Irán y el acuerdo Israel-Emiratos Árabes Unidos – Por Dr. Doron Itzchakov (BESA)

RESUMEN: El acuerdo de paz entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos le representa al régimen iraní ambos un dilema en el frente externo como en lo interno. El régimen le teme al surgimiento de una nueva alianza internacional que tendrá mayor poder para contener sus aspiraciones dominantes regionales y existen nuevas urgencias en la necesidad de demostrarle al pueblo iraní que la política exterior imperialista del gobierno funciona en su favor y beneficio.

Imagen de la portada: Torre Milad, Teherán, fotografía vía Unsplash

Las condenas en los medios de comunicación iraníes al naciente acuerdo de paz entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos no son sorpresa en lo absoluto. El liderazgo del régimen cubre su vergüenza y angustia con diatribas de difamación y amenazas. El vocero del parlamento Muhammad Bakr Qalibaf calificó el acuerdo de “deplorable y de traición a los valores humanos e islámicos”, mientras que el Presidente Rouhani le advirtió a los líderes de los Emiratos Árabes Unidos “no abrirle sus puertas” a Israel. (Una interesante excepción a este patrón fue la declaración del ex-parlamentario Ali Motahari, quien tuiteó: “Aparte de la traición realizada por los gobernantes de los Emiratos Árabes Unidos, la culpa también fue nuestra por asustar a los árabes y hacer que se refugien donde los israelíes.

El acercamiento de Israel con dicho estado del Golfo está generando mucha preocupación en Teherán por varias razones. Primero, el régimen teme que una alianza que incluya a Israel, los Estados del Golfo y otros países, con el apoyo de Washington y Riad, constituya un serio obstáculo en el camino al objetivo de Irán de lograr su dominio regional. Un sistema multinacional de ese tipo fortalecerá a sus miembros constituyentes no sólo en su nivel de seguridad sino también en los niveles económico, comercial y cultural, lo que sería una perspectiva muy preocupante para Teherán.

La perspectiva de tal alianza es particularmente preocupante para el régimen en un momento en que su estatus regional se encuentra en picada. Los recientes acontecimientos en Irak, Siria y el Líbano han afectado negativamente la capacidad de Teherán en promover su “eje de la resistencia” en la región. Su estatus en Irak se ha debilitado desde los alzamientos de octubre, 2019, un patrón que logró nuevos impulsos luego del asesinato de Qassem Soleimani ocurrido en enero del 2020. La profunda crisis que ahora envuelve al Líbano y la condena por parte de La Haya a un miembro de Hezbollah por el asesinato del primer ministro Rafiq Hariri no contribuye para nada al prestigio de Irán. Además de todo esto, los ataques aéreos en Siria obstaculizan gravemente los intentos del régimen de convertir al país en una línea de frente en contra de Israel.

Otro elemento del acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos que causa malestar al régimen islamista es el problema de cómo controlar el discurso en relación al tema entre la población iraní en general. Al liderazgo le resulta difícil explicarles a sus ciudadanos los vínculos emergentes entre Israel y los países musulmanes. Este se encuentra incumpliendo el patrón tradicional de etiquetar a dichos estados como traidores a los valores islámicos y a la causa palestina. Tanto Irán como Turquía se apoyan en el tema palestino como herramienta de propaganda para promover su estatus dentro del mundo musulmán.

Este mensaje no recibe la tracción que alguna vez tuvo entre el ciudadano común iraní. El estrato social de la población educada en Irán no se compra el argumento de que la normalización de relaciones con Israel es traición por definición. Para agravar este problema, cada vez más iraníes expresan su opinión de que la inversión de recursos por parte del régimen en Siria, Irak, Yemen, el Líbano y en Gaza es a costa de ellos. En un indicador a esta tendencia, la consigna “No por Gaza, no por el Líbano, sacrificaré mi vida solo por Irán” se escucha cada vez más en las protestas iraníes y en la red.

El régimen ha estado trabajando desde sus comienzos en 1979 por inculcar un marco de confrontación en la mente del pueblo iraní, pero puede haber exagerado en hacerlo. Una gran parte de la sociedad iraní se ha dado cuenta de que tal marco, promovido bajo el liderazgo del Líder Supremo, tiene como objetivo, ante todo, garantizar la supervivencia del régimen islamista y el interés del régimen no coincide con el interés del pueblo.

Desde el punto de vista de los mulá, el acuerdo pautado entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos es un golpe muy doloroso porque les envía un mensaje de que los países musulmanes no solo no ven a Israel como enemigo que debe ser destruido, sino que lo ven como un socio potencial con el cual compartir prosperidad y seguridad mutuamente. El pueblo iraní, a diferencia de su liderazgo, no cree que Egipto, Jordania y ahora los Emiratos Árabes Unidos hayan traicionado al Islam.

La política exterior del liderazgo iraní está diseñada para fortalecer a los extremistas a expensas del bienestar y prosperidad de los propios ciudadanos del país. El régimen no tiene intención de alterar dicha política y continuará amenazando a otros países del Golfo Pérsico que pudieran estar considerando un acercamiento similar con Jerusalén. Es muy posible que Irán ahora concentre sus esfuerzos en hostigar los buques tanqueros petroleros anclados en los puertos de los Emiratos Árabes Unidos.

Desde su creación, el régimen islámico ha trabajado incansablemente para difundir su revolución ideología a lo largo y ancho de todo el mundo musulmán. Esto ha provocado tensiones con los demás países del Golfo Pérsico, incluyendo a Arabia Saudita, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos e Irak (durante el reinado de Saddam Hussein). Esta rivalidad fue uno de los factores clave que llevaron a la formación del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en el año de 1981. El objetivo oficial del CCG era fortalecer y estabilizar a los principados del Golfo reforzando sus lazos económicos y de seguridad. Estos se unieron en gran parte por su temor colectivo al Irán revolucionario.

Según informes en los medios de comunicación, es muy probable que Bahréin sea uno de los próximos Estados del Golfo en avanzar sus lazos con Israel. Allí también, la subversión causada a Bahréin por parte de Irán sirvió como catalizador para que la familia Khalifa estableciese vínculos con Israel.

La estructura demográfica de Bahréin es de un 70% chiita, lo que lo convirtió, ante el régimen iraní, en terreno fértil para el avance de su visión revolucionaria. Ya en diciembre del año 1981, el “Frente Islámico para la Liberación de Bahréin” intentó sin éxito derrocar a la monarquía gobernante y establecer un régimen teocrático respaldado por Irán y en 1996 las autoridades de Bahréin descubrieron otro intento de Teherán para derrocar al régimen y reemplazarlo con una teocracia según el modelo de Velayat-e Faqih (Mandato del Jurisprudente). Irán acompañó estas actividades subversivas con medidas de “poder blando” y apoyo a las organizaciones de oposición junto a entrenar militantes dentro del propio emirato.

El modelo revolucionario iraní ha sido un factor amenazante y desestabilizador en el Medio Oriente durante décadas. Cuanto mayor sea la hostilidad de Irán hacia los países de la región, mayor serán las probabilidades de que eventualmente se unan de alguna manera para oponérseles.

La formación de alianzas entre países que experimentan una amenaza común no es un fenómeno nuevo en el Medio Oriente. Esto fue muy cierto seis décadas atrás, cuando la monarquía iraní se sintió amenazada por la expansión del nacionalismo árabe liderado por Gamal Abdel Nasser y sigue siendo muy cierto hoy. La expresión “El enemigo de mi enemigo es mi amigo” es tan válida hoy como siempre lo ha sido, a pesar de los intentos de arrojar ese modelo de realpolitik al así-llamado basurero de la historia.

La ideología revolucionaria yace por definición en la demonización del adversario como medio para justificar su camino y valores. La supervivencia de un régimen revolucionario depende, en gran medida, de su capacidad para mantener tal pensamiento en la mente de sus ciudadanos. El acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos hace que sea mucho más difícil para el régimen iraní justificar una política exterior imperialista resultante a expensas del pueblo iraní.

 

 

El Dr. Doron Itzchakov es investigador asociado sénior en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat y autor del libro Irán-Israel 1948-1963: Relaciones bilaterales ante una encrucijada en un entorno geopolítico cambiante.

 

 

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