La Bomba Qatarí – por Eli Avidar (Maariv 22/7/2014)

Sin que nadie prestase atención, el principado de Qatar, muy aficionado al fútbol, se ha convertido en la capital del extremismo islámico, ​​financiando al Hamás, a los talibanes y es quien apoya los combates en la ronda bélica actual. Todo esto sucede bajo los auspicios de la administración en Washington, quien si no despierta a tiempo, perderá todo punto de apoyo en el Medio Oriente.

A la sombra de las devastadoras noticias de ayer, ocurrió un incidente claramente no diplomático: Justo cuando Abbas y el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon llegaban a Doha para promover un alto el fuego, un funcionario de Qatar declaró a la agencia Reuters que “el principado no ejercerá presión sobre el Hamás” para mitigar sus demandas que lo lleven a aceptar un alto el fuego. Dicha declaración demuestra la falta de interés de Qatar para apoyar un cese de hostilidades, aunque no es más que otra expresión de la nueva posición del principado como uno de los elementos extremistas y agitadores en el Oriente Medio.

Qatar es ahora el motor de la inestabilidad regional, ya sea a través de los millones que vierte sobre los grupos extremistas o a través de sus transmisiones en la cadena Al-Jazeera. En la crisis actual, en donde Qatar presiona a Hamás para profundizar la lucha, detectamos solamente la punta del iceberg. El principado que antes era la cara moderada hacia occidente, se transformó bajo el liderazgo del Emir Tamim Ben Hamid El-Thani en una bomba de relojería. Al-Thani, quien llegó al poder hace solamente un año, abandonó la política de “equilibrio de poderes” introducidos por su padre, y en nombre del Islam está invirtiendo las enormes fortunas de los principados en el cultivo de elementos que desean encender todo el Medio Oriente. A juzgar por los acontecimientos de las últimas semanas, su plan va avanzando en el sentido deseado.

El Certificado de Seguros de Estados Unidos

En el marco de la guerra en Gaza, en Israel comienzan a despertar al reto que presenta Qatar. El gobierno de los EE.UU., sin embargo, todavía permanece dormido. El gobierno de Obama ha estado operando durante años en contraste con la dinámica en el Oriente Medio, apuesta a jugadores equivocados, traiciona a sus aliados, abandona a sus protegidos y protege elementos destructivos. Qatar, es necesario comprender, es la protegida de los Estados Unidos. Por detrás de esa extraña relación, como siempre, se sitúan intereses económicos y militares únicos.

La historia del presente capítulo en las relaciones entre los Estados Unidos y Qatar comienza en 1995, cuando el emir Hamed Iben Khalifa Al-Thani derrocó a su padre y tomó el poder en el emirato. Ben Khalifa, que temía una contrarrevolución apoyada por Arabia Saudita y otros estados del Golfo, corrió a los brazos de los americanos declarándoles su lealtad absoluta y no fue reacio en tomar dos medidas extremas: Estableció una relación con Israel y nos permitió establecer una oficina de representación en Doha, su capital, y financió la construcción de una base estadounidense en El-Udeid, al oeste de Doha, por la mágica suma de dos mil millones de dólares (esta es la única base estadounidense fuera de los Estados Unidos en donde los estadounidenses no pagaron por su establecimiento).

La presencia estadounidense ha sido y sigue siendo un certificado de seguro del gobierno de Qatar para que sus vecinos no invadan su territorio derrocando su gobierno. Al considerar el comportamiento de Qatar, hay que recordar que cada día que el régimen de Doha sobrevive es por el apoyo de Washington.

Junto al certificado de seguro militar, Qatar ha adquirido un arma ofensiva única materializada en la  cadena Al-Jazeera. Al-Jazeera era una combinación de extremismo religioso, subversión política junto a normas periodísticas legítimas, sobre todo en la escala del mundo árabe. Basta considerar que para el establecimiento de la red, Qatar compró la mayoría de los trabajadores de la BBC en árabe, para entender así por qué Al-Jazeera es considerado con un medio de comunicación serio en muchos países occidentales.

Quienes no han comprado este truco son los estados del Golfo. A día de hoy, ellos impiden que la cadena de noticias de Qatar abra sus oficinas dentro de su territorio. Recientemente, Egipto también comenzó a restringir las actividades de Al-Jazeera y periodistas de la red fueron condenados a prisión.

Paralelamente al levantamiento de Al-Jazeera y el fortalecimiento de la alianza militar con Estados Unidos, el emir Hamad Iben Khalifa otorgó contratos de desarrollo y extracción de petróleo y gas a  empresas estadounidenses, anclando el apoyo de EE.UU. a su régimen. Durante la época de Hamad Qatar era conocida por sus “equilibrios políticos”: relaciones con Israel junto a un apoyo al Hamás y relaciones con los talibanes; membrecía en el Consejo de Cooperación del Golfo junto a una buena relación con su enemigo número uno – Irán.

Este enfoque convirtió a Qatar en uno de los países más odiados entre los líderes árabes. Egipto de Mubarak odiaba al liderazgo de Qatar, y la Siria de Hafez El-Assad apoyó el intento de golpe de Estado por los partidarios del emir depuesto. Al-Jazeera ha sido y sigue siendo la entusiasta partidaria de la Hermandad Musulmana en Egipto siendo que no es casual que el predicador radical del mundo suníta, Yusef Al-Qardawi, viva en Qatar desde los años 60. Ya volveremos a Al-Qardawi más adelante.

El apoyo financiero de Qatar a los regímenes radicales del mundo musulmán le ayudó a blanquear, a ojos de las masas árabes, sus estrechas relaciones con occidente. De lo contrario, ¿cómo es posible explicar el hecho de que Egipto es atacado, cada día, por sus complejos contactos con Washington mientras que es por Qatar en donde deambulan soldados norteamericanos y desde su territorio se dirigió la Guerra del Golfo? Por no hablar de los miles de millones de dinero islámico destinados a comprar la Copa Mundial y los equipos de fútbol de Europa y… sin embargo, El Cairo (y no Doha) es quien es considerada la “colaboradora”.

Pero hace un año llegó al poder Tamim Ben Hamad Al-Thani poniendo punto final a la política de los balances. Desde entonces la dirección de Qatar se dirige hacia un solo lugar.

Los balances no tienen sentido

A diferencia de su padre, Tamim Ben Hamad Al-Thani es un musulmán devoto. Sus conocidos lo definen como un extremista. Pasó su juventud viajando por África, tratando de convertir a los habitantes paganos del continente. La autoridad espiritual central en su vida es el jeque radical Al-Qardawi.

Bajo la influencia de Al-Qardawi, Al-Thani pasó a ver un sinsentido la política de los balances. Se trata de un firme partidario de la Hermandad Musulmana, un firme partidario del Hamás y está dispuesto a enfrentarse a Egipto, ya que este país evita la transferencia de fondos desde Qatar a Gaza. En días en donde Irán va cortando su relación con el Hamás debido a su apoyo a la oposición en Siria, Qatar sigue siendo el único patrocinador del Hamás, cuyo liderazgo (Khaled Mashal y otros) se encuentra en Doha.

La ayuda qatarí a Gaza no está destinada a la construcción de infraestructuras o educación, sino claramente a pagar sus necesidades terroristas. Israel ya se arrepiente de haber aceptado introducir enormes cantidades de cemento que supuestamente estaban destinadas a la reconstrucción y desarrollo de Gaza pero que en la práctica fueron utilizadas para apuntalar los túneles ofensivos del Hamás. Qatar es también una importante fuente para pagar los salarios y el presupuesto de las adquisiciones del ala militar del Hamás.

Para entender hasta qué punto Qatar ha extremizado las posturas del Hamás, es suficiente examinar la conducta de los representantes iraníes en Gaza… la Yihad Islámica. La Yihad Islámica, que antes era  considerada como una organización más radical, se ha convertido casi en “el adulto responsable” en Gaza, presentando un enfoque más pragmático que las posiciones del Hamás y aceptando la mediación de Egipto. El líder de la Yihad Islámica llegó a decir públicamente que Egipto debería liderar el esfuerzo para llegar a un alto el fuego. El Hamás, inspirados en Qatar, se opuso.

Quién permite esta radicalización es Estados Unidos. Qatar sigue dependiendo de esa tarjeta de seguro que ofrece EE.UU… Lo que sucede es que en Washington tienen dificultades para internalizar los levantamientos en Oriente Medio y, más aún, les resulta difícil responder a ellos adecuadamente y a tiempo. El resultado es una continua erosión en la posición norteamericana en la región.

Una fuente egipcia reveló ayer que el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry canceló una visita que suponía celebraría en El Cairo, y señaló que esta era la segunda vez, en menos de una semana, que Kerry cancelaba en el último minuto una visitada planificada. Estados Unidos, que perdió su influencia en Egipto, trató de ser relevante en la crisis actual, pero nadie fuera del Hamás anda necesitando de sus servicios. El cese de fuego se encuentra en la cancha egipcia y no en Doha ni en Ankara. Mientras tanto, parece que A-Sissi no está interesado en una intervención estadounidense en la crisis, incluso si al final Kerry termina visitando la región. Puede ser visto esto como parte de una “reeducación” que A-Sissi le ofrece a Washington desde que derrocó a Mursi.

Si Estados Unidos quiere recuperar su posición en la región, el primer paso que debería dar es solucionar el problema de Qatar. Es hora de poner el lado los contratos de petróleo y gas (la base militar tiene reemplazo). Qatar no es el bonito principado que adquirió el Paris Saint-Germain o la camiseta del Barcelona, sino que es la capital del terrorismo y la subversión. Doha es el motor por detrás de los ataques contra los verdaderos aliados de los Estados Unidos en la región.

Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein ya han declarado a Qatar como un estado que pone en peligro su seguridad. “Insiders” dentro de los reinos del Golfo afirman que falta poco para que Arabia saudita pierda la paciencia con Qatar, enviando una brigada de soldados, como lo hizo frente a las protestas de Bahrein, a pesar de las quejas de Washington. Estados Unidos se enfrentará a un dilema real, pero puede ser demasiado tarde para entonces. La bomba de Qatar es un capítulo que hay que tratar ahora.

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