La extremización en el antisemitismo de la izquierda desde Margen Protector 2014 – Por Caroline Glick (Maariv)

En un acto sin precedentes, los tres periódicos judíos en Gran Bretaña declararon al líder laborista Jeremy Corbyn – “Una amenaza existencial para la vida judía en el país”. El Estado de Israel también debe preocuparse.

Como en el pasado, los judíos y las instituciones judías también serán atacados. Cualquier actividad pro israelí o judía que se llevará a cabo en público será el foco de ataques contra los judíos y sus seguidores. Y así como la violencia antisemita en 2014 eclipsó todo lo que precedió, una vez más, lo que experimentarán los judíos eclipsará lo que ocurrió con anterioridad y lo colocará en un bolsillo pequeño.

¿Cómo sabemos todo esto? Ya que en los cuatro años que han pasado desde Margen Protector, la izquierda en Occidente se ha extremizado, y su antisemitismo – expresado en el rechazo de todo lo relacionado con Israel – es amplio, radical y más violento. Tomemos a Gran Bretaña, por ejemplo. El mes pasado, el presidente estadounidense Donald Trump visitó Inglaterra. La Coalición Roja Verde (Izquierda Islámica) organizó una manifestación masiva en Londres para expresar su odio hacia él. Dos cosas se destacaban claramente en la manifestación. En primer lugar, no fue una protesta contra Trump desde lo personal. Los manifestantes expresaron disgusto y odio hacia los Estados Unidos.

Lo segundo que se destacó fue el odio hacia Israel. Multitudes repitieron felizmente consignas pidiendo la destrucción de Israel – “desde el río hasta el mar, Palestina será liberada” y “desde Palestina a México, todas las murallas tienen que desaparecer”.

¿Cuál es la conexión entre la resistencia a Trump y la exigencia de la destrucción de Israel? Muy simple. En los últimos años el odio hacia Israel y el apoyo a quienes lo promueven, incluyendo el apoyo a Irán, Hamás y Hezbollah, se convirtió en el abanderado en términos de política exterior de la izquierda occidental. Y el odio se extiende como un reguero de pólvora desde los márgenes hasta el centro.

En los EE.UU., por ejemplo, la semana pasada se llevó a cabo la conferencia anual de Netroots, una organización fundada durante los días de Barack Obama. El objetivo de la conferencia es unir a muchas organizaciones de izquierda y conducir hacia una situación en donde los políticos demócratas abracen sus posiciones a cambio de apoyo financiero para sus campañas. En la conferencia reciente, el único asunto de política exterior presentado se hizo a través de activistas que apoyaban a palestinos contra Israel.

El Senador Corey Booker de Nueva Jersey asistió a la conferencia. Hace solo tres años el senador Booker se destacó entre los senadores demócratas por apoyar una política pro-Israel. Desde entonces se ha movido hacia el otro lado. Apoyó el acuerdo nuclear de Obama con Irán, se opuso a la ley contra el movimiento BDS, votó en contra de la “Ley Taylor Forest”, que condiciona la ayuda estadounidense a la Autoridad Palestina si corta los fondos a los terroristas y se fotografió con los activistas anti-israelíes que llevaban pancartas en donde se escribía “desde Palestina a México, todas las murallas tienen que desaparecer”. Cuando se le preguntó sobre el significado de la foto, el portavoz de Booker explicó que él no había leído el contenido de la pancarta y no sabía lo que contenía.

Retórica viciosa

Parece que la coalición de izquierda en Occidente está unida en su odio hacia Israel. Y eso nos lleva de vuelta a Gran Bretaña. Hace dos semanas, en una movida sin precedentes, los tres periódicos nacionales judíos en Gran Bretaña publicaron un editorial en su página principal. El artículo hace referencia a la posibilidad que el líder laborista Jeremy Corbyn forme el próximo gobierno, se trataría de “una amenaza existencial para la vida judía en este país”.

Los periódicos dijeron: “Con el caos a los que está sumido el gobierno, como resultado de la controversia en torno al Brexit, hay una posibilidad clara y nítida que el hombre con una ceguera automática hacia las preocupaciones de la comunidad judía, el hombre que tiene dificultades para ver que la retórica venenosa dirigida contra Israel podría convertirse fácilmente en antisemitismo, podría ser nuestro próximo primer ministro”.

Lo que llevó a los periódicos competidores a unirse fue la negativa del Partido Laborista a apoyar la definición de antisemitismo adoptada por el gobierno. La definición formulada por la Asociación de Holocausto Memorial Internacional (IHRA), presenta que el argumento “sionismo es racismo” y la comparación entre Israel y la Alemania nazi son expresiones de antisemitismo.

El Partido Laborista descarta dichos argumentos, y no en vano hace esto. Así como nos muestran las consignas pidiendo la destrucción de Israel y el apoyo al Hamás en manifestaciones en Occidente, el rechazo al derecho de Israel a existir se ha convertido en la norma. En esta situación, está justificado atacar a cualquiera que exprese su apoyo a la existencia de Israel. La posición del Partido Laborista, según la cual se puede afirmar que Israel es un estado racista y por lo tanto no tiene derecho a existir, significa una tolerancia práctica a que los judíos británicos sean atacados.

Si Corbin fuera elegido para formar un gobierno, la posición Laborista justificaría la discriminación institucional contra los judíos. Debido a su sionismo, sería posible el boicotear a negocios judíos, golpearlos, despedirlos del trabajo, y más. Pero los judíos no son los únicos en el Reino Unido que deben estar preocupados por el ascenso de Corbin y una creciente adopción de antisemitismo de la izquierda. Israel, también, debería estar preocupada. Muy preocupada.

En un pasado no muy lejano, Corbin llamó a Hamás y Hezbollah como “mis amigos”. Su círculo más cercano de consejeros está completamente compuesto por antisemitas. Tan pronto como forme un gobierno, la cooperación de seguridad entre Israel y Gran Bretaña cesará. Lo que es peor, es muy probable que enviaría dinero e información sensible a sus amigos de Hamás y Hezbollah. Y eso es solo la punta del iceberg. El principal problema es el efecto que tendrá el gobierno de Corbin en las relaciones Israel-EE.UU.

El grito de “Gevald”

Hasta la llegada de Trump al poder, los británicos siempre se las arreglaron para amortiguar la alianza entre Israel y los Estados Unidos. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, por ejemplo, aterrizó el primer ministro británico, Tony Blair, en Washington. El propósito de la visita fue evitar que el entonces presidente George W. Bush incluyese al terrorismo palestinos en su definición del terrorismo que el mundo debía unirse contra él. Como resultado de la visita de Blair, en su discurso ante el Congreso, el 20 de septiembre de 2001, el Presidente Bush anunció que Estados Unidos estaba en guerra contra los “grupos terroristas con capacidad global”, exceptuando al terrorismo contra Israel. Los palestinos, que usaron el terror local contra Israel, continuaron ganando simpatía y apoyo.

Si Corbin sube al poder mientras Trump se sienta en la Casa Blanca, su influencia será limitada, en una primera etapa, entre los Demócratas. Corbin fomentará e incrementará el extremismo, y la autonomía de ala más radical anti-Israel y EE.UU. Si el homólogo en Estados Unidos será un presidente demócrata, entonces la situación sería mucho peor. La combinación de Corbin y un presidente demócrata puede ser mortal para las relaciones entre Israel y Estados Unidos.

En la situación actual, Israel debe actuar en tres niveles. En primer lugar, hay que luchar por los judíos británicos y ser igual de duras las críticas que hace la comunidad judía contra Corbin y su campamento de antisemitas. Aquí no hay espacio para la diplomacia, porque si él toma el poder no habrá lugar para la diplomacia. No en vano la comunidad judía, que durante los últimos 100 años ha pertenecido (hasta ahora) al campamento de centro-izquierda, grita hoy “Gevald”.

Segundo, Israel debe prepararse para el día después. Es importante cancelar programas de seguridad a largo plazo con Gran Bretaña, por ejemplo. Hoy, vale la pena vigilar la actividad de las organizaciones anti-israelíes apoyadas por el gobierno británico y sus vínculos con el Partido Laborista de Corbin.

Finalmente, la expansión y el fortalecimiento del antisemitismo en las sociedades occidentales plantea una amenaza estratégica tanto para las comunidades judías como para Israel. Debemos reconocer este fenómeno y actuar para reducir sus implicaciones para el futuro de los judíos occidentales y el futuro de Israel.

 

Traducido por Hatzad Hasheni desde http://www.maariv.co.il/journalists/Article-655667

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