La fragilidad de las alianzas en el Medio Oriente – Por Dr. James M. Dorsey

RESUMEN: La competencia entre los rivales del Medio Oriente y el poder final dentro de las diversas alianzas de la región se torna cada vez más económica y comercial que militar y geopolítica. Las batallas son libradas tanto en los frentes geopolíticos como en los campos de batalla económicos y culturales como por ejemplo el fútbol.

Tres desarrollos recientes ponen de manifiesto la fragilidad de las alianzas del Medio Oriente y un re-equilibrio de sus prioridades: el compromiso ruso-turco a un asalto a la región siria de Idlib ocupada por los rebeldes, el destino de la problemática aerolínea perteneciente a Abu Dhabi Ettihad y las batallas por la reconstrucción de siria.

Estos desarrollos ponen de relieve el hecho que la competencia entre los rivales del Medio Oriente y el poder final dentro de las diversas alianzas de la región se vuelve cada vez más económica y comercial que militar y geopolítica. Las batallas son libradas tanto en los frentes geopolíticos como en los campos de batalla económicos y culturales, como por ejemplo el fútbol.

Como resultado, los lineamientos fallidos de varias alianzas en el Gran Medio Oriente, una región que se extiende desde el norte de África hasta el noroeste de China, se están posicionando en un primer plano.

Las grietas pueden ser más evidentes en la alianza ruso-turca-iraní, pero también se ocultan tras bastidores de la cooperación que realiza el Golfo con Israel para confrontar a Irán, así como también el frente unificado presentado por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Rusia evitó, al menos por ahora, una ruptura con Turquía al retrasar un ataque total contra Idlib a pesar de la defensa iraní a una ofensiva. Turquía, que ya alberga a 3 millones de sirios, temía que un asalto sirio-ruso empujara a cientos de miles, si no millones de más refugiados a través de su frontera.

Si Irán fue el eslabón más débil en el debate sobre Idlib, este se verá aun más fuerte en su próxima competencia con Rusia por el botín a la reconstrucción de la Siria devastada por la guerra.

Similarmente, Rusia parece ser ambivalente hacia una continua presencia militar iraní en la Siria de posguerra, un potencial punto inflamable dado la oposición de Israel y los ataques israelíes que llevaron recientemente al derribo de un avión ruso.

De la misma manera Turquía, a pesar de su respaldo a Qatar en su disputa de hace 15 meses con una alianza liderada por los Emiratos Árabes Unidos que se encuentra boicoteando diplomática y económicamente a dicho estado del Golfo, plantea quizás el mayor desafío para los esfuerzos de Qatar en proyectarse globalmente al operar una de las mejores aerolíneas del mundo y posicionándose a sí mismo como un centro de actividades deportivas.

Turquía, a pesar de no haberse ganado el derecho a recibir la Euro-2024 y su falta de fuerza financiera en el Golfo, compite favorablemente en todos los otros frentes con Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, que también busca proyectarse a través del poder blando como también del duro. Los EAU se oponen a Erdogan debido a sus inclinaciones islamistas, sus vínculos con Irán y su apoyo a Qatar. Turquía está muy por encima de los pequeños estados del Golfo en cuanto a tamaño, población, ubicación, base industrial, poderío militar y actuación deportiva.

Eso, junto a la determinación de socavar a Qatar, fue probablemente una de las razones por las que los principales transportistas aéreos de los EAU, Emirates y Etihad (preocupados por un modelo de empresa fallida), han estado discutiendo discretamente una posible fusión que crearía la mayor aerolínea comercial del mundo.

El ir contra la competencia de las aerolíneas turcas, que supera a ambas compañías aéreas de los EAU con 309 aviones de pasajeros que dan servicio a 302 destinos en 120 países, bien puede haber sido otra razón. Emirates, la mayor de las dos aerolíneas del Emirato, posee una flota de 256 aviones que vuelan a 150 destinos en 80 países.

Estos desarrollos recientes sugieren que las alianzas, particularmente la que agrupa a Rusia, Turquía e Irán, son frágiles y transaccionales. Estos están orientados a capitalizar intereses comunes inmediatos en lugar de objetivos compartidos a largo plazo, ni tampoco valores.

Esto es cierto aun si Rusia y Turquía encuentran cada vez más puntos comunes dentro de conceptos sobre el eurasianismo. Esto también aplica a Turquía y Qatar, que apoyan a los grupos islamistas, así como también a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos, que coordinan estrechamente las políticas pero cuyos objetivos diferentes son exhibidos en Yemen.

La fragilidad de las alianzas se ve subrayada por las aspiraciones turcas, rusas e iraníes de resucitar a sus respectivos imperios en un molde del siglo 21 y la búsqueda saudita por el dominio regional.

Las nociones de imperio han informado de políticas desde mucho antes de la realineación a través de Eurasia como resultado del cambio en el enfoque estadounidense del Oriente Medio a Asia, en particular el ascenso de China. Las relaciones entre Occidente y Rusia han sido cada vez más tensas y los estados del Medio Oriente como por ejemplo Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos e Irán han sido cada vez más asertivos.

El anterior presidente de Turquía Suleyman Demirel, le dijo a este servidor ya en la década de los 90, después de la desaparición de la Unión Soviética y el surgimiento de repúblicas independientes de Asia Central, en su mayoría étnicamente turcas, que “el mundo de Turquía se extiende desde el Mar Adriático hasta La Gran Muralla China2.

En un mundo en el que la globalización se ve encuadrada por zonas geopolíticas en lugar de países individuales, el imperativo de Rusia es definirse como una potencia euroasiática en lugar de europea que estaría a la par de China, la UE y una zona de influencia estadounidense.

“Putin no piensa en base a lineamientos nacionales. Piensa en términos de bloques mayores y en última instancia, en términos al orden mundial”, dijo el ex-ministro portugués para Europa Bruno Macaes en un libro recientemente publicado, ‘El Advenimiento de Eurasia’.

Al hacerlo, Rusia efectivamente le está dando la espalda a Europa al reinventarse a sí mismo como una potencia asiática con base en el eurasianismo, una ideología centenaria que define a Rusia como una potencia euroasiática en lugar de una europea.

La Unión Económica Euroasiática, que agrupa a Rusia, Kazajstán. Kirguistán, Bielorrusia y Armenia, es un vehículo que le permite a Rusia establecerse como un bloque en la frontera entre Europa y Asia.

Del mismo modo, el eurasianismo se ha actualizado en Turquía. El Presidente Recep Tayyip Erdogan, quien fue habilitado por la desaparición de la Unión Soviética y el resurgimiento de un mundo turco, proyecta a su país como una encrucijada entre Europa, África y Asia, mucho más que como puente europeo hacia Asia.

En ese sentido, el columnista turco Sinan Baykent proyectó la reciente visita de paz de Erdogan con Alemania y su propuesta a una cumbre sobre el tema de Siria con la participación de líderes turcos, rusos, alemanes y franceses como enfoque euroasiático para la resolución de problemas.

La reunión entre Erdogan y la Canciller alemana Angela Merkel, tenía como propósito “allanar el camino de una solución euroasiática para la región… Hoy se está formando un nuevo eje entre Berlín, Moscú, Ankara, Teherán y quizás París… Todos estos países están hartos del unilateralismo estadounidense y las políticas excesivas mostradas por la administración Trump”, dijo Baykent.

Si la visión de Turquía y Rusia de su lugar en el mundo está definida en gran medida por la geografía, la topología de Irán dicta una visión mucho más interna a pesar de las acusaciones de que está tratando de establecerse como la hegemonía del Medio Oriente.

“Irán es una fortaleza. [Este se encuentra rodeado por montañas y por el océano, con un terreno baldío en su centro”, señaló Stratfor, una plataforma de inteligencia geopolítica. Los temores del Golfo están arraigados no solo en la profunda desconfianza del régimen islámico de Irán, sino también en el hecho de que los cimientos de los imperios persas del pasado dependían del control de las llanuras en el actual Irak.

Como resultado, la maniobra de los estados del Golfo, en contraste a Turquía y Rusia, está menos orientada por un marco conceptual de su lugar en el mundo y más por la rivalidad regional y supervivencia del régimen. Países como Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos presentan pequeñas diferencias cuando se centran geopolíticamente en un Estados Unidos cada vez más impredecible en el tema económico sobre China y el resto de Asia, incluyendo a Rusia, Corea y Japón.

Lo que resalta colectivamente la difícil situación de Idlib, el cambio potencial en el área de la aviación y la competencia por los contratos de reconstrucción es la fragilidad de las alianzas del Medio Oriente que amenaza ser reforzada por la economía, convirtiéndola en un factor cada vez más importante junto al tema geopolítico.

“Los riesgos para todas las partes están comenzado a desviarse unos de otros en Siria y las perspectivas de cooperación con Rusia e Irán se están volviendo cada vez más difíciles” dijo el columnista turco Nuray Mert, al comentar sobre la situación en Idlib. Su análisis es tan válido para Idlib como para las perspectivas de muchas de las alianzas del Medio Oriente.

 

El Dr. James M. Dorsey es Asociado Sénior no-residente en el Centro BESA, miembro principal de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam en la Universidad Tecnológica Nanyang de Singapur y codirector del Instituto de Cultura Fans en la Universidad de Würzburg.

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