ISIS: El principio del fin – Por Oded Granot (Israel Hayom 10/7/2017)

Israel debe dar la bienvenida a la derrota del Estado islámico en Mosul, pero también debe tener en cuenta que el Estado judío nunca fue uno de sus objetivos principales. La principal amenaza sigue siendo Irán.

El primer ministro iraquí Haider al-Abadi corrió a Mosul este domingo para felicitar a sus fuerzas armadas por su gran victoria sobre el Estado islámico. Pero teniendo en cuenta el equilibrio de poder en el terreno, eso debería haber sucedido hace mucho tiempo.

Durante nueve meses, decenas de miles de combatientes del Estado islámico en Mosul lograron sobrevivir a un asalto masivo perpetrado por cientos de miles de soldados iraquíes y unidades de fuerzas especiales, luchando junto a los regimientos kurdos y las milicias chiítas, así como los devastadores bombardeos aéreos lanzados por la coalición. Los asesores militares estadounidenses supervisaron esta ofensiva mientras Washington entregaba un flujo constante de armas, equipo, inteligencia y fondos considerables al ejército iraquí.

Los combatientes del estado islámico presentaron pelea casi hasta el final con coches bomba y vía ataques suicidas. Mujeres y niños fueron atados con chalecos suicidas y enviados para enfrentar a las fuerzas iraquíes que avanzaban. Los cadáveres de los combatientes todavía están esparcidos por los callejones de la Ciudad Vieja de Mosul.

El costo de derrotar al Estado islámico en Mosul era insondable. Estimaciones cautelosas indican una tasa de bajas de 40% entre las unidades de antiterrorismo del ejército iraquí, que encabezó la campaña. Junto a los combatientes del Estado Islámico, miles de civiles también perecieron en la batalla por Mosul, algunos de ellos en sus casas por los ataques aéreos y otros mientras intentaban huir de la sitiada ciudad.

Pero la guerra contra el Estado islámico en Irak todavía no ha terminado. Todavía hay varios puntos activos de resistencia en Mosul, así como en otras zonas del oeste del país. La principal preocupación ahora se refiere a los terroristas suicidas incrustados entre grupos de civiles que huyen y que seguirán tratando de infligir daño a las fuerzas iraquíes.

Por otro lado, la caída de Mosul es, sin duda, un duro golpe moral para el grupo yihadista. En el verano de 2014, en la antigua mezquita de Al-Nuri, el líder del Estado islámico Abu Baker Al-Baghdadi declaró un califato en el territorio capturado por el grupo en Irak y Siria. La mezquita ya no existe, y aparentemente tampoco Al-Baghdadi.

En muchos aspectos, este es el comienzo del fin para el Estado Islámico en su forma actual. Después de Mosul, Raqqa, la “capital” del grupo en Siria, también caerá. Mientras la infraestructura se desmoronará, su ideología extremista y asesina continuará alimentando a los yihadistas en Europa, Oriente Medio y otros lugares.

Israel, por supuesto, debe acoger con satisfacción la derrota del Estado Islámico en Mosul, pero también debe tener en cuenta que el Estado judío nunca fue uno de sus principales objetivos. La principal amenaza para Israel sigue siendo la planteada por Irán y sus proxies, Hezbollah y las milicias chiítas que están en deuda con Teherán. Estos grupos continúan operando desde Siria, Líbano, y hasta cierto punto podrían potencialmente crecer y ser más fuertes en Irak en la era del estado post-islámico.

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