Israel, no sacrifiquen la disuasión por la venganza – Por Jonathan Ariel (BESA)

RESUMEN: Israel afirma que su política de demolición de las casas de los terroristas es una medida de seguridad justificada. Destruir la casa de la familia del terrorista Khalil Yussef Ali Jabarin a pesar que su familia intentó evitar su ataque contra Ari Fuld parece más un acto de venganza que de disuasión y pudiera generar un serio retroceso junto a importantes ramificaciones adicionales.

Desde que Israel se embarcase por primera vez en su política de destruir las casas de las familias de los terroristas, incluso si no tenían nada que ver en lo absoluto con los ataques, los sucesivos gobiernos y las FDI han justificado estas acciones ante el Tribunal Supremo, afirmando que mejora significativamente la seguridad al ser un elemento disuasorio muy eficaz en contra del terrorismo.

Según las leyes internacionales, una fuerza militar de ocupación tiene expresamente prohibido llevar a cabo cualquier medida punitiva colectiva en contra de la población civil bajo su control. La demolición del hogar de una familia, la mayoría de cuyos miembros no tuvieron ningún papel en algún ataque cometido por su hijo o hija, puede considerarse como una forma de castigo colectivo ilegal y por lo tanto, como un posible crimen de guerra, a menos que la fuerza militar pertinente pueda probar que fue realizado por consideraciones de seguridad válidas. Hasta el momento, la Corte Suprema ha aceptado, en su mayor parte, las afirmaciones de las FDI que el derribar cualquier residencia familiar no se hacía por rencor o venganza, sino por razones legítimas de seguridad, ya que se ha demostrado que es un elemento disuasorio altamente eficaz que ha reducido sustancialmente el número de ataques.

Esta política fue implementada con un renovado vigor cuando la llamada “Tercera Intifada”, caracterizada por ataques de individuos palestinos contra civiles israelíes y contra personal de seguridad (predominantemente apuñalamientos o intentos de arrollamientos y de darse a la fuga), comenzó hace aproximadamente 3 años. La Corte Suprema rechazó varias apelaciones ante el Tribunal Supremo contra tales demoliciones, que aceptó el argumento de que la amenaza en el derribar viviendas ha demostrado ser un elemento disuasorio altamente eficaz, ya que motiva a las familias a presionar a sus hijos a que no cometan ataques terroristas. De hecho, ha habido un aumento en el número de ataques frustrados por familias que informaron a las fuerzas de seguridad israelíes o de la Autoridad Palestina que alguien en la familia se encontraba planeando tales ataques. Esto es exactamente lo que sucedió en referencia a Khalil Yussef Ali Jabarin, el adolescente palestino que asesinó a Ari Fuld, residente de Efrat, en el centro comercial de la ciudad el 16 de septiembre. La familia de Jabarin, sospechando que este pudiese estar planeando llevar a cabo un ataque terrorista luego de desaparecer misteriosamente del hogar, informaron a los funcionarios de seguridad de la Autoridad Palestina que su hijo pudiera estar a punto de cometer una acción violenta. Al día siguiente, su madre viajó hasta el punto de control en Meitar (el más cercano a su aldea) y le dijo a los soldados que su hijo pudiera estar planeando involucrarse en un ataque terrorista. No pudo proveer más información, ya que no la tenía y regresó a su casa. Poco después, Jabarin asesinó a Ari Fuld antes de que los soldados en Meitar pudieran hacer algo con la información que ella les dio.

A pesar del intento por parte de la familia de frustrar el ataque, las FDI anunciaron que derribaran su casa y cancelaran los permisos de trabajo expedidos a todos los familiares que laboran en Israel.

Si en efecto las FDI revocan permanentemente los permisos de trabajo y derriban la casa de la familia, a pesar de que la familia haya hecho todo lo posible por intentar prevenir tal ataque, es difícil afirmar que se están tomando las medidas para promover una disuasión.

Tales actos son más propensos a erosionar una disuasión que a mejorarla. Si los palestinos ven que no existe diferencia alguna en intentar frustrar un acto de terrorismo cometido por un miembro de la familia o no, de que su casa será derribada de cualquier forma, estos se verán menos motivados – y no más – en contactar a las autoridades si un acto terrorista es de alguna manera anticipado. ¿Por qué informar sobre su hijo o hija y arriesgarse a ser calificado como traidor por su comunidad si su casa será destruida sin importar lo qué suceda?

El demoler la casa de Jabarin probablemente se verá como un acto de venganza o rencor y no como un acto legitimo de disuasión, lo que reducirá las posibilidades que la Corte Suprema lo permita (suponiendo que se presentase una apelación). El intento por parte de las FDI de llevar a cabo un acto de venganza en este caso hará que sea más difícil que este reciba futuras aprobaciones para realizar demoliciones legítimas, lo que erosionará aún más el proceso disuasivo.

El hecho que Israel intentase llevar a cabo una acción prohibida de castigo colectivo sin un justificativo de seguridad pudiera proveer a los palestinos un arma diplomática legal muy poderosa, incrementando el riesgo de participación de la Corte Penal Internacional en el conflicto, un objetivo palestino de larga data.

La venganza, por muy comprensible y políticamente conveniente que esta sea, nunca puede ser base de una estrategia de seguridad viable. Para cualquier gobierno que pueda hipotecar a sabiendas su capacidad para mantener futuras disuasiones y exponer a sus ciudadanos al riesgo de terminar en La Haya, con el fin de obtener ventajas políticas a corto plazo es una gran locura.

Si Israel desea mantener las acciones de disuadir de una manera efectiva, las demoliciones deben ser limitadas a los casos en que se está muy claro que la familia alentó un ataque o, al menos, no hizo ningún esfuerzo por evitarlo.

 

Jonathan Ariel es oriundo de Sudáfrica quien se desempeñó como funcionario de inteligencia en la ANC y posteriormente trabajó junto a Mandela. En Israel fue editor de noticias de Makor Rishon, editor en jefe de Ma’ariv International y editor en jefe del portal en inglés del canal 2 de noticias Jerusalem Online.

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