La calificación crediticia de Israel y la seguridad nacional – Por Shmuel Even (INSS)

Standard & Poor (S&P) elevó recientemente la calificación crediticia de Israel al puntaje de AA-. Este es un avance recibido de muchísimo valor económico y prestigio, el resultado de un largo proceso de mejoras económicas. Desde la perspectiva del área de seguridad nacional, el alto puntaje refleja la capacidad de Israel para crecer en términos económicos a la vez que enfrenta desafíos de seguridad altamente inusuales. Sin embargo, la continuación de la rápida tendencia de crecimiento económico requiere enfrentar los problemas fundamentales que se suceden dentro de la sociedad israelí y los desafíos económicos básicos del país: una baja tasa de participación dentro de la fuerza laboral y baja productividad en algunos grupos de la población, grandes brechas en los ingresos, inmensas cargas de transporte y un exceso de burocracia. Dicho todo esto, es esencial cultivar los motores de crecimiento de la economía, liderados por el sector de alta tecnología y el mantenimiento de un alto nivel de seguridad, para permitir que la economía continúe creciendo incluso durante los períodos de conflicto militar.

La economía es uno de los pilares de la seguridad nacional y su calificación crediticia es una de las medidas de su empuje. La calificación crediticia de un país es una calificación otorgada por una agencia de calificación crediticia destinada a evaluar las probabilidades que el país pueda pagar sus deudas financieras de acuerdo a los términos en los préstamos (generalmente los bonos que este emite). Mientras más alta sea la calificación, más fácil le resulta al país obtener préstamos, a tasas de interés más bajas. Las agencias de calificación son empresas diseñadas para emitir calificaciones objetivas. Las compañías internacionales más destacadas que incluyen a la economía israelí en sus calificaciones son S&P, Moody’s y Fitch.

El 4 de agosto, 2018 S&P elevó la calificación crediticia de Israel en un grado, de A+ a AA-, con una perspectiva estable. Este es un récord histórico para Israel. Hace una década, la calificación crediticia de Israel era de A, hace dos décadas fue A- y hace tres décadas fue BBB- (la calificación más baja dentro del grupo de inversiones sólidas). En otras palabras, el Estado de Israel ha mejorado constantemente a lo largo de los años hasta alcanzar este nuevo nivel. Según S&P, “Israel disfruta de una economía próspera, moderna y diversificada, que se beneficia de tasas de crecimiento relativamente altas”. En su revisión S&P citó tasas de desempleo históricamente bajas (4,2%), desarrollos en la industria del gas natural y su empuje dentro de las instituciones económicas, no obstante a su fragmentado sistema político: “A pesar de la fragmentada política interna, las instituciones israelíes son fuertes y altamente responsables”.

La mayor calificación en la escala de S&P es AAA; la más baja es una D. Los países con calificación AAA incluyen a Suiza, Alemania, Holanda, Suecia, Canadá, Australia y Singapur. Los países con calificación AA+ incluyen a los Estados Unidos y Finlandia. Los países con calificación AA incluyen a Inglaterra, Francia, Corea del Sur, Bélgica y Kuwait. Los países que se unen a Israel a la calificación de AA- incluyen a Taiwán, Estonia, República Checa y Qatar. Debajo de Israel se encuentran Japón (A+), Irlanda (A+), Islandia (A), Arabia Saudita (A-), México (BBB+), Italia (BBB) ​​y otros.

La calificación es realizada principalmente de acuerdo al registro de amortización de la deuda y a través de medidas económicas del país, sobre todo, la relación entre deuda pública y producto. En el 2017, la relación deuda-producto de Israel fue de alrededor de 61%, en comparación con 75% en el 2009. La disminución de varios años en la relación se deriva principalmente del considerable crecimiento de la producción israelí. La deuda pública también creció, pero a un ritmo menor (en el 2017 la deuda era nominalmente alrededor de un 25% mayor que en el 2009). En evaluación de S&P, la economía israelí crecerá un 3,6% en el 2018 (en comparación con el 3,3% en el 2017), en el 2019 en un 3,3%, en el 2020 en un 3,2% y en el 2021 en un 3,1%. Según S&P, se espera que la relación deuda-producto continúe disminuyendo en los próximos años.

La más alta calificación crediticia a Israel tiene una importancia directa para su economía. Mejorará la capacidad de Israel para lograr mejores términos de financiamiento en sus deudas externas y también pudiese mejorar las calificaciones de las empresas israelíes cuyos rateos crediticios globales no pudieron aumentar en función a la calificación del país y así mejorar su capacidad de obtener préstamos en el extranjero. El Gobernador del Banco de Israel Karnit Flug, declaró que “la decisión de S&P en elevar la calificación crediticia de Israel refleja la confianza otorgada por las instituciones internacionales a la política económica del gobierno de Israel y a la política monetaria introducida por el Banco de Israel”. El Ministro de Finanzas Moshe Kahlon, espera que una mayor calificación otorgada le ahorre a Israel billones de shekels en costos de financiamiento, que pueden ser redirigidos hacia los ministerios sociales. Sin embargo, los economistas creen que la mejoría en los costos de financiamiento será limitada, ya que la situación relativamente buena de Israel en esta área ya fue considerada por el mercado de capitales incluso antes de este anuncio y se espera aumenten las tasas de interés a nivel mundial, lo que hará más difícil para todos los países reducir sus costos de endeudamiento. Además, continuar la reducción de la relación deuda-producto también requiere de una continua política de control del gasto público.

Si bien la calificación tiene como base en gran medida medidas económicas específicas, las empresas calificadoras de crédito también reconocen que la economía no existe en el vacío y depende de otros elementos de seguridad nacional. Además de los datos económicos, el informe de S&P toma en cuenta la situación de seguridad y la situación interna de Israel. Según S&P, la alta exposición a los riesgos de seguridad tiene un efecto adverso en la calificación crediticia. En otras palabras, la alta calificación de Israel refleja un desempeño económico extraordinario, a pesar de los riesgos de seguridad no-estandarizados. Esto también refleja el éxito del sistema de seguridad en permitir un crecimiento económico estable en condiciones de seguridad inestables. Un ejemplo concreto es la contribución del sistema de defensa Cúpula de Hierro al desempeño continuo de la economía israelí ante los disparos de cohetes desde la Franja de Gaza, particularmente durante la Operación Borde Protector (50 días de combates). Este ejemplo aclara que los costos de defensa de Israel, principalmente durante la guerra asimétrica, no son necesariamente función de los gastos militares del enemigo, sino de la intensidad del daño directo e indirecto (pérdida de producto) que el enemigo puede causar, es decir, el “costo en inseguridad “para Israel. La capacidad de la economía para funcionar en situaciones de hostilidad militar depende en gran medida de la naturaleza de las hostilidades.

Si bien la nueva calificación posee un valor económico para Israel y su imagen, esto no debería hacer que al país descanse en sus laureles. Cierto, el pronóstico económico es para una continua alta tasa de crecimiento en los próximos años, en relación a otros países desarrollados, pero se espera que esta tasa de crecimiento se reduzca moderadamente. Además, la calificación no refleja los parámetros socioeconómicos, tales como las divisiones de riqueza e ingresos en el país, en los cuales Israel posee una calificación baja entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Una continuación de la tendencia de crecimiento económico para un mayor alcance requiere de un trato básico inmediato para problemas fundamentales, liderado por una baja participación en la fuerza laboral y una baja productividad de gran parte de la población, una enorme presión sobre las infraestructuras de transporte (una de las peores de la OCDE), demasiada burocracia, lagunas en la educación y una concentración excesiva de personas y activos económicos en el centro del país. Además, debe existir un mayor desarrollo de motores de crecimiento en la economía israelí, en especial el sector de alta tecnología, mientras se mantiene un alto nivel de seguridad. Esto se manifestará en condiciones de seguridad tranquilas, o al menos en condiciones en las que se minimice el impacto de incidentes de seguridad sobre la economía.

 

Shmuel Even es miembro compañero sénior de investigación

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