerra Mundial, cuando la idea del nacionalismo árabe cobró impulso con la ayuda del imperialismo británico.

Basta con observar los apellidos comunes entre los palestinos para ver sus orígenes colonialistas: Hijazi, de Hijaz en la Península Arábiga, de donde provinieron los invasores autóctonos; Bosniak, de Bosnia; Turco, de Turquía; Halabi, de Siria; Hindi, de India; Yemení, de Yemen; Masarwa/Masri, de Egipto; Mughrabi, del Magreb y así sucesivamente.

En contraste, innumerables nombres de lugares en la Tierra de Israel dan testimonio de una presencia judía durante miles de años. Tomemos, por ejemplo, el río Narbeta al norte de Samaria. Narbeta, siendo esta la pronunciación aramea de Arubot, la ciudad bíblica en la que vivió uno de los 12 gobernadores del Rey Salomón y gobernó a toda la región del norte de Samaria. En Narbeta, tal como relata Yosef ben Matityahu (Josefo), los romanos masacraron a miles de judíos durante la Gran Revuelta (años 66-73 CE). El área está repleta de reliquias arqueológicas de las épocas del Segundo Templo, Mishnáico y Talmúdico.

La población judía no adoptó el dominio romano-bizantino y durante siglos se rebeló contra este repetidamente. La Gran Revuelta agotó considerablemente a la población judía, pero fue la Revuelta de Bar Kochba (132-35) y los decretos religiosos y económicos posteriores que devastaron a la población, particularmente en la región de Judea. En el lugar fueron impuestos fuertes impuestos a los dueños de propiedades judías y a los agricultores y aquellos que luchaban buscaron respiro en tierras cercanas, en especial Siria.

Preocupados por el carácter judío y demográfico de la Tierra de Israel, los sabios prometieron vida en el mundo por venir a aquellos que habitaban en la tierra e incluso a aquellos que simplemente caminaron cuatro leguas en ella. En palabras del rabino Meir: “Al que cría a sus hijos en la tierra de Israel le es prometido un lugar en el mundo por venir”. El asentamiento floreció, particularmente en Galilea, Samaria y sobre las colinas del sur de Hebrón. Se desarrollaron decenas de comunidades, entre ellas Tiberias, Baram, Gush Halav, Yota, Eshtemoa, Halhoul, Kfar Kanna, Arraba y Sakhni.

Con la conquista cristiana del Imperio Romano, los grupos judíos vieron empeorar su situación. Poblaciones enteras de judíos y no-judíos convertidos al cristianismo y la presencia judía disminuyeron enormemente. No en vano, los judíos de la Tierra de Israel jugaron un papel importantísimo en ayudar a los conquistadores persas en el año 614.

En el año 628, el Emperador bizantino Heraclio derrotó a los persas. Aunque este les prometió a los judíos y a su líder Benjamín de Tiberíades que si deponían las armas no les ocurriría nada, rápidamente rompió su promesa y asesinó a miles de judíos.

En menos de una década después, los musulmanes conquistaron la tierra, con la ayuda de la población judía. Aunque, durante el dominio musulmán, la población judía agrícola y urbana permaneció en buenas condiciones, la conquista de los cruzados y la posterior conquista de los mamelucos la golpearon muy fuertemente.

Tal como lo demuestran las descripciones de peregrinos judíos y de cristianos, los judíos vivieron en aldeas judías en Galilea tales como Kfar Hanania, Parod, Baram, Alma, Ein Zeitim, Kfar Kanna y otros hasta los siglos 18 y 19. Fueron los turcos otomanos los que obligaron a los aldeanos judíos a abandonar sus hogares, expulsándolos, discriminándolos, persiguiéndolos o incrementando sus impuestos, lo que provocó que los judíos migraran a las ciudades de Safed, Tiberíades, Acre, Haifa e incluso Tiro y Sidón.

En la región del norte de Samaria, los judíos vivieron en Anin, cerca de Umm Al-Fahm, cultivando limones para el comercio, hasta que los turcos se establecieron allí junto a los árabes yemenitas. Además, la comunidad de Bitra (Bitron en arameo) se convirtió en Barta’a. En este pueblo y sus alrededores, el gran clan Kaba, una filial de la tribu Banu-Hilal oriunda de Arabia Saudita, llegó a establecerse, al igual que el clan Masarwa de Egipto.

Las montañas del norte de Samaria están sembradas de miles de reliquias de escurridores de uvas y de terrazas que sirvieron como viñedos a los residentes judíos y samaritanos de la región. A medida que la población musulmana se hizo cargo, la industria del vino colapsó y fue reemplazada por el cultivo de olivos y de algarrobos.

La tierra habla hebreo. Los nombres de las comunidades tienen un significado lingüístico en hebreo: Jaffa = yafeh (hermoso), Haifa = hofa shel ihr (orilla de una ciudad), Shikmona = shkamim (arce con frutos alados), Nazareth = notzeret/shomeret (guardián), Beit Guvrin = ihr hag’varim/ hat’kifim (ciudad de los fuertes) y así sucesivamente. Cuando los árabes conquistaron estos lugares, pronunciaron los nombres a su manera, distorsionándolos y modificando su significado: así Shfaram (que significa “un pueblo cuya suerte ha mejorado”) se convirtió en Shfa’amr, Ganim se convirtió en Jenin, Bitra se convirtió en Barta’a, Ashdod se convirtió en Isdud, Tur Karem (que significa “montaña de los viñedos”) se convirtió en Tulkarem y Jordania se convirtió en Urdan, nombres sin significado lingüístico en árabe.

Tal como dijo el líder político y militar israelí Yigal Allon, un pueblo que no conoce su pasado tiene un presente limitado y un futuro desconocido. Cuando Ahmed Tibi, miembro árabe israelí del Kneset, protestó ante el Presidente Reuven Rivlin de que los árabes en la Tierra de Israel son los residentes autóctonos de la tierra y por lo tanto son sus amos, el presidente debería haberle respondido adecuadamente, tal como en los dictámenes de los sabios judíos: Sepan cómo responderle a un ignorante.

Hoy las bodegas y viñedos han retornado a las montañas de Samaria, y en las festividades de Tu Bishvat se plantarán más y más arboles de la uva. La declaración del Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo sobre la legalidad de las comunidades judías en Cisjordania, junto al plan de paz del Presidente Trump basado en dicho principio, ofrece una oportunidad única para aplicar la soberanía a todas las comunidades israelíes presentes en Cisjordania, incluyendo las del norte de Samaria desde donde fluye el río Narbeta.

 

El Dr. Yechiel Shabiy es investigador en el Centro BESA y profesor de ciencias políticas en la Universidad Bar-Ilan.

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