Irán y los Estados Unidos bajo la Administración Trump – Por Eldad Shavit, Sima Shine y Anna Catran (INSS)

Durante el breve período en que la administración Trump ha estado a cargo, la política estadounidense sobre Irán señala un cambio en los últimos años. Existe énfasis en adoptar una línea dura, al menos retóricamente, probablemente en un intento por hacer que los iraníes entiendan que, en contraste a la presidencia de Obama, el gobierno de Trump no pretende ignorar las medidas provocativas adoptadas por Teherán. El cambio por los estadounidenses sobre las reglas del juego contra Irán, pretende lograr éxitos a la hora de controlar la influencia regional de Irán sin ser arrastrados hacia un conflicto y sin que Irán tome medidas de represalia (en otras palabras, disuasión en contra de Irán) y para eso requerirá la formulación de una nueva y amplia estrategia, que a partir de ahora parece difícil de lograr. En respuesta, Irán probablemente se centrará en sus esfuerzos para preservar su estatus regional y sus habilidades para continuar desarrollando sus capacidades nucleares sin violar el tratado PIDAC. Es posible que la línea agresiva estadounidense logre una “disuasión local” y, al menos por ahora, prevenga medidas provocativas prominentes. Con el tiempo, sin embargo y si la presión estadounidense crece, las limitaciones de Rouhani también se incrementarán y todo ello en contra de su voluntad, este tendrá que cumplir con las demandas de los extremistas. La nueva administración estadounidense e Irán se están probando a sí mismos sin pretender provocar una escalada violenta que pueda desestabilizar el Golfo y probar su determinación de llevar a cabo sus declaraciones. Al mismo tiempo, las tensiones a nivel retórico, incluso si no tienen como destino ventilar cualquier llama, también son susceptibles de causar una escalada tras un error de cálculo de alguna de las partes sobre las intenciones del otro.

La nueva administración estadounidense e Irán se encontraban rumbo a una colisión incluso antes de la toma de posesión del Presidente Trump y los ensayos de misiles llevados a cabo por Irán (el 29 de enero, 2017) pocos días después que Trump fuese juramentado, obtuvo una respuesta inmediata. A pesar de no ser materialmente diferente a las posturas de la administración Obama, la respuesta estadounidense adoptó la forma de sanciones contra 13 personas y 12 empresas vinculadas a la industria de misiles, incluyendo a miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria. El 3 de febrero de 2017 sin entrar en detalles, el entonces Consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn declaró que la administración estaba “oficialmente notificándole a Irán” y tras un ataque de los rebeldes Houthi apoyados por Irán en Yemen a un buque saudita, el Secretario de Defensa James Mattis enfatizó que Irán era el mayor patrocinador estatal de terrorismo en el mundo.

Irán se responsabilizo por las pruebas de misiles, pero enfatizó que no violó las resoluciones del Consejo de Seguridad y que la prueba era parte de su programa anual de ensayos. Irán también instó a la nueva administración a no utilizar las pruebas para agravar la tensión entre los dos países y subrayó que las medidas tomadas por los Estados Unidos serán cumplidas con medidas similares de su parte. Al mismo tiempo, Irán continuó su serie de maniobras militares, las cuales dijo, formaban parte de su programa de trabajo anual. Sin embargo, es probable que la acción se tratase también de un intento por establecer hechos sobre el terreno y de poner a prueba las respuestas de los Estados Unidos.

En los días siguientes a la toma de posesión de Trump, Irán tuvo mucho cuidado en mantener su retórica pública con relativa moderación y no emitió duras condenas contra el nuevo presidente. Comentando sobre las declaraciones de Trump, Alí Akbar Velayati, asesor político del Líder Supremo Ali Jamenei dijo: “Irán no toma en serio el comportamiento de Trump”. Ali Akbar Salehi, jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán, dijo que Irán debería actuar con prudencia y consolidar una estrategia moderada contra los Estados Unidos. El 16 de febrero, el propio Jamenei dudaba sobre la credibilidad de las amenazas de Trump de que emprendería acciones militares en contra de Irán, argumentando que la verdadera guerra “del enemigo yace en la esfera económica y está diseñada para hacer que el pueblo pierda esperanzas en la revolución”.

La relativamente moderada retórica de Irán se reflejó también en los acontecimientos que rodearon el aniversario de la revolución. Junto a los clamores tradicionales de “muerte a los Estados Unidos” y el pisoteo de banderas estadounidenses e israelíes, destacadas consignas hicieron distinción este año entre Trump y la administración de los Estados Unidos y el pueblo estadounidense. El Presidente Hassan Rouhani argumentó que Trump era un “novato en el mundo de la política” y en respuesta a las “amenazas” de Trump, enfatizó que recibirían “una respuesta apropiada”. Esta diferenciación entre Trump y el pueblo norteamericano se refleja también en el discurso de los medios de comunicación iraníes. Un número de editoriales comentó sobre la participación estadounidense en el campeonato internacional de lucha libre celebrado recientemente en Irán y señaló que las actitudes iraníes ante el equipo estadounidense demostraron que el pueblo iraní no guardaba rencor en su contra.

El breve período en que la nueva administración ha estado en el cargo sugiere que la política estadounidense sobre Irán, al menos públicamente, señala un cambio en los últimos años. Hay mucho hincapié en adoptar una línea dura y amenazadora, al menos retóricamente, probablemente en un intento de hacerle entender a los iraníes que, en contraste con la presidencia de Obama, el gobierno de Trump no pretende ignorar las medidas provocativas de Teherán. Esto refleja la creencia de que la disuasión por los norteamericanos puede ser mejorada de esta manera y le demuestra al mundo que las críticas de Trump a las políticas de la administración Obama sobre Irán durante la campaña electoral se han traducido en una nueva frase por parte de los norteamericanos.

Al mismo tiempo, está claro que la administración está actuando con cautela en su actitud hacia el acuerdo en materia nuclear y ciertamente no está repitiendo las declaraciones de Trump, en vísperas a las elecciones, que este tomará medidas para cancelarlo. Parece ser que la administración está tratando de distinguir entre su actitud hacia el acuerdo y sus respuestas a las políticas de Irán en el Medio Oriente. Un informe de la Casa Blanca sobre una conversación entre Trump y el Rey de Arabia Saudita enfatizo que “los dos líderes coincidieron en la necesidad de hacer cumplir estrictamente el acuerdo”, es decir, un entendimiento que el acuerdo sigue en vigor, lo que muy probablemente también va de acuerdo con los deseos sauditas.

Aparte de estas declaraciones iniciales, la administración presumiblemente está comenzando a formular su política a largo plazo sobre Irán. La meta fijada se centrará probablemente en minimizar la influencia regional de Irán, mientras aumenta la disuasión contra medidas provocativas y la violación del acuerdo en materia nuclear. En este contexto, la administración deberá hacerle frente a los complejos desafíos que enfrenta, encabezada por la necesidad de respaldar sus duras palabras con medidas concretas que demuestren la seriedad de sus intenciones. Está claro para la administración que el no hacerlo demostrará el vacío de sus palabras y de hecho actuará como un boomerang. Los Estados Unidos ciertamente pueden utilizar su poderío militar contra objetivos iraníes y/o contra los aliados de Irán. Sin embargo, es dudoso que la administración esté dispuesta, sin lugar a dudas en esta etapa, a ser arrastrada hacia una rápida escalada, lo cual es un escenario probable en el caso de un enfrentamiento militar.

Un posible escenario es la intensificación de las sanciones estadounidenses en áreas no nucleares, ya sea por orden ejecutiva o por legislación del Congreso. Al mismo tiempo, con el fin de aumentar significativamente la carga sobre Irán, el Presidente tendrá que persuadir a los europeos y a los rusos a que se unan a estas medidas. Sin embargo, este esfuerzo probablemente será rechazado, ya que Europa y Rusia se ven reacios a cerrarle la puerta de nuevo a las inversiones y a las relaciones financieras con Irán que fueron abiertas una vez que el tratado del PIDAC fue firmado.

Estados Unidos pudiera también intentar dividir entre Rusia e Irán persuadiendo a Moscú a desanimar a Irán que intervenga en Siria, a cambio de concesiones estadounidenses en contextos de importancia para Rusia. Esta es una tarea formidable, dado el progreso que ha tenido lugar en la cooperación militar entre Rusia e Irán en Siria. Además, la contribución de Irán a la guerra contra el Estado Islámico, incluso en Irak, pareciera ser más esencial que nunca y es poco probable que Estados Unidos ponga en peligro sus logros en este teatro de acciones. Los rusos también están reiterando que sería un error excluir a Irán de una coalición diseñada para combatir el terrorismo islámico.

Por su parte, Irán no desea exacerbar las tensiones y es poco probable, al menos en la actualidad, adoptar una línea más agresiva que antes. La principal tarea de Rouhani en los próximos meses será prevenir una escalada del conflicto interno dentro de Irán. Las crecientes amenazas de la administración Trump contra Irán son, por una parte responsables de fortalecer la facción extremadamente conservadora en Irán, la cual se opuso al acuerdo en materia nuclear e insistió en que no se puede confiar en los Estados Unidos, mientras que por otro lado debilita al bando de Rouhani, el cual trató de promover una política de apertura hacia Occidente. Este tema será probablemente el foco de los diversos partidos políticos iraníes en los próximos meses hasta las elecciones, previstas para mayo del 2017.

La radicalización del diálogo en Irán tras una nueva escalada en las respuestas estadounidenses puede ser que lleve a Rouhani a adoptar una retórica incendiaria y medidas adicionales, temiendo que sea representado como si cediera ante los Estados Unidos y como alguien cuya política ha fracasado. Es notable en este contexto que, por primera vez en años, la facción reformista ha tenido que alinearse al régimen en contra de las amenazas por Estados Unidos, declarando que ante las amenazas externas, el pueblo iraní está dispuesto a unirse.

Conclusión

Cambio en las reglas de juego de los Estados Unidos contra Irán – El lograr el éxito en controlar la influencia regional de Irán sin ser arrastrados a un conflicto y sin que Irán tome medidas de represalia (en otras palabras, disuasión en contra de Irán) requerirá formular una nueva y amplia estrategia, que a partir de ahora parece difícil de lograr, dada la complejidad de los desafíos que enfrentan los Estados Unidos.

En respuesta a la política de la administración, Irán se concentrará probablemente en los esfuerzos por preservar su condición regional y su capacidad para continuar desarrollando sus capacidades nucleares sin violar el PIDAC. Es posible que la línea agresiva estadounidense llegue a alcanzar una “disuasión local” y prevenga hoy día que se produzcan medidas provocativas prominentes. Con el tiempo, sin embargo y si la presión por los Estados Unidos aumenta, las limitaciones de Rouhani también aumentarán y en contra de su voluntad, este tendrá que cumplir con las demandas de los extremistas.

El nuevo gobierno estadounidense e Irán se están tuteando uno a otro sin pretender provocar una escalada violenta que pueda desestabilizar el Golfo y medir su determinación de llevar a cabo sus declaraciones. Al mismo tiempo, las tensiones a nivel retórico, incluso si no van destinadas a ventilar las llamas, también son susceptibles a causar una escalada tras algún error de cálculo que se produzca por algún bando sobre las intenciones del otro.

Las limitaciones y desafíos que enfrenta la administración Trump en formular una política respecto a Irán requiere que Israel enfoque sus discusiones con los Estados Unidos sobre las maneras posibles de lograr los siguientes objetivos principales: impulsar un cambio en la política iraní en el Medio Oriente; dentro del contexto mundial, evitar la erosión del cumplimiento por parte de Irán a las restricciones impuestas por el acuerdo en materia nuclear; y prepararse para el período posterior a la expiración del acuerdo. Israel debería esforzarse por hacer que la política estadounidense se centre sobre un esfuerzo por fortalecer a los elementos moderados del sistema político iraní, liderados por el Presidente Rouhani y evitar caer en manos de los radicales. Una combinación correcta de medidas disuasivas por un lado y de apertura por el otro, en cooperación con otros actores internacionales tendrá la posibilidad de mostrarle a Rouhani, quien parece tener las mejores posibilidades de ganar las próximas elecciones, de que él personalmente e Irán en general tienen mucho que perder de la administración Trump si violan las reglas.

 

http://www.inss.org.il/index.aspx?id=4538&articleid=13108

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